¿Así es como terminaba todo? ¿Jamás fue sincera, o era que el amor en realidad no existía? Se lo había creído todo y era un estúpido iluso, estaba claro que los dóciles corderos también sabían mentir. El amor era para tontos y había caído en absurdas palabras vacías disfrazadas de cariño. ¿Qué más le quedaba? Su madre había muerto dos años atrás cuando un ladrón intentó asaltarla, le hizo frente y le disparó, así, sin vacilaciones. Su vida terminó así de simple, por unas cuantas monedas.
Su hermana Sunny trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, pero ahora por su culpa le había dejado una carga más. Cuidar de un ciego no estaba en los planes de su hermana, pero lo hacía a pesar de todas las responsabilidades que tenía con la casa, la universidad y el trabajo. No merecía algo así.
-Mamá, estaré ahí en cinco minutos, espérame -dijo al mismo vacío, su mundo. La nada se había convertido en su única compañía desde hacía dos meses.
En su desesperación, tiró un florero que descansaba en su escritorio. Se hizo añicos en el suelo, pero no le importó. En su mente solo podían vislumbrarse recuerdos de ella, Margot, quien fuera su novia hasta el día de ayer. Aquella a quien amó y lo traicionó de la peor manera.
Margot era su preciosa novia, la chica más linda que había conocido. Su primer amor.
-Yo seré tus ojos.
Le había dicho, pero al final solo fueron palabras vacías, ella lo dejó por otra persona porque no podía ser la pareja de un ciego.
-Te quiero, Marcus, pero no puedo quedarme contigo. Adiós.
Todo su mundo se había vuelto un hueco donde no había nada más que su voz diciéndole que se rindiera, y ahora tampoco podía creer en el amor.
-Voy a aliviar tu carga, hermana.
Sus manos apresaron los vidrios rotos del suelo con fuerza, y aunque no podía ver el rojo de su sangre, sí pudo sentirla mientras bajaba por su brazo. No solo le había entregado a Margot su corazón, también se llevaría su vida.
Milus Leprince había abandonado la carrera universitaria sin el consentimiento de su padre. Desde joven tuvo fascinación por la pintura, pero su familia no estaba de acuerdo, en especial su papá, "No es un futuro para mi hijo", había dicho el señor Leprince cuando Milus le había llorado y suplicado para que le permitiera estudiar lo que él quería, pero el hombre no dio su brazo a torcer. Así fue que desperdició tres años de carrera en algo que aborrecía.
No deseaba por ningún motivo tomar el negocio de su padre, así que después de aquella discusión a finales de año, abandonó la universidad y su hogar.
"¿Y a dónde irás? No podrás mantenerte tú solo. No sabes hacer nada".
-Te mostraré que estás equivocado, padre -se animó a sí mismo.
Pidió a un amigo de la Universidad, Aaron Lee, el cual rentaba un pequeño departamento cerca del campus, alojamiento por unos días mientras encontraba trabajo. Milus sabía que obtener un empleo sin estudios era difícil, pero confiaba en que lo lograría, tampoco esperaba contar con un empleo maravilloso sin haber terminado sus estudios.
-He remarcado posibles empleos en el periódico -dijo, mientras se sentaba en la mesa de la pequeña cocina junto a Aaron.
-¿Piensas salir hoy?
-Sí, debo comenzar cuanto antes. Necesito dinero, es posible que papá haya cancelado mis tarjetas para este momento, de igual forma no iba a pedirle nada. Haré todo por mi cuenta -dijo con decisión. Volvió a ojear la sección de empleo, había algunos remarcados de rojo-. Hay un trabajo en el mercado moviendo cajas, también de cajero en un minisúper, mesero en un local cerca de aquí y limpiando una casa tres veces por semana, este último es el mejor pagado.
-Sabes que puedes quedarte el tiempo que necesites.
-Gracias -le sonrió agradecido-. Debo conseguir empleo rápido para pagar un departamento. Después buscaré la manera de entrar a la universidad nuevamente, en el departamento de artes.
-Será difícil, pero estaré animándote. Estoy orgulloso de tu valentía, amigo.
Milus volvió a esbozar una sonrisa. Estaba en deuda con Aaron. Lo conoció cuatro años atrás en la estación de policía. Aaron estaba ahí para hacer una denuncia contra un hombre que había intentado robar en la pastelería de su mamá; Milus, en cambio, mantenía una fuerte discusión con un oficial, pues el hombre no tomaba en serio la denuncia que estaba haciendo.
-¿Eres una especie de defensor ambiental? -le preguntó Aaron, luego de acercársele afuera de la estación.
-Algo así, pero tengo razón. Esa empresa desecha todo el químico en los ríos y nadie les dice nada -dio un suspiro-. Esta ciudad también está mal. Me cuesta un poco respirar -miró al cielo.
-Se nota que no eres de por aquí. Me imagino que vienes del campo. Pero esto no es nada, hay ciudades incluso más contaminadas que la nuestra. Por desgracia no es una prioridad para todos. -asintió- ¿Y qué hace un joven de campo en la ciudad de Brimingtown?
-El próximo año pienso estudiar una carrera, papá insiste en imponerme la suya por el bien de..., nuestra familia es tradicional, pero me gustaría hacer algo que me entusiasme.
-¿Cómo defensor de la naturaleza? -Milus rio.
-No, mi familia es buena en eso. Yo quiero estudiar pintura.
Pero al final su padre había impuesto su voluntad. Milus sabía que desperdició tres años de vida en algo que no disfrutaba. Fue después de ese tiempo que decidió cambiar las cosas. Su hermana podía seguir el legado de la familia, él en cambio viviría el tiempo a su manera.
***
No contaba con suficiente suerte. Rechazado se había convertido en su palabra menos favorita, ganando por una con "le llamaremos", ¿a dónde diablos le llamarían si ni siquiera tenía celular? Había abandonado su casa, su padre estaba enojado con él, pero estaba seguro de que lo buscaría en un par de semanas luego de que se le pasara el enojo, y si mantenía el celular consigo entonces lo encontraría sin ningún esfuerzo. Milus quería demostrarle que podía hacer las cosas solo, pero necesitaba un poco de tiempo, si daba con él tan rápido, ¿entonces cómo podría demostrarle que no era un inútil?
-Señorita, le juro que puedo aprender rápido... -Solo fue capaz de ver la puerta de la oficina cerrada frente a sus narices ¿Por qué era tan complicado?-. A este paso, papá va a encontrarme, entonces se reirá de mí y dirá que tenía razón.
Salió del local. Miró la última parada del día de hoy y se animó a sí mismo. Limpieza en un departamento tres veces a la semana no podía ser tan difícil.
Pero estaba equivocado.
-Lo siento. Pensaba más bien en una mujer -le dijo aquel hombre una vez que llegó a la dirección que marcaba el periódico, parecía tener treinta y tantos, quizás.
-Pero aquí no especifica nada. Por favor, necesito el empleo. Soy muy bueno en la limpieza, he limpiado los invernaderos de mi familia por años, y hablo de kilómetros de hectáreas, le aseguro que...
Pero nuevamente, lo único que pudo ver fue la puerta ¡Le habían cerrado en las narices otra vez! Hizo una mueca, en definitiva, no había sido su día.
-¿Una mujer?, ¿y para qué la quiere?, eh -preguntó a la nada, imaginando que todavía tenía a aquel sujeto frente a él.
Quería regresar con Aaron contándole lo feliz que estaba por haber encontrado un empleo, pero eso era algo que solo quedaría en su loca imaginación. Fracasó el primer día y temía que los siguientes fueran exactamente lo mismo. Si fallaba tendría que regresar a casa arrastrándose como un gusano y pidiendo perdón, pero en el fondo creía que había hecho lo correcto, luchar por lo que en realidad quería; era su vida, y aunque amaba a sus padres, necesitaba encontrarle un sentido a su existencia y seguir su camino. No planeaba recorrer el mismo que su viejo padre.
La puerta del departamento de enseguida se abrió dejando ver a una joven con el ceño fruncido y los dientes apretados, parecía que había terminado un round bastante acalorado donde había perdido. Las discusiones de pareja era algo a lo que no estaba acostumbrado, sus padres se llevaban bastante bien y pocas veces había visto a sus compañeros de escuela tener una disputa con sus novios.
-¡No tienes cinco años, hermano! -vio un peluche atravesar la puerta hasta golpear con la pared de enfrente. Por otro lado, tenía más experiencia en las peleas de hermanos. Él solía discutir mucho con su hermana mayor en el pasado.
La chica que Milus pudo catalogar como bonita, aunque el carácter estaba en duda, lo miró en el momento que se percató de su sombra en el piso de alfombra color caramelo.
-Yo... ah... buenas tardes -saludó levantando su mano, las metió en los bolsillos de su pantalón y se dio la media vuelta para huir directo al ascensor, pero la voz de aquella mujer lo detuvo antes de aplastar el botón.
-¿Eres amigo del señor Jung?
No había nadie más ahí, así que entendió que se dirigía a él.
-No, yo vengo por el trabajo que el señor Jung ofrece en su departamento -respondió volviéndose para mirarla-. Pero creo que no soy su tipo, él quería...
-A alguien con pechos -sonrió a su propio comentario-. Soy Sunny Kraft.
-Milus Leprince. -miró hacia el ascensor- ¿Vas a tu trabajo? No quiero hacerte perder el tiempo.
-Oh, no. Todavía lo hay, aunque pienso renunciar hoy mismo. Ayudo en una farmacia, me he graduado de la universidad de medicina -dijo con cierto orgullo- ¿Ya terminaste?, ¿quieres venir a tomar un café conmigo?
-Eh...
-Vamos -lo haló del brazo.
Era extraño y curioso estar sentados en un local de café tomando uno con una completa desconocida, cierto, se llamaba Sunny, pero solo sabía eso. Milus comenzó a pensar entonces que no era buena idea estar ahí, era un simple chico de campo que no conocía del todo la vida ni las personas de la ciudad, pese a que había estado viviendo en Brimingtown por tres años. Su amigo no contaba en ese asunto, Aaron era Aaron, amigable, cariñoso y juguetón, algo torpe a veces, pero bueno. No todos podían ser así, y eso era algo que el mismo Aaron le había dicho hacía tres años cuando se mudó para comenzar sus estudios, "no confíes demasiado en la gente".
-Gracias por el café -atinó a decir, luego de algunos minutos en los que los dos no habían hecho más que disfrutar del sabor y sensación caliente.
-Gracias a ti por aceptar venir conmigo. Lo pensé en cuanto dijiste que estabas en la puerta de Jung pidiendo empleo, lo cierto es que necesito a una persona en casa -dijo entonces.
Milus entendió en ese momento por qué Sunny le había hecho aquella extraña invitación de tomar café, le estaba ofreciendo un trabajo.
-¿Quieres a alguien que limpie tu departamento?
-Mi mamá falleció hace ya cinco años, entre la universidad, el trabajo y cuidar de mi hermano, me es casi imposible atender como es debido nuestro hogar. Me gradué recientemente y ella no pudo verlo. -el chico se sintió mal por ello, él se quejaba de la vida que tenía, pero había personas con problemas peores-. Me ofrecen un trabajo en una comunidad no muy lejos de aquí, pero está fuera de Brimingtown. Mi hermano no quiere ir conmigo, ¿escuchaste lo que dije, no? - recordó la discusión fuera del departamento-. Es un inmaduro, siempre está encerrado amargándose y maldiciendo la vida que lleva.
-Pero tu hermanito debe entender los sacrificios que has hecho, no me imagino lo difícil que ha sido para ti cuidarlo después de que su madre muriera.
-Sí, bueno, él entiende por lo que paso. Es por eso que actúa así, cree que es una carga más para mí. Mi hermano sufrió un accidente, pronto se cumplirán tres años. Perdió la vista y al mismo tiempo la vida que llevaba; aceptar que mamá no está fue difícil, ya aprendíamos a vivir con ello, hasta que el accidente ocurrió.
-Aun así, no es su decisión -le daba la razón a Sunny.
-En realidad, él ya es mayor de edad. Cumplirá veintidós en febrero. -Milus estaba a semanas de cumplirlos también-. Me temo que no puedo convencerlo, y yo no quiero dejarlo, pero no hay otra manera, necesito el trabajo, si lo rechazo será muy difícil que me ofrezcan otro sin tener experiencia.
Podía entenderla. Esa mirada triste fue incluso peor. Milus era una persona que podía comprender los sentimientos de los demás, y de alguna manera, los sentía propios. Sunny estaba contándole sus penas y él sufría con ella.
-Tengo miedo de dejarlo. Cuando ocurrió el accidente, mi hermano intentó hacerse daño. Si no llego a tiempo muere desangrado. Si me voy ni siquiera será capaz de hacer su propia comida, se aventaría del balcón en la primera oportunidad. Se ha lastimado antes, es listo, aprovecha que estoy en el trabajo, también lo intentó cuando aún iba a la universidad; yo hablo con él, a veces lo entiende, pero luego se deprime y lo intenta de nuevo. -Sunny parecía decirlo muy en serio-. Marcus va a matarse si yo me voy.
Marcus. Milus conservó el nombre en su memoria. Ni siquiera lo había visto y ya sentía que conocía parte del dolor que llevaba por dentro. Por alguna razón quería ayudar a esa familia.
-Sé que puede parecer extraño, pero estos son mis motivos. Busco a una persona que pueda hacerse cargo de Marcus, ver que coma bien, que mantenga la casa limpia para evitar que sufra una caída, cuidarlo si enferma y hacerle compañía -dijo esto último con una sonrisa nostálgica-. Alguien que esté con él en mi ausencia.
-¿Alguien que esté con él? ¿Eso quiere decir...?
-Que de aceptar el trabajo, vivirás en nuestro departamento.
¿Vivir con otra persona? Era bastante inesperado y muy temerario por parte de Sunny; para pedir algo así debía estar desesperada, porque después de todo no era cualquier cosa, era abrirle las puertas de su departamento a una persona que no conocía y en la cual ponía la seguridad de su hermano en sus manos. Para Milus era perfecto.
-¿Y tu hermano está de acuerdo con esto?
-Él no lo sabe, pero se lo explicaré yo misma si decides aceptar. -Sunny lucía risueña esta vez.
Necesitaba una casa donde vivir, eso era seguro. Su padre probablemente lo buscaría en los negocios más comunes, también vería si había un tal Milus Leprince rentando algún apartamento en la ciudad; no encontraría rastro alguno si trabajaba para cuidar de un chico ciego viviendo en la misma casa. La suerte le sonreía esta vez.
-Me gustaría mucho, Sunny. Pero antes quisiera conocer a tu hermano, si no es molestia.
La sonrisa de la joven se volvió más amplia.
-¡Claro que no lo es! Ven a casa mañana para la cena, te lo presentaré. Él es un gran hermano, a pesar de todo. Hablaremos de tu paga también.
La observó. Ella parecía estar más tranquila después de haberle dado una respuesta. Milus había llegado hasta Sunny en el momento indicado.
-Tu verde es cálido.
-¿Cómo? -preguntó la joven, pues el joven había murmurado las palabras en sus labios.
-Nada. Estaré en tu casa mañana.
-Genial. A las siete y media te estaremos esperando. -Ambos se levantaron, el café se había terminado-. Gracias.
Después de despedirse y haber obtenido la dirección, Sunny se fue hacia su trabajo. Milus en cambio caminó a paso lento hacia el pequeño departamento de Aaron, luciendo una sonrisa tranquila. No podía esperar para que un nuevo día comenzara.
Milus platicaba recostado en el saco de dormir que les había prestado un vecino y amigo de Aaron, Casey, mientras este se lavaba los dientes en el baño que estaba dentro de la recámara. Después de dejar a Sunny, Milus había decidido volver al departamento para esperar a su mejor amigo y contarle todo lo que le había pasado en su intento de buscar un trabajo.
Le explicó con lujo de detalle toda su travesía hasta encontrar a Sunny, por lo que ahora se limitaban a dar su opinión sobre lo que pasaría con él de ahora en adelante. Si sus padres no lo encontraban, al menos en un futuro cercano, podría hacer una vida en Brimingtown.
-Con mi primer sueldo compraré un celular, así nos comunicaremos más seguido -dijo mirando hacia el techo, luego alzó su mano para alcanzar el celular de Aaron que descansaba en el buró.
-Me parece bien. Me preocupa que andes por ahí sin comunicación, podría pasarte algo y no lo sabría. -Aaron enjuagó el cepillo y lo guardó. Pasó entonces una toalla por su cuello y salió del baño para después frotarse la cabeza con ella-. ¿Qué haces?
-¿Quién es este chico? -Milus le mostró el celular desde su sitio en el piso-. Tienes la galería llena de...
-¡Dámelo! ¡No es nadie! Un simple tipo de la universidad.
-¿Es un maestro? -volvió a mirarlo, para ese momento Aaron ya se había lanzado sobre él para quitarle el aparato.
-¡Sí, de danza! -se lo quitó.
-Pero tú estudias música, ¿acaso es un tipo de romance platónico? -Milus mostró una sonrisa y lo miró con picardía.
Jamás, en el tiempo que tenía de conocer a Aaron, le había hablado de otro chico. Él, en cambio, le había contado todo lo referente a Sean Carter, aquel joven empresario que había visto algunas ocasiones en su pueblo natal. Desde el primer momento su corazón latió por él, lo seguía cuando tenía la oportunidad, y en uno de esos momentos, cruzaron algunas palabras. Estaba consciente de que Sean no lo recordaría si se volvieran a encontrar, pero aun así no podía olvidarlo. ¿Qué estaría haciendo ahora?
-No... -Milus arqueó una ceja-. Bueno, me parece atractivo.
-Se ve muy joven.
-¡Lo es! ¡Solo tiene veinticuatro años! Henry dice que es un genio. -Aaron pareció perdido por unos segundos, pero luego agregó-: Como sea, no tomes mi celular sin permiso.
-Tengo el síndrome del curioso. Tú tienes la culpa por no ponerle contraseña -Aaron le sacó la lengua-. ¿Y cómo se llama tu guapo profesor?
-Rob Covaci -Aaron se tiró en la cama. Esa sería la primera vez que hablaría con alguien más acerca de sus sentimientos por parte de aquel nuevo profesor de danza que había encontrado por accidente en su universidad.
***
Se sonrió al espejo con confianza. Faltaba poco más de media hora para el encuentro con los Kraft, pero ya estaba listo. Esa mañana despidió a Aaron y este lo animó deseándole la mejor de las suertes, que claro, Milus siempre tenía de su lado.
-Muy bien, estoy listo -dijo echándose un poco de perfume. Tomó las llaves de la casa, aseguró la puerta y salió.
Debía admitir que se sentía un poco nervioso. Sunny había descrito a su hermano como una persona inmadura, y le creía, después de todo los escuchó pelear y vio como un osito de peluche atravesaba la puerta y se estrellaba en la pared, ¿cómo había hecho eso? Se supone que no podía ver, ¿fue simple intuición? Necesitaba conocerlo para aclarar unas cuantas dudas.
Caminó hacia el departamento, que en realidad no estaba muy lejos de ahí, tal vez a poco más de diez minutos, mientras pensaba en qué podía hacer para acercarse a aquel chico. El cielo comenzaba a oscurecer, así que esperaba que la cena no se extendiera mucho para regresar en buen tiempo. Subió hasta el piso número siete y una vez que llegó tocó el timbre de la puerta trece. Vio al vecino salir de la puerta catorce, lo saludó con una inclinación de cabeza y volvió su vista al trece. Poco después escuchó pasos, y cuando la puerta se abrió lo recibió Sunny con una sonrisa de alivio.
-Por un momento llegué a pensar que no vendrías.
-¿Se me ha hecho tarde?
-¡Oh, no! Nada de eso. Después de lo de ayer, creí que había sido muy precipitado de mi parte pedirte vivir aquí -dijo la joven-. Pero pasa, estaba terminando la cena. Siéntate en el sofá un momento, le llamaré a mi hermano para que te haga compañía mientras termino.
Sunny llevó a Milus hasta la sala y casi lo obligó a sentarse. Miró alrededor con curiosidad, no era un departamento lujoso, pero sí más grande de lo que había imaginado. Mientras esperaba sintió la presencia de algo más frotándose en sus piernas. Un gato de pelaje naranja maulló volviendo a rascarse en su pantalón. Sonrió, iba a tocarlo cuando escuchó voces.
-No quiero.
-¡No puedes quedarte aquí y dejar a Milus solo! -esa era la voz de Sunny.
-Estará contigo -esta voz era más gruesa, gruñona, sin duda el hermano de Sunny.
-¡Eres imposible, Marc! ¡O sales ahora mismo o juro que voy a tirar el teclado por la ventana! -Se escuchó un portazo, luego Sunny apareció con una sonrisa de oreja a oreja- ¡Ya viene! Si gustas pasar al comedor, serviré enseguida.
Milus asintió, luego tragó saliva. A decir verdad, le estaba dando un poco de miedo, estaba más que claro que el tal Marcus no lo quería ahí, no parecía estar de acuerdo con la idea de su hermana, y él no podía quedarse en un lugar donde no era bien recibido. ¿Por qué tenían que ser así las cosas? Siempre había tenido buena suerte, en muchas ocasiones, cuando se sentía acorralado, la suerte le sonreía. Y ayer había encontrado a Sunny en un momento de necesidad, pero ese tipo gruñón no lo quería ahí, ¿qué debería hacer, marcharse?
Suspiró. Dio una leve caricia al gato en su cabecita y después dejó de hacerlo cuando el animal salió huyendo lejos de ahí. Miró al frente y se encontró con una figura alta, cabellera castaña, casi oscura, y ojos marrones tan vacíos como un pozo sin fondo. La expresión en sus labios era evidente, casi podía ver desde su distancia las arrugas que provocaba el gesto de apretar su boca en una clara mueca de molestia.
-Hola -se atrevió a pronunciar, pero en cambio no recibió respuesta.
Lo miró con más detenimiento. Llevaba un suéter blanco, jeans azules y gastados, el cabello enmarañado y no tenía zapatos. Era más que obvio que jamás estuvo en sus planes salir a recibirlo. La amenaza de Sunny había surtido efecto.
-¿Tú eres Marcus?
-¿Ves a otro ciego por aquí? -Milus entornó los ojos, una sola frase y ya lo había puesto nervioso.
-Me llamo Milus -se levantó y fue a su encuentro, extendió su mano con simpatía. Marcus no hizo ningún movimiento, entonces el joven agitó su cabeza al recordar que él no veía, así que tomó una de sus manos haciéndolo sobresaltar-. Mucho gusto.
Marcus se soltó, claramente incómodo, por la sorpresiva muestra de confianza. En ese momento, Sunny apareció.
-Ya está servido. Pasemos, que se enfriará. -La chica escaneó a su hermano- ¡Marcus, ponte zapatos!
***
No recordaba tener antes una cena de lo más incómoda. Sunny solía hablar para cortar la tensión, pero ninguno de los dos opinaba mucho. Milus se dedicaba a asentir y mencionar alguna frase de vez en cuando, al contrario de Marcus que no decía nada, solo masticaba sin darle la menor importancia a la plática. Pero entonces, Sunny tocó el tema por el cual estaban ahí.
-Me marcharé en una semana. -Milus vio como el castaño dejaba de mover el cubierto en su plato-. Me voy a Judae.
-¿Judae? -casi tira la comida de su boca- ¡Soy de Judae!, es una comunidad pequeña, muy pacífica.
-¿De verdad? Es una gran coincidencia -dijo Sunny con sorpresa.
-Es un pueblito, pero tiene lindos paisajes. Te gustará. No estamos atrasados con la tecnología, aunque tampoco esperes mucho si estás acostumbrada a esta gran ciudad.
-Estaré bien, voy a trabajar, no a perder el tiempo.
-Debes estar desesperada por irte -dijo de pronto Marcus-. Después de todo, has cuidado de mí desde la muerte de mamá. Yo también me iría si tuviera que hacerme cargo de alguien como yo.
-Marc, basta -pidió su hermana.
Milus pasó la vista a él, quien parecía estar apretando los dientes. Sus ojos no podían ver, pero reflejaban su malestar ante la situación. No solo era el sentirse vacío sin nada más que el sonido para recordarle que seguía vivo, sino también esa energía tan negativa que portaba, dolor, odio, molestia y apatía. Era un joven afectado por todas sus emociones. El negro cubría todo su espíritu.
Apartó la vista de él, mareado por esos sentimientos. Nunca se había sentido así al observar a alguien.
-No quiero dejarte, pero necesito trabajar. El dinero que dejó mamá se acaba, la casa no va a mantenerse sola. Necesito el trabajo -explicó ella-. Judae no está tan lejos, vendré a verte los fines de semana. Milus se quedará contigo mientras no esté.
-¡No quiero a nadie! -se levantó de la silla y golpeó la mesa. Los platos, vasos y cubierto tambalearon.
-¡¿Y qué vas a hacer solo?! Necesitas compañía. Milus cocinará para ti, mantendrá la casa limpia mientras tanto. Tienes que convivir con las personas, no puedes estar encerrado siempre. Jude no puede quedarse tanto tiempo y lo sabes.
-Entonces solo vete -sus palabras dolieron. Milus bajó la mirada, aunque Marcus no podía verlo, imponía su presencia y de cierta manera le atemorizaba.
Empujó la silla hacia atrás y caminó hacia el pasillo de regreso a su dormitorio. Milus descubrió entonces que Marcus había memorizado dónde estaba cada cosa y los pasos que debía de dar para llegar a cierto lugar.
-Y ese es mi hermanito -finalizó Sunny, dando por terminada la pelea.
-Es muy... dulce -dijo sin saber qué cumplido hacerle, más bien había sonado como sarcasmo. Sunny se echó a reír.
-Es un ogro en menstruación. -La acompañó en su risa-. Tendré que irme, aunque no quiera. Lo que dije no es mentira, el dinero se agota, necesito trabajar lo más pronto posible. -La preocupación era evidente en su rostro.
-Tu mamá murió. No quiero ser indiscreto, pero ¿qué pasó con su papá?
La pregunta quería hacerla desde ayer que la conoció, pero no le pareció prudente. Sunny en cambió no lució molesta, pero sí dio un suspiro.
-Papá es médico, él y mamá se divorciaron hace mucho tiempo. Antes solía venir a visitarnos, pero Marcus lo echó un día -contó.
-¿Lo echó?, ¿por qué?
-La novia de Marc, o más bien su exnovia, sale con papá. -Milus llevó una mano a su boca sin poder creerlo-. Ella lo dejó pocos meses después de que quedara ciego. Un día llegó de visita y ella lo acompañaba, él esperaba que Marcus la aceptara y lo entendiera, ¿puedes creerlo? Salir con una mujer que podría ser tu hija y encima ser la exnovia de tu hijo. Papá no tiene vergüenza. A mí no me interesa lo que haga, pero no quiero que venga aquí a dañar a mi hermano. Estaba mucho mejor sin saber nada de ella.
Él no dijo nada, pero imaginaba lo duro que debió ser para Marcus. Ahora lo compadecía un poco, ese carácter de mierda era por algo.
-Voy a guardar todo, perdón por esta cena tan desastrosa, Milus.
-No te preocupes. Te ayudaré a guardar.
-No, no, por favor. Quiero distraerme un poco, no quiero que se te haga tarde -. El chico negó.
-Insisto. Es un agradecimiento por la rica cena.
Milus ayudó a Sunny a juntar la mesa y a secar trastes mientras ella los lavaba. Tuvieron más tiempo para conversar y hablar de sus vidas. Milus no dijo mucho de sus padres, pero le habló un poco más de su pueblo natal. En poco tiempo terminaron.
-Me iré entonces, pero antes -Milus sabía que podía ser una mala idea, pero no quería irse con ese mal sabor a derrota-, me gustaría hablar con tu hermano un momento.
-¿Seguro?, lo has visto, no es muy amable cuando se enoja.
-Estaré bien. Si viviremos juntos, tengo que comenzar a tratarlo.
-Como quieras, segunda puerta a la derecha -dijo-. Estaré pendiente de cualquier grito -bromeó.
Agradeció y caminó hacia el pasillo. El gato se mantuvo a su lado esperando un poco de atención. Se detuvo en la puerta y tocó con suavidad. Nada. Volvió a tocar y la respuesta fue la misma.
-Soy Milus, ¿puedo pasar?
Silencio. No se daría por vencido. Abrió la puerta con cuidado sin esperar permiso alguno. Cuando entró buscó el interruptor de luz, lo encendió y descubrió que la habitación estaba vacía. Cerró la puerta tras de él, el gato había preferido no pasar de ahí.
Miró la recámara, había una cama simple con dos burós en cada lado, un escritorio de madera con un teclado electrónico sobre él, un pequeño armario con puerta corrediza y cajones, y una única ventana con las persianas cerradas; el cuarto tenía alfombra. No había mucho más, excepto una puerta. Se sentó en la cama. Su vista se fijó en una sola fotografía mal colocada de una mujer mayor en el escritorio, debía ser su madre.
Aquella puerta que no revisó se abrió de pronto. De ella salió Marcus, pero no de la manera que esperaba. Milus tuvo que taparse la boca para que ningún grito pudiera oírse. El castaño había salido completamente desnudo.
Hipó. Por suerte el sonido no se escuchó lo suficiente. Marcus se paseó por la habitación ignorando que tenía una visita no requerida. La vista de Milus pasó de su pecho a su pelvis, después a... Cerró los ojos con fuerza.
Eso no podía estar pasando, no podía, no podía... pasaron unos segundos. Poco a poco volvió a abrirlos; Marcus ahora secaba su cabello castaño sin darse por enterado de la presencia de alguien más. Milus entonces se vio contemplando ese cuerpo. Nunca antes había visto a un chico desnudo, ni siquiera había imaginado a Sean, pero ahora, sin pedirlo, tenía a uno a menos de dos metros de distancia. Sus ojos se abrieron cuando él se tocó aquella área por unos segundos. Enrojeció, necesitaba salir de ahí.
De pronto Marcus se detuvo. Cerró sus ojos unos segundos para después abrirlos y girar en su dirección. Se fue acercando hasta posicionarse enfrente y muy cerca de él, entonces lo vio aspirar con fuerza, ¿sabía que estaba ahí? ¡Su perfume!
-¿Qué haces en mi habitación?