- De acuerdo, tienes que dejar de llorar ahora, o vas a inundar la ciudad con tus lágrimas, mi pequeño Joseph- Comenta el mayor mientras lleva sus manos al rostro de su novio limpiando inútilmente las lágrimas que humedecen sus rosadas mejillas y sus verdes ojos.
- No quiero separarme de ti, Louis- Habla con su voz temblorosa por el llanto que no cesa.
- Yo tampoco quiero eso, Jos, pero ya verás que el tiempo se pasará demasiado rápido y estaremos juntos de nuevo, viviremos juntos y nos casaremos como ya lo hemos planeado- Intenta consolarlo- Además te visitaré seguido y tú también irás a verme cuando sea posible, ¿No es así, mi amor?
Joseph asiente ante las palabras de su novio antes de lanzarse a sus brazos de nuevo rodeando su torso con sus brazos, Louis sonríe tristemente mientras corresponde al abrazo y deja un suave beso sobre los rizos del ojiverde.
- Prométeme que no te olvidarás de mí.
- No puedo olvidarme del amor de mi vida.
En el aeropuerto suena la voz por los parlantes avisando que Louis debe ir a abordar el avión que lo llevará eternos kilómetros lejos del pequeño que llora con el rostro escondido en la curva de su cuello.
-Debo irme, mi bebé, no conozcas a ningún chico guapo en mi ausencia, o vendré solo para llenar toda su ropa de purpurina de colores, ¿Eh?
Joseph suelta una débil risa antes de alejarse de Louis, el castaño lleva las manos al rostro del rizado para limpiar las lágrimas de sus mejillas.
- Has muchos goles y prepárate para ser el mejor futbolista que el mundo haya conocido.
- Y tú has mucha música increíble, estaré ahorrando para poder comprar cada uno de tus discos y para los boletos VIP de tus giras mundiales.
Joseph sonríe por sus palabras y Louis se permite acercarse de nuevo, esta vez para unir sus labios en un beso suave con sabor a lágrimas y a amarga despedida.
- Te amo mucho, ¿De acuerdo, pequeño?
- Yo te amo más, Lou.
Louis se aleja de Joseph para poder despedirse de su familia, su madre y sus dos hermanas quienes se encuentran igualmente con lágrimas humedeciendo sus rostros. Luego de ello camina hacia la zona de abordaje sin atreverse a mirar hacia atrás una última vez.
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Años Antes
- ¿Ya te sientes mejor, Joseph?
Joseph asiente ante la pregunta de Eider, su mejor amigo, pero su apariencia física no concuerda demasiado con sus palabras, su piel está más pálida de lo normal, a excepción de la punta de su nariz que se encuentra muy roja, sus ojos llorosos y su voz suena muy gangosa.
-He faltado muchos días a clase- Limpia su nariz con el pañuelo que tiene en su mano- Si falto más días, voy a repro...- Una tos seca interrumpe la palabra que está por decir-... bar.
Eider hace una mueca por el estado de su amigo que había pescado un horrible resfriado que lo había mantenido en cama durante casi una semana completa.
-Ugh, ahí está ese idiota de nuevo, ¿No puede dejar de querer llamar la atención todo el tiempo?
Joseph frunce el entrecejo por las palabras de Eider y se da la vuelta para poder observar a la persona que tanto malestar le causa a su buen amigo. En la entrada del colegio hay un chico que nunca había visto, y entiende al instante la molestia del rubio, ya que junto al desconocido se encuentra la ex novia de Eider, claramente coqueteando con él, sin embargo, el castaño está más concentrado observando la camisa del equipo de fútbol del colegio al cual recién había ingresado.
- ¿Quién es él?
- El chico nuevo, llegó hace unos días, es desesperante.
Desesperante no sería la palabra con la que Joseph definiría al chico, sería algo más como "perfecto", desde el primer instante había amado su castaño cabello con un flequillo cayendo en su rostro tapando levemente su ojo izquierdo, se había enamorado de esos ojos azules que algunas veces eran de un color azul y otras veces parecían tener tonos más cercanos al verde, había adorado su nariz respingada y sus labios rosas. Eider lo detestaba porque la chica que todavía le gustaba permanecía detrás de él todo el tiempo buscando su atención. Pero Joseph podría simplemente sentarse todo el día a verlo y a escuchar su voz. Se había enamorado a primera vista por primera vez en toda su vida.
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La pareja se había conocido cuando Louis tenía quince años y Joseph catorce, Louis había llegado a la escuela luego de que su familia se mudara a la ciudad y desde el primer segundo se había apoderado por completo del inocente corazón del adorable chico de rulos, quien reía por los chistes que el mayor contaba en cada oportunidad, lo observaba con una sonrisa enamorada mientras el contrario lucía su mayor expresión de confusión cuando su maestra de matemáticas les entregaba aquellas hojas llenas de ecuaciones y fórmulas por resolver. Fue gracias a esa confusión que Joseph pudo acercarse al mayor, ofreciéndose a ayudarle con sus ecuaciones para que no terminara reprobando el examen que les esperaba a final de mes.
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- ¿Louis?
Louis deja de mover el balón sobre su pie una y otra vez para ponerle atención a la persona que le hablaba, frente a él se encontraba uno de sus compañeros de clase. No habían hablado antes pero el castaño ya se había tomado su tiempo observando al pequeño rizado mientras este se encontraba concentrado en sus exámenes o hablando con su mejor amigo. Su cabello rizado era una bonita mata de bucles de color chocolate que se le hacía de los más adorable, sus ojos de un color verde muy bonito, nariz pequeña y labios rosados, su piel muy blanca y dos hoyuelos se forman en sus mejillas cuando el ojiverde sonríe, sencillamente precioso. Había pensado en cuál sería la manera más efectiva para acercarse a hablarle al bonito chico, pero antes de llevar a cabo alguna de esas ideas parece que el universo había hecho muy bien su tarea llevando al chico hasta él.
- Hola, Joseph, ¿Verdad?
Oh, por favor, Louis, si te sabes su nombre y apellidos completos.
- Sí- Responde el menor con sus mejillas sonrojadas.
- ¿Cómo estás, Jos? ¿Necesitas algo?
- Estoy bien, hum, escuché que reprobaste el último examen de matemáticas.
- Sí- Responde arrugando su nariz en una mueca- Las matemáticas y yo no nos hemos llevado bien nunca.
Joseph sonríe haciendo que los huequitos en sus mejillas aparezcan y Louis está a punto de ponerse de rodillas y rezarle al precioso ser frente a él.
- Lamento escuchar eso, pero no quiero que repruebes el siguiente o estarás en serios problemas. ¿No te gustaría que te ayudara con eso?
- ¿Haciendo el examen por mí?
- Claro que no, Lou, puedo explicarte lo que no entiendas, a mí me va muy bien en matemáticas.
- Te va muy bien en todo, ¿No quieres darme tu cerebro y yo te doy el mío?
- Eso suena como algo muy complicado de hacer.
- Menos complicado que lograr que yo entienda las matemáticas, no entiendo por qué mezclar números y letras.
Joseph suelta una risa y niega con su cabeza.
- ¿Quieres que te ayude para que no repruebes?
- Me encantaría, podríamos vernos en las tardes cuando no tenga entrenamiento de fútbol.
- Perfecto, ¿Cuándo no tienes entrenamiento?
- Hoy, ¿Te parece si nos vemos en la biblioteca?
- No puedo llegar tarde a casa, ¿Te molestaría si vamos a mi casa? No queda lejos de aquí. ¿Puedes pedirle permiso a tu mamá?
- Lo haré, entonces te veo al final de clases.
- De acuerdo.
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Reuniones en las tardes en casa de alguno de los dos, en las horas de receso y los fines de semana, cuando menos lo pensaron pasaban juntos todo su tiempo libre, cuando los exámenes pasaron las reuniones dejaron de ser por motivos académicos y solo compartían tiempo porque el otro se había convertido en su mejor amigo y compañía.
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El entrecejo de Joseph se arruga cuando Louis parece estar escribiendo números al azar en la hoja que se encuentra sobre la mesa en su habitación.
- ¿De dónde...- Suelta una risa-... de dónde sacaste ese número?
- De la suma de este número y de este otro- Señala dos números en la hoja.
- ¿Y por qué estás sumándolos?
- ¿No hay que sumarlos?
- No- Vuelve a reír por la mueca que hace su compañero de clase.
- Juraba que sí, eso lo explica todo.
Joseph golpea su frente mientras vuelve a reír y Louis solo puede sonreír al ver al contrario.
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La atracción el uno por el otro fue creciendo a medida que el tiempo pasaba y ambos compartían más tiempo juntos, se gustaban y eso era evidente para cualquier persona que se tomara dos segundos de su tiempo para detallarlos más de dos segundos. Louis volviéndose más y más protector y cariñoso con el tiempo y Joseph convirtiéndose en el niño consentido y enamorado en el que el mayor lo había convertido con sus atenciones.
- Creo que le gustas a Emily, ¿Sabes?
- ¿Ah sí?
- Mhm.
Joseph mantiene su mirada sobre sus uñas, ya que se encuentra deslizando el pincel con esmalte de color azul sobre cada una de ellas, Louis se encuentra frente a él jugando un nuevo juego de fútbol en su celular, porque si no es suficiente pertenecer al equipo de fútbol en el colegio, también juega fútbol en su computador y en el celular.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque quiere estar todo el tiempo junto a ti, y se comporta como una boba cuando estás cerca, sus neuronas no hacen sinapsis.
Louis suelta una risa por las palabras de Joseph y decide dejar el celular a un lado para centrar su atención en el chico frente a él, cuyas mejillas se tornan rojizas cuando siente la mirada del contrario sobre él.
- ¿Y eso te molesta?
- Solo si me vas a dejar a un lado cuando ella sea tu novia.
- No he dicho que quiero que ella sea mi novia.
- Cualquiera que sea tu novia me va a caer mal si me vas a abandonar.
- ¿Por qué te abandonaría, pequeño Joseph? - Pregunta mientras pone su codo sobre la mesa recargando su barbilla en su mano manteniendo sus ojos en el ruloso de mejillas coloradas- Si eres mi mejor amigo del mundo mundial.
Quizás y solo quizás esas últimas palabras ocasionaron un incómodo y doloroso pinchazo en el corazón de Joseph. Él no quería ser únicamente su amigo.
- ¿No te gusta alguna chica de la escuela?
- ¿Alguna chica? No.
- ¿Por qué? Seguro le gustas a todo el mundo, eres muy popular.
- No me has preguntado si me gusta algún chico.
Los verdes orbes de Joseph se posan en Louis con expresión de absoluta sorpresa por la revelación, nunca le había preguntado a su amigo acerca de su sexualidad, solo había asumido que era heterosexual, pero ¿Y si no es así? ¿Y si tenía alguna oportunidad de conquistarlo?
- Hum... ¿Te gustan los chicos?
- ¿Por qué luces tan sorprendido al respecto?
- Porque nunca lo mencionaste.
- ¿No? Pensé que lo había hecho.
- No, no lo hiciste.
- ¿Y eso te molesta?
- ¿Por qué lo haría? Si ya sabes que a mí me gustan los chicos.
- No lo sé, Joseph, por no habértelo dicho, quizás.
- No me molesta, entonces... ¿Hay algún chico?
La mirada de Joseph vuelve a posarse sobre sus uñas, esta vez con un revoloteo desconocido en su estómago.
-Y si lo hubiera ¿Eso te molestaría?
Joseph muerde el interior de su labio con fuerza y niega con su cabeza sin emitir ningún sonido con su voz temiendo hacer evidente que por supuesto que estaba mintiendo descaradamente.
-Lo hay, hay un chico.
Outsh. Solo... Outsh.
- ¿Sí?
La mirada de Joseph, esta vez con una expresión claramente triste, que le recuerda a un cachorro mimado según Louis, se posa sobre su azul mirada.
- Sí, desde hace algún tiempo que siento que me gusta mucho, que mis sentimientos hacia él no son precisa y únicamente de amistad.
- Oh...
Louis tensa sus labios para ocultar la sonrisa que amenaza por aparecer ante la actitud de Joseph, quien pone su mano bajo la lámpara que seca sus uñas mientras su mirada va hacia aquel aparato.
¿Enserio no se da cuenta?
¿No se da cuenta de que ese chico es él? ¿No se da cuenta de la manera en la que lo observa con la adoración presente cada segundo? ¿No se da cuenta de que no abraza a ninguna otra persona como lo abraza a él siempre que tiene la oportunidad? ¿No se da cuenta de la manera en la que su mirada se pierde en sus labios mientras que el ruloso le cuenta alguna anécdota de su día o mientras le habla de lo increíble que es su cantante favorita? ¿No se da cuenta que desde hace meses que su corazón le pertenece por completo solo a él?
- ¿Es del equipo de fútbol?
- No, no es del equipo de fútbol, no practica ningún deporte, es muy malo en todos.
- Hum... ¿Es de nuestra clase?
- Sí, está nuestra clase.
- ¿Es Javan?
- ¿Javan? Pero si sus pies apestan, cada vez que tenemos clase de gimnasia debemos estar varios kilómetros lejos de él, o podríamos morir.
Joseph fuerza una sonrisa que no dura ni dos segundos en su rostro.
- ¿Álvaro?
- No, Álvaro tiene novia.
- ¿Entonces?
- ¿Enserio no te das cuenta?
- ¿Bruno?
Louis suelta una risa y acerca su mano al rostro de Joseph para subirlo delicadamente con sus dedos en su mentón haciendo que sus miradas se encuentren.
-Me gusta un chico con el que me siento increíblemente cómodo todo el tiempo, con quien amo pasar mi tiempo libre porque jamás me aburro cuando estoy con él- El entrecejo de Joseph se frunce, sin llegar a entender todavía el mensaje que Louis quiere hacerle entender- Me gusta un chico que odia los pepperonis y es alérgico a las nueces- La expresión del ruloso va dejando de ser una confundida para pasar a la sorpresa y Louis nota como el brillo de las lágrimas se va haciendo presente en aquellos bellos orbes verdes- Me gusta un chico que pinta sus uñas y se pone mascarillas en el rostro todas las noches luciendo estúpidamente adorable con ellas. Me gusta ese chico y su obsesión con Taylor Swift y con Harry Potter.
Louis duda, realmente duda de que Joseph esté respirando en ese momento.
-Me gusta cuando canta porque es la voz más bonita que he escuchado en toda mi vida y me gusta cuando hace deporte porque es terriblemente malo en cualquier actividad de ese tipo y así tengo una excusa para estar cerca de él enseñándole todo lo que no sabe- El dedo pulgar del ojiazul se desliza por la mejilla derecha del menor, en donde la primera lágrima se desliza por su blanca mejilla- Me gusta porque mi familia ya lo adora y porque su familia me adora a mí. Me gusta porque es el chico más increíble que existe y espero que me deje ser más que su amigo para poder llenarlo de besos y poder gritarle al mundo que es solo mío.
Un sollozo sale de la boca del menor y más lágrimas se abren paso, cuyo camino es interrumpido por las manos delicadas del contrario.
- Por favor no llores.
- Yo no... yo pensé... pensé que yo no...
Louis se pone de pie y extiende sus brazos hacia Joseph quien no duda ni un segundo en ponerse de pie para refugiarse en ellos, poniendo su cabeza sobre el hombro del contrario quien acaricia sus rizos con suavidad.
- ¿Tú sabías que yo... hum... que me gustabas?
- No, pero tenía que arriesgarme.
- Yo nunca me hubiera atrevido.
- Y yo no podía callarlo más.
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Dos años permanecieron juntos, con los altos y bajos que conlleva una relación, conociéndose cada día más, aprendiendo las cosas que el otro tenía para enseñarles, amándose como los adolescentes apasionados que eran y entregándose en cuerpo y alma sin titubear.
Cuando finalizaron su etapa escolar Louis recibió una beca de deportes para estudiar en Ámsterdam y Joseph seguiría su sueño de estudiar música mudándose a Boston, más de cinco mil kilómetros de distancia que los separarían, con el amor todavía latente en sus pechos y con la sensación de tener a la mitad de su vida tan lejos.
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- Te extraño, mi amor.
Joseph hace un puchero hacia la pantalla mientras Louis se encuentra terminando de arreglarse para ir a la fiesta en la que celebrarían el triunfo que había tenido su equipo de fútbol aquel día.
- También te extraño, cielo, quisiera que estuvieras aquí. Podríamos celebrar nuestro quinto aniversario como se debe.
- Lo celebraremos cuando podamos encontrarnos.
- Claro que sí, mi vida, celebraremos con una gran fiesta.
- ¿Vendrás en el verano?
- Por supuesto, como los anteriores dos veranos, sin falta, te lo prometo, ¿Cómo van las charlas con esa disquera de la que me hablaste?
- Muy bien, creo que firmaremos contrato el próximo lunes, ¿No es increíble?
- Es lo que te mereces, con ese talento que tienes y que el mundo merece escuchar, solo tendrás éxito en todo lo que hagas de ahora en adelante.
- Te amo mucho, bebé.
- No tanto como yo a ti, pequeño, debo irme, te llamaré en la mañana.
- No bebas mucho, ya sabes la resaca que te da.
- No lo haré.
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo.
- Diviértete, pero no demasiado, ¿Eh? Pórtate bien.
- Descansa, cariño, es demasiado tarde allí.
- Adiós.
- Adiós, te amo.
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Si Joseph hubiera sabido que esa sería la última vez que tendría una conversación con su novio probablemente le hubiera rogado que no colgara, que no fuera a esa tonta fiesta, que se quedara allí hablando con él hasta quedarse dormidos como muchas otras veces, le hubiera dicho muchos más "Te amo" o le hubiera mandado más besos.
Pero era imposible saberlo.
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Dolor de cabeza.
Náuseas.
Dolor de huesos.
Dolor de garganta.
Agotamiento.
Una pesada, cruel y potente resaca que le hacía sentir que se iba a morir.
-Mierda.
Se da vuelta en la cama y se queja por el dolor que siente cada vez que se mueve y por las náuseas que se intensifican.
-No vuelvo a beber, lo juro.
Abre sus ojos y observa un poco el lugar en el que se encuentra... de acuerdo... esa no luce como su habitación en el campus. Frunce el entrecejo y su mirada va hacia el otro lado de la cama.
Mierda. Solo... mierda.
No estaba solo, estaba acompañado de una chica de largo cabello rubio, chica que claramente no tiene ninguna prenda que cubra su cuerpo, al igual que el suyo que se encuentra tal y como Dios lo trajo al mundo.
- ¿Qué carajos?
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Luego de asimilar el hecho de que definitivamente se había acostado con una chica completamente desconocida, no tuvo el valor para volver a hablar con Joseph, no se sentía con las agallas de decirle "Te amo" sabiendo lo que había hecho, y tampoco tenía el coraje para contarle que le había fallado. Así que decidió que aquel adorable y perfecto chico merecía más, merecía a alguien mucho mejor. Y no lo volvió a buscar ni a responder sus incesantes llamadas y mensajes.
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Joseph se encontraba en el baño de su casa, la casa que había comprado luego del increíble éxito que había tenido con su álbum debut. Su carrera había ido solo en ascenso desde que había firmado con la disquera con la que trabajaba y ahora podía considerarse como uno de los artistas del momento, más reconocidos y exitosos. Había visitado varias casas junto a la encargada de bienes raíces hasta elegir la que podía considerarse como la casa de sus sueños, firmando el contrato de compra el mismo día y comenzando a elegir junto a su decoradora de interiores todo lo que iría en aquel bello lugar.
Podía considerarse que todo iba tan bien en su vida, estaba triunfando en su carrera, en la carrera que desde niño soñó tener, superando sus propias expectativas, comprando la casa de sus sueños y teniendo sus cuentas de banco llenándose cada vez más, sus redes sociales con millones de seguidores que decían amarlo y admirarlo, apoyando su trabajo incondicionalmente.
Pero él no estaba bien. Él iba en picada hacia un hoyo negro cuyo fondo ni siquiera alcanzaba a ver.
El agua de la tina en la que se encuentra metido desde hace casi media hora comienza a enfriarse, sus ojos se encuentran muy rojos y sus lágrimas se mezclan con la humedad del agua en su rostro, el silencio de la habitación de baño siendo roto por los dolorosos sollozos; en dos horas tiene que viajar en su jet privado hacia algún destino que desconoce, estaba seguro de que su mánager le había dicho más temprano el nombre del país al que viajaría esa noche, pero ni siquiera le había puesto demasiada atención. Y ahí estaba, llorando dentro de su lujosa tina, en su lujoso baño, de su lujosa casa, deseando morir.
¿Por qué había desaparecido de esa manera?
Esa era la constante pregunta que se hacía todos los días desde que su ex novio no había respondido cinco de sus llamadas, ni veinte de sus mensajes, luego de ello no podía retirar la mirada de la pantalla de su celular que le avisaba que no podía enviar mensajes a ese número de celular, Louis lo había bloqueado. Lo intentó con sus redes sociales, quizás su novio había perdido su celular o había tenido algún problema, pero de sus redes sociales también había sido bloqueado. Confirmando aquello cuando entró a las redes sociales de Louis desde el perfil de su hermana y allí aparecían como si nada.
- Louis...
- Mamá, no vayas a preguntarme lo que sé que me vas a preguntar.
- Solo quiero saber qué pasó, ¿Tienes idea de lo mal que está? Ni una llamada, ni un mensaje, nada. Lou, no puedes ser así de cruel, si ya no quieres estar con él ten la valentía de decírselo.
- No puedo.
- Jamás te habías comportado como un cobarde.
- Es mejor así.
- ¿Es mejor así? Tú no tienes tan mal corazón, esto no es lo que yo te he inculcado.
- Díselo tú, que por favor deje de pensar en mí y siga con su vida.
- Yo no soy tu mensajera, ese tipo de cosas se dicen directamente, Louis, no con intermediarios.
Un silencio se forma en la línea y segundos después son sollozos lo que se escucha; Grace, la madre de Louis, permanece en silencio mientras su hijo se desahoga por un momento.
- Sabes que a mí puedes contarme lo que sea, ¿Verdad, cariño? Lo que sea, hijo, yo estoy aquí para aconsejarte, prometo que no te voy a juzgar.
- Me equivoqué, le fallé a Joseph, yo...
- Estuviste con alguien más, ¿No es así?
El silencio es la respuesta afirmativa que Grace ya intuía.
- ¿Y la solución es desaparecer de su vida de esa manera tan abrupta?
- No soy capaz de decírselo, tampoco puedo actuar como si no pasara nada.
- Por respeto a él y a la relación que tuvieron, es tu deber decírselo, cariño.
- No puedo.
- Todos los días me pregunta por ti, le pregunta por ti a tus amigos, a tus hermanas, está desesperado, Louis, no seas así de cruel.
- Lo va a superar.
- Espero que no te arrepientas de la manera en la que estás actuando, Joseph no se merece lo que le estás haciendo, él te ama de verdad. Hablamos luego.
Cuando el timbre de su casa suena, Louis deja a un lado su celular, levantándose de su sillón para caminar hacia la puerta, viendo por la pantalla junto a la puerta la imagen que la cámara de seguridad le brinda. Presiona el pequeño botón bajo la pantalla que le permitirá a aquella rubia escuchar su voz.
- ¿Bueno?
- Louis, necesito hablar contigo.
- ¿Perdona? ¿Te conozco de alguna parte?
- Nos conocimos en la fiesta de Jackson, tuvimos sexo esa noche, ¿Lo recuerdas?
Por supuesto que lo recordaba, si había sido la noche en la que había cometido el peor error de toda su existencia.
- Eso fue hace meses, ¿Qué quieres?
- Fue hace cuatro meses para ser exactos, necesito decirte algo importante.
- Escucha, linda, lo que pasó fue un error, ¿De acuerdo? No estoy interesa...
- Estoy embarazada.
Luego de ello Louis abre la puerta encontrándose con la rubia que, aunque lo intentó, no lograba recordarla.
- ¿Qué dijiste?
- Estoy embarazada, y definitivamente es tuyo.
- Si estás embarazada ¿Por qué me lo dirías ahora?
- Porque no sabía qué hacer, tampoco recordaba mucho de esa noche, tuve que preguntar y así llegué hasta ti, Ethan me dio tu dirección.
- ¿Y cómo sé que es mío?
- Con una prueba de ADN, obviamente, cuando nazca.
- ¿Lo vas a tener?
- Mi familia ya lo sabe y no permitirá que interrumpa el embarazo.
- Eso no es decisión de ellos.
- Tampoco quiero hacerlo, pero es tu responsabilidad también.
- Eres tú quien quiere tenerlo, no yo, no sé ni quién carajos eres.
- Todo se hará legalmente entonces.
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- ¿Y cómo está el corazón del joven futbolista del momento? - Pregunta la periodista que se encuentra entrevistando a Louis luego de un partido que su equipo había ganado ese día.
Joseph pasa saliva en seco cuando ve la imagen de quien fue su novio por muchos años. Desde sus propias redes sociales había eliminado todo lo que tuviera que ver con Louis, bloqueando canales de deportes, páginas de fans o cualquier cosa relacionada, evitando a toda costa siquiera escuchar aquel nombre que antes había amado escuchar, pero que ahora solo le deseaba lo peor del mundo. Pero resulta que su nuevo estilista era un seguidor demasiado fiel del futbolista, y luego de que él se sentara en la silla para que él comenzara a peinar su cabello para la sesión de fotos que tenía ese día, el estilista había puesto su celular recargado frente al espejo para ver la entrevista de su ídolo.
-Mi cardiólogo dice que tengo un buen corazón, muy fuerte, claro que sí.
La periodista se queja por la respuesta de Louis en medio de risas.
- Sabes de lo que hablo, no quieras salirte por la tangente, ¿Soltero? ¿Casado? ¿Disponible? Muchas personas amarían escuchar que estás disponible.
- La verdad es que mi prioridad ahora está puesta en otras cosas, se vienen partidos importantes y no debo distraerme.
- Pero un poco de amor siempre cae bien, ¿No es así?
- Recibo propuestas.
Joseph toma el celular del estilista y lo apaga silenciando las voces de la entrevista.
- Escucha, si quieres seguir trabajando conmigo no quiero volver a ver ni a escuchar nada que esté relacionado con ese futbolista, ¿De acuerdo?
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Al final resultó que aquella rubia desconocida decía la verdad, luego de practicada la prueba de ADN con resultado positivo, Louis no tuvo más opción que hacerse cargo, con veintidós años y una carrera como futbolista en ascenso destinaba gran parte de su salario a aquel niño que de un día para otro se había convertido en el segundo amor de su vida.
- Lou, dime que irás a mi boda.
- Tengo que cuidar a Emmanuel, Avery tiene clases hasta tarde ese día.
- Pues llévalo, así Lucas puede conocerlo.
Louis observa a Emmanuel que se encuentra sobre las piernas de Ethan jugando entretenido con el collar con un dije de pluma que el castaño lleva puesto.
- Es un viaje muy largo.
- Es mi boda, Darlington, si no vas no te lo voy a perdonar jamás.
- Dramático.
- ¿Te ayudo a buscar un adorable traje para Emmanuel? ¿Con moño o corbata?
Louis rueda los ojos en medio de una sonrisa.
-Tomaré eso como un sí, un bonito corbatín sería adorable.
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La última vez que había pisado el suelo de Boston fue para visitar a Joseph, hace más de dos años, y ahora ahí estaba pero por razones completamente diferentes, Ethan Finnegan, su mejor amigo, estaba a pocas horas de contraer matrimonio con alguien que había conocido en una loca noche de tragos en Las Vegas, al final fue más que una aventura y mantuvieron el contacto, cinco años juntos y la propuesta de matrimonio había llegado con una respuesta afirmativa por parte del morocho, quien según lo que le había contado Ethan, era un famoso cantante bastante reconocido, pero del que Louis jamás había escuchado, quizás porque no era el tipo de música que solía escuchar (Joseph Callahan).
-Estoy comenzando a sentir ganas de vomitar.
Louis suelta una risa y palmea el hombro de Ethan brindándole su apoyo.
- Al fin voy a conocer al famoso Lucas Ellington.
- Presiento que se van a llevar demasiado bien.
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- Pero que bebé tan guapo.
Emmanuel suelta una risa como si entendiera lo que Louis le está diciendo, Louis sonríe y carga al bebé en sus brazos.
-Vamos a la boda del tío Ethan, ¿De acuerdo, guapo? Pórtate bien, es un día muy especial.
Louis sale del hotel en el que se hospeda y acomoda a Emmanuel en su silla en el auto antes de subir al mismo, comprueba que no esté olvidando nada, como la carriola en el baúl y la pañalera junto a Emmanuel antes de conducir hacia la dirección que Ethan le había dado. Su amigo le había prestado uno de los tantos autos que su prometido poseía para que pudiera movilizarse con facilidad por la ciudad en su estancia allí.
El lugar era enorme, real, realmente enorme, con grandes ventanales de vidrio, decoraciones de flores y candelabros de lujo, luces y velas que le daban al lugar un aspecto romántico.
-Wow.
Louis no había sido el único futbolista que había sido invitado, así que el ojiazul encontró al grupo de amigos en una de las mesas, empujó la carriola hacia el lugar y se acomodó en una de las sillas luego de saludar a todo el mundo.
- Mira que casarte con alguien que conociste una noche en Las Vegas- Dice uno de los chicos.
- Yo también me casaría si se tratara de Lucas Ellington, que bombón se está llevando Ethan.
- Mi tipo es más... Troye Sivan- Comenta otro de los chicos- ¿Qué hay de ti, Lou?
- No conozco mucho la industria.
- Su tipo es Joseph Callahan...
La expresión de Louis pasa de divertida a completamente seria en una fracción de segundo.
- ¿Y tú cómo sabes eso?
- ¿No fuiste a su concierto en Ámsterdam?
- Eso no significa nada.
- Bueno, si no conoces mucho la industria, estás en el lugar correcto. La mitad de la industria estará aquí esta noche.
- Joseph Callahan incluido, podrías conseguir una foto.
- ¿Joseph vendrá? - Pregunta en un hilo de voz.
- ¿Bromeas? Lucas, Joseph y Eider son como el trío de oro de la industria.
- ¿Joseph y Lucas son amigos?
- Tan cercanos como tú y Ethan.
- Louis está por tener un momento fangirl.
- Voy al baño, cuiden a Emmanuel, no tardo.
Joseph iba a estar allí también. ¿Y si lo veía? ¿Y si se acercaba para golpearlo? ¿Le gritaría? ¿Debería irse y evitarse un momento incómodo?
No.
Era la boda de su mejor amigo y no le iba a fallar.
--
Fue en medio de la ceremonia que lo vio, cuando llevaba en brazos a la pequeña sobrina de Lucas con la almohadilla con los anillos.
Con su cabello cayendo en desordenadas ondas hasta sus hombros, una enorme sonrisa enmarcada por aquellos dos adorables hoyuelos que tan bien recordaba haber besado tantas veces, un traje de color vino tinto y sus manos llenas de anillos.
Tan distinto pero tan igual.
Tan precioso.
Tan angelical.
Tan encantador.
Su amor brillante.
Luego de eso lo volvió a ver luego de finalizada la ceremonia cuando se paró en el escenario tras el micrófono con una lenta melodía seguida por aquella perfecta voz.
Sus ojos chocaron en medio de la tercera o cuarta estrofa y su voz se detuvo, solo era la melodía de aquella canción haciendo eco en sus oídos, pudo ver como la palidez se hacía presente en su rostro antes de que corriendo emprendiera el camino hacia el baño. Pudo ver a Lucas, quien se encontraba junto a Ethan, ponerse de pie para seguir a su mejor amigo.
-Joseph, ¿Estás bien?
Cuando un sollozo fue toda la respuesta que obtuvo, Lucas se acerca al cubículo del baño y abre un poco la puerta para encontrar a Joseph sentado en el suelo abrazando sus piernas en posición fetal.
- Joseph, ¿Qué sucede?
- ¿Recuerdas...- Hace una pausa para limpiar su nariz con el trozo de papel que sostiene en su mano-... el novio que viajó a Ámsterdam y tres años después desapareció sin dejar rastro?
- Sí, lo recuerdo.
- ¿Conoces a Louis Darlington?
- ¿El futbolista amigo de Ethan?
- Sí, él.
- ¿Es él?
Joseph asiente en silencio.
- Joseph, lo siento mucho, no sabía, no me dijiste que era él.
- No sabía que iba a estar aquí.
- Es el mejor amigo de Ethan.
- No tenía idea.
- ¿Quieres que le diga a Ethan? ¿Qué le pida que se vaya?
- No, no...
Joseph se pone de pie, limpiando su rostro y acomodando su cabello.
- Es tu día, Lucas, tuyo y de tu esposo, no pienso arruinarlo, lo ignoraré.
- ¿Seguro?
- Tomaré un vaso de agua y haré como si no lo conociera, ¿Está bien? Estaré bien, no te preocupes.
Y así lo hizo, lavó su rostro, peinó su cabello, bebió un vaso de agua y salió para terminar de cantar la canción que había dejado a la mitad. Durante el resto de la noche ignoró el hecho de que la persona que más había amado y que más daño le había hecho en toda su vida se encontraba a pocos metros de él, observándolo como un halcón.