Número desconocido: ¿Podrías hacer sexo conmigo?
Acabo de salir de la ducha, mi celular vibra sobre la mesita de noche y me encuentro con ese mensaje de un número desconocido. Eso solo puede ser cosa de Robert, es muy de él estas bromas sin gracia.
Yo:¿Esto por casualidad es alguna broma?
Segundos después la respuesta:
Número desconocido: ¡No! Estoy hablando en serio.
Mis merecidas vacaciones apenas han empezado, apenas me he duchado, todavía ni me he puesto la ropa y tengo que aguantar estas tonterías de Robert a esta hora de la tarde. Sé que es mi cuñado y se cree muy gracioso, pero no voy a caer en esto ahora.
Si por casualidad está intentando que caiga en esta idiotez para después enseñarle las capturas a Melinda, está muy equivocado.
Yo: Okay Robert, ya te divertiste, ahora me voy a vestir.
Número desconocido: Uau. ¿Quieres decir que estás sin ropa?
Número desconocido:** Eso es bueno de imaginar...
Ignoro.
Número desconocido: Perdón. No debería haberme desviado del tema.
Número desconocido: ¡Y no soy ningún Robert!
Número desconocido: ¿Y entonces? ¿Aceptas o no?
Yo: Mira, si no es Robert, está bien entonces. Pero sea quien sea, te digo de una vez que no estoy de humor para participar en bromas como esta.
Al menos no recibo respuesta confirmando mi teoría de que solo es otra de las bromas de Robert.
Sé muy bien que ser profesor de biología desde los 24 años despertó y todavía despierta cierto interés por parte de las adolescentes con las hormonas a flor de piel, como sé que están todas las chicas de la secundaria.
Y aun hoy, a los 30 años, sé por la forma en que me miran de vez en cuando que todavía causo algún efecto en ellas. Muchas no se quedan solo en las miradas y prácticamente se insinúan. Ya he oído y leído de todo. Y sé que tal vez este mensaje ahora pueda ser de alguna de mis alumnas. Lo difícil es saber cómo consiguió mi número.
Termino dejando eso de lado después de que no llega respuesta. Me visto y me tiro en el sofá. Hoy ni siquiera voy a preparar la cena, voy a pedir una pizza.
Después de encender la TV me tumbo y me doy cuenta de que definitivamente estoy de vacaciones. Un mes entero sin libretas, exámenes, reuniones y nada que me haga recordar el trabajo. Tengo una sonrisa enorme en la cara.
...
Llega la pizza y mi sonrisa se hace aún más grande.
Abro la Coca-Cola, me sirvo un vaso y cojo una porción de pizza, de mozzarella, mi preferida. En cuanto voy a comer un trozo, mi celular vibra con la llegada de un nuevo mensaje. Pienso que es de Melinda, pero no.
Número desconocido: Todavía no he desistido de la respuesta.
Cojo el celular y escribo rápido:
Yo: Mira, tú que dices no ser Robert, yo ya estoy en un compromiso.
Número desconocido: Lo sé. ¿Y qué insistencia es esa de que yo sea ese Robert?
Número desconocido: Mira
''Imagen''
Número desconocido: ¿Me parezco a ese Robert?
¡Joder!
Me quedo hasta sin palabras. Me paso la mano por el pelo. Estas chicas realmente están cada vez apelando más. Acaba de enviarme una foto en la que está usando solo una braga rosa y su mano cubre la mitad de los pechos dejando la otra mitad a la vista. Así resulta difícil resistirse y no mirar.
Yo: ¿Pero qué ha sido eso?
Número desconocido: Un nude, creo.
Número desconocido: Joder, no suelo hacer este tipo de cosas, pero tú no me estabas tomando en serio.
Respiro hondo. Esto puede complicarse para mí. Esta chica puede ser una de mis alumnas, pero el problema es que no consigo reconocerla. Así que voy a sacar información antes de tomar una decisión.
Yo: Okay. Dime qué es lo que realmente quieres.
Número desconocido: Ya lo dije.
Número desconocido: Quiero sexo, contigo.
Yo: Vale, ¿cuál es tu nombre?
Número desconocido: Sé lo que estás pensando. Pero no soy una de tus alumnas, profesor Andrews. Me llamo Shane.
Yo: ¿Cómo conseguiste este número, Shane?
Número desconocido: Cuando hablabas con la señorita Dawnson y ella prácticamente te ponía los pechos en la cara.
Yo: ¿?
Número desconocido: Deja de hacerte el tonto, que sé que te acuerdas de ella. De la escuela donde diste una charla sobre sexualidad esta tarde.
Número desconocido: Os seguí a los dos. Primero iba a descubrir tu número entrando en la oficina de la directora, pero te oí dárselo a la señorita Dawnson.
Yo: Entonces también oíste que le dije que estoy prometido, ¿no?
Número desconocido: Sí, lo oí. Me gustó la cara que puso cuando la rechazaste.
Número desconocido: jajaja
Número desconocido: Pero también oí que dijiste que tu prometida está haciendo un curso y se quedará fuera dos meses.
Número desconocido: así que mi propuesta nos beneficiará a los dos.
Número desconocido: :)
Yo: ¿Adónde quieres llegar con esto?
Número desconocido: Ya te expliqué que quiero sexo.
Yo: ¿Pero por qué conmigo?
Número desconocido: porque pareces entender muy bien del tema.
Yo: si es solo sexo, ¿por qué no con alguien de tu edad?
Número desconocido: Porque primero, soy virgen; segundo, los chicos de mi edad son todos idiotas y lo estropearían todo; y tercero, pareces bastante experimentado y me encantaría que mi primera vez fuera contigo.
Yo: Uau.
Número desconocido: Y como dije, entiendes del tema y no me dejaste en evidencia al hablar de sexo delante de mí.
Respiro hondo e intento ver qué puedo hacer, entonces escribo de vuelta.
Yo: Esta conversación no tiene ningún sentido. ¿Qué puedo hacer para que te olvides de esto de una vez?
Número desconocido: Fácil
Número desconocido: ¡Haz sexo conmigo!
Respiro hondo una vez más. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué solución puedo darle a este caso? Miro otra vez la foto que me envió, me paso la mano por el pelo y la dejo apoyada unos segundos en la nuca. Mis dedos recorren mi cuello mientras intento pensar en una forma de salir de esto sin causar mayores problemas.
Esta chica parece decidida, pero realmente tengo miedo de que haga alguna tontería. Mi lado educador me dice que maneje esto con calma hasta conseguir reconducir la situación y hacerle ver lo impulsiva que está siendo.
Yo: Está bien
Yo: Voy a pensarlo bien y después te aviso lo que decida
Número desconocido: Genial
Número desconocido: Espero de verdad que aceptes.
Ella no me responde más después de eso. Solo que no tengo muy claro qué puedo hacer para hacerle cambiar de idea. Una persona no debería iniciar su vida sexual de esta forma; tiene que verlo como yo lo veo y es más o menos mi obligación ahora mostrárselo.
¡Qué mierda!
Me apoyo en el sofá y me quedo allí un rato mirando la pizza que está a medias y se quedará así, porque ya ni tengo tanta hambre.
Busco algo interesante en la TV para olvidar los últimos minutos. No sé qué es lo que más me ha perturbado de todo esto: si el hecho de que una chica me ofrezca su virginidad así de la nada, o aquella foto, o si toda esta perturbación tiene que ver con llevar casi dos meses sin sexo.
Melinda y yo no estamos en la mejor fase de nuestro compromiso de más de cuatro años. Ella es abogada de una multinacional y diría que a tiempo completo, porque en los últimos tiempos ya no encontramos tiempo para salir, hablar o incluso vernos. Sé que esto se habló desde antes de que aceptara ese trabajo hace un año, pero no pensé que nuestros horarios no fueran a coincidir de esta manera. Lo que se complica aún más para mí cuando pasa algo de este tipo.
Recuerdo a unas chicas sentadas en un rincón de delante que se reían cada vez que alguien hacía una pregunta; tal vez esa chica estuviera entre ellas. También recuerdo a la señorita Dawnson esta mañana. Prácticamente se me tiró encima y de verdad tenía un par de pechos que ayudaban y mucho a encender el deseo de cualquier tío, sobre todo uno en el estado en el que me encuentro. Pero no soy de los que tienen líos, nunca lo he sido. Solo espero mantener esa promesa.
Decido llamar a Melinda; quizá así aleje de mí este extraño sentimiento de culpa por algo que ni siquiera he hecho.
-Hola, cariño.
-Buenas noches, ¿cómo estás?
Ella se ríe y dice:
-Thomas, son las 13:00 de la tarde aquí en Tokio.
Siempre se me olvida y ya hace casi una semana que viajó. Oigo unas conversaciones en japonés de fondo y Melinda dice que tiene que colgar porque está en horario de trabajo. Solo digo:
-Está bien.
Ella parece notar mi decepción y dice:
-Será por poco tiempo.
Respondo:
-Lo sé.
Ella dice:
-Luego hablamos.
Prefería cuando decía te quiero, pero parece un poco apresurada, así que solo digo:
-Ok.
De vuelta a la TV, una película que no me captura la atención, y mi celular, hacia el que van mis dedos sin que yo realmente quiera hacerlo, hasta la galería a ver la última foto que recibí. Quisiera que mi sangre no se concentrara exactamente en una parte de mi cuerpo, pero lo hace cuando mis ojos están otra vez en aquella foto y recorriendo cada centímetro de ese cuerpo de una joven a la que ni conozco.
Tiro el teléfono a una distancia segura, antes de que haga algo de lo que me arrepienta después.
Me dormí en el sofá. Genial, mi espalda deja bien claro que voy a tener un día de mierda si depende de ella.
Shane
Llego del colegio con mi padre y, después de saludar a Shelly y a Benjamin, mi hermano menor, subo directo a mi habitación. Paso algunos fines de semana en casa en su compañía, pero ahora es diferente: estoy definitivamente de vacaciones y solo volveré al colegio para mi tan esperada graduación dentro de un mes.
Me tumbo en la cama y me quedo recordando aquella boca pronunciando cada palabra mientras nos miraba, recuerdo la forma en que caminaba por el aula, sus manos sujetando los papeles...
Una vez Claire me dijo que cuando sentimos esto es puro deseo. No recuerdo haber sentido algo así por ningún chico que haya visto en mi vida.
Soy una de las pocas chicas vírgenes del colegio y estoy tan cansada de eso. Quiero saber cómo es esa sensación tan maravillosa de follar de la que tanto hablan en las noches en que hacemos fiesta de pijamas a escondidas de la directora del internado de chicas en el que estudio.
Casi nunca tengo muchas oportunidades de salir con gente de mi edad y cuando lo hago es para ir a la iglesia los fines de semana con mi padre, Benjamin y Shelly, su nueva esposa, que fue una de las que más insistió en que entrara en este colegio hace unos tres años. Creo que solo quería tenerme lejos y bajo supervisión diaria.
Ella es quien debería estar supervisada por destruir una familia para empezar la suya.
El caso es que, como decía, ya he conocido a varios chicos de mi edad y de otras edades también, pero nunca me sentí atraída así por ninguno de ellos. Ya he besado a algunos chicos, pero ninguno despertó algo parecido en mi cuerpo.
Pero él explicó algo sobre eso en la clase de hoy: son las feromonas las que dejan a las personas así. Entonces no es mi culpa que mi cuerpo haya elegido a él para sentirse atraída; es solo algo natural y quiero mucho ver hasta dónde llega esto. Quiero tanto que acepte hacerlo por mí.
Ahora que tengo el teléfono del profesor Andrews... solo con pronunciar su nombre se me pone la piel de gallina. Solo me falta reunir el valor para enviar un mensaje bien atrevido y chocante como me sugirió Claire, mi mejor amiga, antes de despedirnos y que ella se fuera a Francia esta tarde.
Después de la cena juro que voy a armarme de valor para hacerlo.
...
Esperé todo el día de ayer una respuesta suya y nada. Estaba casi desistiendo cuando de repente recibo un mensaje suyo hoy. No respondo en el mismo momento; no quiero parecer desesperada, aunque ya lo haya dejado medio claro.
Profesor Andrews: Ya tengo una respuesta.
Yo: Qué bien
Yo: Espero que sea una buena respuesta para mí
Profesor Andrews: Desde luego que lo es.
Hasta doy un gritito de alegría. El tío es un bombón, de esos a los que miras una vez y te inventas mil fantasías solo con mirarlo. Y cuando empezó a hablar con aquella voz aterciopelada, casi me derrito. Jamás habría tenido el valor de hacerle esta propuesta a alguien que conociera, pero con él fue diferente: tuve ese valor y, además, no consigo sacarme a este hombre maravilloso de la cabeza. Quiero que sea con él mi primera vez y punto.
Yo: Entonces dime
Profesor Andrews: Creo que es mejor que olvidemos que me hiciste esa propuesta
Ah, no. ¿Tendré que apelar otra vez? Nunca había enviado un nude en mi vida y casi me muero de vergüenza al enviar aquel, pero ya no sé cómo convencerlo.
Yo: ¿Por qué?
Profesor Andrews: Porque sé con toda seguridad, aunque tú no lo pienses así, que todo esto será mejor con alguien de tu edad y por el que estés enamorada; si no, no será tan emocionante como crees.
Desgraciadamente me doy cuenta de que no voy a conseguir convencerlo. Pero eso no quiere decir que vaya a desistir; solo tengo que encontrar otra manera. Decido aceptar esto por ahora.
Yo: Está bien entonces
Yo: Perdona si te molesté
Profesor Andrews: No me molestaste en absoluto.
Profesor Andrews: Cuídate :)
Yo: :)
Thomas
Tiro el teléfono a un rincón del sofá. Sé que hice lo correcto al decir que no, pero de verdad todavía me preocupa lo que esta chica pueda estar planeando hacer ahora. Tengo que dejar esa manía de preocuparme demasiado por mis alumnos y sus vidas particulares, pero sé que no es una tarea fácil; al fin y al cabo siempre aconsejo en lo que puedo, por eso se llevan tan bien conmigo.
Un rato después decido dejarlo estar; total, no voy a poder hacer gran cosa desde aquí lejos y sin conocer a esta chica.
Después de pasar media jornada en ese sofá, decido llamar a Melinda; según mis cálculos ya no debería estar trabajando.
Tal vez me equivoque y haya hecho mal las cuentas, porque no contesta. Y lo intento unas cuantas veces más, sin éxito.
...
Por la noche era cuando me quedaba en casa revisando mis planes de clase o corrigiendo algún ejercicio. Hoy no tengo eso que hacer, así que después de tomarme una sopa que preparé yo mismo, me voy directo a la cama. Tal vez debería llamar a Ryan para salir una de estas noches; mi hermano no para de pedírmelo. Decido que mañana haré esa llamada.
Me tumbo en la cama y pongo la tele en National Geographic; siempre hay un documental interesante en ese canal. Ahora estoy viendo uno sobre la vida animal. Me gustaría estar más concentrado en el contenido de la tele, pero mis pensamientos vuelven una y otra vez a aquella charla en aquel colegio aquella tarde. No sé muy bien por qué ahora, pero eso también me recuerda a aquella chica con la que hablé esta mañana.
Y todo eso me hace recordar aquella foto, esa que todavía no he borrado del móvil y sobre la que sigo pensando, y aunque no quiera, me pone muy excitado. Cojo el teléfono y decido llamar a Melinda. Tal vez podamos hacer una videollamada para solucionar esto y verla, porque me muero de ganas de ella de varias maneras. Antes le gustaba hacer eso, así que estoy seguro de que le va a gustar.
Desisto después de varios intentos. El problema es que mi amiguito de abajo ya me está molestando, todavía más ahora que tenía la esperanza de hablar y ver a Melinda, cosa que no va a pasar hoy. Mi deseo me traiciona unos segundos y vamos a la galería de fotos, donde hay una imagen que me incomoda y me excita todavía más cuando la vuelvo a mirar.
Me paso la mano por la cara y tiro el teléfono a un rincón de la cama. Intento concentrarme otra vez en la tele que tengo delante, pero sigo tan duro que me molesta. Me paso la mano por encima de los shorts para ver si baja y me deja en paz, pero solo se pone todavía más erecto, queriendo que lo sigan tocando. No quiero hacer esto pensando en aquella chica; sería un error. Debería hacerlo pensando en mi prometida, que por casualidad no tiene tiempo para hablar conmigo... y joder, mis manos ya están bajando dentro de los shorts. No llevo calzoncillos y eso solo lo deja más libre para tocarlo con más precisión. Hasta cierro los ojos por lo bien que se siente.
Todavía intento pensar en Melinda y en su cuerpo, pero las imágenes de aquella chica de la foto invaden mi mente cada vez más. Es una tortura. Con mucho esfuerzo retiro la mano de allí y, todavía jadeando, intento volver a la tele. Pero no creo que vaya a conseguir concentrarme mucho más tiempo. Mi polla está palpitando bajo los shorts y me doy la vuelta en la cama, frotándome contra las sábanas. Eso no me da el alivio que necesito, así que la saco de los shorts y el roce de mi piel contra la tela me provoca una sensación todavía más rica.
Aumento aún más la presión mientras pienso en aquel cuerpo debajo del mío, en cómo le quito las manos de encima de aquellos pechos perfectos y los chupo uno a uno mientras entro en su cuerpo, que es tan caliente, mojado y apretado...
Y me corro fuerte sobre las sábanas.
Cuando pasa el momento de placer, la sensación de culpa se apodera de mí.
Shane
Claire: ¿Quieres decir que no aceptó?
Respiro hondo mientras me tumbo de espaldas en la cama y le respondo al momento:
Yo: No.
Ella contesta:
Claire: Qué pena, ya estaba toda emocionada por saber los detalles.
Acabo riéndome y, antes de que yo responda nada, ella escribe y me envía:
Claire: Encontré su Facebook
Me siento en la cama de inmediato. Recuerdo perfectamente su cara y su físico, pero sería todavía mejor tener alguna foto suya para seguir recordándolo aún más. Me manda el enlace, entro al momento y me encuentro otra vez con toda esa perfección en persona. Y de nuevo esos sentimientos de querer tener su cuerpo muy cerca del mío regresan con fuerza. Recorro las pocas fotos que tiene de sí mismo e ignoro a la mujer guapa que está a su lado. En realidad la miro un rato y siento mucha envidia de ella ahora, aunque no me guste sentir eso por nadie.
Después de mirar sus fotos un buen rato llega un mensaje de Claire:
Claire: ¿Qué pasó?
Claire: ¿Te moriste al verlo o todavía estás viva por ahí?
Acabo riéndome al leer eso, pero solo escribo de vuelta:
Yo: Todavía no
Yo: Pero de verdad necesito hacer que cambie de opinión respecto a lo que le propuse.
...
En la cena no dejo de pensar en las fotos suyas que vi esta mañana; hasta guardé algunas para martirizarme más tarde. También pienso en el hecho de que tiene prometida. Sé que le di a entender que no me importa, pero ojalá estuviera soltero para no sentirme atraída por alguien comprometido... aunque no puedo controlarlo desde que lo vi.
Subo a mi habitación y, después de echar un vistazo a mis redes sociales, que están más paradas que todo en mi vida, decido darme una ducha; tal vez así mejore esta ansiedad por encontrar alguna solución a mi reciente obsesión por perder la virginidad con este tío.
No sirve de mucho toda esta historia de la ducha, pero al menos me quedé allí media hora y me hidraté el pelo.
Me siento en la cama con el portátil todavía abierto en mi Facebook, veo algunas publicaciones nuevas de mis compañeras de colegio disfrutando las vacaciones con sus padres y recuerdo que yo sigo aquí sin hacer nada porque mi madre tiene demasiado trabajo estos días y no pudimos hacer el viaje que teníamos planeado.
Miro el móvil otra vez con la esperanza de que al menos haya visto mi foto y pensado un poco más al respecto. Ya ni me reconozco: siempre quise un chico interesado por mi inteligencia y ahora estoy comprobando si lo que más deseo me querrá por mi cuerpo.
Pero claro que no ha cambiado de idea. Releo nuestra conversación, la forma fría y educada con la que contestó cada una de mis preguntas. Eso debería desanimarme, pero solo me resulta todavía más atractivo. Voy a pensar bien en una forma de convencerlo; no quiero parecer desesperada, aunque ya lo haya hecho.
Thomas
Me despierto temprano; son las cinco y media de la mañana todavía, hora perfecta para salir a correr.
Corro varios kilómetros y me siento mucho mejor después. Llego a casa y voy directo a la ducha. Ayer hablé un poco con Melinda, pero no lo suficiente para no echarla de menos. Siempre está ocupada y siempre me queda esa sensación de estar robándole tiempo. Ella no dice nada para aliviarlo y siempre me quedo con esta frustración después de hablar con ella.
El agua caliente corre por mi cuerpo lavando el sudor de la carrera y ya me siento renovado. Hacía algunos días que no salía a correr y ahora noto lo mucho que me hacía falta. Estoy relajado, pero también está esa tensión de estos últimos días: excitado como siempre por la mañana y la falta de Melinda se nota mucho en mi cuerpo y en mi mente. He evitado masturbarme porque desde aquella noche ya no consigo hacerlo sin que las imágenes de aquella chica invadan mi cabeza. Y aunque estuviera bien cuando lo hice, no quita la culpa que sentí después.
Intento hacerlo una vez más porque va a ser perfecta la forma en que se sienta mi cuerpo después de esto y de esta ducha. Bajo las manos despacio por mi polla, ya palpitante y dura como siempre en estas ocasiones, y la masajeo de un extremo a otro sintiendo cómo se me pone el cuerpo tenso junto con los movimientos y cómo se me acelera la respiración. Empiezo pensando en Melinda, en sus curvas; cambio a alguna actriz porno que me parece sexy, pero ningún efecto se acerca al que produce cuando mi mente me traiciona y se va a aquella foto... una que todavía no he borrado de la galería aunque debería haberlo hecho.
No quería que fuera tan excitante como es. Se nota cómo reacciona mi cuerpo solo con pensarlo y con las frases que me dijo: "¡Haz sexo conmigo!"
Hasta imagino su voz diciéndolo, en realidad suplicándolo, y su carita inocente y...
Respiro hondo y aparto las manos de mí. Me lavo la cara y me apoyo en la pared del baño un rato mientras el agua caliente cae sobre mí. Necesito sacarme esto de la cabeza o estoy muy jodido.
...
-¿Algo más, señor Andrews?
-No, gracias. Quédese con el cambio de propina.
-Gracias, señor Andrews.
Sonrío de vuelta a Cailie; es una buena camarera y necesita esto más que yo para cuidar de su bebé. Mientras termino el cappuccino recuerdo las veces que vine aquí con Melinda al principio de la relación y cómo planeábamos tener un hijo pronto, en cuanto viviéramos juntos... pero eso fue hace mucho. Ahora eso está totalmente fuera de sus planes.
No sé por qué respiro hondo al pensarlo. He estado pensando demasiado en ella de esta forma, desanimándome cada vez. Está mal: ella solo quiere progresar en su carrera y yo dije que la apoyaría. Ahora, solo porque está lejos, me vienen estos pensamientos a la cabeza. Intento alejarlos bien lejos, porque eso me va a hacer sentir mejor.