El sol hacía notar su presencia brillando cada vez con más fuerza mientras se alzaba en el cielo despejado, salí de casa sintiendo los rayos del sol sobre mí. Sonreí ante la calidez de ellos, cerré mis ojos inclinando mi cabeza a un lado, un día soleado en invierno era lo mejor. La nieve se encontraba intacta en el suelo, los árboles estaban bañados con capas blancas, dejé salir el aire de mi boca notando el vapor que salía de ella.
El invierno era mi estación favorita, pero a la misma vez la odiaba, traía muchos recuerdos, el frío parecía entrar en mi cabeza para encargarse de traer de regreso los buenos momentos de mi infancia. Suspiré sacudiendo la cabeza.
-¡Finalmente algo de sol! -exclamó mi prima Becca mientras extendía los brazos disfrutando de los rayos del sol. La reproché con la mirada y rodeó los ojos-No hay nadie cerca, Mía. Es de día, ¿Recuerdas?
Regresé adentro, la sala era nuestro lugar para dormir, cada noche solía quedarse despierto uno de nosotros para vigilar. Las criaturas nocturnas no lograban entrar a los hogares si estaba habitada por alguien y si llegaba a poner un pie adentro era con el permiso de una persona. Muy típico en las películas de vampiros que solía ver a los seis años, era muy curiosa.
Incluso sabiendo eso preferíamos tener alguien que pudiera avisar cualquier movimiento extraño, odiaba patrullar, pasaba todo el día con ojeras y durmiendo en cualquier lado.
Caminé hacia la esquina de la sala, justo al lado del televisor y del sofá, mi madre seguía durmiendo al igual que los demás. Éramos un grupo de ocho personas, demasiado grande en mi opinión, odiaba estar entre tantas personas, pero si quería seguir respirando tenía que hacerlo. Mi madre, Carmen y Lorenzo eran los adultos, luego seguían la hija de Carmen, Zara quien tenía 25, Mía Hall, ósea yo con 18 y mi prima Becca de 15 años. Éramos las tres chicas del medio, los dos más pequeños eran los gemelos Denis y Dany, tenían 12 años y eran huérfanos desde hace un año que los encontramos.
Carmen insistió en que no podíamos dejarlos solos. Revisando mi bolso noté las pocas galletas dulces que quedaban, algo de comida en lata, tres botellas de agua, fósforos, un cuchillo pequeño muy filoso que Lorenzo me había dado hace meses y la manta para la noche. Hice una mueca de desagrado, revisé los demás bolsos confirmando el hecho que debíamos ir por alimentos y quizás algo de ropa para el invierno.
-¿Qué sucede? -preguntó Becca al verme arrodillada en el suelo terminando de revisar el bolso de Denis.
-Debemos ir por más comida y agua-me levanté recogiendo mi cabello en un moño.
-¿Es necesario? -miró a los chicos durmiendo.
-Si fuéramos menos en el grupo entonces no lo sería.
La ciudad permanecía en silencio, los autos abandonados estaban en cada esquina o rincón de las calles, algunos edificios se mantenían en buen estado, pero otros comenzaban a perder su buena presentación. Recuerdo los gritos de los vecinos esa noche de hace trece años, recién había cumplido los seis años, mis padres estaban en la sala viendo televisión mientras que mi hermano y yo no podíamos dormir.
Escuchaba gritos desgarradores, sin soportarlo más, bajé con mi hermano encontrando a mi madre cerrando con seguro las ventanas y las puertas. Sus palabras fueron claras "Debemos irnos, rápido". Recuerdo haber subido rápidamente los escalones, miraba a mi hermano guardar todo en un bolso, intentaba imitarlo con la misma velocidad, mi corazón latía rápidamente con cada grito que parecía acercarse más.
-¿Qué está pasando afuera, papá? -pregunté mirándolo. Tenía un bolso más abultado que el mío. El televisor estaba encendido, podía escuchar a la mujer de las noticias decir que permaneciéramos en casa.
-No te preocupes, cariño-se acercó cargándome en sus brazos. Esa noche salimos de casa, el auto encendió sin ningún esfuerzo, cuando las ruedas se colocaron en marcha noté que la mayoría de los vecinos hacía lo mismo que nosotros...dejaba todo atrás.
No pudimos escapar ni alejarnos lo suficiente, el auto había perdido gasolina a los pocos minutos, el tanque estaba vacío por completo, siempre recuerdo el silencio incómodo que se hizo cuando bajé del auto. Todo pasó en cámara lenta y entonces entendí la razón de los gritos, sombras oscuras se abalanzaban sobre las personas devorando sus cuellos, nunca olvidé la sangre que corría y por eso ahora la aborrezco, el sólo verla me marea por completo.
Mi padre y mi hermano no sobrevivieron la primera noche del ataque, mi madre se encargó de mí aferrándose a lo único que le quedaba.
Normalmente no nos encontrábamos con otros grupos, cuando eso pasaba nadie parecía colocarle atención porque todos buscábamos algo: Comida, refugio, ropa y encontrar la forma de seguir viviendo.
-¿Estás bien, cariño? -susurró mi madre junto a mí.
-Sí, sólo pensaba-intenté alejarme antes de que preguntara. Al llegar a una de las tiendas cada uno tomó un pasillo, me apresuré en recoger más botellas de agua y algo de latas de refresco. Mientras guardaba todo en mi bolso, sentí odio hacia aquellas criaturas.
A mis dieciocho años nunca he tenido que asesinar una de esas cosas, mi madre se encargaba de protegerme y cuando quería correr no lo hacía. Era el error más grande que podía cometer. Lorenzo llegó al grupo cuando tenía diez años, él mismo me había dado cinco reglas que nunca he desobedecido:
La primera: Nunca salgas sola de noche y si es posible, nunca salgas de noche.
Aquellas criaturas eran ágiles en la oscuridad, a diferencia de los humanos, ellas adoraban todo lo oscuro y lo tenebroso.
La segunda: Tener cerca algo que provocara o ayudara a crear fuego.
El fuego era la mejor arma que hasta ahora es efectiva. Los puede acabar en un segundo.
La tercera: La oscuridad nunca es buena, sus ojos pueden verte a través de ella.
La misma Carmen lo había comprobado, cuando su esposo falleció por culpa de uno de ellos, se quedó quieta en un rincón controlando forzadamente la respiración, aquella criatura de la noche la veía con sus ojos brillantes, pero no la asesinó. Nunca supe si tuvo suerte de estar viva o mala suerte de ver a su esposo morir.
Cuatro: Comida y agua nunca debe faltar.
Y la última: Nunca debes correr o ellos te atraparán con facilidad, la solución a eso es...matarlos con fuego.
En ocasiones sentía curiosidad por ver uno de esos, incluso cuando mi padre y mi hermano murieron nunca pude verlo. Mi madre se encargaba de protegerme como siempre. Supongo que ahora era un poco más fría y escondía los sentimientos. Becca había llegado a nosotros por gran casualidad, me sorprendió que no la asesinaran, pero entonces recordaba algo: Ser fuerte y valiente no quiere decir que eres un experto en supervivencia.
Según Zara, ella no los llamaba criaturas, los llamaba como realmente eran: Demonios. A pesar de mantenerse en silencio la mayor parte del tiempo, su mente era interesante. Sé que tenía curiosidad por esos "demonios" como le dice, ella misma había dicho tener ganas de estar en el centro de ellos y saber cómo sobreviven si los humanos estamos en gran escasez. No sólo en este lugar, en todo el mundo. Algunos países están sin vida alguna.
Denis decía que esos demonios al vivir de la sangre no podían eliminar a toda la raza humana, debían tener un control con la alimentación si querían seguir viviendo, ahí era donde su hermano Dany intervenía añadiendo que sin sangre humana podían enloquecer y asesinarse unos con otros, tal como los humanos hacían cuando existía el "verdadero mundo".
Muchas veces pensaba que los humanos y esos demonios no eran diferentes a nosotros, ambos asesinaban por placer, asesinaban por necesidad, eran malvados, crueles, despiadados, destructores y amantes del poder. ¿Acaso los humanos no somos así? ¿Cuántas cosas no hemos destruido? ¿Ahora después de tantos años debemos seguir culpando a los demonios cuando en miles de años hemos hecho lo mismo?
Era una pequeña conexión que mi mente había hecho y que no me había atrevido a decir en voz alta.
-Está oscureciendo, deberíamos volver-dijo Lorenzo al terminar de beber su soda. No habíamos podido recoger mucho de la tienda ya que la mayoría de las cosas estaban dañadas por el tiempo. Zara comenzaba a decir que las cosas empeorarían más sin comida ni agua, no podíamos siquiera alimentarnos de alguna caza por el bosque. Los animales habían desaparecido más rápido que los humanos, todo por culpa de los Demonios nuevamente.
Por un tiempo estuvimos alimentándonos de animales, era asqueroso, al menos para mí. No podía ver que Lorenzo los lastimaba porque de inmediato me abalanzaba sobre él ayudando al pobre animal a escapar, a los demás no parecía importarles, mi madre en esas ocasiones prefería irse lejos para no escuchar ni saber nada de lo que pasara. Intentaba imitarla, pero no podía permitirlo.
El sol comenzaba a ocultarse entre los edificios, las sombras se hacían más presentes lo cual no era buena señal estando nosotros fuera de casa. Todos nos colocamos en marcha moviendo las piernas rápidamente, Becca se encontraba de última, mi madre hablaba con Carmen mientras avanzaban detrás de Lorenzo y los niños.
-¿Estás bien? -susurré caminando a su paso.
-¿De nuevo estás pensativa, Becca? -Zara apareció ubicándose a su izquierda dejándola en medio de nosotras.
-¿No extrañan salir por las noches sin temor de ser asesinadas? -nos miró-Mi madre solía contarme como las noches normales eran las que indicaban la hora de dormir, las que daba permiso a los adolescentes de hacer cosas prohibidas...
La madre de Becca había fallecido cuando sólo tenía ocho años, su padre las había dejado cuando se enteró que tendría una niña, algunas veces entendía sus estados de ánimo, la vida había sido muy injusta con ella.
-Supongo que sería mejor morir en vez de seguir viviendo en esta ciudad-susurró Zara con un pesado suspiro.
-No digas eso.
-Tiene razón, Mía-defendió Becca mirándome-Esas criaturas ganaron, mira lo que han hecho a todo el mundo, ¿Crees que unos pocos humanos podremos vencerlos?
-Sé que hemos perdido mucho en nuestras vidas y que todos hemos perdido para siempre a las personas que queríamos-dije y añadí-Zara perdió a su padre, Lorenzo perdió a su esposa y su hija, Denis y Dany perdieron a sus padres, yo perdí a mi padre y mi hermano-miré a Becca-Tú perdiste a tu madre, todos estamos sobreviviendo a esto porque no nos daremos por vencidos.
-¿Acaso sirve de algo seguir luchando con esta porquería de vida? -me sorprendió escuchar eso de su parte.
-Estamos unidos en esta porquería de vida, como tú le dices-la detuve tomando su brazo-Becca, mírame. No estás sola, ninguno de nosotros lo está, algo bueno pasará.
-¿Cómo lo sabes?
Zara miró la escena sin abrir la boca lo cual agradecí.
-Esa es la respuesta, no lo sé.
Todos estaban en su sitio para dormir, lo bueno de las casas era el agua tibia, las tuberías seguían funcionando y el agua seguía corriendo como si el mundo nunca se hubiera acabado. En la ducha intentaba no pensar mucho en Becca, sé que tenía razón, todos lo sabíamos, estaba segura que hasta mi madre ha pensado en dejar de sobrevivir, en dejar de seguir luchando contra esas criaturas.
Me vestí con algo que me mantuviera protegida del frío, los gemelos se encontraban dormidos profundamente, Carmen hablaba con Zara en susurros, Lorenzo se dirigía al baño mientras que mi madre comía algunas galletas con Becca. El cabello rojizo de mi prima se encontraba mojado, caía de forma lisa hasta su cintura, sus ojos eran de un color chocolate, en el sol brillaban llenos de vida, pero en la oscuridad...eran vacíos.
-¿Quieres un poco? -ofreció mi madre un pequeño paquete de galletas saladas.
-Sí-extendí mi mano tomándola. No perdí el tiempo en abrirla y darles un mordisco.
-Carmen y yo acompañaremos a Lorenzo mañana.
-¿A dónde irán? -preguntó Becca antes que yo.
-Quiere ver si encontramos algo para cazar, no tenemos mucha comida y eso le preocupa-cerró el paquete guardándolo en su bolso-Zara se quedará con ustedes.
-Podemos revisar otras tiendas, quizás encontremos más cosas-propuse. Sonrió con dulzura acariciando mi cabello-Pensé que no te gustaba lastimar a los animales, mamá.
-No me gusta, pero no podemos morirnos de hambre, Mía-rodeé los ojos-¿Qué haremos cuando la comida deje de servirnos? Tú misma observaste esa tienda, la mayoría de las latas están dañadas por el tiempo.
-No voy a comer carne de un pobre animal-dije entre dientes sonando segura.
-¿Morirás de hambre por fingir ser buena? -intervino Becca siendo cruel.
-¿Quieres ser salvaje como esas criaturas? -contraataqué. Sus ojos oscuros por la falta de luz, brillaron de rabia y enojo.
-Si queremos sobrevivir debemos hacerlo.
Gruñí maldiciendo mentalmente, odiaba que usara mis palabras contra mí. Me levanté alejándome de ellas, decidí acomodarme en una esquina de la sala, cuando todos estuvieron cubiertos por las mantas y la noche se hizo más densa, me cubrí bien con la manta quedando despierta. Era mi noche de guardia.
Desperté cuando escuché algo crujir, parpadeé un par de veces colocándome alerta. Miré disimuladamente y con cuidado por la ventana, todo estaba tranquilo. Regresé mi vista a los que dormían, el espacio de Becca estaba vacío. No escuchaba sus pasos por ningún rincón de la casa, me levanté tomando mi chaqueta y mis botas para la nieve, volví a ver por la ventana localizándola.
¡¿Qué demonios hacía caminando sola en la noche?! ¿Acaso no recordaba las reglas?
Me acerqué hacia Lorenzo, era el que mejor sabía luchar. Cuando le conté sobre Becca, se levantó de inmediato abrigándose y colocándose sus botas. Tomó una ligera linterna entregándomela, se aseguró de tener los fósforos en su bolsillo, tomó una de sus camisas rompiéndola, saliendo de casa lo miré envolverla en un palo de madera que había en la nieve. Al hacer contacto con el fuego hizo una antorcha.
-¿Dónde viste que caminaba?
-Por aquí-señalé indicándole el camino. El vecindario se encontraba en gran silencio, la oscuridad estaba presente en cada rincón, no había luna en el manto oscuro que pudiera iluminarnos, Lorenzo se mantenía detrás de mí atento a cualquier ruido, la nieve tenía las pisadas de Becca, intentaba no perder el rastro, a los pocos segundos, no me sorprendió saber que se dirigían al bosque pasando los árboles de un jardín.
-¿Qué cree que está haciendo?
-No lo sé-mentí. No pensaba contarle sobre mi conversación con ella.
Esta vez dejé que fuera adelante, miraba el suelo con gran esfuerzo teniendo cuidado de no tropezar. Cuando comenzaba a pensar que la habíamos perdido, Lorenzo soltó un pequeño suspiro de alivio al verla.
-¿Qué demonios crees que haces, Becca? -reprochó.
-¿Qué están haciendo aquí? -nos miró deteniéndose en mí-¿Tenías que venir a rescatarme?
-Estamos salvándote de una muerte segura.
-¿Qué haces aquí? -repitió Lorenzo permaneciendo serio y con la antorcha en alto.
-Intento acabar con esto, deberían irse-antes de que se alejara pudo tomar su brazo con fuerza-No puedes negarme el derecho a morir.
-No seas estúpida, ¿Enserio crees que vamos a dejarte aquí?
-Becca, por favor, regresemos a casa-pedí algo nerviosa. La densidad del bosque me colocaba tensa, estábamos en territorio de esas criaturas y ella lo sabía perfectamente.
-No voy a regresar-intentó soltarse de Lorenzo-Voy a gritar y ellos vendrán, váyanse ahora-repitió amenazante.
Con la leve luz de la antorcha noté el silencio incómodo, la tensión creció, los árboles dejaron de moverse y los arbustos también. Entonces lo sentí, alguien estaba mirándonos.
-Lorenzo-susurré con un hilo de voz que debí repetir su nombre-Lorenzo.
No hizo falta indicarle lo que sucedía, tanto él como Becca hicieron silencio. Fue el perfecto momento para que mi prima se soltara y saliera corriendo.
5. Nunca debes correr o ellos te atraparán con facilidad.
Por instinto la seguí escuchando a Lorenzo detrás de mí, no iba a dejar que muriera así, no iba a dejarla tan fácilmente. Fue cuestión de minutos para darme cuenta que corría en la oscuridad sin tener cuidado de tropezar o resbalar por la nieve, mi corazón latía con fuerza mientras no perdía de vista a Becca, era rápida pero no tanto como yo. Extendí mi mano para tomarla de la chaqueta, pero antes de que eso pasara algo me empujó al suelo golpeándome en las costillas robándome el aliento, jadeé buscando aire, intentaba respirar, pero dolía, alguien se acercaba, intenté levantarme, pero no pude.
-¿Mía? -era Becca-¿Estás bien? Vi que algo apareció y...
-Estoy bien-la interrumpí costosamente.
-¿Puedes levantarte? Ven-me ayudó mientras con esfuerzo respiraba-¿Dónde está Lorenzo?
-No lo sé. Debemos...volver-aclaré mi garganta apoyándome en ella.
-No puedo ver nada, no sé a dónde ir-casi podía oír sus sollozos ante la preocupación-Lo siento, no debí venir, es mi culpa...-caí al suelo sin terminar de escucharla. En un instante estaba sola, algo se la había llevado-¿Becca? -no podía gritar. Sentía el frío de la nieve introducirse en mi cuerpo, mi corazón latía con fuerza haciéndome respirar un poco rápido-Mierda.
Me coloqué de pie tambaleándome, coloqué mi mano en mis costillas haciendo una mueca de dolor, miré alrededor sin saber a dónde ir. Respiré hondo un par de veces calmando mis pensamientos, recordé la linterna que Lorenzo me había dado, la tomé encendiéndola, no tenía fósforos ni algo que provocara fuego, necesitaba encontrar la manera de esconderme hasta que amanezca, avanzando me detuve, negué con la cabeza. Lo primero era encontrar a Becca.
Iluminé la nieve con la luz de la linterna, debía haber huellas o pistas que me ayudaran, el dolor en mis costillas aumentaba con el frío, el respirar aliviaba y alteraba el daño. No sé cuánto tiempo pasé caminando, estaba temblando cuando diminutas gotas rojas se encontraban sobre la nieve. Me acerqué notando el tronco de un árbol manchado de sangre, las náuseas aparecieron en mí, subí la luz de la linterna por el tronco encontrando una desagradable sorpresa. En una de las ramas colgaba su cuerpo, la garganta estaba completamente abierta y todo su cuerpo estaba bañado en sangre.
-Oh, Dios-vomité sin contenerme. Todo me daba vueltas, mi vista se tornó borrosa, me alejé del árbol sin poder verlo de nuevo. El cuerpo de Lorenzo se encontraba muerto y sin vida, como una bolsa de sangre goteando. Al recuperarme me incorporé encontrando una sombra frente a mí, justo al lado del árbol donde estaba mi amigo muerto.
Habían asesinado al que mejor sabía luchar del grupo, probablemente habían asesinado a mi prima y ahora yo terminaría siendo comida de ellos en el bosque. Imaginaba a mi madre despertando preocupada sollozando por la muerte de su hija. Becca tenía razón...
¿De qué servía sobrevivir si ellos eran más fuertes?
Mis ojos se abrieron poco a poco, todo estaba muy oscuro, fruncí el ceño algo adormilada. ¿Todavía era de noche? Mi mente no tardó en traerme imágenes del bosque preocupándome, el sueño salió de mi cuerpo de inmediato permitiéndome estar alerta. Miré alrededor notando la habitación, las ventanas estaban cubiertas por tablas de madera, no podía saber si era de día o de noche.
Toqué mis muñecas, mi cuello, mis brazos y cada parte de mi cuerpo asegurándome de no tener ninguna mordida o alguna marca que indicara algo. Todo parecía estar bien, me levanté apoyando mis botas en el suelo. La cama era algo grande para una sola persona, las paredes estaban desgastadas, la pintura comenzaba a caerse dándole un aspecto tétrico. ¿Cómo había llegado allí?
Caminé hacia la puerta girando el pomo lentamente esperando que alguien viniera a impedirlo, salí de la habitación notando las demás ventanas iguales, ¿Quién habría hecho eso? ¿Dónde estaba realmente? Lo más importante: ¿Quién me había traído? Intentaba recordar, pero todo se tornaba borroso y confuso. Avancé hacia las escaleras bajando con cuidado, no escuchaba nada, ¿Estaba sola en la casa? ¿Dónde estaban todos? ¿Y Becca? ¿Estaría bien?
La puerta estaba frente a mí, podía irme sin problema. Fui hasta allí para salir, pero me detuve al escuchar algo en la cocina. Mi corazón se aceleró un poco haciendo que mi pecho doliera, alejé mi mano del pomo caminando lentamente a la cocina, pasando el umbral, me quedé quieta y conteniendo la respiración. El refrigerador estaba lleno de sangre, el suelo tenía un charco increíblemente grande, el color rojo intenso comenzaba a marearme, cubrí mi boca con mi mano.
Con paso inseguro me acerqué para ver el cuerpo que debía estar allí, en efecto, había un cuerpo, pero sobre él había otro y éste estaba vivo. Mi mente se colocó en blanco, dejé de moverme, de respirar, de parpadear y hasta dejé caer mi mano. Era un hombre, no se percataba que estaba mirándolo alimentarse.
Dios mío, frente a mí estaba una criatura de esas. Dieciocho años para poder ver una.
Se levantó cuando terminó el banquete, su espalda era ancha, sus brazos se notaban fuertes a través de la camisa manga larga que llevaba, era mucho más alto que yo, su cabello tenía un color rubio muy atractivo, era muy corto y lo llevaba perfectamente arreglado. Escuché una risa amarga y a la vez dulce, no era mía, era de él.
-¿No deberías estar descansando, Mía?
Di un respingo al escucharlo decir mi nombre, retrocedí sabiendo que era inútil. Mis manos se tornaron frías mientras mi mente comenzaba a intimidarme con imágenes falsas de torturas y muertes.
Se giró mirándome, su camisa tenía manchas de sangre por el pecho y por su cuello, sus ojos eran verdosos. Parecía muy normal de no ser por la sangre.
"Son iguales a nosotros físicamente, ¿Lo olvidas?"
Sin responder aún, miré el cuerpo del suelo, se interpuso para que volviera a mirarlo. Su mirada era seria e intimidante, como si intentara asustarme más, se acercó, pero retrocedí otro paso. Sonrió de lado teniendo sus labios y la barbilla llena de sangre.
-Quítate la chaqueta-ordenó.
Abrí mi boca para decir algo, pero no lo logré.
-No creo que quieras que yo lo haga, ¿O sí? -sonrió esta vez con malicia.
Mis manos temblaban cuando me deshice de la chaqueta dejándola a un lado, mi corazón volvió a latir cuando se acercó nuevamente, antes de retroceder me detuvo. Subió mi camisa provocando escalofríos en mi cuerpo, sobre todo cuando sus manos casi rozaban mis pechos, estaba mirando algo, pero no entendía que era, al bajar mi vista lo comprendí.
Una venda abrazaba mis costillas protegiéndolas, no me había fijado en eso, volví a ver al supuesto "Demonio", ¿Él me había curado?
-¿Te duele al respirar? -sus ojos hicieron contactos con los míos. Eran tan humanos. Me había olvidado de responder-Supongo que no-su rostro se tornó serio bajando de nuevo mi camisa, sus dedos rozaron mi piel, no eran frías ni calientes, era la temperatura natural de un humano. Se acercó hacia el cuerpo en el suelo y lo levantó como si se tratara de un cuaderno, mientras salía de la cocina notaba la sangre goteando. Recordé el cuerpo de Lorenzo colgando de una rama, tuve que sentarme en el sillón polvoriento antes de que cayera al suelo.
El hombre regresó con el mismo rostro serio, era muy atractivo de no ser porque hace minutos lo vi bebiendo sangre, su voz era algo ronca, pero a la misma vez...dulce. Quizás estaba imaginando cosas, ¿Qué iba a hacerme ahora? ¿Por qué me trajo aquí?
Se sentó en el sofá limpiando la comisura de sus labios y la barbilla con la punta de sus dedos, aparté la mirada cuando los llevó a su boca. De nuevo escuché su risita sarcástica y amarga, necesitaba hablar. Tenía demasiadas preguntas en mi cabeza.
-No pareces asustada de estar frente a mí-noté algo de arrogancia en su voz. Miré sus ojos verdosos mostrándome seria-Al igual que no pareciste histérica de que estuviera alimentándome de uno de los tuyos-levantó una de sus cejas al ver que seguía sin responder-Puedo ver que la otra chica y tú son muy diferentes.
Becca. Dios mío, Becca.
-¿Está viva? -no resistí el impulso de preguntar, sonrió de lado manteniendo su vista en mí.
-Comenzaba a pensar que te habías quedado muda de la impresión.
¿Enserio este tipo no podía ser más arrogante y sínico? Si eso quería creer, bien, que lo hiciera. Mi preocupación y atención debía estar en Becca.
-¿Sigue viva la otra chica? -insistí.
-No lo sé-se encogió de hombros molestándome un poco.
-Dijiste que éramos diferentes, ¿Qué le hicieron? -mis manos descansaban en mis muslos, las sentía tensas, pero se mostraban relajadas, mi cuerpo era el que estaba en completa alerta a pesar de estar indefensa y sin ningún arma cerca. Quizás si lograba correr a la puerta y salir a la luz...
5. Nunca debes correr o ellos te atraparán con facilidad.
Mala idea entonces. El fuego no servía en esta situación porque no tenía nada que usara para provocarlo.
-Creo que debe estar como tu querido amigo, el que estaba colgado del árbol-intenté no pensar en ello. No quería mostrarme débil-Debo decir que los chicos hicieron un gran espectáculo contigo.
-¿Conmigo?
-Escuchaste bien-se inclinó hacia adelante-Y no te preocupes, sanará pronto-señaló mis costillas-Necesitaba seguirles el juego para que creyeran la trampa.
-¿Tú me golpeaste y ahora te disculpas? -fue mi turno de mirarlo incrédula.
-¿Quién dijo algo de disculparse? Te estoy diciendo que sanará, es todo.
-¿Dónde está mi prima? -exigí saber obstinándome de esta conversación.
-Eres muy valiente al retarme, Mía-se levantó-Incluso algo tonta comparada con las demás humanas.
-No seguiré repitiendo la pregunta, ¿Dónde está Becca?
Se acercó hasta el sillón apoyando sus manos en los costados de éste, me incliné hacia atrás lo más posible teniéndolo a pocos centímetros de mí. Podía verme reflejada en sus ojos, por alguna estúpida razón sentí las ganas de sonreír y reírme, pero reprochaba mentalmente mi actitud. Esto era serio, Becca podía seguir viva, aunque también podía estar muerta y degollada en el bosque como Lorenzo.
-Estás pensando en lo muy arrogante e idiota que puedo ser y también puedo notar que estás preocupada por tu prima cuando fue ella quien se arriesgó a entrar en ese bosque de noche...
-No fue su culpa, no sabía lo que hacía-lo interrumpí defendiéndola. Sonrió encantado de escucharme así tan segura.
-¿Crees que realmente no sabía lo que hacía, Mía?
No respondí a eso, la actitud de Becca había sido extraña, esas conversaciones sobre sobrevivir o dejar de hacerlo no eran típicas en ella. Sentí un nudo en el estómago al pensar que quizás Becca quería formar parte de ese lado nocturno, tal vez ella se refería a convertirse en una mujer sedienta de sangre. La conversación de alimentarnos de carne animal tenía algo de sentido ahora.
Bajé la mirada y él se alejó satisfecho de lo que hizo.
-Ella nunca podría hacerlo-susurré.
-Algunos humanos son más inteligentes que otros-caminó de nuevo al sofá sentándose en él. ¿Acaso decía lo que yo pensaba?
-La muerte no es inteligente, la muerte llega a todo tipo de persona.
-¿Enserio?
No quería seguir hablando de esa tontería. No quería desviarme del tema principal.
-¿Cómo llegué aquí?
-La persona que está frente a ti lo hizo.
Rodeé los ojos, realmente era arrogante.
-¿Seré una criatura como tú en la noche? -se encogió de hombros estando algo pensativo.
-Probablemente, sigo pensándolo, de hecho, tengo todo el día hasta que la oscuridad regresé-colocó sus botas sobre la mesa de cristal. Se cruzó de brazos mirándome, se veía mucho más mayor en esa forma.
-¿Por qué no me convertiste en el bosque?
Pasó unos minutos de silencio.
-¿Querías que lo hiciera allí contigo vomitando? -sonrió de lado-No podía dejar que arrojaras todo lo que tenía tu estómago en mí. Si lo permitía probablemente terminaría doblándote el cuello.
-No eres muy tolerante a las personas, ¿Verdad?
-Sólo a los de tu especie.
-Mi grupo está esperándome, mi madre debe estar preocupada...
-No creo que puedas verlos ahora, Becca tampoco podrá hacerlo-su seriedad regresó.
-Me dejaste viva, ¿Por qué no podría hacerlo?
-Todos estaríamos muertos y que mi muerte sea causada por una estúpida humana es algo patético, Mía-sus ojos se volvieron algo oscuros perdiendo el encanto-No saldrás por esa puerta hasta que yo te lo diga, ¿Me entiendes?
-No puedes prohibirme ver a mi madre-me levanté-Es la única familia que tengo.
Escuché un gruñido de su parte, a una velocidad tan rápida que mis ojos no pudieron captarla, estaba sobre el mesón manchado de sangre y con él teniendo su mano en mi cuello, no estaba impidiéndome respirar, no ejercía fuerza, tenerlo sobre mí me colocó nerviosa algo que él notó fácilmente.
-No te ilusiones, no tienes mucho que valga la pena.
-Debo tenerlo, de ser así, no seguiría siendo humana-sus dedos se tensaron alrededor de mi cuello.
-Estoy impidiendo tu muerte y la de tu madre, claro, también la mía-concentró su mirada en mí. Verlo tanto se estaba volviendo costumbre-Deberías agradecerme.
-Si no fueran unos asesinos sedientos de sangre, lo haría, pero lo son así que no lo haré.
-Eres demasiado valiente para ser una simple humana.
-Que bueno-sonreí con sarcasmo.
-En este mundo no lo es, sólo ayudarás a que te asesinen con facilidad-me soltó ayudándome a levantarme. Sentí algo tibio en mi espalda, estaba con la sangre de aquel cuerpo de hace minutos-Ve a cambiarte y a darte un baño, no quiero limpiar vómito de humano.
No podía reclamar eso, yo tampoco quería que me viera así, regresé a la habitación teniendo menos temor de que una criatura estuviera en el mismo lugar que yo decidiendo si debía acabar conmigo o convertirme.