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¿Amor prohibido?

¿Amor prohibido?

Autor: : B.Jeremy
Género: LGBT+
¿Quién decide lo que está bien y lo que está mal? ¿Quién tiene el derecho de dictar a quien es correcto amar? ¿Es cuestión de cultura? ¿De religión? ¿Quién puede mandar en el corazón? exacto... nadie. Soy Felipe Zabet, uno de los quintillizos dorados, uno de los hijos de Candy Ángel y Amir Zabet, soy uno de los hombres más ricos del mundo, soy el bromista, soy un joven, soy un hombre, soy quien decide a quien amar, la pregunta es... ¿Él tendrá el valor para amarme? O lo nuestro es solo algo PROHIBIDO.

Capítulo 1 1 Felipe.

Mi corazón latía con fuerza a medida que el avión aceleraba y comenzaba a elevarse, decir que no tenía miedo seria mentir con demasiado descaro, estaba aterrado, mis manos temblaban, mi frente se cubría de pequeñas perlas de sudor, era la primera vez en mi vida, en nuestras vidas... que nos separábamos, era la primera vez en 18 años, que abriría mis ojos el día de mañana y ellos no estarían, mis hermanos, mis otras mitades, soy uno de los quintillizos Zabet, o como todos nos conocen, los niños dorados, cada uno posee una personalidad muy distinta al otro, nuestros rostros son similares pero no i

guales, somos distintos e iguales al mismo tiempo, raro de comprender y aún más complicado de explicar, pero tratare, intentare tener la paciencia de Vicky, ella es una de mis hermanas, Victoria es quizás la más tranquila de nosotros y no es por el hecho de que a los 12 años perdió la vista, no, ella ya era un lago en calma aún mucho antes que eso sucediera, es muy distinta a Ámbar, o la loca, como yo la llamo, Ámbar es fría calculadora y muy muy promiscua con su sexualidad, pero eso tiene una razón, todos y cada uno de nosotros hemos sufrido y lamentado la perdida de Dulce, nuestra prima y quien creció con nosotros, a cada uno de nosotros nos afectó de diferente manera, pero Ámbar vio todo, ella estuvo allí, la vio morir por amor, amor a su lobo, amor a su hijo y eso la hizo cambiar, pero si hablamos de frialdad Mateo se lleva el primer lugar, él es como un maldito cubo de hielo, mientras Stefano es un puto volcán que no necesita de mucho para hacer erupción y moler a todos a goles, y luego estoy yo... Felipe, el bromista, el más flacucho de los hombres y más bajo, mi estatura es casi igual al de mis hermanas, aun así siempre estuvimos juntos, y a pesar de que somos tan diferentes nos complementamos, Victoria es la calma de Stefano, Ámbar es quien provoca a Mateo, gracias a ella Teo, como le decimos solo para molestarlo, demuestra alguna emoción, y yo... yo solo juego mis bromas, esas que los acerca o aleja de mí, dependiendo que es lo que quiero, y es que guardó un secreto, aunque no comprendo cual es mi temor, sé que mis padres, mis hermanos, mis tíos, en fin, sé que mi familia no me juzgara y aceptara, pero aún no estoy listo para decirles, aunque a veces me imagino como lo haría, sueño con levantarme de la mesa en medio de un almuerzo, aclarar mi garganta y decirles, " Familia, soy Gay", y luego imagino sus risas, la voz de Lucero mi cuñada diciéndome que buena broma he dicho. Nadie podría tomar en serio tal cosa, por lo menos viniendo de mí, eso es lo que sucede cuando pasas toda la vida gastando bromas, es como el cuento de Juancito y el lobo, un día quieres ser serio, pero nadie te cree.

Mis ojos se cierran, he estado llorando desde que el avión comenzó su vuelo, sé que ninguno de ellos llorara por separarnos, solo yo, que debería estar feliz de poder disfrutar de este tiempo en China, en la universidad que elegí y donde poder ser yo, Felipe el Gay, pero no creo que eso suceda, y no porque me avergüence de lo que soy... es solo que extraño a mis hermanos.

Felipe, no tardo demasiado en tomar el ritmo de su nueva vida, aun extrañaba a su hermanos, no solo a los quintillizos, también a los otros, los mayores, pero debía seguir adelante, su madre les había dicho que parte de crecer era aprender a solucionar ciertas cosas solo, pero que de igual manera siempre podrían regresar y eso lo llevo a recordar como regresaron sus hermanos mayores y su prima cuando fueron a Francia, también a la universidad, aunque ninguno se recibió, Eros, y Zafiro que eran sus hermanos mayores y fueron los que regresaron al refugio de su hogar con las alas rotas, eso lo recordaba a la perfección, veía el dolor y sufrimiento en sus ojos y era por eso que tenía miedo del día que ellos partieran a la universidad, pero luego, comprendió que sus hermanos cometieron errores que él no repetiría, porque lo más importante para Felipe era el amor, era aún más soñador que sus hermanas, solo el tiempo le haría ver que hay cosas que uno no puede manejar, y que de las penas de amor, nadie puede escapar.

El departamento que habitaba era de lujo, y muy grande, algo que en un país como China era un privilegio, aun así nadie lo acosaba como en Nueva York, aquí era un extraño, no tenía periodistas tratando de retratar su rostro, o haciendo preguntas hostiles sobre porque su hermana Zafiro se había convertido en la esposa del mafioso más buscado en rusia, ni como interfería esto en el matrimonio de su hermano Eros, con la princesa Bach, no, aquí nadie sabía quién era Felipe Zabet, solo lo que veían y lo que él mostraba y era por eso mismo que en solo tres meses era uno de los jóvenes más populares de la universidad, atrás quedaban sus bromas pesadas y chistes molestos, no los necesitaba, solo era él, ¿y cómo era Felipe realmente? Era un joven honesto, atento, simpático, pero también serio cuando la situación lo requería, y a pesar de que su comportamiento siempre fue "normal" descubrió que más de un joven suspiraba por él, algo que lo impacto, en Estados Unidos ningún hombre se le había insinuado como sucedía aquí, algo que lo tomo desprevenido, pero lo que si lo dejo completamente aturdido fue el día que uno de sus profesores le pidió quedarse después de clases, alegando que tenía algo que charlar con él, intrigado Felipe acato la orden, nada lo preparo para lo que sucedería.

Sus compañeros se habían retirado, como siempre parecía que esta cultura trabajaba a un nivel sincronizado y apresurado, como si siempre corrieran de un lado a otro, mientras que Felipe estaba perdido en su mente, tratado de descifrar porque todos siempre estaban apurados, no se dio cuenta que su profesor se acercaba paso a paso a él, como un tigre acechando a su presa, o, mejor dicho, como un dragón a punto de devorar un delicioso bocadillo.

- Te ves sumamente hermoso cuando arrugas tu frente. - Felipe giro de inmediato al escuchar a quien era su profesor hablar tan bien inglés.

- No me lo creo. - dijo aun sorprendido y Han Shun Ming, sonrió con gusto.

- ¿Qué es lo que no crees? ¿Que hable tu idioma? ¿Que entienda lo que dices? O ¿Que eres hermoso? - el hombre de 30 años, coloco un rizo rebelde del cabello de Felipe detrás de su oreja, al tiempo que acariciaba sutilmente su mejilla y este temblaba levemente.

- Yo...yo...- no sabía que decir y esa era la verdad, Felipe había escuchado a más de un compañero insinuársele, pero él nunca había coqueteado con nadie, Felipe ni siquiera había dado un beso en toda su vida, por lo que el avance de su profesor lo dejo tragando grueso, era un hombre alto, con una delgada figura, pero Felipe podía distinguir sus músculos sin problemas por debajo de la camisa, como cuando flexionaba sus brazos y estos se marcaban.

- Tu... te has convertido en mi tormento durante estos meses, eres demasiada tentación para mí, desde el día que cruzaste esa puerta... me has quietado el sueño, más este último tiempo que he podido ver de primera mano cuanto idiota se te acerca y tu solo sonríes. - Ming paso su pulgar por el borde del labio de Felipe, quien dejo salir un suspiro por lo agradable que le resulto aquello.

- ¿Por qué? - el joven se tuvo que aclarar la garganta, y solo entonces pudo continuar. - ¿Por qué me pidió que me quedara? - termino su pregunta al descubrir que Han Shun Ming estaba demasiado cerca de él, una posición demasiado comprometedora para el profesor.

- ¿Eres tan inocente como aparentas? ¿o estas jugando con mi cordura? - el profesor no espero respuesta y termino con el poco espacio que los separaba, beso sus labios de forma sueve, al tiempo que llevo una de sus manos a la nuca del joven, y la otra a su cintura, atrayéndolo aún más cerca de él, haciendo chocar sus cuerpos.

Felipe no respondió en un primer momento, solo quedo allí, con los labios cerrados y los ojos abiertos, hasta que Han Shun Ming, poso su lengua en los suaves labios de Feli, y este al sentir su humedad y suavidad, se dejó llevar, era algo que aun sin haberlo hecho nunca, sentía la necesidad de responder, entrelazando la lengua con la de su profesor y en algún momento del beso se aferró a la camisa blanca que siempre llevaba el hombre, quien dibujo media sonrisa y aun así no rompió el beso, solo lo libero cuando lo sintió temblar, sabiendo que al fin lo tenía para él.

- Tan hermoso. - susurro con sus ojos oscuros y rasgados clavados en los verdes de Felipe y su mano aun sosteniendo su nuca.

- ¿Qué fue eso? - se dijo más para él que para Ming quien sonrió con satisfacción al ver lo aturdido que estaba su alumno.

- Eso mi hermoso Felipe, es mi reclamo a ti, de hoy en adelante eres mío.

Así fue como comenzó su historia de amor, o eso pensó Felipe, le gustaba su profesor, desde que lo había visto, su voz era suave, aun así, masculina, tenía a muchas alumnas suspirando por él, no podía creer que fuera gay, pero lo era, sus besos se lo decían, sus caricias, esas que aumentaban de intensidad con cada día que pasaban juntos, Felipe sentía que caminaba sobre las nubes, algo imposible y pronto lo sabría.

- ¿Con quién hablas? - la voz fría de Shun lo hizo pegar un salto, no lo había escuchado entrar en su departamento, pero allí estaba, ni siquiera recordaba haberle dado una llave.

- Hablaba con mi hermana, me estaba contando que ira a una boda de la familia de mi cuñada...

- ¿Y te tienes que despedirte con un "te amor hermosa"? - no era la primera vez en un mes que Shan le hacia un planteo como ese, era celoso y posesivo, Felipe ya lo sabía y no le gustaba, pero esta era la primera vez que lo hacía por su familia.

- Es mi hermana Ming. - respondió mientras quiso ir a la cocina, pero el hombre lo tomo del brazo y ya no lo dejo avanzar.

-¡Shun! Te he dicho que me digas Shun. - Felipe suspiro con molestia, aun no terminaba de entender esa manía que tenían en China de nombrar a las personas por su primer nombre, segundo o su apellido según el afecto y confianza que se tenían.

- Esto es... no es fácil llamarte Ming en la universidad y luego Shun o Han si estamos fuera de mi departamento o en tu casa. - Ming lo sujeto con fuerza entres sus brazos y de forma suave lo recostó en el sofá, quedando arriba, asegurándose de mantenerlo sometido.

- Déjame facilitarte todo. - dijo al tiempo que sus labios repartían besos húmedos en la mejilla y cuello de Felipe. - Si estamos en la universidad, seré profesor Ming, o solo puedes verme de esa forma tan hermosa como cuando quieres que te bese e iré a tu lado de inmediato, y te ayudare con todo lo que necesites. - a los besos se le sumaron sus manos, acariciando el torso de Felipe, quien comenzaba a dejarse llevar por las sensaciones tan nuevas que eso le provocaba.

- Si estamos en un club, o Karaoke, puedes decirme Han, como si fuéramos grandes amigos, esos que se conocen desde siempre, porque así lo siento, ¿tú no? - preguntó mientras su mano descendía un poco más.

- Y cuando estemos solos, me dirás Shun, porque aquí solo quien te ama te puede llamar por tu segundo nombre, y sé que tú me amas como yo te amo, mi hermoso Felipe. - su voz era ronca y Felipe sabía que la razón era por lo excitado que estaba, podía sentir su erección rozar su pierna, quería decirle que se detuviera, que aún no estaba listo para aquello, pero sus palabras fueron sustituidas por un gemido en el momento que la mano de Shun ingreso en su pantalón y acaricio su pene por sobre su bóxer.

- Shun. - dijo con la voz temblorosa y el hombre sonrió satisfecho.

- Así es hermoso, Shun, tu Shun.

Las manos de Ming eran tan rápidas y convincentes como su lenga, mientras sus besos aturdían a Felipe, sus manos fueron las encargadas de despojarlo de su ropa, y Felipe ya no sentía vergüenza o miedo a lo desconocido, lo deseaba, lo quería, necesitaba dar ese paso o la tensión sexual entre ello terminaría haciendo estragos.

Ming sabía muy bien lo que hacía, aprovechando el aturdimiento de Felipe, lo tomo en brazos y lo llevo a la recamara, donde ya tenía todo preparado, Felipe se había olvidado del detalle de no saber cuándo Ming había ingresado en su hogar, no tenía como saber que este respetado profesor no era lo que aparentaba, y obtenía todo lo que quería y cuanto quería y en este momento quería a Felipe, lo había deseado desde que lo había visto el primer día de universidad, fue solo una coincidencia que Felipe fuera gay, ya que si ese no fuera el caso Ming lo hubiera reclamado de igual forma, y es que nadie le decía que no, Han Shun Ming, era el líder del dragón rojo, una de las principales mafias que había en aquel país, su poder solo se comparaba con el tigre blanco, su eterno rival. Lo que comenzó como un simple antojo de Ming, pronto se convirtió en obsesión, Felipe era un joven divertido y carismático, una joya exótica que Ming quería poseer por siempre, y no estaba dispuesto a compartirlo ni siquiera con su familia.

Felipe observo cada movimiento que su profesor hacía, como lo dejo con delicadeza sobre la cómoda cama, y luego comenzó a desvestirse, se sorprendió de que, a pesar de ser muy delgado, sus músculos se marcaban en su abdomen, mientras que él solo era delgado, casi no tenía músculos que lucir, quien diga que un hombre no duda de su físico miente, ya que Felipe se preguntaba si Ming realmente lo veía hermoso, como tantas veces se lo dijo. Su profesor sonrió cuando el joven quedo con la vista fija en su pene, ese que de la misma excitación tenía una gota brillante en la punta, Ming tomo un pequeño frasco de la mesa de noche, y solo entonces Felipe se preguntó hacia cuanto tiempo que Shun estaba en su hogar, pero los besos de su profesor lo hicieron olvidar de todo una vez más.

- Abre tus piernas hermoso. - le susurro en el oído y Felipe obedeció, algo que a Ming le encantó, le fascinaba con la facilidad que Felipe lo obedecía.

- ¿Lo haremos? ¿realmente lo haremos? - pregunto con la garganta seca el rubio.

- Solo relájate y déjame todo a mí. - Han Shun sabia de sobra que él era el primero en todo con Felipe, una razón más para dejárselo y lucirlo, como una joya de su propiedad, aunque nunca le ofrecería otro lugar más que el de un acompañante, como muchos más que tenía, mientras que Felipe creía que Ming era gay al igual que él, la verdad era que Ming era bisexual.

- Realmente hermoso. - volvió a susurrar, admirando una vez más el cuerpo color crema de Felipe y como por momentos este enrojecía ante su hambrienta mirada.

Shun volvió a tomar sus labios, pero esta vez de manera dominante, lo deseaba, y lo tendría. Llevo sus manos a las piernas de Felipe y las elevo, dejando de esa forma su abertura expuesta, sus labios descendieron a los pequeños pezones del rubio y se dio a la tarea de lamerlos, mientras humectaba dos de sus dedos con lubricante, y sin perder más tiempo lo penetro, muy lentamente, primero con uno y luego sumo otro más, tomándose su tiempo para observar como el joven se retorcía bajo sus caricias, fue entonces cuando comenzó a girar sus dedos, dilatando aún más aquel estrecho lugar, hasta que al fin considero que era suficiente.

- Shun. - gimió fuerte el rubio y llevo sus manos al cuello delgado de su profesor, aferrándose a él.

- Tranquilo hermoso, solo disfruta. - respondió, pero al sentir la rigidez de su acompañante tomo el pene delgado y nada pequeño de Felipe y comenzó a masturbarlo, provocando que se agitara aún más, pero estaba vez de placer.

- Así hermoso, así. - le repitió en más de una ocasión mientras las estocadas se volvían más profundas y certeras encontrando el punto dulce del joven y provocando que gritara de placer.

- Shun... Dios...Si... ya casi. - dijo completamente rojo tanto de placer como de vergüenza, Felipe creía que era precoz, sin embargo, hacia varios minutos que Ming lo estaba penetrando y también estaba llegando a su punto máximo de placer.

- Si hermoso, así, recibe todo de mi... Libérate Felipe, hazlo conmigo.

Ming, apretó aún más el pene de Felipe, al mismo tiempo que se hundía al completo en él, provocado que el joven liberar su esperma en medio de ambos, y Ming se vaciara en su interior, definitivamente este hombre jamás se cansaría de Felipe, lo pensó y lo siguiente que dijo fue la sentencia del joven.

- Eres mío Felipe, solo mío hermoso.

Capítulo 2 2 Indeciso.

Felipe no podía creer que al fin había tenido sexo, eso a lo que tanto le temía pero que también deseaba, Ming, se mostró muy considerado con él, y Felipe se comenzó a preguntar si esto era amor, no estaba seguro, no era como lo que les contaba Eros o Zafiro, sus hermanos mayores, no se parecía a lo que vio de pequeño con su prima Dulce y Tiago, aunque le gustaba estar con su profesor, pero en el mes que llevaban juntos ninguno de los dos había hecho referencia a estar en una relación, Ming lo había presentado a uno que otro amigo como Felipe, un conocido, nada más y él no tenía amigos aun en

ese país, pero aunque los tuviera no iba a presentar a su profesor como novio, ya que Ming solo decía "Eres mío" como si eso explicara todo, a veces se sentía alagado y otras tantas se molestaba, pero ahora no era tiempo de pensar de más en cosas absurdas se dijo una y otras vez, ya tendría tiempo de charlar con "su profesor", por ahora lo único que quería era terminar de ducharse y descansar... al lado de Ming, o mejor aún entre los brazos del primer hombre con el que había estado.

- Min...Shun. - se corrigió sobre la marcha y no porque recordara la charla con Ming, sino por la forma fría en que lo vio. - No sabía que tienes un tatuaje, es muy... grande. - dijo sorprendido al ver la espalda del hombre y el dragón rojo que la cubría al completo.

- Esto es una marca con una razón, tiene un porque para estar allí, no como las estupideces que tú tienes. - Felipe se sintió mal, más que eso, Ming ni siquiera le había preguntado por sus tatuajes, solo lo estaba juzgando, pero no se mostraría como un joven quejumbroso, él era Felipe Zabet- Ángel, claro que no se mostraría frágil, aunque en el fondo lo era.

- ¿Estupideces? Han Shun Ming, todo lo que toca mi piel se convierte en arte, tú mismo lo dijiste, soy hermoso, por lo que todo lo que me rodea también lo es, ¿qué te hace pensar que mis tatuajes serán la excepción?

- Felipe... - comenzó a protestar el mayor al verlo salir de la ducha y colocarse la bata de baño.

- Cierra la puerta al salir, y la próxima vez espera una invitación para venir, no me gustan las sorpresas.

Felipe estaba molesto y herido, era la primera vez que estaba con alguien a ese nivel de intimidad, no sabía que esperar o hacer, pero definitivamente recibir un regaño por sus tatuajes, en especial acompañado de la mirada desaprobatoria de Ming lo molesto demasiado, pero también le fue honesto, a Felipe no le gustaban las sorpresas, las odiaba, aun recordaba como sus hermanos regresaron sorpresivamente de la universidad, y como se casaron de la misma forma y aunque ese era un recuerdo feliz, muchas cosas malas pasaron luego, cosas que Felipe relacionaba a las sorpresas y era por eso que no le gustaban en ningún sentido.

Ming no estaba dispuesto a tal comportamiento, estaba pensando seriamente en decirle a Felipe que tan importante era el apellido Ming en China, mejor aún estaba dispuesto a decirle que él era el sucesor del drago rojo y por ello tenía ese tatuaje, por lo que lo mejor que podía hacer era complacerlo y tenerlo feliz, pero cuando se estaba terminando de vestir, recibió la llamada de uno de sus hombres, el clan lo necesitaba con urgencia, por lo que solo salió con la intención de advertirle que hablarían cuando regresara, pero solo le basto con verlo dormir como un buen niño, para que el enfado disminuyera.

- Eres demasiado hermoso como para castigarte, pero aun así no tientes tu suerte. - Felipe se removió un poco, pero no se despertó, aun con Ming hablando en su oído, el asiático dejo un beso en su frente y salió de la misma forma en la que entro, por la puerta principal con la llave que le había robado a Felipe.

Felipe dormía profundamente, pero no estaba tranquilo, escuchaba a alguien llamándolo, pero no comprendía lo que decía, solo sabía que era alguien que quería, y su corazón se aceleró con desespero, a tal punto que terminó por pegar un salto en su cama, y solo cuando abrió los ojos comprendió que había estado soñando, aunque no recordaba que, se levantó y camino por su departamento, estaba solo, Ming ni siquiera había dejado una nota, pero no era eso lo que lo molestaba, era otra cosa, algo que ni él comprendía. Tomo un vaso de agua y estaba a punto de volver a su cómoda cama cuando la puerta de su departamento fue abierta, arrancándole un grito de la impresión.

- Tranquilo Felipe, soy Conall Bach, nos vimos en el entierro de Dulce, no sé si me recuerdas. - Felipe no solo estaba aturdido por su visita y no era la única, tras el hombre de traje negro ingresaron seis hombres más, que estaban armados.

- No te recuerdo, a decir verdad, no le preste atención a nadie ese día. - respondió al tiempo que daba un paso hacia atrás, el hecho de que ese hombre nombrara el funeral de Dulce le removió las entrañas, era un niño cuando eso sucedió y, aun así, lo recordaba, pero solo el dolor, no los rostros de quienes fueron aquel día a rendir sus respetos.

- Lo comprendo, no te asustes, pero debes venir con nosotros ahora mismo. - dijo Conall, al ver como Felipe había retrocedido dos pasos.

- ¿Qué? No, ¿Por qué?

- Debes llamar a tu madre, ella te explicara, dime que necesitas empacar y mis hombres se encargaran, no podemos perder tiempo. - en la mente del joven solo una cosa se repetía... su sueño.

- Algo le sucedió a uno de mis hermanos. - dijo en un susurro, y tuvo que apoyar una de sus manos en la pared, para lograr mantenerse en pie.

- Lo siento, Lucero solo me dio la orden de venir por ti. Llama a tu hogar y dime que necesitas...

- Solo la documentación. - respondió tratando de recordar el número de su madre, era tantos los nervios que sentía que no pensaba con claridad, solo podía ver los rostros de sus hermanos pasar frente a él, mientras se preguntaba que sucedió, y a quien, ¿sería la loca de Ámbar? ¿acaso el temperamento de Stefano al fin lo había llevado a un problema ralamente grave? ¿o seria Mateo? A cuál de sus hermanaos le había sucedido algo.

- ¿Necesitas ayuda? - indago el hombre mayor y tuvo que obligarse a hablar.

- No... no recuerdo el número de mi madre. - Conall le regalo una sonrisa condescendiente, trato de recordar lo que era ser un joven con preocupaciones mínimas, pero no pudo, él había cargado con ser un Bach desde niño, hombres con nervios de acero y mujeres con mentes brillantes, eso eran los Bach.

- ¿No la tienes agendada como mamá? - pregunto lo obvio y Felipe quería golpearse, completamente rojo por su estupidez, tomo su teléfono y llamo a su hogar.

- ¿Ma? - dijo con voz temblorosa, podía escuchar los grito de Amir a lo lejos.

- Feli, hijo, gracias a Dios que estas bien, debes regresar, todos deben regresar. - dijo con apuro y desespero, Candy precisaba ver a sus niños, necesitaba comprobar por ella misma que estaban bien.

- ¿Qué sucede? - cuestiono porco dispuesto a moverse son saber quién de sus hermanos estaba en problemas.

- Solo regresa con Conall...

- ¡¿Qué es lo que pasa?! Yo soñé... - Felipe dejo de hablar al percatarse de la mirada intrigada de Conall lo último que quería era que lo tildaran de loco.

- ¿Qué Feli? Que soñaste hijo. - respiró derrotado, era su madre, la conocía, no se detendría.

- Soñé que me llamaba... Vicky. - dijo sorprendiéndose incluso él mismo, ya que cuando despertó no podía estar seguro de quien lo llamaba, pero ahora lo estaba.

- ... - la línea quedo en silencio, y Conall lo veía sorprendido.

- Dios mío, ¿Qué le paso a Vicky? - el shock que le había causado Conall al abrir de repente su puerta e ingresar con todos esos hombres se había esfumado, en este momento Felipe solo podía pensar en Victoria, su hermana.

- Se la llevaron... Felipe, alguien secuestro a Victoria.

Felipe término con la llamada y comenzó a caminar hacia fuera, necesitaba regresar a Nueva York, tenía que saber que era lo que le había sucedido a su hermana, ¿cómo fue que alguien pudo ingresar en la mansión Zabet? Porque para Felipe alguien había ingresado en su mansión, su hermana era ciega y no le gustaba salir, pero a mitad de camino una mano grande lo detuvo, o quiso hacerlo, Felipe estaba tan preocupado por su hermana que solo reacciono a esa acción que pretendía detenerlo, el delgado joven tomo la mano de Conall y giro, doblándola de tal forma que estaba a punto de romperla.

- Tranquilo Felipe, soy yo. - Dijo con dolor y con su otra mano hizo una señal a sus hombres para que bajaran sus armas.

- Mierda, lo siento, yo estoy... estoy muy nervioso, quiero ir a mi casa, necesito ir con mi mamá. - no quería, no debería, pero Felipe sonaba como un niño asustado, quería regresar al refugio de su hogar, que sus padres le dijeran que todo era una broma, que al fin alguien le había hecho una broma a él.

- Lo comprendo Felipe, y nosotros te llevaremos, solo que no puedes ir en pijama, ponte, aunque sea un abrigo. - y solo entonces Felipe recordó que apenas unos minutos atrás estaba durmiendo.

- No puedo creer que ese niño flacucho lo sometiera tan fácil jefe. - murmuro uno de los hombres cuando ya estaban de camino al aeropuerto, Felipe veía por la ventana, pero, aunque estaba ocupando toda sus pensamientos en Vicky, podía escuchar a los hombres susurrar.

- Ese niño, es Felipe Zabet, y es un Ángel, que su rostro de inocente no te engañe, de todos ellos la única que es débil es Victoria, es por eso por lo que la secuestraron. - la última frase de Conall lo molesto, más que eso, lo enfureció y Felipe pocas veces se enojaba a ese punto.

- Si crees que Vicky es la más débil de nosotros es porque no nos conoces en realidad, pero ya lo veras por ti mismo, todos la subestiman por ser ciega, pero ella podría ser mejor asesina que Hades, solo la detiene la dulzura de su corazón. - dijo al tiempo que sus ojos brillaban con cierta advertencia de que cuidara sus palabras.

- Lo mismo dijo Lucero, pero lo cierto es que la secuestraron y no opuso mayor resistencia. - rebatió Conall y no por contradecir a Felipe, sino tratando de comprender como fue que se la habían llevado tan fácil, lo que ambos desconocían era que Vicky se había dejado llevar por salvar a Rosita, su hermana adoptiva.

- Desde que éramos niños se nos instruyó para poder sobrevivir en caso de un secuestro, ya sabes, somos asquerosamente ricos, pero además somos sobrinos y primos de asesinos, a eso súmale que Zafiro esta con Neri el líder de la mafia rusa y Eros... con Lucero, debes saber mejor que nadie cuantas personas quieren llegar a un Bach. - Conall no podía rebatir aquel hecho. - A diferencia de ustedes, a nosotros nos gusta la libertad, estar rodeado de tanto custodios... no es una opción, no desde que nos traicionaron y por ello murió mi prima. - Conall comenzaba a comprender todo aquello que Lucero les había contado.

- Están entrenados para matar. - Felipe dejo salir una sonrisa triste, que acompaño de un suspiro antes de responder.

- Tenemos sangre de asesinos, lo llevamos en nuestras venas, pero solo llegado el caso sabremos si todos somos capaces de matar, por ahora, solo mis padres, mis tíos, Hades, Eros y Zafiro se han atrevido a hacerlo.

- ¿Crees que Victoria lo hará? ¿crees que pueda escapar?

- Creo que ella hará todo lo que este en sus manos para regresar a nosotros, cueste lo que le cueste, somos su familia.

Felipe no se equivocaba, Victoria haría cualquier cosa para regresar aun a costa de su propio corazón, solo le llevo un par de semanas regresar con su familia, pero muchas cosas pasaron en ese tiempo, en especial a Felipe.

Ming solo lo llamo una vez, para exigirle saber dónde estaba, a lo que Felipe le informo que su hermana había sido secuestrada, y que regresaría solo cuando ella regresara a casa, luego de eso Ming no se comunicó más con él y Felipe no tenía tiempo ni ganas para saber de él, por suerte Vicky había regresado y ahora les insistía que regresaran cada uno a su vida habitual, es decir que regresaran a sus universidades y hogares, ya que incluso Zafiro y Eros estaban allí, pero Felipe ya no estaba tan convencido de regresar, ni siquiera por Ming, fue por eso que busco un tiempo a solas, fue a la casa del árbol, aquel lugar era el favorito en toda la mansión, aun con sus 19 años recién cumplidos. En ese pequeño lugar, comenzó a pensar que debía hacer, no solo con sus estudios, también con su vida en general, ¿le gusta Ming? Claro que le gustaba, ¿lo amaba? No lo creía, no estaba muy convencido de que era el amor, solo podía verlo en los ojos de sus padres, o en los de sus hermanos, como veían a sus esposas o esposo, recordó como ayudo a Tiago a convencer a Dulce a que fuera su esposa, ese moreno estaba muy enamorado de su prima.

- Detente Princesa, ya es suficiente de culparte por todo. - la voz de su cuñado lo llevo a levantarse y observar por la pequeña ventana, la princesa, como solo el ruso llamaba a Lucero se veía abatida, Felipe conocía la historia de ese par, sabía que Neri y Lucero fueron amigos aun antes de que Zafiro y Eros entraran en sus vidas, ellos tenían una conexión única, como la que tenían con Tiago y Dulce, ellos cuatro fueron los mejores amigos.

- Pero esta vez también es mi culpa, ¿lo puedes comprender Neri? Por mi culpa secuestraron a Vicky, ¿Qué hubiera sucedido si la mataban como paso con Dulce?

- Lo de Dulce no fue tu culpa...

- Lo fue, murió por que fui una inepta, tomé el lugar de cabeza de los Bach ¿y para qué?

- Para vengar a Zafiro, gracias a ti matamos a esos hijos de puta.

- Debía vigilar a los padres de esos tres y no lo hice, debía cuidar a Tiago y no lo hice y ahora no están y yo estoy criando a su hijo y ¡el día que Horus sepa la verdad va a odiarme!

- Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí, sabía que Zafiro quería dame celos y solo la deje, ¿quieres otro culpable? Tu esposo.

- Neri...

- No, que tú lo perdones no quiere decir que yo lo haga, lo respeto, de acuerdo, es mi cuñado y tu esposo, pero yo no puedo perdonar que te violara.

- No lo hizo.

- Abuso de ti, él sabía que estaban drogados y aun así... - Neizan dejo de hablar al ver como Rosita estaba discutiendo una vez más con Zafiro y luego de hacerle una mueca a Lucero se alejó, Felipe no comprendía nada de todo aquello, pero no se quedaría con la duda.

- Lu. - dijo el joven y la princesa del imperio Bach, al fin lo descubrió, no puedo evitar reír al verlo asomado en la pequeña ventana y como si ella también fuera una niña subió a esa pequeña casa del árbol que en un tiempo había albergado a cinco niños de cabello dorado.

Las horas pasaron y Lucero contesto todas y cada una de las dudas de Felipe, quien descubrió toda la verdad de su familia, como Eros había abusado de Lucero, como tres hombres habían violado a Zafiro y al fin supo la verdad, el bebé que Zafiro había abortado no era de Neri como siempre creyeron, sino que era producto de esa violación, el joven se sentía mal, durante 7 años le había jugado bromas pesadas a Neizan, creyendo que él era el responsable del aborto de su hermana, ahora comprendía que el ruso prefirió aquella mentira para que ellos, que eran unos niños nunca supieran lo que le había sucedido a su hermana, ese día Lucero Bach y Felipe se hicieron amigos, pero su conversación también le sirvió al rubio para saber un poco más de lo que era el amor.

Felipe al fin regreso a China, no estaba muy convencido de retornar, pero al ver como sus hermanos volvían a sus universidades y que incluso Victoria se iría a Rusia con Stefano, decidió no ser el débil y seguir el ejemplo de sus otras mitades, parecía que solo él los extrañaba, claro que con lo que había sucedido con Victoria nada volvería a ser igual, Felipe ya no estaba solo en China, Lucero había envido gente de su confianza a la cuidad a cuidarlo, así como Ámbar estaba bajo la protección del clan Zabrek, quienes lideraban la mafia en Grecia, Mateo tenía como respaldo a la mafia de Chicago los Constantini, y Stefano estaba en el reino de los Neizan, por lo que Lucero se haría cargo de su seguridad, solo se tomó un día de descanso para regresar a la universidad y solo cuando puso un pie en aquel lugar recordó a Ming, en todas esas semanas no se había comunicado con él, pero Felipe tampoco lo había hecho, comenzaba a estar cada vez más seguro que eso no era amor, solo atracción y curiosidad, Ming fue el primer hombre que le fue claro o mejor dicho directo en avanzar a algo con él, pero eso no quería decir que el rubio lo amara.

- Señor Zabet, debo hablar con usted. - dijo de forma cortante Ming cuando la clase termino y Felipe solo se quedó en su asiento, viendo una vez más como todos se retiraban.

- Ming... - comenzó a decir Felipe, pero su boca fue tomada con desespero por su profesor, quien incluso lo hizo poner de pie, para pegarlo a su cuerpo.

- Te extrañe hermoso, no sabes cómo te extrañe. - Han Shun Ming estaba agitado de pies a cabeza, su cuerpo estaba rígido, y sus manos apretaban con desespero el cuerpo de Felipe.

- Sí, eso se nota. - respondió mostrando una pequeña sonrisa el rubio, jamás hubiera imaginado que lo recibiría de esa forma, a decir verdad, esperaba algún ataque de celos, ya que en el corto tiempo que llevaban juntos en esa confusa relación, el hombre se había mostrado hostil cuando Felipe no le decía dónde estaba, que estaba haciendo o cuando no hacia lo que él le pedía.

- Sé que regresaste ayer, ¿Por qué no me llamaste? - y allí estaba, lo que a Felipe le molestaba, que Ming siempre sabía dónde estaba y que hacía.

- Porque espere que tú me llamaras, a decir verdad, he esperado tu llamada durante días, por lo menos para que me preguntaras como estaba. - dejo que la queja solo saliera, si Ming iba a reclamar algo, él también.

- Si no te hubieras ido, yo sabría como estabas.

- Si recuerdas que te dije que secuestraron a mi hermana ¿verdad? - rebatió molesto al tiempo que se alejaba un poco de él.

- Tienes hermanos mayores, ellos deberían preocuparse por eso, no tu hermoso, ese no es tu trabajo.

- ¡¿Disculpa?! Comprendo que ustedes tienen una forma distinta de pensar y solucionar las cosas, pero de donde yo vengo, ser el mayor o el menos no tiene nada que ver con preocuparte por tus otros hermanos. - Ming suspiro demasiado fuerte y un brillo oscuro tomo sus ojos, pero cuando Felipe esperaba alguna frase mordaz de él, solo le sonrió.

- Tienes razón, tú eres distinto, por eso me vuelves loco, quiero verte... en mi casa, a las 10, no faltes.

Solo lo dijo y se marchó sin esperar respuesta, Felipe paso el resto del día pensando que debía hacer, el hecho de que Ming le gustara y mucho no era suficiente para pasar por alto sus desplantes, ni siquiera mintió y fingió un mínimo de preocupación por Vicky, no pregunto por ella o como estaba, y eso era porque no le importaba, y Felipe no podía amar a alguien que no le importara su familia.

- Señor...

- No me llames así, por favor, tengo la mitad de tu edad, dime Felipe. - el joven vio con fingido espanto a su custodio y a este no le quedo más que reír, Felipe tenía la facilidad de hacer reír incluso a la persona más seria del mundo.

- Como digas, solo quería preguntar si saldrá esta noche o...

- No claro que no, pueden ir a descansar, nadie podría ingresar al edificio, solo los Bach. - respondido el rubio, ya que se enteró que Conall, desplego al menos veinte hombres esa noche que fue por él, y aun así tuvo que dar explicaciones a la policía al salir del edificio, Felipe era precavido, siempre temió el ser secuestrado o acosado por los periodistas, lo odiaba, fue por eso por lo que había buscado un buen edificio en donde establecerse en China.

Una vez que el empleado se retiró, él fue a la casa de Ming, debía decirle que si seguían en esa especie de relación deberían programar donde y cuando verse, si bien le había confesado a Lucero que era gay, aun no estaba dispuesto a que toda su familia se enterara y por más que Lucero le aseguró que su gente no diría nada de lo que viera él no estaba tan seguro, o quizás era el hecho de que no estaba seguro de continuar con Ming. Fuera lo que Fuera, Felipe se arrepentiría de haberle mentido a sus custodios.

Capítulo 3 Pesadilla.

Felipe camino por las calles de piedra, odiando una vez más el clima tan cambiante de aquel lugar, aun no se acostumbraba a salir con un paraguas cada día, y es que, así como en un segundo el cielo estaba despejado solo segundos después la lluvia caía, como en este momento, apresuró sus pasos y toco sin demora la puerta del hogar de Ming, o el que Felipe creía que era su hogar.

- Creí decirte que siempre lleves un paraguas. - fue lo primero que Ming dijo y Felipe bufo molesto.

- Ming, deja de comportarte como mi padre y dame mejor algo para secarme o me enfermare, odio el clima de este lugar... - Felipe siguió quejándose, sin percatarse de la forma en que su profesor lo veía.

- Ten y sígueme. - ordeno con voz acerada y Felipe lo vio sorprendido.

- ¿A dónde?

- A cambiarte antes de que te enfermes. - sin ser consciente del peligro Felipe lo siguió, y es que, para el joven Zabet, desconfiar de quien te quiere o a quien quieres no era lógico, se supone que quienes te quieren no te dañan, eso pensaba Felipe.

Ming no perdió tiempo y comenzó a desvestirlo, ágil y rápido como solo él podía ser, pero bajo su aparente preocupación se escondía otra cosa, una tenebrosa e incluso diabólica razón, Felipe se dejó hacer, como cada vez que Ming estaba a su lado, el joven se replanteaba la decisión que había tomado, ahora que Ming besaba sus labios con suavidad, y acariciaba su torso, como con suaves movimientos secaba su espalda, o la delicadeza con la que retiraba su pantalón y ropa interior, Felipe se preguntaba una vez más si no estaba siendo egoísta, ¿realmente era correcto alejar a Ming solo por ser un poco controlador? Ahora no estaba, muy convencido de ello. Talvez como todo en su vida estaba tomando una decisión egoísta y es que así se sentía Felipe, cada vez que sus hermanos o padres se abrían a él, buscando tratar de descubrir el secreto del rubio, este los alejaba con alguna broma pesada, en este momento Felipe se preguntaba si en verdad quería alejar a su profesor por no ser compatibles o por temor de amarlo, en estos 19 años Felipe se había acostumbrado a estar solo y aun así acompañado, su mente era un verdadero caos y los besos de Ming no ayudaban, hasta que sintió el frio del metal en sus muñecas, solo entonces se dio cuenta que estaba esposado a la cama.

- ¿Qué haces? - pregunto con media sonrisa que borro al ver el rostro sin emociones de Ming.

- ¿Quién es el hombre que estuvo contigo ayer y hoy? - pregunto mientras se sentaba a horcadas sobre Felipe.

- ¿Por qué me vigilas Ming? - un chasquido sonó y el rubio dejo de hablar y aun cuando sintió el golpe en su mejilla no pudo decir nada, estaba en shock.

- Shun, ¿cuántas veces te lo debo explicar? Me debes llamar Shun. - el frio en la voz de su profesor era acompañado por una la mirada de hielo.

- ¡Y una mierda, maldito loco! ¿Quién te crees que eres para golpearme? - Felipe solo recibió otra bofetada como respuesta, pero esta vez movió con furia sus manos para tratar de liberarse, ¿lo habían golpeado a lo largo de su vida? Por supuesto, él podía ser delgado y fácilmente podía pasta por una de sus hermanas, pero los niños dorados estaban preparados para la lucha, entrenaba a diario y en más de una ocasión se vio envuelto en las peleas de Stefano, pero, aun así, jamás se había sentido tan indefenso como se sentía en ese momento, nunca alguien que él quería lo había golpeado adrede.

- Me creo lo que soy, el dueño de casi toda china, soy Han Shun Ming, líder del clan dragón rojo y tu... eres una de mis joyas y yo no comparto mis cosas. - Felipe se congelo por casi un minuto, ¿sabía quiénes eran los dragones rojos? si lo sabía, Arkady el primo de Neizan hacia negocios con ellos, ¿quería tener algo que ver con ellos? no, claro que no.

- Quiero irme. - dijo con la esperanza de que Ming lo dejaría ir, algo que le quedo claro no sucedería gracias a la sonrisa siniestra que el oriental tenía en sus labios.

- Hoy comprenderás que tu harás lo que yo quiera y cuando yo quiera, eres mi hermosa joya, exótica, distinta, pero eso no te da ningún privilegio, ¿comprendes? - pregunto ahora jalando el rubio y un poco largo cabello de Felipe, provocando aún más el enojo del menor.

- Déjame, ¡ahora! tú no sabes quién soy... - trato de persuadirlo, pero la risa de Ming lo silencio.

- Eres Felipe Zabet, eres el cuñado de Neri, no querrás que comience una guerra con los rusos por ti ¿verdad? Porque si ese fuera el caso, el primero en morir seria tu sobrino.

Felipe grito, lloro e incluso rogo, pero nadie lo escucho, en las tierras del dragón rojo Han Shun Ming controlaba todo, incluso quien oía, quien veía y quien hablaba.

El día siguiente, las personas parecían no ver a Felipe, era como si el joven que caminaba cubierto de sangre no existiera, ni siquiera la policía se detuvo a preguntar qué era lo que le sucedía, tardo más tiempo del normal en regresar a su hogar, cada paso que daba el dolor se incrementaba, sus piernas cedieron en más de una oportunidad, enviándolo al frio de las aceras, donde todos lo veía con lastima, solo una niña hizo el intento de ayudarlo a ponerse en pie, pero la mano de su madre y el miedo en su voz fueron suficiente para hacerla desistir.

- Es el nuevo juguete del señor Ming, déjalo. No lo toques.

Felipe se dejó caer de trasero lo que le causo aún más dolor, un pinchazo que lo dejo sin aire, podía sentir la sangre entre sus piernas, aun así, pudo ver como todos lo veían, aunque luego de unos minutos descubrió que no era a él al que observaban, eran los hombres de la acera de enfrente, los había visto, en reiteradas ocasiones, incluso creyó que lo estaban siguiendo, ahora sabía que no se equivocaba, ¿Cómo era posible que pasara por alto el tatuaje de dragón que se veía en la mano de uno y el cuello del otro? Fácil, porque nuca creyó que en un lugar tan alejado de su hogar debía cuidarse la espalda, porque en su mente de 19 años recién cumplidos, aun había lugar para la inocencia, en ese momento lo pensó, él era inocente, un iluso, un idiota, un soñador, tanto como lo fue Dulce, ¿Cómo pudo creer que, si no se metía con nadie, nadie se metería con él?

Haciendo acopio de la poca fuerza que le quedaba se levantó una vez más, debía llegar a su hogar antes que los custodios de los Bach se hicieran presentes, ya una vez hace 7 años atrás había sido testigo de una guerra, como esos hombres irrumpieron en su hogar, con el desespero que Neri Neizan, el esposo de su hermana mayor, lo había tomado en brazos cubriéndolo casi al completo, cuidando su vida, aun si le costaba la suya propia, y lo había colocado en una camioneta junto con sus hermanos, aun así lo vio, la muerte llego a su hogar, y aunque muchos resultaron heridos solo dos personas murieron ese día, Dulce y Tiago, que en ese entonces tendrían su misma edad, ellos murieron antes de los 20, ¿quería que la historia se repitiera? Claro que no, no podría llevar a su familia a un infierno de ese calibre, menos poner en riesgo a Lukyan, ese niño que aún no nacía, y que era todo para Zafiro, su hermana había sufrido mucho, y en el momento que ingreso en su departamento y fue a la ducha, la conversación que había tenido con Lucero se repitió en su mente.

- A Zafiro la violaron, tres malditos... ayudé a Neri vengarla, aun así, no hice bien mi trabajo, y sus padres buscaron venganza, no estaban solos, el cartel de Cuervo también los ayudo, ellos querían a Tiago, los otros querían a los Zabet-Ángel...fue mi culpa que mis amigos murieran.

Felipe recordaba el dolor en la mirada verdeazulada de Lucero, él comprendía que ella no tenía la culpa de nada, pero también entendía que esa mujer, que era su cuñada, era la princesa, la heredera de los Bach y algún día asumiría su lugar, no antes de cumplir su promesa, acabar con todos y cada uno del cartel del Cuervo, sin importar el tiempo que le llevara, aun luego de 7 años continuaba cazándolos, pero ¿Cuál era el precio para pagar? Victoria había sido secuestrada, era como si una cosa se conectará con otra, como si la muerte de Dulce y Tiago siguiera pesando sobre ellos y no solo con el dolor de su pérdida.

Felipe comprendió que si decía lo que sucedió una nueva guerra se desataría, pero, aun así, él era Felipe Zabet, no caería bajo las órdenes de nadie, aunque le costará la vida, eso si podía jurar, su vida.

- Púdrete, Ming, jamás será tuyo, primero me tendrás que matar.

Se lo juro viéndose al espejo, su rostro estaba casi desfigurado, sus muñecas estaban en carne viva por lo mucho que lucho para liberarse, mientras Ming lo violo, y no conforme con ello, lleno su estrecho orificio con una variedad inverosímil de juguetes sexuales, sonriendo cada vez que él gritaba, sabía que debería ver un médico, casi no podía caminar y mucho menos sentarse, pero solo se dejó caer en la cama, cubriéndose con las mantas, como cuando era niño y los truenos lo asustaban, peor aún, como cuando tenía 13 años y recordaba los disparos que esos hombres hicieron en contra de su hogar, desde esa noche Felipe se sumergió en una pesadilla que parecía ser eterna.

Dos semanas fueron necesarias para que pudiera recuperarse, por lo menos de las heridas de su rostro, dos semanas en la que no abrió su puerta, y solo dijo que tenía una gripe demasiado fuerte y contagiosa, tanto como para ordenar a los custodios que solo permanezcan en su entrada, no se arriesgaría a enviarlos al hotel donde se hospedaban los hombres, sabía que si Ming quería irrumpiría en su hogar para atacarlo, también contaba con que no supiera que eran hombres de los Bach, ya lo había amenazado esa noche de pesadilla, con atacar a Neri y eso que eran aliados, o por lo menos hacían negocios juntos, Felipe se preguntó ¿qué pasaría si el dragón rojo fuera enemigo de la familia Bach? Quizás Ming lo tomara de rehén, para obligar a Kimberly Bach, actual cabeza de la familia y madre de Lucero, a hacer algo que no beneficiaria a nadie solo al oriental.

- ¿Se encuentra Bien señor? - la pregunta del custodio lo trajo al presente, su maldito presente.

- Sí, solo... me caí en la ducha y creo que lastime mi cintura. - respondió, aunque le gustaría decirle que era su trasero el que dolía y como el infierno al caminar, no había dado ninguna explicación en la universidad por su ausencia, era la primera vez en dos semanas que saldría de su departamento y solo era para tomar un poco de aire, algo que desestimo en el momento que vio fuera del edificio a hombres de Ming.

- Regresemos. - dijo al tiempo que se detenía en la puerta del lugar.

- ¿Esta seguro? Debería tomar un poco de sol, esta pálido...

- Estoy bien, regresemos.

Y así paso el tiempo, un mes, al fin podía moverse con normalidad, aunque las pesadillas lo mantenían despierto hasta tarde, Jerry, uno de los custodios con el que mejor se llevaba y el único que soportaba las constantes bromas del joven, que como si fuerana una especia de escudo había vuelto a usar, era quien se quedaba con él la mayor parte del tiempo, era su compañía de charlas, o compañero de juegos en línea, aunque era un hombre mayor, trataba al joven Felipe, como lo llamaba, como si fuese su hijo.

- En verdad, te llevarías muy bien con mi Zack, aunque tiene 22 años, es igual a ti, un bromista y despreocupado muchacho. - Felipe veía como Jerry hablaba con cariño de su hijo, y se preguntaba si Amir lucia igual cuando hablaba de ellos.

- Lo extraña. - afirmo aquello y Jerry solo sonrió, aunque luego de unos segundos agrego.

- Debo acostumbrarme, al fin de cuentas se ira, probará vivir solo, sé que le ira bien, trabaja en una compañía de modas, el pago es bueno y se propuso mudarse a Malba, pero aún no lo puede conseguir un contrato, ya sabes es una sección del barrio de Whitestone, una de las comunidades más ricas y exclusivas de Queens. Las mansiones, aunque son pequeñas deben seguir ciertos lineamientos y las familias que quieren mudarse al área deben solicitar un permiso a la asociación de vecinos. Algo que Zack aun no consigue, no les hace gracia que tres jóvenes sin relación familiar se muden allí.

- ¿Tres?

- Zack y sus amigos, Tom y Reicher. - Felipe dejo de prestar atención al juego de carreras y ocupo sus pensamientos en lo que Jerry le había contado, seria genial mudarse con un grupo de personas que según Jerry eran muy parecidos a él.

- Te gane, no lo puedo creer. - dijo con euforia el mayor y Felipe comenzó a reír, incluso mientras caminaba a la puerta que había sido tocada segundos antes, el joven Zabet no borraba su sonrisa.

- ¿Sí? - dijo al abrir y se arrepintió de inmediato, la mirada fría de Ming lo congelo, y solo cuando Jerry aparecía a su lado se atrevió a pestañar.

- ¿Quién es joven? - pregunto Jerry adquiriendo su estado de custodio.

- Hola, mi nombre es Han Shun Ming, soy uno de los profesores de Felipe, quería saber porque ha estado faltando a clases, tus compañeros y profesores nos preocupamos por ti, pero veo que estas bien. - Felipe podía ver como la mirada de Ming se oscurecía con cada palabra que no era más que un reproche.

- El joven ha estado enfermo, incluso estuvo dos semanas en cama. - se apresuró a explicar el mayor como si realmente fuera su padre.

- ¿Y usted es? - Felipe descubrió que no podía hablar, al ver a Ming solo podía sentir el dolor en su cuerpo, que parecía recordar cada atrocidad que le hizo.

- Soy Jerry, custodio personal de Felipe Zabet.

- ¿Custodio? ¿Tu familia cree que algo puede pasarte aquí? - Jerry al fin noto la palidez de Felipe, algo no estaba bien y el mayor lo sabía.

- ¿Qué materia dijo que imparte?

- No lo dije, espero verte el lunes Felipe... aunque pensándolo mejor... pasare por ti, ya sabes, me queda de camino. - mentía Felipe lo sabía, su casa no quedaba de camino, por lo que eso solo era una amenaza, Ming se lo había dejado claro, era suyo, su joya exótica.

- Felipe, soy tu custodio, pero también tu amigo, puedes confiar en mi muchacho.

Solo en ese momento Felipe se dio cuenta que sus mejillas estaban empapadas, estaba llorando y del mismo miedo no lo había notado, Jerry se movió rápido, sacando su arma de la funda y viendo por la ventana, pero Ming solo salió, a paso lento, sin levantar sospecha alguna.

El teléfono de Felipe sonó y al verlo leyó MAMÁ, solo entonces pudo respirar con normalidad, y sus lágrimas dejaron de caer, él tenía a sus padres, él tenía hermanos, él tenía familia, no estaba solo, quizás podía ponerle fin a su pesadilla.

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