El frío del otoño comenzaba a instalarse en Violetmage.
"Estoy embarazada de ocho semanas. El bebé es del señor Marshall".
"Señora Marshall, el señor Marshall me ama a mí, no a usted. Usted es su esposa solo en el papel".
"Usted y el señor Marshall llevan tres años de casados y aún no tienen hijos. ¡No merece en absoluto ser su esposa!".
Una mujer vestida de pies a cabeza con ropa de diseñador irrumpió en la casa, flanqueada por dos asistentas y tres guardaespaldas. Miraba a Kallie Marshall con arrogancia.
Sentada tranquilamente en el sofá, Kallie suspiró y le sostuvo la mirada a la mujer.
Tenía una expresión serena y su voz sonaba aterciopelada.
"¿Y usted es...?", preguntó Kallie con una leve sonrisa.
La mujer, Jocelyn Owen, se quedó atónita.
Siendo la estrella más popular de la farándula, asumía que todos conocían su nombre. ¿Cómo era posible que esta perra no supiera quién era? Jocelyn apretó los dientes, convencida de que Kallie fingía ignorancia deliberadamente.
"Jocelyn Owen", espetó con rabia. "Señora Marshall, por favor, sea razonable y firme los papeles del divorcio. ¡Deje de importunar al señor Marshall!".
La miró con aire dominante, pero para su sorpresa, la otra mujer parecía casi indiferente. ¡Era como si Kallie no se tomara en serio su amenaza!
De repente, Jocelyn sintió una punzada de inquietud. Antes de que pudiera añadir algo más, Kallie se levantó con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
Caminó con paso firme hacia Jocelyn y comenzó a hablar con lentitud. "Señorita Owen, solo en lo que va del año, más de treinta mujeres han venido a decirme que esperan un hijo de Bellamy".
El rostro de Jocelyn se demudó.
"No es la primera, ni será la última". Kallie seguía sonriendo, una sonrisa que le heló la sangre a Jocelyn.
Percibió un matiz siniestro en la risa hueca de su interlocutora. Cuando Kallie posó con calma la mano sobre el vientre de Jocelyn, esta retrocedió por instinto.
"¿Q-qué hace? ¡No se atreva a hacerle daño a mi bebé! ¡Sé lo que está pensando!". Inquieta, Jocelyn se cubrió el vientre con las manos.
"Señorita Owen, ¿está segura de que este niño es de Bellamy?". La sonrisa de Kallie se hizo más amplia.
"¡Por supuesto que sí!", afirmó Jocelyn con obstinación.
"Ya veo", Kallie soltó otra risa hueca. "Señorita Owen, usted probablemente no lo sepa, pero Bellamy se hizo una vasectomía precisamente para evitar problemas como este. Pero ya que está tan segura de que el niño es suyo, ¿por qué no hacemos una prueba de ADN cuando nazca? Como usted misma dijo, Bellamy y yo no tenemos hijos, así que la familia Marshall está ansiosa por tener un heredero. La trataremos muy bien si el niño resulta ser de Bellamy".
Al oír esto, el pánico se reflejó en los ojos de Jocelyn.
"Pero, señorita Owen, si descubrimos que miente, entonces...". El tono ligero de Kallie adquirió un matiz amenazante.
Su actitud relajada y pausada desapareció de repente, reemplazada por una frialdad cortante. Clavó su mirada en Jocelyn con tal intensidad que la hizo temblar.
"Bellamy detesta a los mentirosos más que a nada. ¿Sabe lo que les sucede a quienes le mienten?". Kallie se detuvo justo frente a Jocelyn y no dijo nada más.
Jocelyn ya no mostraba la arrogancia de antes. Con la cabeza gacha, se dio la vuelta y se marchó a toda prisa.
En el fondo, Kallie le acababa de advertir que podía hacerla desaparecer de Violetmage sin dejar rastro.
Al verla marcharse, Kallie suspiró en silencio. Se había vuelto una experta en lidiar con este tipo de situaciones.
Siempre aparecían mujeres para causarle problemas. Al principio, Kallie les temía, pero ahora había aprendido a resolver estos encuentros en menos de diez minutos. Despacharlas era pan comido, por lo que ya no sentía ninguna satisfacción real.
Bajó la cabeza, distraída, pero al cabo de un instante, distinguió una silueta familiar por el rabillo del ojo.
Era su esposo, Bellamy Marshall. Evidentemente, él lo había visto y escuchado todo. Sin embargo, se había limitado a observar el espectáculo sin la menor intención de intervenir, como si la situación no hubiese sido provocada por él en primer lugar.
Sin levantar la cabeza, Kallie hizo una mueca de desprecio en silencio. De repente, la figura se acercó y unos brazos fuertes la sujetaron por la cintura. Al instante, estaba presionada contra el torso firme y ancho del hombre.
El aroma penetrante y dulzón del tabaco inundó sus sentidos. Sin necesidad de mirar, supo que era Bellamy.
"Cariño", lo saludó con voz queda.
Bellamy le acarició el cabello.
"¿Visitaste a tu mamá hoy?". Se refería a Irene Howard. Últimamente, su estado de salud se había vuelto muy inestable y se encontraba internada en el Hospital Rheingold.
Kallie asintió dócilmente.
Al instante, Bellamy la giró para que lo mirara y presionó sus labios contra los de ella.
Kallie no se resistió. Por el contrario, se encontró rodeando el cuello del hombre con sus brazos. Al darse cuenta, se maldijo por su debilidad. Ni siquiera podía impedir que su cuerpo reaccionara ante él.
De pronto, la atmósfera cambió.
"Recuérdame algo, Kallie. ¿Cuándo exactamente me hice una vasectomía, eh?". Bellamy le mordisqueó el labio inferior.
"Eh...", murmuró Kallie con incomodidad, apartando la mirada. "Tenía que inventar algo para quitármela de encima".
Llevaban tres años de casados, pero Kallie sabía que Bellamy solo la utilizaba. Ella debía cuidar de la familia de él y lidiar con las mujeres que lo importunaban, como había ocurrido hoy.
Probablemente no había amor entre ellos, pero su vida íntima siempre era realmente genial.
"¿Estás insatisfecha conmigo?", preguntó Bellamy de nuevo.
Tras un momento de silencio, Kallie se encogió de hombros con indiferencia. "No, no me atrevo".
"¿No te gusta lidiar con esas mujeres?", continuó Bellamy, sin dejar de besarla.
"Es solo una pérdida de diez minutos de mi vida. Pero siempre usan los mismos trucos. ¿Cuándo me traerán un verdadero desafío?", replicó Kallie con un mohín.
Bellamy se quedó sin palabras.
Luego, soltó una risa que mezclaba fastidio y diversión, y se desquitó mordiéndole el labio otra vez, esta vez con más fuerza.
La mordida hizo que Kallie se estremeciera, pero no se atrevió a emitir sonido alguno. Sintiéndose incómoda, no pudo evitar quejarse: "Tienes tantas amantes. ¿Por qué siempre regresas a torturarme a mí?".
"Vaya, señora Marshall, ¿acaso está celosa?". Bellamy miró a Kallie con aire divertido.
Kallie se quedó sin palabras.
¿Cómo iba a estar celosa?
Molesta, no le respondió. Pero Bellamy ya no pudo contenerse.
La levantó en brazos y la llevó a la habitación principal. La tensión sexual era palpable. Afuera hacía frío, pero dentro de la habitación la temperatura no dejaba de subir.
Era como si la bestia del deseo, contenida dentro de él, exigiera ser liberada.
Al terminar, Bellamy soltó a Kallie y se dirigió directamente al baño.
"¿Cariño?", lo llamó Kallie de pronto.
Bellamy se detuvo y esperó a que hablara. Mordiéndose los labios, Kallie bajó la cabeza, vacilante. Bellamy aguardó con paciencia.
Tras un momento, Kallie volvió a hablar. "Divorciémonos".
El hombre, que hasta hacía un momento estaba tranquilo, frunció el ceño y su rostro se ensombreció. "¿Qué me acabas de decir?".
"Bellamy Marshall, divorciémonos". Esta vez, Kallie lo llamó por su nombre completo.
Sin decir palabra, Bellamy se dio la vuelta y caminó hacia ella. Había nacido con un aire imponente. A medida que avanzaba con paso dominante, Kallie no pudo evitar contener la respiración, pero su rostro permaneció impasible.
Solo cuando Bellamy estuvo cernido sobre ella, Kallie dijo con calma: "Vi las noticias. Ella regresó".
Kallie se refería a Hanna Reynolds.
Esa mujer ocupaba un lugar especial en el corazón de Bellamy. Después de todo, había sido su primer amor. Kallie, en cambio, no era más que un instrumento. La usaba solo para provocar a Hanna. Todo era un intento por forzar el regreso de ella.
Y ahora que Hanna había regresado, Kallie decidió que era el momento de pedir el divorcio. No veía la necesidad de someterse a más humillación.
La mujer bajó la vista y esbozó una sonrisa amarga. Por alguna razón, se sintió desolada. No sabía explicar por qué. Se suponía que el divorcio no debía afectarla, pero en ese momento no pudo negar la opresión que sentía en el pecho.
El hombre frente a ella, en cambio, permaneció en silencio. Se limitó a observarla. Bajo su mirada penetrante, Kallie sintió un hormigueo en el cuero cabelludo.
"¿Qué quieres por el divorcio?", preguntó Bellamy al fin, rompiendo el silencio.
Su tono, sin embargo, era tan indiferente que parecía que hablaban del clima. Kallie lo interpretó como una señal de que no se opondría.
Ella alzó la vista y le dedicó una sonrisa radiante, como si el divorcio fuera el mayor de sus alivios.
"Solo quiero que cubras los gastos médicos de mi madre". La petición de Kallie era razonable.
Cuando se casaron tres años atrás, el acuerdo había sido conveniente para ambos: Bellamy la usaba para provocar a Hanna, y Kallie necesitaba el dinero para el tratamiento de su madre. En realidad, había sido un trato justo.
Le dirigió a su esposa una mirada significativa.
Incluso un hombre tan frío como él debía admitir que, durante los últimos tres años, Kallie había hecho un buen trabajo como su esposa. Nunca pedía demasiado, y la familia de él le había tomado un gran afecto. Kallie siempre supo cuál era su lugar y se comportó como se esperaba.
Ambos se habían beneficiado del matrimonio.
Tras un momento de reflexión, Bellamy habló: "Pondré esta villa a tu nombre para que vivas aquí. Yo me mudaré. También te daré un cheque de cincuenta millones de dólares y cubriré todos los gastos médicos de tu madre". Era una oferta muy generosa.
"Gracias, cariño", dijo Kallie con una sonrisa de gratitud.
Sus dulces palabras lo hicieron sentir un poco mejor. Pero su expresión volvió a ensombrecerse en cuanto ella le entregó un documento.
Era el acuerdo de divorcio.
"Ya lo firmé. Estipula que no recibiré nada. Léelo y, si estás de acuerdo, deja que tu abogado se encargue del resto". Kallie le puso el acuerdo en la mano.
Bellamy lo tomó y lo ojeó con el ceño fruncido. El acuerdo, redactado por ella, contenía términos que solo lo beneficiaban a él. Kallie incluso estipulaba que, tras el divorcio, no haría pública su antigua identidad como la señora Marshall.
No parecía sentir apego alguno por el título. Era como una empleada que presenta su carta de renuncia a su jefe.
Bellamy sintió una punzada de irritación de nuevo.
"Bien", gruñó.
De hecho, ya era hora de divorciarse. Pero era él quien debía proponerlo, no ella.
Bellamy carraspeó, en un intento por recuperar el control. "Haré que mi abogado se comunique contigo".
Kallie asintió.
"Añadiré la villa y el dinero al acuerdo. Y una cosa más: no quiero que los demás miembros de mi familia se enteren de nuestro divorcio en los próximos tres meses", dijo Bellamy con voz firme.
Al oírlo, Kallie frunció el ceño. No esperaba tener que seguir viendo a Bellamy después de la separación. Pero al pensar que la familia de él siempre había sido amable con ella, se dio cuenta de que no quería lastimarlos con un divorcio tan repentino, así que aceptó.
Bellamy no dijo nada más. Se dio la vuelta y entró al baño, cerrando la puerta de un portazo. Pronto, el sonido del agua corriendo inundó el silencio.
Kallie se encogió de hombros. No sabía cómo había logrado ofenderlo esta vez.
Pero como no lograba comprenderlo, decidió no darle más vueltas al asunto.
Esa noche no fue diferente a las demás de los últimos tres años: Bellamy no se quedó en la villa. Solo Kallie y el personal de servicio permanecieron allí.
A la mañana siguiente, Kallie se mudó de la villa.
Bellamy estaba en un viaje de negocios, pero el mayordomo lo llamó de inmediato en cuanto ella cruzó el umbral. Solo se había llevado sus objetos personales. No había tomado nada más.
Daba la impresión de que no extrañaría a Bellamy en lo más mínimo y de que estaba deseosa de marcharse.
El mayordomo seguía parloteando, con una evidente preocupación por Kallie.
Bellamy se frotó las sienes, adoloridas. Solo podía pensar en ella.
Finalmente, colgó el teléfono con un profundo suspiro.
Un mes después, en el consultorio del médico...
Kallie leyó el informe que sostenía en la mano, con los ojos abiertos de par en par. Las letras en negrita deletreaban dos palabras: "Embarazo Confirmado".
Por supuesto, el bebé no podía ser de nadie más que de Bellamy.
Durante sus tres años de matrimonio, siempre habían usado anticonceptivos. Desde el principio supieron que tener un hijo no era lo ideal, por lo que siempre fueron muy cuidadosos. Por eso Kallie nunca había quedado embarazada.
Sin embargo, ¿quién habría imaginado que sucedería justo después del divorcio? Al calcular las fechas, Kallie se dio cuenta de que había sido la noche en que Bellamy se enteró de que Hanna se había comprometido con otro hombre. Esa noche, él había perdido el control.
Y ella también había sido demasiado descuidada.
Al recordarlo, se sintió aún más contrariada. Sus ojos permanecían fijos en el informe.
El médico a su lado, en cambio, no pareció inmutarse. "Si no quiere tener al bebé, debería proceder cuanto antes".
La voz distante del médico sacó a Kallie de su ensimismamiento. Ella apartó la vista del informe y dijo con calma: "No lo quiero. Doctor, ¿para cuándo podría programar el procedimiento?".
Al escucharla, el médico suspiró audiblemente y revisó rápidamente su expediente. "Lo más pronto sería en una semana. La agenda está llena. ¿Por qué los jóvenes de hoy son tan descuidados? ¿Acaso no saben lo que es un preservativo?".
El médico continuó con su sermón y Kallie se limitó a asentir con educación. Poco después, se puso de pie y siguió a la enfermera para programar la cita del procedimiento.
Luego, con el formulario en la mano, Kallie salió del hospital sin mirar atrás. Solo había pedido medio día libre en el trabajo, así que tenía que volver por la tarde.
Al final de la jornada laboral, un Toyota negro dejó a Kallie frente a su edificio. La había llevado un compañero de trabajo.
Llevaba el cabello recogido en una trenza, lo que la hacía parecer más joven. De pie junto a la puerta del auto, se despidió con la mano de su compañero, que estaba en el auto.
Al oír algo que él le dijo, Kallie soltó una risa melodiosa. Se hizo a un lado y observó cómo el auto negro se alejaba. Cuando el vehículo se perdió de vista, se dio la vuelta y caminó hacia su apartamento.
Pero, para su sorpresa, una figura alta y familiar la esperaba junto a la puerta. Bellamy estaba apoyado contra la pared. Vestía un pantalón de vestir negro y una camisa blanca; parecía un príncipe.
Sostenía un cigarrillo entre sus largos dedos. Le dio una calada profunda y, al exhalar, el humo lo envolvió.
Incluso a la distancia, Kallie pudo sentir el aura intimidante que emanaba de su exesposo.
Esa noche no llevaba puestas sus gafas. Y por lo que Kallie sabía de él, Bellamy era mucho más peligroso cuando no las usaba.
Una profunda inquietud la invadió y, por instinto, se mantuvo a distancia. Después de todo, no tenía la menor idea de por qué su exesposo estaba allí.
Había transcurrido más de un mes desde el divorcio y, en todo ese tiempo, Bellamy no la había buscado.
"Ven aquí", espetó Bellamy en cuanto sus miradas se cruzaron.
Kallie, sin embargo, no se movió. Se quedó clavada en su sitio.
Para ella, el simple hecho de no haberse marchado en ese instante ya era una concesión suficiente. No era su mascota ni su juguete. ¿Por qué habría de obedecer sus órdenes?
"Kallie, te dije que vinieras aquí". La voz de Bellamy se tornó peligrosamente grave.
Kallie abrió la boca y consiguió decir: "Estamos divorciados. No tienes ningún derecho a darme órdenes. Si tienes algo que decir, dilo desde ahí".
Su negativa fue rotunda y clara.
Sabía que Bellamy detestaba que lo desobedecieran. Creyó que él se marcharía, furioso, en lugar de armar una escena allí mismo.
Pero se equivocó.
Bellamy aplastó la colilla de su cigarrillo y avanzó lentamente hacia ella, acortando la distancia que los separaba.
Había caído la noche y la imponente figura de Bellamy le resultaba sofocante a Kallie. Instintivamente, ella retrocedió un paso.
Pero, tras ese único paso, se detuvo y se plantó con firmeza.
"Kallie, ¿quién te dio permiso para acercarte tanto a otro hombre?", reclamó Bellamy, con el tono posesivo de un esposo que descubre una traición.
Un momento antes, al sonreírle a su colega, Kallie lucía radiante. Bellamy nunca la había visto así de feliz.
Durante su matrimonio, Kallie siempre había sido sumisa y obediente. Aunque le había sonreído innumerables veces, era una sonrisa que nunca le llegaba a los ojos.
Era como si, durante todo el matrimonio, hubiese sido una muñeca inexpresiva.
Pero ahora, Bellamy descubría en ella una faceta completamente distinta.
Resultaba que era vivaz y estaba llena de energía.
Pero esa vitalidad la reservaba para otros hombres, no para él.
Cuanto más lo pensaba, mayor era la angustia de Bellamy. Sentía que Kallie lo había engañado durante todos esos años.
Kallie esbozó una sonrisa que pretendía ser inocente. "Estamos divorciados, ¿recuerdas? Tengo derecho a buscar un nuevo novio, ¿o no? Sobre todo ahora que regresaste con tu antiguo amor".
Luego, Kallie enarcó una ceja y continuó en tono de amenaza: "¿Acaso la señorita Reynolds sabe que viniste a verme? A mí, tu exesposa. ¿Qué tal si se lo digo ahora mismo?".
Mientras hablaba, Kallie tomó su teléfono, dispuesta a llamar a Hanna.
Pero antes de que pudiera marcar, Bellamy le arrebató el teléfono. "Kallie, quizás creas que estamos divorciados, pero te equivocas", dijo él con voz sombría.
Kallie enarcó las cejas con sorpresa.
¿Qué demonios estaba diciendo?
¿Acaso no habían firmado los papeles del divorcio?
Sin darle tiempo a reaccionar, Bellamy continuó: "Aún no he firmado los papeles, así que legalmente seguimos casados. Y si ese es el caso, no es apropiado que te acerques a otros hombres".
Kallie se quedó sin palabras.
¡¿Cómo era posible?! ¡Ella creía que Bellamy estaría ansioso por divorciarse!
Después de todo, su antiguo amor había regresado. Durante el último mes, Bellamy había vuelto con Hanna, y la noticia se había esparcido como pólvora en los medios.
Kallie de verdad creyó que había escapado de aquel triángulo amoroso, pero ahora Bellamy la descolocaba con aquella revelación. ¿No había firmado los papeles del divorcio?
¡Maldita sea! ¿Por qué?
"Puede que la prensa no sepa que eres mi esposa, pero mi familia sí. ¿Qué harás si mi abuelo se entera de tu aventura?", la interpeló Bellamy con aire condescendiente. "Y no soy tan magnánimo como para permitir que mi esposa me sea infiel y quedarme de brazos cruzados".
Al recordar el Toyota negro, una chispa de furia brilló en los ojos de Bellamy. "¿Quién te trajo a casa hace un rato?".
No tenía ninguna intención de dejarla ir. La sujetó por la muñeca y tiró de ella hacia él. Tomada por sorpresa, Kallie perdió el equilibrio y cayó en sus brazos.
Podía oler su aroma a tabaco y perfume. Era la misma marca que usaba Hanna.
El reconocimiento la devolvió a la realidad de golpe. Con una risa cargada de ira, empujó a Bellamy y se burló: "¿Sabe la señorita Reynolds que no te has divorciado?".
"¿Eso es una amenaza?", preguntó Bellamy, entrecerrando los ojos.
Kallie sostuvo su mirada ardiente sin una pizca de miedo. "Lo nuestro se acabó. Es lo mejor para ambos. Firma los papeles del divorcio cuanto antes. Así tú serás libre y yo no tendré nada contra ti".
Kallie sentía que Bellamy era un ingrato. No solo le había concedido el divorcio cuando regresó su antiguo amor, sino que tampoco le había pedido nada a cambio. Hacía todo lo posible por ayudarlo a alcanzar su propia felicidad.
Ni siquiera planeaba decirle que estaba esperando un hijo suyo. Miró a Bellamy con desafío, manteniéndose firme. Hasta el conejo más manso muerde si se le acorrala.
La actitud de Kallie enfureció por completo a Bellamy. Jamás la había visto así.
Durante sus tres años de matrimonio, Kallie siempre había interpretado a la perfección el papel de esposa sumisa. Nunca había rechazado ninguna de las peticiones de Bellamy. Ahora, Bellamy no podía discernir dónde estaba el límite de ella y seguía poniéndola a prueba.
Pero Kallie, sin que él lo supiera, era como un resorte flexible, que sabía cuándo ceder y cuándo contraatacar. Bellamy ni siquiera podía descifrar qué pasaba por la mente de ella.
Cuando estaban casados, Bellamy había pensado que él lo era todo para Kallie.
Pero ahora, las palabras de Kallie eran una bofetada en toda regla.
Cuanto más lo pensaba, más se ensombrecía su mirada. Con su gran mano, le sujetó la barbilla y la forzó a mirarlo.
Kallie le sostuvo la mirada, negándose a retroceder.
"Kallie, ¿es por ese hombre que tienes tanta prisa por divorciarte de mí?", demandó Bellamy.
"¡Diste en el clavo! Así que, por favor, no te interpongas en mi felicidad y firma el divorcio de una vez", respondió Kallie, imperturbable.
"¿Él sabe que estuviste casada?". Bellamy le apretó la barbilla con más fuerza.
"Claro que lo sabe. Y también sabe que estoy divorciada", respondió Kallie con aire despreocupado.
La indiferencia de Kallie dejó a Bellamy sin palabras; solo pudo mirarla insidiosamente. La atmósfera entre ellos era algo tensa.
De repente, el teléfono de Bellamy sonó, rompiendo la tensión.
Sin dudarlo, Kallie metió la mano en el bolsillo del pantalón de él y sacó el teléfono.
Para Bellamy, Kallie estaba jugando con fuego. Cuando su pequeña mano rozó su muslo a través de la fina tela del pantalón, Bellamy sintió una ardiente sacudida de deseo.
Un deseo ardiente se encendió en su mirada.
Sin embargo, la voz gélida de Kallie extinguió esa llama al instante. "Es la señorita Reynolds. ¿Quieres que conteste por ti?".
La amenaza era evidente.
Bellamy miró la pantalla y comprobó que, en efecto, era Hanna quien llamaba.
A diferencia de Kallie, Hanna era absorbente y exigente. Si Bellamy se ausentaba por un momento, ella se molestaba y lo llamaba sin parar hasta saber dónde estaba.
En cambio, a Kallie no parecía importarle que Bellamy desapareciera.
"Contesta", dijo Bellamy, sin apartar la vista de Kallie.