Pensó que sería divertido, pero ahí estaba.
El frío de la noche lo envolvía causándole cierto escalofrío que lo tenía sin cuidado.
No se sentía para nada correcto el estar en el medio de ese bosque a esas horas de la noche.
- ¿Están seguros de que aquí estamos a salvo?
El moreno continuaba abrazándose a sí mismo para darse algo de calor, temblaba y no estaba seguro de si era solo por frío o el miedo ya estaba teniendo efecto en él, esperaba que fuera la primera.
-No va a pasar nada, Ethan, por favor, no seas tan aguafiestas.
El castaño parecía bastante tranquilo, pero en la oscuridad de la noche su temor no era para nada visible. Estaba asustado, la idea había sido suya, claro que no iba a dejar que sus dos amigos lo supieran.
-Harry, si muero hoy, déjame decirte que haré tu vida miserable en el infierno.
Isaac amenazó mientras caminaba un poco más atrás que los otros dos chicos.
Lo único que podía percibirse era el ruido de las hojas de los árboles al ser movidas por el frío viento de aquella oscura noche. Solo eso, nada más y nada menos.
Un aullido los mantuvo algo alerta.
¿Acaso había lobos ahí? No sabían que en aquel solitario y perdido bosque podría haber siquiera algún tipo de animal, parecía ser un bosque olvidado, uno del que nadie conoce absolutamente nada.
-Dios, lo que faltaba.
De repente unos pasos se oyeron algo lejanos, pero con el pasar de los segundos se acercaban.
Alguien corría hacia ellos.
Se juntaron en un punto, acercando sus espaldas y mirando hacia el frente.
Tres lobos distintos fueron visibles.
Uno blanco de ojos celestes y brillantes se posicionó en frente del chico castaño de ojos marrones. El lobo estaba parado y lo miraba fijamente, con detenimiento.
Otro lobo pero de pelaje algo más oscuro, siendo éste mismo marrón, y teniendo ojos claros que no eran posible distinguirse se paró delante del otro chico de ojos celestes, mientras le gruñía algo molesto.
Por último, delante del asustado y temeroso moreno, un lobo de pelaje marrón no muy oscuro, se paró delante de él mirándolo, como si pudiera entender qué sucedía. Sus ojos marrón chocolate brillaban con demasiada intensidad, tanta que el moreno se sintió desfallecer, era un hermoso color, los ojos tenían un hermoso brillo.
Entre los árboles, tres presencias se divisaron, tres personas que se veían oscuras debido a la tenue luz de la luna.
Tres personas de ojos brillantes y grandes, ojos llamativos y hermosos.
- ¿Es tarde para creer que no debimos venir aquí?
Pestañeó repetidas veces buscando ver con claridad a su alrededor. No comprendía muy bien qué sucedía, se sentía mareado y cansado, algo adolorido.
Movió un poco la cabeza mientras intentaba hacer lo posible por despertar, de alguna forma no quería.
Su vista se aclaró dejándole presenciar una hermosa habitación a su alrededor, estaba bien decorada, ordenada y limpia. Se sentó mientras bostezaba, no recordaba bien qué había sucedido la noche anterior o por qué estaba ahí.
La cama era suave y cómoda, podría quedarse ahí una vida entera, se sentía muy bien. Intentó llevarse ambas manos a la cara para poder tallar sus ojos y despojarse un poco del sueño pero no pudo.
Bajó la mirada y pudo ver que unas esposas envolvían sus muñecas sujetándolas a dos extremos de la cama sin permitirle moverse.
-Mierda.
La puerta se abrió dejando ver a aquel lobo marrón que no salía de su mente. Era hermoso.
El lobo entró caminando altanero y mirándolo con intensidad, detrás de él, un chico de cabello castaño rapado a los costados y ligeramente despeinado hizo presencia en la habitación.
No pudo evitar detenerse a contemplarlo. Tenía poca barba, una marca de nacimiento en el cuello y un lunar en la mejilla. Sus ojos no eran muy grandes pero la intensidad de ellos atraparía a cualquiera. El color de los mismos era marrón chocolate, como los del lobo que estaba a su lado, brillaban de una manera sorprendente para la vista de cualquiera.
El chico era algo grande, tenía sus músculos bien ocultos por debajo de la chaqueta de cuero que llevaba puesta. Su mirada era seria y se encontraba cruzado de brazos mientras lo miraba desde su lugar.
Estuvo ahí mirándolo de aquella forma que le incomodaba como por unos cinco minutos que se le hicieron horas, era demasiado extraño para su gusto.
- ¿Quién eres?
Su voz le había salido algo temerosa y entrecortada, la verdad era que estaba asustado y tenía miedo, mucho miedo, era imposible no sentirse intimidado por el chico que tenía en frente.
-La pregunta aquí es quién eres tú y qué haces en nuestro territorio.
Su voz era grave, algo rasposa y realmente caliente.
La mirada del chico continuaba seria sobre Ethan esperando alguna respuesta de su parte, exigiendo que le dijera algo.
-Yo... soy Ethan, Ethan Clark. Y... solo paseaba con unos amigos.
Se sentó derecho, sintiendo de alguna forma que debía hacerlo al estar en presencia de aquel castaño, estaba intimidado.
El chico cruzó miradas con el lobo y le hizo un extraño movimiento con la cabeza, luego de eso, el animal se acercó a Ethan y lo olfateó un poco.
El moreno tembló al sentir a aquella bestia acercarse a él, no sabía si los lobos eran muy confiables, pero sabía que eran cazadores.
-Nadie te ha enviado a nuestro territorio, eres completamente mundano.
El castaño se acercó a él y lo tomó del mentón para levantarle la cabeza y comenzar a observar su rostro desde todos sus ángulos. Su mirada era crítica y parecía que podía matar con ella.
-Un humano, común y corriente. ¡Isabela!
Luego de que mencionara aquel nombre en voz alta, una chica rubia se asomó por la puerta algo asustada. Tenía ojos verdes y lindos, su rostro parecía el de una delicada muñeca, era una chica hermosa.
-Prepara a éste, irá a la sala frente al consejo.
-Sí, señor Morris.
El tal Morris le dirigió una última mirada seria antes de silbar y salir de ahí con el lobo marrón que lo seguía.
En cuanto abandonó la habitación, la dulce chica rubia entró seguida por un lobo de color blanco amarillento y ojos verdes e intensos.
-Hola, soy Isabela Scott, pero me puedes decir Isabela.
Le sonrió acercándose a él y sacando una llave del bolsillo de su pantalón para poder quitarle las esposas y dejar sus manos libres. Ethan la miró algo asustado y solo se abrazó a sí mismo corriéndose a un costado de la cama.
-Tranquilo, no soy tan tenebrosa como el señor Morris.
Ella se sentó a su lado y lo miró con una sonrisa. Jugó un poco con sus manos y después miró al lobo que la había acompañado, le hizo un gesto con la cabeza y Ethan pudo ver cómo se acercaba a él mientras emitía algo como un ronroneo.
-Ella es I.S, mi loba. Es buena, no te preocupes, solo es una indefensa Omega.
-Aun no entiendo mucho de eso.
-Oh, lo siento. Bueno, podrías meterte en la bañera y yo, mientras te ayudo, podría contarte un poco al respecto.
Su tono de voz era dulce y suave, a Ethan le agradaba.
- ¿Debes ayudarme tú?
-Sí, el señor Morris me ha dejado a cargo de ti y debo estar a tu lado en todo momento.
-Bien.
Levantarse de ahí y dirigirse al baño no le costó nada. Al llegar al pequeño cuarto, Isabela preparó la bañera mientras él se desvestía y se abrazaba un poco intentando tapar su cuerpo de algún modo.
-Tranquilo, he visto muchos cuerpos masculinos a lo largo de mi vida.
Ella le dedicó una sonrisa algo divertida al ver lo que el moreno se encontraba haciendo.
- ¿Podrías cerrar tus ojos?
-Bien, lo haré, pero métete en la bañera, por favor.
La rubia cerró sus ojos y pudo oír el ruido del agua, Ethan ya estaba ahí. Abrió los ojos y le sonrió mientras corría un pequeño banco a su lado y tomaba una esponja. Comenzó a bañar a Ethan mientras sonreía.
- ¿Qué o quiénes son ustedes?
-Somos algo así como híbridos, mitad lobo y mitad humanos, aun así, nuestro lado animal, está manifestado con una auténtica bestia, los lobos. Pertenecemos a una raza: Bron Ganje, que significa, Los fuertes, somos la raza número dos.
- ¿Raza?
-En el mundo, hay doce razas auténticas de híbridos de nuestra especie, cada una conformada por un jefe y su manada, como si fuéramos animales.
-Ya veo. ¿Puedo saber quién era el que se encontraba en la habitación hace un momento? ¿El tal señor Morris?
-Oh, él es el hijo del jefe, nuestro futuro jefe. Él y su grupo te encontraron a ti y a tus amigos, él está encargado de ti ahora. Cada vez que alguien pisa nuestro territorio, un pequeño grupo de los nuestros se encarga de ellos, ahora él debe encargarse de qué es lo que va a sucederte.
- ¿Puede ser algo malo?
-Todo depende del consejo y del señor Morris, ellos van a definirlo, si tienes suerte te dan a elegir, pero créeme, las opciones siempre están relacionadas a algo que les favorezca a ellos, de lo contrario, la opción va a relacionarse con tu muerte.
Sin saber qué más podría preguntar, se quedó callado, viendo a la rubia bañarlo con algo de dificultad.
Al terminar, ella le entregó unas prendas de ropa y lo esperó afuera de la habitación para darle algo de espacio.
No entendía absolutamente nada y estaba algo, muy, atemorizado, no sabía bien por qué, solo sabía que quería huir de ahí, no le gustaba aquel lugar, no sabía qué iba a suceder con él y no sabía si iba a volver a ver sus padres, estaba confundido y con miedo, mucho miedo.
- ¿Estás listo?
Se colocó una camiseta gris algo grande y un pantalón negro suelto y abrigado, hacía frío en esa casa pero no se detuvo a pensar la razón de ello.
- ¿Estás listo?
Isabela lo miró desde su lugar con una sonrisa al verlo salir de la habitación. Se limitó a asentir y caminó junto a ella y a su loba por un gran pasillo.
-Va a ser discutido con el consejo, es lo último que tengo para decir.
Pudo oír voces al entrar en una gran habitación. Había una mesa larga en la que se encontraban algunos hombres y mujeres serios mirando hacia el frente.
Al lado de la mesa, se encontraba parado el chico de antes, el tal Morris, con los brazos cruzados y mirando al moreno que era colocado en el centro de la habitación, a la vista de todos. Había varios lobos ahí, algunos recostados, otros parados firmemente y otros con la lengua afuera, como si fueran perros.
La chica rubia miró al castaño y después de una extraña mueca que éste le hizo, salió de la habitación.
-Se abre la reunión del consejo.
Una mujer rubia de cabello corto y ojos marrones habló mientras se acomodaba en su lugar. Se la veía muy interesada en el pequeño chico que estaba parado en frente de ellos. Éste no paraba de temblar y mirar el suelo mientras se abrazaba a sí mismo, ¿qué iba a suceder ahora?
-Bien, Connor, ¿quieres dar tus razones?
Un hombre algo viejo y canoso, se acomodó sus lentes y miró al castaño mientras cierta curiosidad se notaba en su rostro.
Ahora sabía el nombre de su protector, Connor.
-En el reglamento de nuestra raza, Bron Ganje, está expresamente escrito, en la sección veinticuatro, párrafo tres, lo siguiente; Cualquier humano que tuviese contacto con el territorio híbrido, será sometido a una reunión de consejo en donde se definirá su destino, dependiendo de su cuidador. Se le otorgará la posibilidad de tomar una decisión, de lo contrario, el consejo elegirá su futuro, siempre en base al híbrido que lo encontró. Dado que mi opinión es importante, decido tomar en posesión al sujeto, Ethan Clark.
- ¿No vas a siquiera darnos dos opciones para tener la posibilidad de debatir? Creo que sería justo.
-Bien, daré las dos opciones, pero también, quiero que opine él.
Las miradas de todos fueron a parar al moreno quien se sintió más vulnerable que nunca, ¿debía decidir sobre su propio destino?
Dios, no entendía nada, solo quería volver a casa y no pisar nunca más aquel lugar, le atemorizaba y estaba lejos, muy lejos de su hogar.
- ¿Cuáles son tus dos opciones?
-La primera; el sujeto tendrá treinta segundos para correr de aquí y escapar de nosotros, pasado el tiempo, mandaré a C.M a buscarlo, si lo encuentra, le permitiré devorarlo.
Una sonrisa cínica tiró de los labios del castaño, dejando a todos algo sorprendidos, incluso a Ethan.
Estaba acabado, sabía que si elegía esa opción moriría, su estado físico no era el mejor y estaba seguro de que no podría correr más de dos pasos en treinta segundos, el lobo lo devoraría.
Ethan alzó la mirada algo confundido, podía elegir no morir y quedarse, quizá, de por vida ahí. Sinceramente la idea de la muerte lo aterraba, no estaba seguro de que quisiera elegir la primera, apenas tenía diecinueve años, ¿no era muy joven para morir a esa edad?
Tragó saliva y miró a los demás algo asustado, se encontraban debatiendo entre ellos sobre qué iba a suceder con el moreno. Su destino estaba en manos de ancianos que parecían no poder distinguir objetos sin sus anteojos.
-La segunda; el sujeto tendrá que permanecer aquí, va a sufrir el proceso de transformación y se unirá a nuestra manada como mi protegido.
Las miradas volaron del castaño al moreno nuevamente, dejándolo algo indefenso ante ellos.
-Antes de que den su devolución, quiero oír lo que el sujeto tiene para decir en su defensa.
Las miradas volaron del castaño al moreno nuevamente, dejándolo algo indefenso ante ellos.
- ¿Qué elegirías, Ethan?
Movió sus ojos de un lugar de la habitación al otro, pensando en su decisión.
Aunque la respuesta pareciera obvia, aún tenía la esperanza de poder volver en treinta segundos a su casa, sí, estaba desesperado, no podía pensar con claridad.
Suspiró y juntó sus manos para después mirar a Connor. Sus ojos brillaban de una manera inexplicable, una que ya le había maravillado.
-Quedarme aquí.
No lo pensó más y lo soltó, era lo único coherente que se le pasaba por la cabeza en aquel momento.
-Consejo.
-Bien, Connor, eres consciente de que si le permitimos correr y luego dejamos a C.M buscarlo, va a devorarlo y podría generarnos conflictos con las otras razas, ya sabes el tratado de paz que tenemos. Por lo que, tu estrategia para obligarnos a permitirte quedarte en posesión del sujeto, nos parece favorable. Estamos de acuerdo en que se quede.
El castaño sonrió dando un asentimiento con la cabeza y se acercó al moreno.
-Vamos, tú y yo tenemos cosas que hacer.
-Bueno, este será el siguiente procedimiento, vas a beber de mi sangre.
El castaño sostenía una daga en una de sus manos y miraba con desinterés al moreno mientras colocaba la punta de la misma en su brazo.
-No, no te lastimes.
Ethan colocó su mano sobre la del castaño antes de que pudiera hacerse daño con la daga.
Connor miró al chico a su lado con altanería y seriedad, como si no le hubiera gustado su tacto, como si estuviera mal o fuera un pecador.
-Sanaré en unas horas.
Su tono de voz fue seco y algo distante, cosa que obligó al moreno a alejar su mano de su brazo y encogerse en su lugar algo temeroso. Se sentía incómodo y vulnerable frente al castaño, le tenía muchísimo más miedo del que podía expresar.
El grande chico a su lado pasó la daga por su brazo marcando una hilera de sangre. Colocó su brazo sobre una copa y la sangre cayó del mismo llenando el objeto de vidrio.
En cuanto éste se hubo llenado hasta la mitad, alejó la daga de su brazo y se colocó una pequeña toalla blanca sobre la herida.
-Bebe.
Ethan tragó saliva y tomó la copa con su pequeña y temblorosa mano mientras miraba el contenido dentro.
Sí, estaba a punto de beber sangre.
No, no podía beber sangre, ¿quién en su sano juicio bebería la sangre de otra persona? Bueno, Connor no era precisamente un humano con todas las letras, pero se sentía como uno y eso bastaba para que Ethan no quisiera beber el líquido, no iba a beber sangre.
-No te preocupes, su sabor no es como el de la sangre común, en el instante en que la tomas entre tus manos para beberla, se transforma en algo dulce, como un caramelo, será fácil para ti tomarla, no te hagas ideas erróneas.
- ¿Para qué se supone que debo beberla?
-Bueno, si vas a quedarte aquí debes pasar por una transformación previa, sabes. Somos híbridos pero aún tenemos ese lado animal que desprende aires de cazador por cada poro de su piel. No quiero tener que estar sobre ti cuidando que alguno de la manada se te acerque al oler tu sangre, entonces tendrás que transformarte en uno de nosotros.
- ¿Un híbrido?
-Sí, un híbrido.
El moreno movió la copa viendo el líquido balancearse en el vidrio. La sangre se veía demasiado roja y para nada espesa, cosa que no se esperaba. Se mordió el labio inferior y después acercó el objeto a su rostro para poder inhalar el olor del mismo.
Era extraño su aroma, era muy dulce y de repente se le hacía apetecible.
Se relamió los labios y sin pensarlo una vez más, se llevó la copa a la boca para beber el líquido dentro de ella.
Pudo degustar su sabor por completo, era lo más dulce y delicioso que alguna vez en su vida hubiera probado, se sentía muy bien, demasiado bien. Al terminarse todo lo que contenía la copa, se relamió los labios nuevamente mientras miraba a Connor.
-El proceso de transformación dura una semana dependiendo del sujeto, podría durarte más, nada es seguro.
Un aullido que provino de afuera de la gran casa los hizo voltear a la puerta. Ethan alzaba una ceja confundido y Connor tenía una extraña mueca en su rostro.
-Tu lobo, ya ha comenzado la conexión con él.
Connor miró al moreno para ladear la cabeza indicando que quería que lo siguiera. El lobo de Connor caminaba a su lado mientras se dirigían hacia la puerta de entrada de la gran mansión.
Al salir, pudo ver un inmenso campo blanco con algunos árboles rodeándolo. No sé había percatado de que había nevado, ahora entendía por qué hacía tanto frío.
Estando ya afuera, un lobo de pelaje negro combinado con blanco se encontraba en el suelo temblando y soltando algunos gemidos de dolor que de repente golpearon a Ethan con fuerza en todo su cuerpo, sintiéndose débil de la nada.
-C.M, ayúdalo.
Connor tomó a Ethan en brazos y su lobo colocó en su espalda al lobo negro. El castaño comenzó a caminar dentro de la casa mientras silbaba.
Al llegar a la habitación en la que antes se había encontrado Ethan, lo colocó en la cama con cuidado mientras C.M colocaba al negro lobo en el suelo con delicadeza.
-Escucha bien ahora, esto es importante. Vas a sentirte así por estos siete primeros días, el vínculo se está creando, el hecho de que duela de esta forma es más que normal, no te preocupes. Para aliviar un poco el dolor, debes dormir, para dormir, debes buscar un olor que te tranquilice, es lo que suele funcionar en los primeros días. Tu olfato alcanzará magnitudes superiores a las de un ser humano promedio, eres híbrido, tienes el olfato de un lobo. Busca un olor que te dé calma e intenta dormir, si no puedes hacerlo, llámame, pero por ahora, Isabela cuidará de ti.
Connor se paró de la cama dispuesto a irse pero sintió una mano tomarlo de la manga de la chaqueta con algo de fuerza.
-Dime que eso significa algo.
El castaño dirigió su mirada hacia el suelo y pudo ver a C.M acurrucado con el lobo de Ethan, dándole calor y en una posición protectora con él.
-Olfatéame.
Connor se acercó a Ethan y tragó saliva mientras el moreno tenía una mueca de dolor en su rostro. Algunas lágrimas se hacían visibles en sus ojos y comenzaban a caer de los mismos, el dolor era insoportable, se sentía como si alguien estuviera colocando cosas pesadas y grandes en su espalda.
- ¿Qué? ¿Por qué?
-Tú sólo hazlo.
La voz de Connor era demandante y no le daba otra opción, había sido una orden.
El moreno tragó saliva nervioso y hundió su rostro en el cuello del castaño. Inhaló con su nariz mientras sentía cómo se llenaba del dulce aroma de Connor. Olía a menta y chocolate por alguna razón, además, cierto tenue olor a tabaco inundaba sus fosas nasales, se sentía muy bien.
Sin darse cuenta de ello, soltó un leve y pequeño gemido al olerlo. Connor sonrió y se aclaró la garganta viendo a Ethan alejarse algo avergonzado.
-Creo que ya lo encontraste.
-Yo... lo siento.
-Voy a quedarme aquí hasta que te duermas, ¿de acuerdo? Solo hasta que eso suceda.
El castaño se sentó a su lado y le extendió su brazo. Ethan se posicionó en la cama y comenzó a oler la muñeca de Connor mientras sentía cómo el dolor se aliviaba un poco y el sueño comenzaba a hacerse presente. Bostezó y sus párpados empezaron a pesar, pestañeando cada vez más largo y lento.
Unos minutos después, el moreno respiraba lenta y profundamente, había caído dormido. Connor se alejó de él y silbó, viendo a C.M reincorporarse alejándose del lobo de Ethan y acercándose a él.
Ambos salieron de la habitación y Connor, luego de cerrar la puerta detrás de él, se colocó de cuclillas y comenzó a acariciar al animal que tenía en frente suyo mientras lo observaba.
- ¿Por qué lo hiciste? ¿Eh, C.M? ¿Por qué te quedaste ahí con el lobo negro?
Comenzó a acariciar detrás de sus orejas y éste clavó sus oscuros ojos en los suyos, marrones y brillantes. Connor sonrió y después abrazó al lobo con algo de fuerza.
-Creo que tu instinto protector sigue intacto.
Suspiró mirando al lobo y después le dedicó una pequeña sonrisa. Se paró y comenzó a caminar sintiendo a C.M seguirlo por detrás.
-Así que, Connor, ya tienes un nuevo sujeto para la manada.
Se sentó en el sofá al lado de su amigo, Harold. El rizado se encontraba mirando la televisión mientras jugaba con H.W, se lo veía muy entretenido en lo suyo.
-Bueno, ya sabes, era eso o la muerte y ahora mismo no nos daría muy buena reputación la segunda.
-Lo sé. Yo aún estoy considerando transformar al pequeño.
- ¿Aún lo tienen en el calabozo?
-Sí, de los tres el único que no fue allí fue el moreno que te llevaste a tu habitación.
-Lo siento, es uno de mis privilegios al ser el hijo del jefe.
Connor se encogió de hombros mientras se acomodaba en su lugar y veía a C.M echarse en el suelo algo cansado.
-Igualmente podrías haberlo dejado en el calabozo unos días. Verás que pronto se enterará de que es tu consentido y créeme que no saldrá bien cuando comience con sus caprichos.
-Tranquilo, no cumpliré ninguno de sus caprichos, puedes estar seguro de eso.
-No lo sé, a Allison le cumplías todos y cada uno de ellos, Morris.
El castaño tragó saliva al oír aquel nombre y vio a C.M estremecerse un poco en su lugar, como si tuviera frío, sabía que aún extrañaba a A.S, estaba seguro de ello, pero claro, el lobo no iba a hacérselo saber, solo le dejaría un mal sabor de boca.
-Bueno, ya sabes cómo era Allison.
Una sonrisa melancólica tiró de sus labios dejando en su rostro una extraña mueca de tristeza.
-Pero ya no está así que no deberías encontrarte haciendo esos gestos, Connor. Ha pasado ya un año, creo que es hora de que la dejes ir.
- ¿Cómo dejas ir al primer y único amor que tuviste en toda tu maldita vida?
Sintió su corazón dar un vuelco. Aquella sonrisa blanca y grande no salía de su cabeza, mucho menos esos rizos que lo perseguían a todos lados. Allison era una de las chicas más hermosas que había visto en toda su vida, aún no iba a poder quitarla de su mente, ella había tenido un fuerte impacto en él y no, no podía dejarla de lado.
-Bueno, podrías comenzar por conocer a otras personas, sabes. Si te estancas en ella es obvio que no vas a poder avanzar, idiota.
Harold lo miró y colocó una mano en su hombro mientras le dedicaba una sonrisa de lado.
-Además, eres Connor Morris, ¿no se supone que tú obtienes lo que quieres?
-La quiero a ella.
-Vete a la mierda.
-Lo siento, es inevitable. Lo entenderías si te enamoraras, maldito idiota. Prometo que no es mi culpa. De todas formas, dame algo más de tiempo, sabes que no estaría así por nadie, soy Connor Morris, tú lo dijiste, los sentimientos que tenga o no, no van a afectarme en mi día a día, ya no.
-Así se habla.
Continuaron mirando la televisión por unos minutos más hasta que cierta cabellera rubia hizo presencia en la sala logrando que ambos dirigieran su mirada hacia la puerta de entrada de la habitación.
- ¿Teniendo una fiesta sin mí?
El rubio se acercó y se sentó en el medio de ellos dos, señalándole a su lobo que se colocara en el suelo delante de él, junto a C.M y H.W, que ahora se encontraba echado durmiendo.
-Claro que no, Henry, estos días de nieve son muy aburridos. Connor y yo preferiríamos salir a hacer cualquier cosa antes que estar aquí.
-Tienen razón, quiero lo mismo.
El rubio era amigo de los dos Alfas desde hacía ya un buen tiempo. Se había criado ahí junto a su madre, una de las Alfas del consejo, gracias al cargo de su madre en Bron Ganje, el rubio había tenido acceso a todo lo que quería. No era nada más y nada menos que un Beta, para todos resultaba extraña dicha combinación de dos Alfas y un Beta, pero ya se habían acostumbrado a verlos juntos.
-Henry, ¿qué haremos con los dos individuos que se encuentran en el calabozo?
El rubio dirigió su mirada hacia el rizado algo curioso mientras parecía pensar en lo que iba a responderle. Sonrió para sí mismo y después se echó en su lugar estirando las piernas.
-No lo sé, pensaba que tú ibas a darme la respuesta a esa pregunta.
-Harán que se unan a la manada.
Connor no había preguntado, había soltado así, sin más, como si la opinión de sus dos amigos no importara, que de hecho, para él no lo hacía.
Connor no había preguntado, había soltado así, sin más, como si la opinión de sus dos amigos no importara, que de hecho, para él no lo hacía.
- ¿Van a dejarlos? No lo sé, estos dos no son un capricho tuyo como Ethan, Connor.
-Van a dejarlos porque yo voy a pedirlo y soy Connor Morris, hijo del jefe de la manada.