Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > LGBT+ > Por Siempre, Mejores Amigos
Por Siempre, Mejores Amigos

Por Siempre, Mejores Amigos

Autor: : Michael Storlzman
Género: LGBT+
Una amistad se formará entre dos chicos cuyos caminos se cruzarán por accidente. Ambos de países distintos, se afrontarán a las adversidades que amenazarán con romper ese vinculo. Mismo, que lentamente, con ternura y risas, continuará creciendo. Porque más allá de la amistad y el cariño, espera el amor. Y el amor que llegará ha unirlos... podría también separarlos. Después de todo, uno de ellos, que jamás a estado o pensaría estar con un chico, tendrá que darle un cambio drástico a su vida para conservar, a su mejor amigo. Aquél, que se convertirá en la persona capaz de hacerlo realmente feliz. Su posible y verdadera otra mitad. Mismo, que le brindara el cálido amor que nunca pensó conocer. Y del que a través del tiempo descubrirá... se esta enamorando. Un joven y curioso chico que se dijo así mismo sería, por siempre, su mejor amigo. «La distancian puede separar cuerpos, pero si el sentimiento es puro, jamás podrá separar la unión de dos corazones que se necesitan el uno al otro.»

Capítulo 1 Tropiezo

A veces de verdad creo que hay definitivamente e irremediablemente algo mal conmigo. Empezando por mi costumbre de abusar de los adjetivos.

Pero en serio, ahora mismo podría estar durmiendo cómodamente en mi hogar, o quizás, oyendo un poco de buena musica, de mis artistas favoritos: Katy Perry (Hermosa diosa multicolores), Charlie Puth (Encarnación de la belleza masculina, bueno, casi tanto como Liam Hemsworth o Maxi Iglesias, pero esos son actores y su atractivo es de otro nivel). Luego vendría a sonar en el reproductor David Guetta, seguido de Mark Vincend (Si, yo salto de Pop a Electrónica y luego a Ópera, demandame). Después, posiblemente me pasearía por algunos covers u openings de animes en Youtube. Y comería, como si no hubiera un mañana.

Pero nooo.

Yo tenía ganas de caminar.

Y justo hoy, el sol parece estar teniendo sexo con la tierra porque la cosa está que arde.

Bonita mi expresión...

Hoy las clases terminaron temprano, a eso de las 9:30 am, y aunque pude haber tomado el autobús, o quizás alguna moto que me llevara rápido a mi casa, no lo hice, porque como ocurría a veces cuando sentía que el mundo y mi vida eran una completa estupidez ambigua, decidí caminar.

Pero antes, compre un helado, por supuesto.

Un método fácil para superar una crisis existencial y uno que otro romance perdido de esos que valen menos que las eses de un insecto atrapado bajo desperdicios del matadero.

Pero como decía, comencé a caminar una vez me despedí de mis compañeros del IUTELL (Instituto Universitario Tecnológico De Los Llanos), y aún continuo mi travesía. Ha trascurrido casi una hora, y se me ocurrió que de nuevo podría llevar mi teléfono a otro intento de reparación. Necesito mi celular, estoy cansado de estar desconectado del mundo. Aunque no lo niego, a veces, resulta relajante. Pero hay un detalle; me gusta leer. ¡Y yo casi siempre leo en mi teléfono, y consigo los libros en PDF por allí! Y eso, eso si que solo me importa.

Estúpido sol con complejo de súper nova.

Soy una sopa viviente de sudor, o quizás un atractivo pan tostado.

Las dos cosas.

Perdí mi palidez cuando me mudé a este pequeño pueblo hace ya seis años. Y sigo sin acostumbrarme a vivir aquí. A veces, pienso que estamos más cerca de nuestra estrella calórica que las demás partes del globo terráqueo.

Deben ser unos 44 °C en la escala Celsius.

Continúo tranquilamente mientras paso por el hospital. Cada vez que estoy cerca de el siento que se me revuelve el estómago y cientos de recuerdos dolorosos me golpean en compañía de una impotencia que me humedece los ojos al punto que debo tragar mis lágrimas. Ha pasado casi un año, pero para mí son como días desde que aquello sucedió.

Trago saliva y continúo, apartando cualquier pensamiento triste.

Estoy cerca de la universidad de medicina que esta justo al lado del hospital. Siempre cruzan ejemplares masculinos agradables por estos lados, todos estudiantes de enfermería o medicina general. No sé exactamente la razón, pero a través de los años una gran comunidad gay (o de ambiente, como decimos por aquí) se ha formado en esa institución... Supongo que es igual en todas la universidades, unas más obvias que otras. Es increíble que hubo un tiempo en el que pensé que era el único homosexual -no afeminado- del estado. Estaba solo en el mundo... junto a Ricki Martín, pero él se encontraba muy lejos para ir saludarlo. O entregarmele en cuerpo y alma.

Por favor, olvidemos eso último que dije.

Mi ingenuidad duró hasta los 18.

Pero como decía...

Veo cruzar chicos y chicas vestidos con bragas azul marino, en su mayoría. Cientos de adolescentes salpicando los alrededores como hojas de un gran árbol en otoño (una estación que aquí no ocurre).

Atrapo algunas miradas dirigidas hacia mí, pero las evito. No tengo tiempo para intercambios oculares con el usual código "Si me mantiene la mirada le gusto".

Extraigo el celular de mi bolsillo derecho y lo observo pensando en si debería o no llevarlo a revisar. Es increíble que nadie pueda repararlo...

Quizás debería comprar otro helado primero...

Algo me golpea.

Mejor dicho, choco contra ese algo y caigo.

De culo.

Oigo un crujido.

Mi alma se rompe en pedazos al imaginar que es.

Suelto un gemido como consecuencia del dolor que se propaga por mi columna vertebrar y tengo el presentimiento de que dejaré mi trasero grabado en el asfalto.

-Oh Dios mio... -Le oigo decir a alguien y levanto la vista.

Me quedo en blanco.

Mi cerebro decodificando la información presente...

Carga al 20%...

35...

50%

70...

82%

[Mi señal va a 2g, en serio].

99,5...

¡100%!

Bendito sea el niño Jesús y todo su pesebre.

Bendita sea la madre que te trajo al mundo y los doctores que ayudaron en semejante hazaña.

Que sujeto tan... tan...

-Oye hermano, lo lamento ¿Estás bien?-pregunta aparentemente preocupado el chico frente a mí. Levanto la vista hasta alcanzar sus ojos. Es como ver la cima del Everest. Es realmente alto. Sus iris son verdes–marrón como la arena cubierta de plantas de hierva menta, suave, fría, y cristalizada por la humedad. Pero antes de quedarmele mirando como un idiota, parpadeo y me levanto, ignorando sin querer, la mano que tenía extendida hacia mí y me lamento de inmediato por no haberla tomado.

-Estoy bien -Digo seriamente. Trato de no detallarlo (lo que es dolorosamente difícil) y lo miro directo a los ojos. Esos ojos verdes aceituna llenos de vergüenza, casi parecen los de un niño que derramó su comida por accidente.

Debe ser el hijo perdido de Hulk (Es broma, obviamente...) porque en serio, estoy de pie y le llego por el pecho. Su piel es de un marrón muy suave y claro como el café con leche más ligero, y cabe resaltar que tiene el cuerpo casi como The Rock, bueno, capitán América; Chris Evans, sería más aceptado, un poco menos excesivo que el primero: hombros redondos anchos, gigante espalda, pequeña cintura, piernas musculosas, un pecho como dos almohadas ovaladas. Su cabello es confuso debido a que está muy corto y en un simple y seductor estilo militar, lo que me dificulta decir si es castaño o negro. Y su voz, clara y profunda como de tenor; suave, joven y varonil. Todo un galán Fitness.

Es el amor de mi vida...

-Oye.-me llama y maldigo mentalmente.

Mierda, me le había quedado mirando mucho.

Paso mi palma atravesando mi rostro con frustración esperando que no se de cuenta de mi reacción. Entonces recuerdo el crujido que escuché cuando caí y el corazón me da un vuelco.

-No me digas... -Me doy la vuelta y allí esta, a dos metros. Mi celular. Camino hasta el sintiendo el miedo brotar en mis manos que ahora se sienten calientes. Le doy la vuelta al levantarlo y, efectivamente, está completo e irrevocablemente roto. Una telaraña de grietas cubriendo toda la pantalla.

Y eso que nunca use la App 3d de pantalla quebrada. Pero ya no hace falta.

Ahora definitivamente no tiene reparación.

Seria mucho más económico comprar uno nuevo...

Respiro y suspiro resignado, regresando mi atención a Sr Míster Músculo cara de niño. Lo miro fríamente. Él baja la mirada y se percata del problema. Abre los ojos y hace un mueca de dolor -Oh tío, yo... fue un accidente. -comenta, sus abrazos arriba como si tratara de calmarme.

Por su forma de hablar asumo que no es de este país. Tiene un ligero acento extranjero y curiosamente me llamó tío...

¿Podría ser español?.

Aquí solo llamamos "tío" a los hermanos de nuestros padres.

Esto tiene que ser una broma. La mayoría de las personas como él que he conocido (el 99,9%) se sienten mejores que otros solo por estar llenos de músculos, y al ser de procedencia lejana, de seguro es un idiota petulante. Y, todavía más seguro, es que solo actúa amable porque está avergonzado.

Entonces algo se me ocurre.

Y mi venganza comienza a fecundarse.

Que empiece la actuación.

-Este móvil era nuevo. Regalo de mi madre ¿sabes?-espeto, como si de un choque de autos se tratara, aunque es verdad lo que dije-y ahora por tu culpa no sirve para nada.-La culpa crece en su atractivo rostro y esos rasgos cincelados y masculinos se delinean. No hay mera presencia de barba en esa gruesa mandíbula. Parece estar sonrojándose... Esto no es bueno; está atacando todos mis puntos débiles y ya los nervios me la están jugando porque tengo el pulso acelerado- ¿Acaso no ves por dónde caminas?

Que curioso que haya dicho eso. Después de todo, el distraído era yo.

- Perdón tronco, me distraje con mi teléfono. Disculpame.

¿Tronco? ¿Cómo el tallo de un árbol?

- ¿Y el tuyo se rompió?

-No...

-Que bueno por ti-Digo con una sonrisa irónica- ¿Sabes qué? olvidalo. Los tipos como tú se creen la última gota de agua del desierto, así que no pierdas tu tiempo disculpandote cuando en realidad te da igual. Me voy.

Lo veo parpadear sorprendido y creo que acabo de soltar cosas que me había guardado desde hace mucho. Y lo solté con él. Eso no esta bien. Cuando estoy apunto de darme la vuelta y marcharme, él me detiene con un gesto.

-Que odioso eres...-dice, negando con los ojos entornados como si me estuviera regañado. ¿Disculpa? ¡Yo soy el agredido aquí!- Eso no es verdad -su voz es firme y decidida -Te equivocas conmigo, tío. Vale, fui un descuidado y cagué tu móvil, y te hice caer. Me disculpo, en serio.

Noto que algunas personas nos miran y espero que no estén confundiendo las cosas... después de todo, estamos en territorio arcoiris.

Incómodo...

Lo miro en silencio. Esa mirada triste que parece formar parte de él, como si tras ella ocultara un mar profundo de sentimientos y secretos. Veo algo diferente en su persona y estoy comenzando ha asustarme. No quiero volver a grabar en mis mente el rostro de alguien que seguramente, solo veré una vez.

Asiento -Esta bien.

-Ten- Extiende su brazo ofreciéndome un celular grande cromado en plata y muy, muy delgado, obviamente un iPhone que asumo, costo cinco o diez veces más que el mio-Tomalo, como pago por el tuyo.

Bien, eso no me lo esperaba.

Me pregunto que será más fuerte... ¿mi moral, o mi codicia?.

Miro su mano, bronceada levemente, es tan grande...

Entonces me río, y eso parece confundirlo. Lo observo con diversión.

-No te preocupes - deslizo el teléfono roto en mi pantalón-no hace falta que hagas eso, pero gracias, solo estaba bromeando. Mi celular no funcionaba desde hace meses y casualmente, hoy iba a llevarlo a reparar por décima vez. Supongo, que esta es la forma del universo decirme que lo deje así. Y acepto tu disculpa, yo también estaba algo distraído. Lamento eso.

Él me mira arrugando el entrecejo, sus labios separados haciendo una mueca similar a una sonrisa de lado.

-Me engaste...

Me río satisfecho y lo rodeo.

-Tenía que vengarme.

Le doy una rápida mirada de reojo a su trasero, después de todo, era la única parte que me faltaba.

Dios, es perfecto. Grande y redondo, apretado por su afortunado pantalón azul marino del uniforme medicina. Es como el de aquellos enormes jugadores de fútbol americano.

Siento envidia de ese pantalón.

-Ten más cuidado la próxima vez, tío.-Le recuerdo mientras me alejo- Adiós.

-Eh, claro... Adiós.

Cuando estoy apunto de perderlo, me giro para ver sobre mi hombro una ultima vez, al semental que estoy seguro, me tomará un buen tiempo olvidar.

Lo veo, y él también me observa. Allí, parado en silencio como un niño inocente y perdido.

Me despido elevando mi mano derecha y él me responde igual, con una pequeña sonrisa simple dibujada en sus labios.

Dudo que vuelva a verlo, pero al menos, tendré un asombroso rostro de ojos bosque que dibujar en mi cuaderno cuando me falte inspiración, y necesite distanciarme de la realidad de mi existencia.

Capítulo 2 Plan de vida

[PRIMERA PARTE]

Mi Mejor Amigo

Alexon

Han pasado ya dos meses desde que, oficialmente, toda posibilidad de mantener alguna conexión con el mundo a través de lo digital, desapareció.

Estoy frito.

Al igual que mi teléfono, irreparable, mismo que ahora parece más un puzzle desarmado. Un cubo de Rubik seria un buen ejemplo, porque solo un genio podría encontrarle solución a semejante desastre.

Necesito al Doctor Strange urgentemente.

Solo tengo mi agrietada tabled (fiel compañera y confidente) sin internet para seguir escribiendo en mis ratos libres (Que son muchos, por cierto). Pero oye, mientras pueda mantener mis obras en fluida y constante edición, todo bien. Solo tengo conseguir alguna señal WiFi y listo.

Y no es conformismo, solo estoy tratando de ser optimista. Y eso, es contradecir mi naturaleza pesimista.

Termino de acomodar mi mochila con algunas cosas de estudio que no me tomo la molestia de revisar. Debe estar todo, supongo. En la universidad me entero. Además, agrego un poco de ropa por si decido quedarme por la noche en casa de mis amigos. Mi papá los conoce, por lo que podría mudarme con ellos y no le importaría.

¿A quién quiero engañar?

A los dos días ya habría una patrulla con agentes armados listos para sacarme de allí.

Mi hermano menor; Luis David, alías "El que jamás creció" estaría encantado de que mi cuarto quedara solo, con todas mis cosas a su disposición.

Y hablando de mi familia, cuando salgo de mi habitación, mi padre; un señor moreno de mi altura con un grueso bigote como aleta de pez sobre su labio superior, ya a preparado el desayuno y ahora toma café de una taza grande humeante mientras nuestro simpático perro castaño: Tobi, alías, "El que siempre tiene hambre" se pasea con su cola de oso vibrando de emoción, y su gigantesca anatomía trotando de un lado al otro rozando las piernas de papá Esteban, y mi eternamente joven hermano de 17 años, ya parece listo para salir, vistiendo su habitual ropa ajustada un poco más estrecha cada día desde que comenzó a practicar Potencia en un gimnasio cuya ubicación desconozco. Él heredó la piel morena de nuestro papá, que es mi tocayo, porque como suele suceder, el primer hijo debe llevar el nombre de su progenitor, y mis padres se pusieron todo creativos, y así nació el "Alexon Esteban Ruiz". Si yo hubiera podido opinar allí, hubiera gritado por el ombligo de mi madre algo como: ¡Me quiero llamar Fernando Moctezuma, o Cleytón Forlz! ¡Gracias: La Gerencia!.

Pero nada de eso pasó. Soy Alexon Esteban y "Esteban" me quedé, junto a las otras 160.743 mil personas en todo el mundo. Nunca me pareció un nombre muy artístico, pero ya que, es mi nombre y me gusta. Al menos Alexon no suena tan simple.

-Esteban, ven a desayunar rápido o se te va a enfriar -Me llama mi padre usando nuestro nombre compartido. Le doy una mirada al microondas sobre la nevera pero no digo nada, sonrío y le doy las gracias a mi padre.

-Que lo caliente entonces el bebé. -Acota mi amado y querido hermano (véase el sarcasmo) con su usual actitud de entrometido.

Le doy un mirada furibunda y suspiro dejándolo pasar. Minutos después de desayunar y comprobar que todas mis si queridas y amadas plantas de Portulaca Grandiflora, estuvieran bien regadas, me dispuse a cerrar las puertas traseras y revisar la cocina, los seguros, los baños y mi habitación.

Mi familia se fue, dejandome solo mientras seguía dando vueltas por la casa. Ya es costumbre. Después de todo, mi hermano terminó la secundaria, o bachillerato, que es el término usado en nuestro país, y comenzó a trabajar con nuestro padre como carpintero, fabricando y remodelando casas y cocinas.

Ellos son mejores cuando de trabajo duro se trata. Yo decidí estudiar en la universidad apenas terminé mis estudios anteriores, especialmente por eso, para evitar laboral en trabajos tan extremos.

No es lo mio.

Y trabajar con mi papá es como regresar en el tiempo cuando existía el imperio romano y sacrificaban gladiadores que peleaban hasta la muerte.

No es fácil.

La verdad es que aún estoy descubriendo que rayos voy ha hacer con mi vida. Lo sé, lo sé, es triste. Pero oye, hay que ser optimista ¿no? Aunque la inflación haya superado el 5237℅ y todos los días terminemos con una insolación crónica gracias a nuestro empatico sol que nos la juega.

A eso de las 5:00 pm, ya uno comienza a sentirse como la antorcha humana de los 4 fantásticos.

Amo esa película.

Y, a la Antorcha.

Entré al cuarto de mi hermano y en el espejo certifique que toda mi apariencia estuviera bien: cabello oscuro petróleo no muy largo peinado hacia arriba a lo Cristiano Ronaldo, mis dos lunares ridículos "punta de marcador" resaltando, uno en la mejilla, y el otro del lado opuesto casi igual, solo un poco más abajo. El que está en mi barbilla casi no se ve. Tengo pequeñas marcas de granos que me habían salido y están curándose lentamente. Odio la adolecencia.

Pero para aclararte un poco más como soy, te diré, que si estas imaginado a un chico sexi, vestido de negro y con tanta masculinidad y carisma que le brota por los poros.

¡Estás en lo correcto!

Vale, es broma. Pero casi. Aunque lo que brota por los poros es acné.

Otra vez, estúpida adolecencia.

No soy exactamente feo, pero tampoco uno de los One Direction. Mi atractivo es simple, aunque algunas personas me han descrito como: serio, odioso, "rockero", reservado, y otras veces, me han comentado que poseo algo frío e interesante en la mirada, y yo asumo que es la flojera y el sueño haciendo de las suyas.

Qué te puedo decir...

Pero sí, además, me gusta mucho vestir de negro, aunque por desgracia no toda mi ropa posee ese matiz. Y no, no soy rockero, pero si me gusta ese genero musical. Aunque para ser sincero, muchos pasamos por esas etapas de vestimenta y actitudes. No me arrepiento de nada. Ah, y tampoco me considero gótico, por si te cruza esa idea por la cabeza. La verdad, soy de los que cree que un poco de cada cosa no hace daño.

Cuando compruebo que todo está en orden, salgo de mi casa y llego a la esquina.

Luego me regreso.

Olvidé mi cartera.

Voy a llegar tarde a clases...

Otra vez.

Antes de salir vuelvo a comprobar que todo este en orden. Tomo mis llaves y las tanteo en el bolsillo.

Ahora sí, me encamino a la parada del autobús más cercana que está a quince minutos desde mi casa. Y por supuesto, hoy tenemos un hermoso día soleado.

Es curioso, porque mientras camino, pienso en como me gusta despertarme temprano (¿Qué clase de adolescente soy?) pero la razón es simple, al menos para mí. Es por el frío fresco, el rocío que espolvorea la hierva y plantas con diminutas gotas del liquido que nos compone y posibilita nuestras vida: el agua. La niebla suave, esa que como nubes cruza abrazandonos, es el gélido bostezo de la naturaleza al despertarse. Por la ranura de luz que comienza a cruzar el horizonte como una cuchillada, proyectando explosiones de destellos que tiñen las nubes de dorado y partes del cielo de naranja y rojo. Un espectáculo de luces que podemos disfrutar cada día y que mayormente todos ignoran, como muchas de las maravillas que nos rodean. El suspiro de las plantas, la abertura de las flores que forman mantos multicolores, la frescura reemplazada por una suave calidez. Es una de las dos veces en el día cuando realmente disfruto del sol.

Veo a personas conocidas cruzar y las saludo, soy del tipo que saluda siempre y esa es otra razón por la que mis vecinos piensan que soy raro, o un niñito de ciudad. No los entiendo.

Todos los días pienso en lo mismo. Fantasías en donde mis metas se hacen realidad. Esos quince minutos (o 35, si pierdo el autobús de la universidad) se han convertido en momentos hábiles de reflexión diaria.

Detallo mi entorno y me duele ver como nuestra gente decae y el país lentamente parece estar muriendo. Estamos en crisis y no sabemos que hacer. Ni siquiera los países extranjeros encuentran métodos efectivos para ayudarnos, aunque sé, que algunos buscan formas de brindarnos apoyo, pero nuestros lideres no se lo permiten, esos lideres que todos queremos ver presos. La esperanza se diluye como una gota de tinta en un vaso con agua, y solo podemos pensar en una solución: Escapar. O en todo caso, esforzarnos por sobrevivir como podamos.

Escapar; esa, es una de mis metas principales.

Pero por ahora, vamos a enumerarlas.

1): Terminar de corregir mi primer libro.

2): Publicarlo a través de una editorial, o venderlo de forma independiente. Lo que suceda primero.

3): Usar el dinero para irme del país, y establecerme en otro lugar.

4): Trabajar y ganar dinero para así poder ayudar a mi familia.

5): Comenzar a vivir mi vida como me haga feliz.

Lo demás, ya ocurrirá luego. Pero no niego algo, e pensado en todo lo que quiero para mi futuro, supongo que cada persona se lo plantea en algún momento.

Le llaman Plan De Vida.

Somos un mundo después de todo.

No, corrijo, en realidad cada persona es un universo, una infinidad de estrellas compuestas de sueños y anhelos en constante moviendo.

Un mar gigante, donde los peces; son nuestras metas y esperanzas.

Capítulo 3 Godzilla

Cuando llego a la universidad, estoy cansado y sudoroso.

Perdí el maldito autobús.

Así que antes, me dirijo al baño para limpiarme algo de sudor con mi paño de emergencia. Me peino un poco de forma muy brusca, debido al asfixiante hedor a orina de hombre que intoxica todo el oxígeno del espacio de baldosas celestes. Ojalá los chicos mantuvieran los baños tan limpios como las damas, pero supongo que no prestarle atención a eso y ser poco cuidadosos al orinar es parte de nuestra naturaleza machista. En definitiva, somos un caso perdido.

Salí del cuarto de baño un poco más presentable y comencé caminar rápido hacia mi aula estimada: N° 28. Cuando voy a medio camino, lo veo; ojos verdes muy claros, piel marfil, cabello castaño, fornido con naturalidad y sencillez. Es ese sujeto con el que llevo un tiempo intercambiando miradas. Es irritantemente guapo, pero se podría decir que su aparente arrogancia choca con la mía. La verdad, no sé qué quiere, o si solo le gusta mirar fijamente para regocijarse de su atractivo y llamativos ojos.

Me gusta.

Pero me cae como piedra en un lago. Pe-sa-do.

Cruzamos uno con el otro y sigo sin detenerme. Como dije antes, todos tenemos a esas personas con las que intercambiamos miradas insinuosas, frías, significativas, etc. Es algo natural que disfrutamos sin siquiera darnos cuenta y esta en nuestra genética, como un sistema que invita a la interacción entre individuos. A excepción de cuando el sentimiento transmitido es desprecio.

Suele pasar.

Toco la puerta y en segundos uno de mis compañeros abre, su nombre es Douglas. Él es delgado y pálido, siempre peinado con su habitual cresta de pollo negro. Es un buen tipo, aunque algo obvio respecto a su sexualidad. Tú sabes a que me refiero. Somos 6 chicos G (No me gusta la palabra gay así que la abreviare) en el nuestra clase de 24 personas.

-Tarde como siempre-dice recriminadome por mi puntualidad.

-Lo bueno se hace esperar-sonrío con arrogancia y paso. Lo veo arquear ambas cejas y sonreír con sorpresa.

-Pero que humilde el niño.

Saludo a la profesora y voy directo a mi mesa, o pupitre, otro término que usamos. Mis dos mejores amigos parecen enfrascados en sus conversaciones por lo que solo extraigo mi libreta y finjo prestar atención a la clase. Ya sé todo eso que la profesora esta explicando: Gestión de negocios, la interacción laboral, y las relaciones y cargos laborales, que se parecen, pero son diferentes porque la última involucra más los puestos de la empresa, tomando más en cuenta al gerente como transmisor principal.

Y como estás deduciendo, sí, yo; un entusiasta de las artes y la ciencia, amante de la historia antigua y fan de los dinosaurios y criaturas mitológicas, estudio administración de empresas...

Fue mi mejor elección dada las pocas opciones de las que disponía. O al menos, eso me digo a mi mismo todas las mañanas para no sentirme mal. Solo me faltan días para terminar mis cuatro años de estudio. Actualmente tengo 21 años. Tuve suerte de inicial rápido la universidad, o de lo contrario; me las vería bastante mal económicamente.

Oigo las voces de los grupos que los años han formado en mi clase, dialogando e intercambiando ideas. Hago lo posible por no distraerme. Cierro los sentidos y comienzo a dibujar usando un lápiz B2, de los muchos que colecciono en casa.

No sabía que hacer y mi mente se mantenía en blanco mientras trazaba lineas y sombras. Al final, había hecho un montón de hojas de árbol, medio en 3d.

Entonces recordé, y extraje algunos colores de mi bolso. Comencé ha hacer un boceto nuevo en otra hoja. La imagen borrosa luchando por hacerse nítida en mí mente, los detalles más notorios como base, las facciones obstaculizando mis recuerdos. Todo eso bastó para marearme, pero luego me relaje, porque cuando el rostro se manifestó, la paz me invadió y comencé a disfrutar de lo que estaba haciendo. Algo que desde hace mucho había dejado de hacer, después de todo, tenía casi un año sin dibujar algo más que hojas y círculos para ejercitar la mano y matar el aburrimiento.

Pero ahí estaba. Las lineas formando un rostro rectangular-ovalado, de grueso cuello y rasgos marcados. Borraba y corregía a medida que las especificaciones acariciaban mis manos haciendo que acomodara lo inexacto. Y así estuve, toda la clase. En silencio y creando la imagen que mi cabeza se obligaba a no olvidar.

En 45 minutos, una cara tomaba lugar en la hoja anteriormente vacía. Solo había podido plasmar el boceto y la primera capa de color. Nunca había hecho un rostro a pura memoria, pero sabía lo difícil que resultaba intentarlo. No era perfecto, pero se le parecía mucho. Me faltaba seguir trabajando en sus ojos para hacerle justicia ha aquel gigante de sentimental mirada.

Sonreí, al tener la oportunidad de mirarlo una vez más. No podía creer que lo había hecho de forma tan automática. Y menos, cuanto me gustaba el proceso que llevaba.

Me tomaría unas 5 horas terminar la mayor parte. Mi talento principal es el dibujo y he alcanzado un nivel bastante bueno, debo de ser el tercero o cuarto lugar en mí ciudad-pueblo. Antes estaba más arriba, pero en un año sin practicar, bajé un par de puestos.

Guardé mis lápices y de pronto me percaté de la presencia próxima. Oculté de inmediato el cuaderno de dibujo. No sé con exactitud el porqué, pero hay obras que no me gusta mostrar, o compartir. Como si el mero acto de enseñarlas las expusiera a ser profanadas por ojos ajenos que no comprenderán su verdadero significado, y valor. Debe ser cierto eso de que todo artista es un complejo de extrañas ideas y puntos de vista.

-Y usted llegó y ni saludó-Me regaña mi mejor amiga. Julieta Ángela. O como yo le digo a veces: Mystic, por la marca de tintes capilares. Desde que la conozco, hace ya cuatro años, se ha cambiado el color de cabello unas 8 o 11 veces. Eso señores, es pasearse por la matiz completa. Ella es muy agradable, algo infantil y caprichosa a veces, pero igual de bromista que yo. Y, un poco más baja, claro esta. Su tono de cabello actual es el rojo vino con reflejos más claros y la cabellera le llega hasta el final del cuello. Se lo corto hace unos meses cuando por accidente quemó (achicharro, inutilizo, desahucio, y destruyó a nivel celular) las fibras capilares con un aclarante un "poco fuerte". Pero por mi propia salud y bienestar, no dije nada al respecto, sin embargo, me indignó ver irse aquella melena dorada que le caía por la espalda. A su ex, que era su pareja en aquel tiempo también le dolió.

Luego nos reinos cuando ella no miraba.

Había pasado de Rapunzel, a Blanca nieves en solo un día.

-Estabas muy entregada a tu charla que no notaste hasta media hora después que yo había llegado.-Contraataque, dándole una mirada astuta.

-Buen punto-señaló, y con un beso en la mejilla nos saludamos.

Hablamos de las noticias del día a día, un poco sobre las tareas pendientes y, como es costumbre, de los encuentros con chicos más recientes. Al parecer, mi amiga se estaba viendo con una momia...

¡Corrijo! Me refería a un hombre un poco mayor que ella. Supuestamente...

Yo nunca he tenido esa oportunidad. Me resulta un poco raro por ciertas razones. La primera sería, que un porcentaje de hombres G mayores, esperan mantener relaciones a espaldas de sus esposas, e incluso, algunos prefieren a chicos jóvenes. Lo mismo ocurre con algunas mujeres con estudiantes de secundaría. Ambos mundos tienen sus depravados en común.

Los dos nos reinos, y me gané varios golpes suaves por mis típicos comentarios con sarcasmo oscuro. Pero no le comenté sobre ese chico, el estudiante de medicina del día de ayer. No pude, no quería hablar sobre él con nadie, después de todo, no creo volver a verlo. No tiene sentido rememorar eso.

Minutos después cuando la profesora se había marchado, su hermano, e incómodamente mi Ex, algo que realmente parece nunca haber sucedido, se acercó y sin previo aviso me saludó dándome un beso casi en la oreja.

Odio cuando hace eso.

Su nombre es Enzo Leafar, mi otro mejor amigo ¿Cómo lo describiría? Bueno, imagina a un Manatí. Si, esos animales chistosos que habitan en el mar. Yo le puse ese apodo porque cuando lo conocí estaba algo panzón. En fin, aún es un poco robusto pero aparte, es de brazos velludos, su rostro en similar al de los Árabes, con barba en ocasiones, nariz rústica, cabello largo solo arriba peinado hacía atrás, y sus dos colmillos están un poco más adelante que sus otros dientes. Pero luego está su mirada, esos ojos zorrones de un color café-miel y pestañas tan largas que, como le he oído comentar, la chicas le envidian. Su apariencia es descuidada pero resalta su atractivo por la misma razón (Supongo), y aunque a veces hace gestos no muy varoniles con sus manos, es un sujeto bastante sencillo, y molestamente confíanzudo. No sé como rayos me involucre con él, pero en serio, prefiero no recordarlo.

Vale, estaba desesperado.

[Recetear memoria]

Como decía...

La verdad es, que es un amigo increíble y de buen corazón (cuando no está tratando de agarrarte el trasero) y si alguien me ha hecho reír, es él, en especial cuando me empeño en molestarlo y él contraataca con bromas casi tan buenas como las mías.

Esos dos son un caso serio. Y conmigo somos tres.

-Andas guapo tigre-afirma mi amigo con su usual malicia-¿No dormiste en tu casa? Te veo como ligero.

Julieta se tapa la boca para amortiguar la risa que lucha por escapar.

-Quién sabe-digo casual. Es mi turno-pero supongo que tú sí has dormido todos estos días en tu casa, y claro está, comiendo y durmiendo como un porcino. Estás tan gordo, que ahora tienes tu propia órbita y fuerza de gravedad.

Él ese muerde el labio inferior con su colmillo mientras contiene una risa.

Mi amiga no aguanta y suelta una de sus carcajadas graciosas. Ella también es robusta como su hermano, pero solo un poco. Me imaginó a un sexi cochinito riendo.

Mí imaginación nunca descansa.

-Eres una mierda Alex...-agrega él con diversión y complicidad.

-Y tú una nutria que se comió a un elefante.

-¡Eso lo sacaste del Principito!

-¡En el Principito era una serpiente que se comió a un elefante! De paso de obeso también eres ignorante. Que grima me das.

Más risas por parte de nuestras amiga camaleóna. Mi compañero no aguanta y me toma en una llave de lucha, lo que hace que su grotesca colonia de oso sudoroso me golpee directo en la fosas nasales.

-¡Tú empezaste!-exclamo-¡Qué asco! Hueles a puta barata.

-¡Ah, pero tú sabes!-Se ríe él sin soltarme.

Y esto señores, es todos los días.

Cuando regresé a mi casa, caí como un tronco luego de ducharme. Esos quince minutos de caminata me habían golpeado fuerte. Dormí y cuando desperté, ya era hora de comenzar a preparar la cena y servirle la comida al perro. Lo que fue una suerte, porque como en muchas ocasiones, mi padre había llegado ebrio, y por ende, se comportaba como un niño perdido y confundido que se podía quedar dormido hasta en el patio. Jamás e podido decirle cuanto detesto verlo así. Por muchas razones; las discusiones que recuerdo de niño entre él y mi madre, las escenas en fiestas a las que asistía con ellos, sus insultos, y las cosas que llegaba a decir. Realmente me dolían. Es por eso, que odio con toda mi alma el alcohol y no me gustan las fiestas.

Si mi padre no bebiera, sería el papá perfecto. Pero como ocurre, todos tenemos un defecto clave. Pero a dado tanto por nuestra familia que no tengo nada que juzgarle. Solo desearía que la partida de mi madre hubiera cambiado eso de él, pero no fue así. Desde hace mucho he aprendido algo: la gente no cambia. Podrán ponerse máscaras y disfrazarse, o incluso creer sus propias mentiras, pero aunque borres un cuadro siempre, queda la mancha, y si lo pintas, detrás del bonito paisaje, sigue el error, oculto y jamás se irá.

Son muy pocas las excepciones, si es que las hay.

En menos de una hora, ya me había encargado de todo, y mientras mi papá y mi bacteriano hermano cenaban, me encerré en mi habitación. La lámpara superior en mi escritorio de madera (fabricado por mi padre) encendida, iluminando la hoja repleta de colores y lineas que formaban una imagen.

Seguí con el dibujo, mientras desde mi tabled oía la voz suave de Márk Vincend cantando Runaway, una canción capaz de alegrarle el corazón a cualquiera.

Amo la ópera.

Y a Márk Vincend.

Sí, se que dije algo similar antes. Mi cariño y admiración alcanza para más de uno.

Sin percatarme del tiempo, tracé lineas, desparrame sombras y colores. Delinee diminutas franjas que formaban el cabello, buscando descubrir ese misterioso tono castaño o negro. Y por último, me dediqué a emular aquella cristalina y tierna mirada, usando un verde aceituna, marrón, y otros tonos fríos de la gama del verde. Durante ese tiempo, el mundo a mi alrededor desapareció, el trascurrir del tiempo se detuvo, y solo estaba yo y la imagen frente a mi. No había nada más que la presión de mis dedos en constante movimiento y mi cerebro (Hemisferio izquierdo) enviando y susurrando los detalles que no podían dejarse pasar. Era la intimidad entre mi trabajo y yo, un acuerdo con la hoja en la que esta me permite grabarle mis emociones con el fin de embellecerla y cubrirla de vida, y sentimiento.

Cuando por fin estuve satisfecho con el resultado, dejé los lápices y la miré.

Me encantaba.

El resultado, y el chico reflejado en la hoja.

De verdad lo había hecho. Él me había devuelto el animo de pintar sin siquiera conocerme. Era una completa locura.

Ahora entiendo el significado de lo que representa una Musa para un artista. Pero en este caso, vendría siendo un Muso.

Sonreí y tomé con cuidado la hoja, la punta de los lapices la habían librado de las asperezas.

Miré la hora y el corazón me dio un vuelco.

Eran las 3:02 am. Solo podría dormir dos horas y medía.

Pero había válido la pena.

Porque ahora, tenía una nuevo objetivo.

Entregarle a ese chico mi mejor trabajo. Va ha dolerme, lo sé. Pero también sé, que por alguna razón no puedo conservarlo.

Le pertenece a él.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022