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Exesposa mimada: papá, mamá se escapó otra vez

Exesposa mimada: papá, mamá se escapó otra vez

Autor: : rabbit
Género: Cuentos
"El amor aparece en los momentos más inesperados". Weldon se convirtió en otro hombre tras la muerte de su esposa. Se olvidó de las aventuras amorosas, y se enfocó en criar a su hijo. Todos pensaban que no le daría otra oportunidad al amor. Un día, su recién contratada médica familiar lo visitó. La doctora intentaba hacer su trabajo mientras Weldon no le quitaba los ojos de encima. Ella terminó con los pelos de punta por esa mirada y terminó huyendo de él. La situación pronto se salió de su control. Dos meses después, la médica familiar se convirtió en la nueva esposa de Weldon. Todos a su alrededor querían saber cómo logró que él superara el dolor y también se casara con ella. "Bueno, es sencillo. Le prometí darle dos hijos más siempre y cuando me pidiera matrimonio." La nueva esposa apareció con dos niños que eran copias exactas de Weldon. Esto causó rumores en el pueblo y generó aún más preguntas. ¿Quién era esta mujer? ¿Y cómo terminó con esos niños?

Capítulo 1 Gran Amor

"¿Weldon regresa a casa?".

Everleigh Lewis, con más de ocho meses de embarazo, estaba en el cuarto de los bebés, doblando con esmero la ropa nueva que había comprado, cuando oyó a los sirvientes hablar de Weldon Harris.

Sus ojos se abrieron de par en par, desbordados de sorpresa.

Se preguntó si su embarazo era el motivo de su regreso.

Una felicidad inmensa la inundó y sus manos comenzaron a temblar. Estaba extasiada.

Weldon era el padre de sus bebés.

Sin embargo, desde que se casaron, solo lo había visto una vez. Él se marchó esa misma noche y nunca regresó. Everleigh no volvió a verlo.

"Bebés, sé que a su papá no le gusto, pero no importa. Lo único que importa es que los vea llegar a este mundo. Seré la mujer más feliz del mundo".

Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras se acariciaba el vientre abultado. Su hermoso rostro resplandecía de alegría.

Dos días después, tal como se esperaba, el primogénito de la familia Harris, ausente desde su boda, regresó por fin.

Sosteniéndose el vientre con ambas manos, Everleigh bajó las escaleras tan rápido como su estado se lo permitió al oír voces en el vestíbulo.

Sin embargo, la sangre se le heló en las venas al llegar al descanso de la escalera. Su mirada se clavó en la mujer que estaba de pie junto al hombre que tanto anhelaba.

"¿Qué significa esto, Weldon? Te pedí que acompañaras a tu esposa durante el parto. ¿Por qué trajiste a esta mujer contigo?".

"¿Acaso no es obvio? Te dejé muy claro que este matrimonio no significa nada para mí y que voy a casarme con Raelynn Griffiths. Aquí está, a mi lado".

Weldon llevaba un rompevientos negro y ligero. Su rostro, de facciones cinceladas y atractivas, mantenía una expresión gélida, y sus ojos profundos se clavaron en los de su padre. Un aura glacial lo envolvía.

Trevor Harris, el padre de Weldon, se enfureció al oírlo.

"¡Infeliz! ¿No te das cuenta de que Everleigh está a punto de dar a luz? ¿Cómo puedes decir algo tan cruel?".

"¿Y qué? Solo estoy diciendo la verdad. Si no me hubieras drogado en la noche de bodas, ella ni siquiera estaría embarazada. ¡Esos niños no merecen nacer!".

Un silencio sepulcral se apoderó de la estancia.

Pero esas palabras retumbaron en los oídos de Everleigh.

Sintió una punzada en el pecho, un dolor tan agudo como si le hubieran clavado un puñal en el corazón. Su visión se nubló mientras oía la apagada discusión que continuaba en la planta baja.

Sin embargo, ya nada de eso importaba. No podía pensar en nada más que en las palabras de Weldon: sus hijos no merecían nacer.

Aquellas palabras le habían destrozado el corazón.

"¡Ah! ¡Señora Harris! ¡Mírela! ¡Está sangrando!".

"¿Qué?".

Todos los presentes en la casa de los Harris se volvieron hacia ella.

Padre e hijo interrumpieron su discusión y la miraron, horrorizados.

Vieron a Everleigh, de pie en el descanso de la escalera, con la sangre corriéndole por las piernas.

Su vestido claro se teñía de rojo. Había perdido mucha sangre.

El rostro de Weldon se contrajo.

"Qué grande es tu amor, Weldon. Veo que encuentras tu felicidad pisoteando a tus propios hijos. ¿Crees que podrás vivir con eso?". Everleigh dijo, mirando fijamente a Weldon a los ojos mientras caía por las escaleras.

Fueron las primeras palabras que le dirigía desde que se casaron.

Weldon se quedó desconcertado.

Antes de que pudiera hablar, el cuerpo de Everleigh golpeó el suelo con un fuerte golpe seco.

"¡Llévenla al hospital! ¡Rápido!", gritó Trevor, dando la orden.

Poco después, Everleigh fue ingresada en el hospital.

"Weldon, no te culpes por esto. No es tu culpa", intentó consolarlo Raelynn Griffiths. "¿Cómo pudo tu familia obligarte a casarte con una cualquiera sin tu consentimiento? ¿Y cómo se atreve a maldecirte de esa forma? Weldon...".

Sin embargo, antes de que pudiera terminar, él, que nunca había perdido la compostura frente a ella, le lanzó una mirada gélida.

"¡Basta! ¡Cállate! ¡Esto no es asunto tuyo!", rugió Weldon, con una ira incontenible en la mirada.

Raelynn se estremeció y no se atrevió a decir nada más. Apretó los dientes y maldijo a Everleigh en silencio.

Deseó que Everleigh muriera junto con sus bebés. Sería lo mejor para ella.

Pasó una hora desde que Everleigh fue ingresada en el hospital.

El obstetra salió del quirófano con un bebé en brazos. Al ver las miradas expectantes de Trevor y los demás, el médico respiró hondo y dijo: "Lo lamento, señor Harris. No pudimos salvar a la madre. Sufrió una hemorragia masiva durante el parto, pero logramos salvar a uno de los trillizos".

Trevor se quedó atónito. No podía creer que Everleigh estuviera muerta.

De su nuera y sus tres nietos, solo había sobrevivido uno. Fue demasiado para él.

Trevor se llevó una mano al pecho y se desplomó.

"¡Señor Harris! ¡Señor Harris!".

Para cuando Weldon recibió la noticia, ya había salido de la casa con Raelynn. Iban de camino al apartamento de él en el centro.

Sus manos se paralizaron sobre el volante cuando oyó el informe de su asistente.

"¿Qué? ¿Está muerta?".

"Sí, señor. Su estado era crítico. El médico no pudo salvarla después de la hemorragia. Pero uno de los trillizos sobrevivió. Es un niño. El señor Harris, su abuelo, ya se lo llevó a casa".

El asistente le dio un informe detallado de lo ocurrido y, temiendo que Weldon no le creyera, le envió una fotografía: el cuerpo de Everleigh y los de los otros dos bebés, cubiertos por una sábana blanca.

Las pupilas de Weldon se contrajeron al ver la imagen.

Un instante después, pisó el freno con toda su fuerza. El auto se detuvo con un chirrido agudo en medio de la carretera.

Capítulo 2 Nancy Lewis y sus hijos

Habían transcurrido cinco años desde aquel día.

Everleigh se encontraba en un prestigioso hospital de Prario.

Vestida con su uniforme de doctora, se hallaba en la sala de conferencias, analizando el informe de un caso junto a otros especialistas.

Llevaba el cabello corto, en un peinado pulcro y elegante. Un maquillaje discreto acentuaba su piel impecable y sus delicadas facciones. Sus ojos refulgían como diamantes.

"Disculpe, doctora Lewis, ¿está diciendo que la paciente no necesita cirugía porque usted puede tratarla con acupuntura?", preguntó uno de los médicos.

"Así es", respondió ella, "siempre que confíen en mí".

Everleigh ojeó los expedientes con una leve sonrisa.

Ahora era Nancy Lewis.

Everleigh no había muerto en aquel hospital. Cinco años atrás, el obstetra le salvó la vida. Fue ella misma quien le rogó al médico que anunciara su muerte.

Prefería la muerte antes que volver con la familia Harris.

Después, llegó a Prario, donde, gracias a las técnicas de medicina tradicional heredadas de sus ancestros, los Lewis, consiguió un puesto como doctora.

Sus colegas en la sala se mostraron escépticos ante su conclusión.

Pero Everleigh no tenía tiempo que perder esperando una respuesta. Consultó el reloj en su muñeca y se excusó antes de salir.

"Doctora Lewis, ¿ya se va a recoger a sus hijos?", le preguntó un colega mientras ella bajaba las escaleras a toda prisa.

"Sí". Everleigh sonrió.

Iba a recoger a sus pequeños.

Diez minutos más tarde, llegó al jardín de infantes de la zona.

"¡Mami, por fin llegaste! Te estuve esperando una eternidad".

Apenas Everleigh llegó a la entrada, una niña con un vestido rosa y dos moños altos corrió hacia ella, chillando de emoción.

Everleigh bajó del auto de inmediato.

"Perdón, mi amor, se me hizo tarde. Te prometo que de ahora en adelante llegaré a tiempo".

"No te preocupes. Mi hermano estuvo conmigo, ¡y me trajo muchos bocadillos!".

La pequeña, Millie Lewis, le sonrió con dulzura a su madre mientras esta la estrechaba entre sus brazos.

El corazón de Everleigh se inundó de alegría.

El hermano de Millie era un niño muy atento que siempre la cuidaba.

Everleigh sonrió. "¿Ah, sí? Vamos a buscar a tu hermano, ¿de acuerdo?".

"Está bien, mami".

Minutos después, Everleigh encontró a su hijo.

Sin embargo, se quedó perpleja al verlo rodeado por varias maestras. Everleigh no entendía por qué su hijo estaba en la sala de profesores.

"¡Dios mío! Este niño es idéntico a nuestro Sam".

"¡Es verdad, se parecen muchísimo!".

Una de las maestras colocó una foto junto al rostro de Samuel Lewis, comparando sus facciones con las del otro niño.

Samuel miró la foto con picardía.

"No me parece. ¿Acaso él tiene la cara tan redonda como la mía?".

"Pues no, la verdad es que no".

"¿Y es tan guapo como yo? Miren bien la foto. ¿De verdad creen que se parece a mí?".

Samuel sonrió con picardía y se inclinó hacia las maestras.

Todas las maestras soltaron una carcajada, pues se dieron cuenta de que el niño de la foto no se parecía en nada al que les hacía pucheros.

El niño de la foto no aparentaba ser mayor que Samuel, pero tenía un aire meditabundo y distante, casi como el de un adulto. No era, en absoluto, tan adorable como Samuel.

"¿Qué haces ahí, Sam?", preguntó Everleigh al ver lo que estaba pasando.

"¡Mami! ¡Mami, ya llegaste! Yo no hice nada".

Samuel reaccionó al instante. En cuanto escuchó la voz de su madre, sonrió y saltó del escritorio donde estaba sentado.

Su sonrisa era incontenible.

Samuel tenía un parecido asombroso con Weldon, pero su personalidad era cálida y amable. Jamás era frío y distante como aquel hombre; por el contrario, siempre saludaba a todos con una sonrisa.

Capítulo 3 Un rostro del pasado

"¿Me dices la verdad, Sam? No se te ocurra mentirme", le advirtió Everleigh. "¿O ya se te olvidó que por tu culpa se dañó la computadora del salón y suspendieron las clases el otro día? No te hagas el inocente".

"Pero...", Samuel frunció los labios y la miró con ojos suplicantes.

No comprendía por qué su madre siempre asumía que hacía travesuras, cuando en realidad era un niño brillante y de buen corazón.

Sus maestros le pedían ayuda constantemente y a él no le quedaba más remedio que aceptar con resignación.

"Mami, no hice nada malo, te lo prometo", aseguró él. "Solo jugaba con ellos. Ya tengo hambre, vamos a casa".

Everleigh se quedó sin palabras.

Soltó un suspiro, se despidió de los maestros y se llevó a sus hijos.

Apenas llegaron a casa, Everleigh fue a la cocina a preparar la cena, pero su teléfono sonó antes de que terminara de cocinar.

"Doctora Lewis, el hospital aprobó que usted se haga cargo del caso. ¿Podría venir de inmediato?".

"¿Ahora mismo?".

"Sí. La familiar del paciente ya está aquí y, al enterarse de la decisión del hospital, exige hablar con usted de inmediato", explicó la enfermera al otro lado de la línea.

Everleigh puso los ojos en blanco, fastidiada. Detestaba a esa clase de gente adinerada que se creía el centro del mundo y pensaba que todos debían estar a su entera disposición.

Sin otra opción, aceptó.

"Sam, tengo que ir al hospital. ¿Puedes cenar con tu hermana en casa?".

"Claro, mami. No te preocupes. La cuidaré muy bien".

Samuel agitó la mano con la seriedad de un adulto, indicándole a su madre que se quedara tranquila.

Everleigh sonrió. Con un hijo tan atento, no tenía de qué preocuparse.

Se cambió de ropa rápidamente y salió.

Tan pronto como Everleigh se fue, su hijo corrió hacia el estudio.

"Sam, ¿qué haces? Mami nos dijo que cenáramos".

"Shh... Necesito entrar a la computadora del director. Hoy los maestros mostraron una foto de un niño que es idéntico a mí. Parece que se unirá a nuestro kínder y tengo que averiguar quién es".

En cuestión de minutos, Samuel logró acceder a la computadora del director y encontró de inmediato la información sobre el nuevo alumno.

"¡Wow! Sam, ¿ese eres tú?". Millie ahogó un grito de sorpresa en cuanto el documento apareció en la pantalla. Se quedó con la boca abierta.

Samuel frunció el ceño. "No, no soy yo. Se llama Zayn Harris. Mira".

Señaló el nombre en el documento y negó con la cabeza, desalentado.

Los ojos de Millie se abrieron como platos.

"¿Zayn Harris? Pero ¿por qué se parece tanto a ti? ¿También es hijo de mami?".

Samuel abrió los ojos de par en par. De pronto, recordó las veces que su madre abría una pequeña caja para mirar una camisa nueva de niño pequeño, con los ojos llenos de lágrimas.

En ese instante, decidió que tenía que conocer a ese niño que se parecía a él.

"The Hill Hotel", murmuró Samuel al recordar la dirección que había visto en el formulario de inscripción.

Media hora después, Everleigh llegó al Hospital Klyre.

"Doctora Lewis, qué bueno que ya está aquí".

"¿Dónde está la familiar del paciente?".

"La está esperando en la oficina del director. Doctora Lewis, es una persona bastante difícil. Le recomiendo que tenga cuidado al tratar con ella", le aconsejó la enfermera en voz baja.

Everleigh se puso rápidamente la bata y la mascarilla quirúrgica antes de dirigirse a la oficina del director.

Luego, respiró hondo y tocó la puerta. "Señor Watson, soy yo".

"Everleigh, pase. La familiar del paciente está aquí. Venga a conocerla".

El director sudaba profusamente mientras intentaba conversar con la mujer sentada frente a él, de actitud visiblemente tensa y demandante.

Al oír la voz de Everleigh, el hombre exhaló un suspiro de puro alivio y se apresuró a abrir la puerta como si ella fuera su salvación.

A Everleigh le sorprendió que el director le abriera la puerta en persona, pero su atención se desvió rápidamente hacia la otra mujer en la habitación.

Sus ojos se abrieron de par en par al observarla con más detenimiento, y el asombro se reflejó en su rostro.

"¿Ella es la doctora competente de la que me habló? ¿De verdad es capaz?".

La mujer se puso de pie al oír abrirse la puerta.

Era alta y llevaba un maquillaje impecable. Su cabello castaño caía en ondas perfectas y su atuendo de diseñador le confería un aire de arrogancia.

Era Raelynn.

Everleigh nunca esperó que esa mujer fuera el primer rostro conocido que vería después de cinco años.

Entonces se preguntó si Weldon era su paciente.

La mirada de Everleigh se tornó gélida al observar a su enemiga.

El matrimonio de ella con Weldon fue arreglado en su niñez. Apenas nacida, las familias Lewis y Harris pactaron su unión con Weldon, que entonces tenía solo cinco años.

Al principio, Everleigh pensó que era una broma y no le dio mucha importancia al acuerdo, aunque desde pequeña siempre sintió un cariño especial por él.

Por desgracia, la familia Lewis murió en una noche fatídica. Trevor tomó a Everleigh bajo su protección y le pidió que se casara con su hijo, con la intención de ofrecerle una vida segura y tranquila.

Solo entonces ella comenzó a considerar el matrimonio seriamente.

Lo que no imaginaba era que esa unión sería el comienzo de una vida de desdicha.

"Lo siento, cometí un error", dijo Everleigh de repente.

"¿Qué?". El director frunció el ceño, confundido.

"No puedo curar esa enfermedad. Deberán buscar a otro médico".

Sin añadir nada más, Everleigh se dio la vuelta y salió de la oficina.

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