El grito no era humano.
Lo supe antes de entenderlo.
No fue un pensamiento racional... fue algo más profundo. Instinto. Miedo. Algo que mi entrenamiento nunca logró borrar.
Estoy acostumbrada a los gritos.
Dolor. Órdenes. Guerra.
Pero esto...
Esto no pertenecía a nuestro mundo.
-¿Escuchaste eso? -susurró alguien detrás de mí.
No respondí.
Porque ya no estaba escuchando.
Estaba sintiendo.
El bosque frente a nosotros... no estaba en silencio.
Estaba esperando.
Oscuro. Demasiado oscuro.
No era la falta de luz.
Era como si la oscuridad tuviera peso... como si respirara.
El grito volvió.
Más cerca.
Mi mano se tensó alrededor del arma.
Mis dedos sabían qué hacer.
Mi mente no.
Entonces lo vi.
Algo salió de entre los árboles.
No caminaba.
No corría.
Se deslizaba... como si el suelo no lo quisiera tocar.
Apunté.
Por primera vez desde que entré al ejército...
No estaba segura de querer disparar.
"Entré al ejército...
para vencer el miedo...
pero encontré algo peor."
"Nos entrenaron para disparar...
no para entender...
lo que estábamos viendo."
"El bosque estaba en silencio...
demasiado en silencio...
como si estuviera observando."
Este el inicio de todos los terrores más profundos del cuerpo y corazón y mente. Boo boo. 😈