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La encrucijada del escorpión

La encrucijada del escorpión

Autor: : Milerna Doménico
Género: LGBT+
Samuel Raine, joven millonario que logró todos sus triunfos luego de ser adoptado por la poderosa familia Raine, debe renunciar a todo lo que poseía, pues su padre adoptivo que siempre lo detestó, dejó un hijo por fuera del matrimonio, pero que sí llevaba su sangre, y es a este último a quien deja toda su herencia luego de morir. Samuel es despojado de todo y enviado a un reformatorio hasta que cumpla la mayoría de edad, que sucedería en un año. En este sitio se encuentra con Joel Wilde, un viejo enemigo de escuela, que a pesar de lo mal que pueda tratarlo, se muestra compasivo ante su penosa situación. Poco a poco, entablan una relación amistosa, que luego lleva a Samuel a descubrir que sí existe una persona en el mundo que lo quiere. Sin embargo no todo es felicidad y años más tarde, Joel cae rendido ante los pies de un CEO enigmático y extravagante, que lleva una máscara plateada sobre la parte derecha de su rostro, según él para ocultar unas imperfecciones causadas por un accidente. Este hombre se llama Oliver River, y decide hacer todo lo posible para quedarse con Joel Wilde. Contada en intervalos dede pasado a presente, " La encrucijada del Escorpión" es una historia de odio y venganza, de dos seres humanos que prometen amarse. Joel quiere cumplir era promesa, pero se le hace muy difícil cumplir al ser picado por el veneno de amor y pasión que es la existencia de Oliver River.

Capítulo 1 La Encrucijada Del Escorpión

Primer cuento de Escorpiones:

Alguna vez, en un bosque lejano, un joven escorpión necesitaba con urgencia atravesar un pequeño lago para ir de nuevo a casa. Pronto hacia él se acercó una tortuga y le pidió que lo ayudara a pasar, ésta no se negó y lo llevó arriba de su caparazón. En mitad del lago, la tortuga sintió una punzada muy fuerte, supo que el escorpión la había picado y sentía como su veneno mortal le recorría el cuerpo.

-¡Pero qué hiciste, ahora moriremos ambos! -reclamó la tortuga que empezaba a hundirse.

-Lo siento, pero así es mi naturaleza.

"Es la naturaleza de los escorpiones hacer daño, no importando si se lastiman ellos mismos..."

***

No tuvo más opción que soportar el enorme peso de no ser un legítimo Raine, y ver como su sangre advenediza se corroía frente a la pureza de la verdadera tiranía. No había a dónde ir ni a quién preguntar qué era lo que estaba pasando. Su corta vida como hijo heredero se estaba acabando, la estaban tirando al desagüe hacia un lugar del que no se podía rescatar nada, un lugar donde olvidaría lo que era.

Vio con dolor absoluto como le acercaban lo papeles y tuvo que abstenerse de preguntar. ¿Quién iba a decir que su padre adoptivo tuviera tan fuerte As bajo su corrupta manga?, el hombre nunca perdió las esperanzas de ver al hijo bastardo que le quitó el amor de su esposa, humillado y con la cabeza abajo. Consiguió parte de sus propósitos, pero Samuel, jamás bajaría su frente, no importando lo mucho que el alma le estuviera doliendo. Su habitación ya no sería más el refugio de su soledad, ni la oficina en la que soñaba estar algún día, sería la torre para ver el mundo como un dios, ahora viviría su vida como un mortal, muy pobre y muy solo. Sin embargo, agradeció que a su pequeño hermano, también adoptado por la familia Raine, le hubieran dado un trato diferente.

-Señor Samuel, por favor, firme en este último lugar y todo estará terminado. -Como si firmara su sentencia, el ya no «Raine», al menos en poder, tomó la pluma en sus dedos y firmó lo que la mujer, madre del ahora heredero, había designado para su vida. Que irónicas eran las palabras del abogado, todo estaría terminado, todo se consumiría, moriría de seguro, ya no sería heredero, ya no sería rico, ya no sería un Raine.

¿Imaginó alguien acaso que Peter Raine, jugó con su sexo inquieto y engendró un hijo legítimo sin que nadie lo supiera? Peor aún ¿imaginó alguien que ese heredero sería la pieza que Peter manipularía desde el más allá, para desposeer de todo, a Samuel, quien todo se lo arrebató?.

Nadie lo creería, pero la mujer que llevó la sangre sucia en su vientre pondría a su hijo, el legítimo de sangre, a la cabeza de las mesas Raine, despojando al joven que fue sacado de un orfanato para que controlara ese mundo. Ahora, regresaría a otro. Peter debió odiarlo mucho como para dejar un testamento alterno que dijera que su hijo perdido heredaría a la edad de 18 años sin importar quien o quienes estuvieran en la cima de las industrias.

Terminó de firmar el joven altanero, de mirada como el cielo. La mujer, la madre del nuevo Raine, le miró y se sonrió con malicia, la misma que tenían las brujas, las reales.

Su destino ahora con apenas 17 años, era el ir a vivir a un internado que le designaron los abogados, uno fino, uno muy a su altura, hasta que cumpliera la mayoría de edad y saliera a hacer su mundo, junto a su hermanito. Vio entonces como el otro chico se sentó en su antes trono, no obstante, Samuel se dijo para sus adentros que volvería victorioso a ese lugar.

-Señor Raine... señor Samuel, lo llevaremos ahora mismo al internado, síganos de inmediato, el trayecto será corto y sus cosas ya se encuentra allá.

Samuel viró a verlos a todos y su expresión como era costumbre asustó, profetizó. Volvería. Por ahora debía someterse pues sus años no alcanzaban para sus propósitos.

-Jovencito, te aseguro que dejas la compañía en excelentes manos, ¿Qué mejor que un verdadero Raine para manejarla? -y la mujer se sonrió de nuevo con malicia, sabiendo cuán perjudiciales eran esas palabras para Samuel. Hasta ahí habían llegado todos sus esfuerzos, sus luchas, su sueños por hacer en un futuro de esa compañía un asunto de bien. Se subió al auto con el uniforme que debía de nuevo portar, y se sintió extraño, él no usaba esas prendas desde hacía mucho tiempo, desde que fingía aprender cosas que él ya sabia con un grupo de niños jugando a diseñar. Se sentía incómodo pero sabía hacia donde se dirigía esa incomodidad, ya no era el dueño de nada ni de nadie, ya no podía combatir por el trono de las empresas de tecnología. Porque su tiempo había expirado, caducó por fin su licencia para gobernar y se volvió una persona más, un susurro en las bocas de los empresarios que extrañarían del futuro joven CEO su ingenio para divertirlos, pero el tiempo sería la amalgama perfecta entre neblina y olvido.

Pronto entonces, el nombre de Samuel Raine se convertiría en murmullo, ya no dolería extrañarlo y cuando no dolía, se empezaba a olvidar y cuando se olvidaba era como si jamás se hubiese existido, así entonces Samuel Raine dejó de hacerlo.

***

Lo llevaron muchas horas por un camino que él nunca había recorrido, tenía mucha hambre y sentía miedo que su estómago empezara a replicar por ser atendido. Por fin el auto se detuvo en un lugar, que no parecía ser del que le habían hablado.

-Jovencito, bájate, ya llegamos.

-Espere un momento, este no es el internado que me fue asignado, no moveré un pie fuera de este auto sin que me explique que sucede.

-¿Se le olvidó acaso, señor, que usted no es más que un bastardo ahora?, agradezca que tiene al menos un lugar donde dormir, si no le gusta, también podemos sacar a su hermano, que sí está en un bello lugar. O si lo prefiere, también la calle puede hacerle los honores. Ahora, ¡baje del auto y siga al abogado que hablará con el director de este lugar!

Lo sacaron a la fuerza y tuvo entonces el joven el primer contacto visual con el exterior de la que sería su casa por lo menos un año. Era un reformatorio, nada más y nada menos. El soñado internado se reducía a una escuela con barrotes y mala actitud. Todos lo conocía y las miradas de burla hacia su ser no se hicieron esperar. Mas Samuel, nunca bajó la cabeza ni dio el gusto a nadie de verlo herido.

Los rostros eran de terror, miradas de odio, deseo y muerte se encontró en el corto trayecto que lo llevaba de la entrada a la tan mencionada oficina del director. Lo recibieron sin bombos ni platillos, sin reverencias, lo recibieron como un chico más en el mundo. Entonces lo supo, la madre del otro Raine, quería asegurarse de tenerlo lo más lejos posible de la vida glamurosa para que no hiciera contacto alguno con el exterior y así fuera sólo un hombrecillo y minar por completo su anhelo de salir de ahí, a ser de los mejores empresarios, como era el augurio.

-Señor, Samuel Raine, acompáñeme al salón donde tendrá sus clases de ahora en adelante. Este es un reformatorio donde traen chicos problema, le recomiendo que cambie su actitud o harán que la cambie a la fuerza. Aquí todos son iguales a usted, si no hace su trabajo, no come, si lo castigan los maestros duerme a la intemperie ¿entiende usted? -Pero Samuel no respondió porque aún no digería la idea de estar ahí. Su mundo se reducía ahora a un cuarto con muchas camas y en cada una de ellas una miseria diferente.

Llegó por fin al salón donde tendría su primera clase. Le parecía absurdo que hacía unas horas, aún él era el heredero absoluto de Raine Corp. y ahora era un pez más en un río de agua sucia. Todos lo miraron y lo reconocieron, todos rieron por lo bajo, la mayoría no entendió que hacía ese hombre ahí. Fue presentado como uno más que conviviría en esa cárcel y que fingiría en convertirse en un hombre de bien, aunque ya lo fuera. Samuel inspeccionaba los rostros sorprendidos de aquel salón, y su ceño se frunció en sorpresa cuando vio uno muy conocido que lo miraba como si viese un muerto andar. Ambos se correlacionaron en ese instante y se preguntaron internamente que diablos hacía ahí cada uno.

-Señor Raine, por favor siéntese en el lugar que queda libre al final de esta fila y saque su libro de consulta que se encuentra en su escritorio. No pienso perder más tiempo de mi clase.

Samuel miró con desprecio al profesor pero aún así obedeció, sentándose en el lugar que le indicaron y entonces pasó junto a la única persona que conocía en ese lugar, el mismo al que había antes tratado con desprecio, ese de ojos marrón y cabello rubio, que le siguió con los ojos hasta que tomó su lugar.

-Señor Wilde, si terminó de deleitarse con el señor Raine, espero que ahora preste atención. -Las carcajadas se escucharon al unísono en el salón, mientras Joel, intentaba aclarar su mente y saber qué rayos hacía ahí el ricachón de Samuel Raine, exponiéndose a la porquería que era ese sitio. A su vez, Samuel, que estaba mucho más atrás, no dejaba de verlo preguntándose que hacía ahí el descerebrado de Wilde, cuando debía estar metiéndose en problemas con su grupito de ignorantes y estúpidos amigos. Pero no había prisa, tendrían mucho tiempo para averiguarlo.

Las horas pasaron lentas entre una clase y otra, por fin entonces llegó la tan esperada hora de la cena. Raine moría de hambre y aunque no sabía donde quedaba el comedor y cómo era que tenía que pedir la comida aplicó el viejo refrán "a la tierra que fueres..." y así se enteró que debía tomar una bandeja en la que pondría mala comida, pero que le llenaría el estómago que estaba una vez más quejándose por la falta de atención.

Era el centro de atracción de eso no cabía duda, incluso algunos se aventuraban a creer que estaba ahí de incógnito para escoger chicos prodigios y llevarlos a trabajar en su corporación. Pero la verdad que ignoraban, era que fue despojado de todo y solo tenía lo que llevaba encima y lo que cargaba en un maletín tan pequeño, que no cabían todas sus desgracias. Cuando su bandeja estuvo llena, se sentó en una mesa lejos de todos para poder comer tranquilo. Se dio cuenta que diagonal a su lugar, en otra mesa, se sentó Wilde con la misma cara de pregunta que todos.

La barriga se le llenó solo con mirar la comida, que para su hambre era un manjar. Pero no a todos los llenaba de curiosidad su presencia, por eso cuando iba a dar la primera cucharada al plato, la bandeja salió volando por los aires y terminó estrellada con todo y cena en la pared alterna a él mismo.

-Anda niño rico, come tu comida como los perros -gritó un muchacho mucho más alto que todos ahí, que se carcajeaba al haberle tirado la bandeja al joven Raine. Los otros le temían, ese era un matón de primera y su pandilla dentro del reformatorio era muy conocida. Joel, que veía esto, rogaba al cielo que Samuel mantuviera su boca callada y no provocara a ese chico.

-No tengo necesidad de hacerlo, pero apuesto que has tenido que comer tanta basura que por eso encuentras esto divertido.

Bueno, hasta ahí llegaron las súplicas de Joel. El chico pandillero se le lanzó encima, pero Samuel supo esquivarlo muy bien, regalándole al busca pleitos una feroz patada en el estómago. El otro chico se le lanzó a las piernas y logró tumbarlo pero justo en el momento en el que iba a romperle la cara entró un guardia descomunal y los separó, sacándolos del lugar y enviándolos a cada uno a su habitación sin comer. Ese no sería un castigo si Samuel no llevara horas sin probar bocado y si la úlcera que se había ganado en sus días de estudiante no le estuviera haciendo un hoyo en el intestino.

Entró a la habitación que por lo visto compartiría con cinco más; se cambió la ropa y se metió bajo las cobijas a pretender que todo era una pesadilla y que cuando despertara, en el salón principal estuviera servido su suntuoso desayuno. Pretendió dormir, pero el dolor en la boca de su estómago lo estaba torturando.

-¡Toma! -gritó una voz conocida para él desde la puerta, mientras le tiraban lo que al parecer era una fruta. Atinó, era una manzana. La estrechó en su mano y levantó la vista para encontrarse con la mirada caramelo de Joel Wilde.

-Dime que haces aquí Wilde...

-Yo esperaba hacerte la misma pregunta ¿no se supone que estarías en tu corporación planeando algún nuevo negocio o algo así? ¿Qué rayos haces en este lugar "llenándote de amigos"? -espetó irónico el rubio.

-No sé me da la gana decírtelo. -Vio que Joel hizo una mueca de desagrado ante la respuesta y se quitó la camisa buscando bajo una almohada su ropa de dormir. Samuel lo miró muy intrigado y un tanto sonrojado hasta que por fin se atrevió a hablar. -¿Qué demonios estás haciendo?

-Me dispongo a dormir si su majestad me lo permite claro...

-No puedo creer que tenga tan mala suerte como para compartir esta pocilga contigo.

-¡Ja! -respondió Joel divertido-. No sé por qué estás aquí, pero ahora probarás los arrabales, señor. Y no creas, para mí también es un disgusto verte aquí.

Con lentitud, Joel se quitó la ropa ante la mirada de Samuel. Recordó por fin el joven de cabellos castaños, y a fuerza del dolor, que tenía una manzana en sus manos y comenzó a comerla con tal desespero que sorprendió mucho al joven Wilde.

-Duerme, mañana será otro día -dijo Joel en tono compasivo

-Dime qué haces aquí... -preguntó Sam en un susurro.

-Hice que mi estúpido padre se enojara más de lo normal y me envió a este sitio hasta que sea mayor de edad. Creo que no soportó que a pesar de la pesadilla que vivía con él yo fuera feliz con mis amigos. En fin, ya no se me da la gana decirte nada más, así que buenas noches.

El rubio que estaba en una cama diagonal a la de Samuel, cerró los ojos y se durmió en segundos.

Poco a poco fueron entrando los otros con los que compartiría esa habitación y para su sorpresa todos lo saludaron y le desearon una feliz noche. Se sintió entonces mejor, pues sabía que las penas propias no les daban tiempo para burlarse de las ajenas.

***

Fin capítulo 1

Capítulo 2 La Encrucijada Del Escorpión

Pasaban los días con lentitud, y para Joel era aún increíble comprobar que no había tenido un sueño y que, en verdad, era Samuel Raine con el que compartía habitación. Por su parte, Samuel, hacía cada vez más enemigos con su actitud arrogante y su mirada altanera. Al final todos decidieron mejor ignorarlo y así él fue feliz por un tiempo.

Wilde le hablaba de vez en cuando, intrigado en saber la verdad de su estadía en aquel "resort", pero no logró sacarle ni una palabra al odioso Samuel. A su vez, el joven de ojos de cielo, se sentía un tanto a gusto que Joel le tratara como lo hacía, aunque siempre le ignorara al final. Y una noche como tantas, la verdad llegó a sus oídos desde el exterior.

En las noticias de la televisión, anunciaron la llegada del nuevo heredero de la Corporación Raine. supieron entonces que ya la empresa no le pertenecía más al hombre que estaba ahí conviviendo con ellos, y que Samuel se convirtió en una persona demasiado normal y corriente, ya no tenía millones, ni razones para ser tan odioso y altivo. Solo Joel entendió que su altanería era por naturaleza, que ni a punto de morir su aire arrogante desaparecería. Y lo compadeció pues él sabía que la vida de Samuel no había sido un jardín de rosas, que su infancia la vivió en un orfanato, luego saltó a una mansión donde lo obligaron a aprender a odiar y que luego de eso, cuando ya la lección estaba aprendida, de nuevo lo despojaban de todo. Pensó que su vida y la de Samuel no eran tan diferentes y por primera vez en todo el tiempo que llevaba de conocerlo, quiso acercársele, quiso hablarle, quiso escuchar más el envolvente tono de su voz.

Ellos habían cursado parte de la primaria y la secundaria juntos, a diferencia de lo que muchos creían, Samuel fue enviado a una escuela pública, por deseo de sus padres adoptivos, sobretodo del hombre, que no lo vio como un hijo jamás. Solo lo recogió de ese sitio de niños abandonados, porque su esposa no pudo darle un heredero. No obstante, no se esperaba que ese niño al que creyó que le hacía un favor, terminara salvando sus empresas, convirtiéndose en uno de los CEO más jóvenes de la historia. Su increíble manera de analizar las cosas, les trajo más riqueza, de las que ahora, era una ironía no le tocara nada a él. Era un prodigio y a los 15 años, hizo su primer gran negocio, que no pudo firmar por sí mismo al ser menor de edad, y de eso se valió el horrible padre, para no dejar que viera ni un centavo de herencia.

Sin embargo, el señor Raine, no le atribuía ningún don, aunque supiera que su inteligencia era superior. Lo odiaba, porque su esposa amó mucho a ese niño, y lo culpaba por la muerte de esta, en un accidente, en el que en realidad nadie tuvo la culpa. El muchacho quedó con una cicatriz en la espalda, recordatorio eterno, del perder una madre postiza.

Pero el señor Peter Raine, había dejado un hijo, uno del que solo se supo de su existencia, cuando el rumor de su enfermedad incurable se hizo inocultable. Sabía que iba a morir y su poder quedaría en manos de Samuel, así que prefería que todos perdieran, antes que ver a su hijo adoptivo en la cabeza de la Corporación. Parecía entonces, que el afecto le estaba prohibido a Samuel Raine. Su apellido no le pudo ser legalmente retirado, pero sí, todos sus sueños a futuro.

-Vaya, así que se quedó pobre, pero ¿no crees que es raro que terminara en un lugar como este? Digo, es verdad que aún es menor, pero yo creo que muchas empresas querrían tenerlo, es un prodigio -comentó un joven amigo de Joel, quien también veía el noticiario.

-Creo que tienes razón, no lo había visto así, pareciera que al tenerlo aquí lo escondieran. Por cierto ¿sabes donde está? -preguntó el joven Wilde a su amigo.

-Pues a regañadientes hoy es su turno de sacar la basura y solo cuando un guardia lo obligó casi arrancándole el cuero cabelludo, él accedió. Será mejor que no se tarde he escuchado rumores por parte de la pandilla de Kyle...

-¿Qué tipo de rumores? -preguntó Joel algo asustado.

-Rumores como que tienen preparado algo muy grande para Samuel. Joel, tú sabes cómo son esos cerdos locos, será mejor que lo prevengas, ya que contigo es el único con el que parece congeniar.

Raine, en la penumbra de la noche, desocupaba cestos de basura, murmurando por lo alto y repartiendo maldiciones a más no poder. Odiaba a todos en ese lugar, pero sabía que debía permanecer paciente, no tenía a dónde más ir, y cualquier movimiento en falso haría que lo alejaran para siempre de su hermanito menor, por el que suplicó piedad. Con el pequeño de 12 años cumplieron y lo enviaron a un internado, y para que eso siguiera sucediendo, debía aguantar en esa inmundicia de sitio. No obstante, el rostro de Joel vino a su memoria. Ese infierno se hacía más llevadero al sentirlo cerca, al escuchar su voz. Verlo dormir en las noches no era tan malo, y las sensaciones en su estómago, variaban sin que él mismo lo entendiera. Pensó incluso, que de salir de ahí, podría darle un trabajo a Wilde, así fuera de guardia de seguridad. Qué alto volaba Raine con sus aspiraciones al salir, y eso estaba muy bien.

Era claro que ignoraba que muchas empresas querían su presencia, deseaban que fuera el CEO, que con sus idea innovadoras los pusiera en la cima del mundo. Pero el plan para su vida, era aún más cruel que solo encerrarlo en ese reformatorio. Tomó una más de las canecas para vaciarla cuando escuchó pasos. Volteó a ver hacia el final del callejón en el que se encontraba y una mala sensación le recorrió la espalda cuando vio varios hombres que le observaban con caras de pocos amigos.

-Así que ahora eres como nosotros, miren niños, una señorita más que fastidiar.

-No me digas, viniste por tu postre hasta este tiradero de basura, come cuanto gustes no vendrán por ella hasta mañana -replicó Samuel, ya bastante contrariado.

-¿Muy gracioso verdad?, ya sabrás tu la delicia que es probar un poco de nosotros.

Mientras que Joel corría por pasillos, asustado de lo que ahora sabía y buscándolo muy afanado, los hombres rodearon a Samuel, pero este parecía presto a defenderse de lo que parecía una pelea. Quería mantenerse lo más sordo y lo más ciego posible a lo que en verdad podrían esos hombres. Uno de ellos tomó una vara de acero y Samuel levantó su brazo que seguramente quedaría fracturado con el tremendo golpe que recibió. Los segundos que Samuel se tomó para coger su propio brazo fueron aprovechados por el jefe de vándalos para tomarlo por la cintura y estrellar su cara en una pared. El hombre entonces borracho de locura, empezó a olfatear la cara del adolorido muchacho .

-Vamos, ahora grita y pide ayuda, no habrá quién te escuche. -Pero al contrario de lo que ese cerdo quería, Samuel sí luchaba pero no gritaba. El brazo le dolía horrores y solo pensaba en que terminarían partiéndoselo. Sin embargo, tuvo que olvidar su brazo, cuando sintió que sus muñecas eran atadas con un cinturón y luego era recargado contra una de las canecas.

-Bueno, ya tus brazos de señorita están atados. Te devolveré la exquisita patada que me diste...

Samuel estaba asqueado con las palabras de ese hombre pero no pudo evitar lo que se vendría, lo poco de dignidad que le quedaba se le estaba acabando. Las patadas se hacían más intensas, las risas más locas, pero en ningún momento dejaría de luchar, y mucho menos dejaría que hicieran con su cuerpo lo que les diera la gana.

-¡Ya déjenlo! -gritó Joel en la entrada del callejón de basura, viendo cómo Samuel era violentado.

-Ah, dejen que el mocoso también lo vea -gritó el grotesco líder. Tomaron a Joel por ambos brazos impidiendo que fuera en ayuda de Samuel. Entre tanto obligaron a Raine a ponerse de rodillas, era claro lo que se vendría. Mas Samuel, sacando fuerzas desde lo más hondo de su ser, logró soltarse del amarre, se levantó en un solo movimiento y lanzó una tremenda patada a la entrepierna del que parecía ser el líder de ese asco de grupo. Luego con la misma pierna enfurecida, pateó de nuevo otras entrepiernas, pero eran muchos, y ya no pudo con todos.

-¡Este maldito aprenderá a tenernos respeto! -gritó uno de los pandilleros, intentado salvar la dignidad de su líder que aún se retorcía de dolor. -¡Te va a doler siempre, estúpido!

Y los golpes iban y venían sobre el cuerpo inmaculado de Samuel, que no sabía ya, como protegerse. Lo único que pudo hacer con lo poco de conciencia que le quedaba, fue agarrarse su cabeza y encogerse todo lo que pudo. Veía y aún escuchaba a Joel suplicar y se preguntaba por qué. Siempre habían sido enemigos, al menos él lo era del chico rubio. Se sintió conmovido por su llanto, nadie había llorado por él, ni siquiera su madre falsa, a pesar de haberlo querido tanto. Y es que antes, no había motivos para que se derramara una lágrima por él.

-¡No por favor, déjenlo! -gritó Joel con todo lo que su voz le permitió, rogando con su ahogada voz, sollozando como un chiquillo. Samuel viró los ojos y lo vio llorando aún más fuerte por él. Joel lo miraba a los ojos con tristeza. Las gotitas de lluvia caían en su cuerpo, haciendo que se combinara con la sangre, y el hilillo de agua se mezclara con el carmesí que brotaba de casi todo su cuerpo, tomando camino directo a un desagüe, así como toda su vida.

-¡Por favor, ya fue suficiente, lo están matando, deténganse por Dios! -gritó aún más el jovencito rubio, que estiraba su manita como queriendo alcanzar la de Samuel -¡Ay, Samuel, Ay, Samuel! -se lamentaba por él. La lluvia comenzaba a arreciar, los hijos del demonio veían a Joel llorar y reían a carcajadas. El dolor que pudiera tener en ese momento Samuel se hizo tan profundo que hubo un momento en el que ya no sentía nada, solo un poco de compasión por Joel.

-¡Qué diablos está pasando ahí! -se escuchó que gritó uno de los guardias, mientras corría al encuentro de todos esos maleantes. Soltaron de golpe a Joel y salieron corriendo, como si de verdad pudieran escapar o esconderse en aquel sitio.

Joel cayó de rodillas, llorando a mares. Gateando, asustado, se acercó al muy roto muchacho, y no solo físicamente. Levantó su mano temblando y la posó sobre la cabeza de cabellos castaños, deseando limpiarle la lluvia cruel que le empapaba las heridas. No soportó verlo así y lo abrazó todo lo fuerte que pudo, intentando protegerlo. Samuel movió un poco sus ojos para ver a Joel, con la expresión de quienes ya no puede sentir. Los guardias que los habían dejado solos, con el propósito de atrapar a los miserables que gozaban del dolor ajeno, avisaron a la enfermería para que llevaran una camilla.

-No mereces esto, Samuel, lo siento por ser solo yo, por no poder protegerte... -y de nuevo, sin dejar de cubrirlo con su propio cuerpo, Joel se soltó en llanto.

-Llora, Wilde, llora mucho, hazlo por mí, llora por mí, ya que yo no puedo hacerlo -susurró apenas respirando el jovencito que un día lo tuvo todo, y ahora solo poseía huesos rotos. No obstante, ese abrazo cálido que lo estaba protegiendo de la lluvia, fue de las cosas más lindas que había sentido en su vida. Su mejilla golpeada rozaba con la de Joel y sentía sus lágrimas cálidas en su rostro. Era bello sentirse querido, amado, tal vez, antes de morir.

***

Fin capítulo 2

Capítulo 3 La Encrucijada Del Escorpión

Corazones Corrompidos

«El pasado domingo tomó por sorpresa al mundo de las finanzas y del entretenimiento la noticia del matrimonio del joven magnate y presidente de la Corporación Raine; pero no es eso lo que tiene al público en estupor y con la pregunta en la boca, es el hecho que el empresario va a contraer nupcias con el también empresario Joel Wilde, dueño de la flotilla de aviones de carga CND Intercontinental. Hasta el momento llevaron su relación en absoluta discreción, para hacerla saber al mundo el día en que se comprometieron de manera oficial. Se dice entre sus allegados y conocidos, que su noviazgo tiene varios años de existencia y que hasta el momento no han sufrido altibajo alguno por eso han decidido unir sus vidas para siempre. Con esto el señor Raine ha acallado los rumores sobre su inclinación sexual y nos ha hecho saber que no solo está orgulloso de gustar de los hombres sino que se ha enamorado de uno y lo hará su pareja. Los prósperos y futuros esposos esperan realizar su unión en Estados Unidos. Esperamos con ansias ese momento y de antemano les deseamos los mejores éxitos en su vida juntos. Informó para ustedes...»

Las luces de las cámaras fotográficas y de televisión, enfocaba la imagen algo soñolienta de Joel, quien ocultaba sus ojos tras unos lentes color púrpura, acentuando así el tono de su cabello. Sonreía por lo bajo, cosas como salir por televisión o hablar en público ahora lo apenaban muchísimo y prefería alejarse de todo eso.

-Demonios... -refunfuñaba Joel en su automóvil viendo la noticia en su móvil-, no sé por que le hago caso a Raine, odio salir en televisión. -Levantó su muñeca y vio su reloj. -Y para colmo llegaré tarde, hoy no será definitivamente mi día.

Iba muy retrasado para una cita importante en el futuro de su empresa. Había ganado una licitación y ahora se convertiría en el principal transportista de una compañía muy grande. Por alguna razón que desconocía hasta ese momento, el presidente y dueño de la compañía a la que había licitado, se había mostrado reacio a darle una entrevista personal y afinar a su parecer unas estipulaciones del contrato. Por fin entonces ese día tendría la cita con él y no podía desperdiciar la oportunidad no solo de conocerlo sino de librarse de hablar con su molesto representante legal.

Subió volando por el edificio ante la demora del ascensor, y llegó frente a la secretaria de presidencia, agotado, jadeante y un tanto sudoroso.

-¡Señor Wilde ha corrido usted un maratón! -dijo la amable joven riendo un poco.

-¡Santo Dios!, por poco y no llego. Espero que el señor River aún desee verme

-Ah, cuanto lo siento señor Wilde....

-¡No me diga! -interrumpió Joel a la mujer-, se ha ido otra vez.

-No, señor, iba a decir que siento las ocasiones en las que el señor River no ha podido atenderle pero creo se justificará al conocerlo, ahora por supuesto que le espera, puede usted seguir sin problema.

Joel hizo un ademán a la secretaria y entró al recinto del señor River. Escuchaba a lo lejos que este parecía mantener una conversación telefónica, y dio pasos cortos pues no deseaba interrumpirlo. La oficina iniciaba con una pequeña sala de juntas donde al final se apreciaba el cuarto de presidencia. A lo lejos, el joven Wilde vio que él en efecto hablaba por teléfono pero le daba totalmente la espalda con su dominante sillón. Entró por fin entonces el rubio al lugar sin hacer mucho ruido para no molestar. Colgó entonces el señor River pero un inquieto bolígrafo cayó al piso y se dispuso a recogerlo.

-Por favor, señor Wilde, tome asiento mientras yo busco mi bolígrafo. -Joel obedeció y se sentó con una sonrisa en su rostro.

-Señor River no sabe cuanto me alegra... -y se quedó sin habla, en el instante mismo en el que el hombre del sillón dio la vuelta y le vio a la cara. Joel no podía ni pestañear y lo peor de todo era que no parecía sentirse apenado por la forma en que lo veía. Y no era para menos, cualquiera en su sitio se hubiese sorprendido de esa manera al ver el rostro de un hombre cuya mayor parte del lado derecho estaba cubierto por lo que parecía una máscara de fino y brillante metal. Joel abría cada vez más los ojos hasta que por fin pareció reaccionar cuando el hombre viró su mirada.

-¿Le molesta, señor Wilde?, ahora entiende usted por que me veo tan reacio a recibir visitas, debe pensar que soy un excéntrico...

-Para nada, señor River, ¿es usted admirador del Fantasma de la ópera? -El hombre soltó una carcajada, que a lo oídos de Joel, fue más que adorable.

-No, señor Wilde, la verdad es que mi rostro tiene problemas. Problemas irremediables.

-Es una lástima, si se ve tan bello...

Joel no parecía medir sus palabras, que sorprendieron mucho al otro hombre. Pero no era para menos, jamás en su vida Joel Wilde había visto la belleza masculina como en ese sujeto. La máscara antes que quitarle atractivo le daba un toque de misterio absoluto que casi lo excitaba. El señor River no parecía tener más de treinta años, su cabello era castaño cenizo que caía alborotado sobre su frente acentuando más el brillo del metal. La máscara cubría la mitad de su frente desde la raíz del cabello hasta el inicio del tabique, de ahí bajaba haciendo una curva por debajo de su ojo cubriendo la mitad del pómulo y se precipitaba casi hasta la mandíbula cubriendo toda la zona izquierda hasta su oreja. La parte del ojo estaba descubierta y así el color lapislázuli de su mirada, era más incitante, provocadora.

-¿Lo cree usted señor Wilde? -interrumpió el hombre, la larga meditación que el de ojos castaños pareció tener en su rostro.

-Eh... este... perdóneme señor River ¡no sé que estaba pensando para decirle eso! Por favor, espero que no se sienta ofendido con lo que expresé... -le extendió la mano para saludarlo -buenos días, no sabe lo... lo... feliz que me encuentro con que me haya recibido por fin.

El rubio se sonrojó a más no poder, pareció entonces que volvió a ser el de siempre y solo hasta ese momento entendió el alcance de sus palabras, que salieron del estupor y el tanto de excitación que sintió al verlo. No era solo esa máscara, era todo él, sus manos grande y prolijas, sus hombros anchos, su cuello grueso, la profundidad de su voz, su pose de dueño del universo. Ahí deseó en el alma que el piso se abriera y se lo tragara al ser tan estúpidamente imprudente y evidente.

-Es un placer también para mí, señor Wilde. Sé que ha tenido altercados con mi representante legal por algunos porcentajes en los que no está de acuerdo.

-¿Eh? ¡Oh sí, eso! -La verdad Joel estaba demasiado absorto en el sujeto como para coordinar una cosa con otra. En realidad esperaba que el presidente de las industrias River, fuera un hombre viejo y muy molesto, nada lo tenía preparado para lo que vio. -Verá señor River, su representante no quiere ceder al aumento del 10% en los fletes. Los puntos de la licitación eran muy claros y usted ofrecía ese porcentaje, no entiendo por que negarse ahora.

Aquel de la máscara empezó a hablar, y Wilde solo podía ver aquellos labios moverse, a veces relamiéndose, otras, mordiéndose con suavidad. Se perdía en cada movimiento, en su dentadura perfecta, en la sutileza de su respiración. ¿Cómo se sentirían aquellos labios, sobre los suyos?, ¿cómo se sentiría que se ahogara un gemido del señor River en su garganta? Un carraspeo lo sacó del estupor en el estaba.

-Lo lamento señor Wilde, pero me molesta discutir esos asuntos en un lugar como este -Joel hizo un gesto de confusión al no entender sus palabras. -Quizás yo pueda ceder un poco más, e incluso usted, con esas rígida cifras, en medio de una cena. Lo invito esta noche, señor Wilde, si no le molesta por supuesto.

-¿Molestarme?, ¡no! para nada, será un gusto cenar y charlar con usted un poco... -el señor River se paró de su sillón y se dirigió a la ventana para correr la persiana, ahí pudo apreciar mucho más Joel, al esbelto hombre que caminaba entre un pantalón de lino negro que acentuaba su trasero, además de su casi metro ochenta y cinco de estatura.

-¿Le parece bien a las ocho?, le diré a mi secretaria que le dé la dirección.-Joel pareció meditar un instante a lo que el señor River agregó-: Si tiene algún inconveniente, puede llevar también a su prometido, no me molesta para nada.

Joel inclinó el rostro e hizo una pequeña mueca que el señor River no pudo ver, pero que significaba lo fastidioso que era el que todo el mundo supiese que se iba a casar con Raine.

-No, señor River, con gusto iré, me presentaré solo, es mi negocio... no de él.

El hombre sonrió y llamó a su secretaria para que a la salida le diera al joven de cabellos de sol el lugar del restaurante donde se verían esa noche. Se despidió no sin antes echar un último vistazo a ese rostro enigmático que le cautivaba.

Todo el día, lo único que Joel hizo fue rogar por que las horas pasaran deprisa para poder ir a verse con el señor River. Sabía muy internamente que lo que deseaba era sentirlo cerca y a pesar de todo no se sentía mal él mismo. Algo había en ese sujeto que lo atrapó en el instante mismo en que lo vio. Pensó entonces que su excentricidad era lo que había llamado su atención, y necesitaba comprobarlo esa misma noche. Se excusó con su prometido al no acompañarlo a cenar, pero le dijo que necesitaba cerrar ese negocio.

-Y dime Joel, ¿es el anciano que te imaginabas? -preguntó Raine al otro lado del teléfono.

-Pues algo así. Sus cabellos son cenizos. Lamento no acompañarte esta noche, pero te prometo que mañana saldremos, ¿de acuerdo?

-Si no hay más remedio... llámame cuando regreses.

Entonces el lugar y la hora llegaron por fin. Desde hacía años, Joel no se sentía tan nervioso y feliz por algo que no sabía como terminaría. Su vida estuvo llena de altibajos que en verdad se le disolvieron en la mente sin poder ubicarlos con la precisión que deseaba. Desde hacía años, no sentía como dentro de él se despertaba esa especie de instinto que lo hacía sentirse libre y refrescante.

El sitio según sabía era muy lujoso, así que procuró vestirse lo mejor posible, sin llegar a ser demasiado formal. Con una camisa de cuello alto color gris un pantalón negro y un prominente gabán del mismo color se dirigió rumbo a lo desconocido, rumbo a un éxtasis mental. Cuando llegó, se dio cuenta que el lugar estaba cerrado y pensó que había llegado demasiado temprano o que sencillamente lo habían timado. No sucedió nada de lo que creía pues un hombre lo saludó y lo dirigió dentro del restaurante que se encontraba por completo desocupado. En una mesa casi al fondo adornada por una vela, lo esperaba el señor River quien no se había cambiado de ropa y se excusó de esto diciendo que no tuvo mayor tiempo.

-No se preocupe -respondió sonriendo el joven Wilde-. Pero me preguntaba por qué el lugar está vacío.

-Señor Wilde, sabrá usted que muy, pero muy pocas personas me han visto en público y no deseaba que la atención estuviera en mi rostro toda la noche. Por eso reservé todo el lugar para estar solo con usted.

-Vaya, creo que tiene usted razón.

Hablaron en un inicio, trivialidades. Cosas de negocios que a ninguno importaban, mientras tomaban el aperitivo y luego cenaban. A Joel se le olvidó por completo que estaba en ese lugar para concluir los términos de un contrato y nada más. Pero no se podía concentrar en otra cosa que no fuera el magnetismo salvaje de ese hombre que le miraba con su ojo descubierto, con cierta intriga que lo mataba y que estaba por volverlo loco. Supo entonces, que su interior, el que creyó marchito, renacía con el vaivén de los labios de ese hombre.

-Y dígame, señor Wilde, ¿hace cuanto es usted pareja del señor Raine?

Estaba entonces la obligada pregunta para poder clarificar el terreno. Joel se mostró distante al responder que varios años. Seco y sin mayores aclaraciones siguió comiendo, entonces River, entendió que responder no era para su acompañante algo agradable.

-¿Le gustan los juegos de mesa, señor Wilde?

-¡Por supuesto! A veces en el reformatorio en el que estuve, el tiempo lo pasábamos en juegos de ajedrez y damas. Otras pocas en cartas, me gustaban, y alguien, me enseñó a jugarlos muy bien. -La sonrisa propia de los buenos recuerdos, llegó a los labios de Joel. River lo notó y sonrió también.

-¿Le gustaría tener un juego de cartas conmigo, señor Wilde? -La pregunta sacó de su lugar a Joel quien sonrió complacido

-Bien, le advierto señor River, que soy muy bueno.

-Lo recordaré señor Wilde. Pero hagamos esto más interesante. Apostemos algo. Si usted gana haré lo que usted me pida, y si yo ganó, hará lo que yo desee. Por supuesto que esto incluye nuestro contrato.

Joel entonces arqueó una ceja y sonrió. Sabía que tenía muchas posibilidades de ganar así que lo que pediría sería no remover ese 10% por el que estaba peleando. Supuso que si él ganaba pediría lo mismo a su favor, así que pensando en el futuro de su empresa se dispuso a luchar. Pero su excitada imaginación pensaba otra cosa. Si ganaba, hipotéticamente, le pediría al señor River que se quitara la ropa y que se acostara en la mesa totalmente desnudo, y ver cada centímetro de su cuerpo al descubierto. Joel lo imaginaba así, y solo hasta que sintió que venía una erección y que el señor River ya había hecho una jugada, fue que pudo reaccionar.

***

Fin Capítulo 3

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