Género Ranking
Instalar APP HOT
img img Fantasía img Luz en las tinieblas: crónicas vampíricas
Luz en las tinieblas: crónicas vampíricas

Luz en las tinieblas: crónicas vampíricas

img Fantasía
img 5 Capítulo
img Angelina McLaren
5.0
Leer ahora

Acerca de

En un mundo donde la sangre es tanto una maldición como un legado, Elena Drakos se encuentra atrapada en un destino que jamás imaginó. Tras presenciar el asesinato de su madre, su vida da un giro vertiginoso cuando es arrastrada a la Orden Nocturna, una sociedad secreta de vampiros con planes que involucran su linaje. Sin recuerdos claros de su pasado, Elena lucha por comprender por qué es tan importante para ellos y, sobre todo, por qué su madre sacrificó tanto para mantenerla oculta. Lucian Blackthorn, un vampiro tan enigmático como letal, se convierte en su guía y su condena, atormentándola con verdades a medias y una atracción imposible de ignorar. Mientras intenta desentrañar los secretos de la Orden y su propia herencia, Elena se adentra en un mundo donde la traición se esconde tras rostros seductores y donde el amor puede ser la más peligrosa de las ilusiones. Pero cuando la línea entre el bien y el mal se desdibuja, deberá tomar una decisión: abrazar la oscuridad o ser consumida por ella. Un romance gótico lleno de misterio, intriga y pasión, donde cada secreto revelado puede significar la salvación... o la condena.

Capítulo 1 La Noche del Despertar

La lluvia caía con violencia sobre las calles de piedra, lavando la sangre que aún se adhería a sus manos. El hedor del hierro y la muerte flotaba en el aire como un recordatorio cruel de lo que acababa de suceder.

Elena Drakos apenas podía moverse. Sus piernas temblaban, su respiración era errática, y su corazón palpitaba con una intensidad aterradora. Frente a ella, el cuerpo de su madre yacía inerte, los ojos abiertos y sin vida, reflejando el resplandor de los faroles callejeros.

«Corre...»

El eco de la última palabra de su madre resonó en su cabeza como un grito ahogado en el abismo. Pero no podía moverse. No podía huir.

Detrás de ella, unas pisadas se acercaban lentamente. Un sonido hueco y pausado, como si la noche misma estuviera al acecho.

Elena cerró los ojos por un instante, intentando controlar el temblor de su cuerpo. Sabía que no estaba sola. Lo había sentido desde que su madre la había llevado a aquel callejón oscuro, murmurando palabras que no alcanzó a comprender antes de que la sangre salpicara el suelo.

«Tienes que despertar...»

Elena entreabrió los labios, pero no hubo voz. Solo el peso del silencio, la amenaza en el aire, y la certeza de que algo la observaba desde las sombras.

Entonces, lo vio.

Al otro lado de la calle, envuelto en una capa oscura que se confundía con la noche, un hombre de ojos dorados la contemplaba con una intensidad perturbadora. No había duda en su mirada, ni miedo. Solo una presencia arrolladora, tan abrumadora como el mismo vacío.

Elena sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando él dio un paso adelante.

-Elena Drakos -su voz era profunda, como un trueno contenido en el viento-. No hay más tiempo.

Ella retrocedió, su instinto gritándole que huyera, que corriera lo más lejos posible de aquel extraño. Pero su cuerpo no respondía.

-¿Q-quién eres? -su voz sonó débil, quebrada.

Él inclinó levemente la cabeza, como si analizara su miedo.

-Mi nombre es Lucian Blackthorn -hizo una pausa, como si quisiera que esas palabras pesaran en su alma-. Y he venido por ti.

Elena sintió que su respiración se detenía.

La oscuridad la abrazó como un sudario, sofocante y profunda. Un vértigo inexplicable la envolvió, como si el suelo se desvaneciera bajo sus pies y estuviera cayendo en un abismo sin fin. El eco de la voz de Lucian Blackthorn aún resonaba en su mente, junto con el nombre que él había pronunciado como si significara algo más que su propia identidad.

Elena Drakos.

El peso de su apellido la aplastaba, un legado que apenas comenzaba a comprender.

De repente, su cuerpo tocó una superficie dura y fría. Su espalda golpeó el suelo con un impacto seco, arrancándole el aire de los pulmones. Jadeó, intentando recuperar el aliento, y cuando abrió los ojos, se encontró con un techo de piedra oscura, iluminado por la tenue luz de candelabros antiguos.

Se incorporó de golpe, con el pulso acelerado. Su mirada recorrió la estancia: paredes de piedra cubiertas de tapices con símbolos extraños, estanterías repletas de libros de cuero ajado y un enorme ventanal que dejaba ver la inmensidad de la noche. Estaba en una habitación antigua, pero no había rastro de la ciudad, de la calle empapada de lluvia... ni del cuerpo de su madre.

Elena sintió un nudo en la garganta.

-Estás despierta.

La voz profunda hizo que girara la cabeza bruscamente. Lucian estaba allí, de pie junto a una chimenea apagada, observándola con sus ojos dorados. Su expresión era inescrutable, pero su presencia llenaba la habitación como si la sombra misma de la noche lo rodeara.

Elena se llevó una mano a la cabeza, sintiendo un leve mareo.

-¿Dónde... dónde estoy?

-En un lugar seguro -respondió él, cruzando los brazos sobre su pecho-. Uno en el que no podrán encontrarte... todavía.

-¿"Todavía"? -repitió con la voz tensa-. ¿Quién me busca?

Lucian no respondió de inmediato. Se acercó a una mesa de madera oscura, donde había una copa llena de un líquido carmesí. La tomó entre sus dedos y la giró con lentitud, como si disfrutara del reflejo de la luz en la superficie espesa del contenido.

-Tu sangre ha llamado la atención de muchos, Elena Drakos -murmuró finalmente-. Y no todos desean protegerte.

Elena sintió un escalofrío recorrer su piel.

-¿De qué demonios estás hablando?

Lucian alzó una ceja y dejó la copa en la mesa con un movimiento pausado.

-Aún no has despertado por completo -susurró, más para sí mismo que para ella.

Elena frunció el ceño.

-Si estás jugando con mi paciencia, te advierto que-

-No tienes idea de quién eres -la interrumpió él con una tranquilidad afilada-. Ni de lo que eres.

La joven sintió que el mundo se tambaleaba a su alrededor.

-Yo... yo soy humana.

Lucian sonrió, pero no había calidez en su gesto.

-No por mucho tiempo.

Elena abrió la boca para protestar, pero antes de que pudiera emitir una palabra, un dolor abrasador la atravesó desde el pecho hasta la punta de los dedos.

Cayó de rodillas, ahogada en su propio aliento. Su cuerpo ardía, como si llamas invisibles la consumieran desde dentro. Sus uñas se clavaron en el suelo de piedra mientras un grito silencioso se formaba en su garganta.

Lucian la observó sin moverse.

-Ya es demasiado tarde -susurró, con un brillo en sus ojos dorados-. Tu sangre ya ha despertado.

La oscuridad la reclamó de nuevo, pero esta vez no fue un vacío absoluto. Había imágenes, destellos de un pasado reciente que se aferraban a su mente como espinas.

El sonido de la lluvia golpeando los adoquines...

El aroma a tierra mojada y sangre...

La respiración entrecortada de su madre...

Elena estaba de pie en aquel callejón otra vez, pero esta vez no era real. Era un eco de su memoria, un fragmento atrapado en el borde del abismo.

Su madre la había sujetado con fuerza por los brazos, con una urgencia que nunca antes había visto en sus ojos.

-No mires atrás, Elena -susurró con la voz temblorosa-. Pase lo que pase... corre.

Pero ella no corrió.

Se quedó paralizada cuando el aire se volvió más frío, cuando la luz de los faroles titiló como si algo invisible hubiera absorbido su energía. Y entonces, lo vio.

Una figura emergió de la negrura, moviéndose con la fluidez de una sombra. Su silueta apenas parecía humana, pero lo que la aterrorizó fueron sus ojos: un rojo profundo, incandescente, como brasas encendidas en la penumbra.

Su madre giró bruscamente y se interpuso entre ella y aquella criatura.

-¡Corre, Elena!

Pero era demasiado tarde.

El ser avanzó con velocidad inhumana. En un parpadeo, sus dedos afilados perforaron el abdomen de su madre.

El sonido de la carne desgarrándose...

El jadeo ahogado de su madre...

La calidez de la sangre salpicándole el rostro...

Elena no pudo moverse. Todo su ser se congeló en ese instante.

La criatura retiró la mano lentamente, dejando que el cuerpo de su madre cayera pesadamente al suelo. Sus ojos, que antes rebosaban amor y miedo, ahora estaban vacíos, fijos en la nada.

Y entonces, la voz ronca del asesino retumbó en su mente como un trueno:

-La sangre de los Drakos siempre tiene un precio.

La escena se fragmentó en mil pedazos.

Elena despertó con un sobresalto, jadeando. Su pecho subía y bajaba descontroladamente mientras la sensación de aquella noche aún ardía en su piel.

Estaba de vuelta en la habitación de piedra. Lucian la observaba desde la distancia, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

-Has dormido demasiado -comentó en tono neutral-. No hay tiempo para debilidades.

Elena aún sentía el eco del dolor en su pecho. No respondió.

No podía contarle lo que había recordado. No podía decirle cómo su madre había sido asesinada ante sus ojos, cómo un ser de pesadilla le había arrebatado la única persona que la amaba.

No podía decirle que la última palabra de su madre había sido su nombre.

Elena sintió la presión en su pecho disminuir poco a poco, pero el temblor en sus manos persistía.

No era solo el recuerdo de la muerte de su madre. Era la certeza de que su muerte había sido un mensaje.

-¿Qué estás pensando? -preguntó Lucian desde su posición.

Elena apartó la mirada. No confiaba en él. No confiaba en nadie.

-Nada -respondió en voz baja.

Lucian no pareció convencido, pero no la presionó.

La habitación donde se encontraba era fría, construida con piedra oscura y sin ventanas. Solo una lámpara de aceite colgaba en la pared, proyectando sombras alargadas sobre las superficies irregulares. El ambiente tenía un aire decadente, como si perteneciera a otra época.

Elena deslizó los dedos sobre la tela áspera de la manta que la cubría y sintió un leve mareo. Su cuerpo aún no se había recuperado.

-¿Dónde estoy? -preguntó con la voz ronca.

Lucian avanzó un paso, su silueta alta y elegante recortándose contra la tenue luz.

-En un lugar seguro -su tono era inexpresivo-. Pero no por mucho tiempo.

Elena entrecerró los ojos.

-Eso no responde nada.

Lucian sonrió apenas, con una mueca que no llegó a sus ojos dorados.

-Tampoco hiciste una pregunta que lo hiciera.

Elena sintió un ardor de frustración en su pecho. No estaba en condiciones de desafiarlo, pero tampoco iba a dejar que la tratara como una niña perdida.

-Mi madre... -susurró, sintiendo el dolor oprimiéndole la garganta-. Ella...

Lucian la miró con atención, pero no dijo nada.

Elena apretó los labios y desvió la mirada. No podía hablar de eso. No con él.

En cambio, cambió de tema.

-¿Por qué me trajiste aquí?

Lucian inclinó la cabeza levemente, observándola con una intensidad que la incomodó.

-Porque alguien tenía que hacerlo.

Elena frunció el ceño.

-Eso tampoco responde nada.

Lucian dejó escapar un suspiro, como si estuviera midiendo cuánto debía decirle.

-Elena Drakos... -pronunció su apellido con una cadencia extraña-. ¿Sabes quién eres realmente?

Un escalofrío recorrió su espalda.

-¿Qué estás diciendo? -susurró.

Lucian se acercó lentamente hasta quedar frente a ella.

-Tu madre intentó protegerte hasta el final... pero no puedes seguir ignorándolo.

Elena sintió su pulso acelerarse.

-Ignorar... ¿qué?

Lucian sostuvo su mirada por un largo instante antes de murmurar:

-Tu sangre no es común.

Elena sintió su respiración detenerse por un momento.

Sabía que algo en ella era diferente.

Lo había sentido desde niña.

Pero nunca quiso aceptarlo.

-¿Qué soy? -preguntó en voz baja.

Lucian sonrió de manera enigmática.

-Pronto lo sabrás.

Elena no respondió de inmediato. Su mente bullía con preguntas, pero había aprendido que algunas verdades eran demasiado dolorosas para ser descubiertas de golpe.

Lucian la observaba en silencio, como si esperara a que ella reaccionara, a que aceptara lo inevitable.

-No confío en ti -dijo al fin, con voz firme.

Lucian no se inmutó.

-No necesitas hacerlo -respondió con calma-. Solo necesitas escuchar.

Elena sintió un escalofrío en la espalda. Algo en la manera en que lo dijo le heló la sangre.

-Si crees que voy a obedecerte, estás equivocado.

Lucian sonrió levemente.

-Eso es lo que hace que todo esto sea más interesante.

Elena lo fulminó con la mirada, pero él ya había desviado la vista.

-Descansa -dijo Lucian, con un tono que no dejaba espacio para protestas-. Mañana hablaremos.

Seguir leyendo

COPYRIGHT(©) 2022