No todo en la vida se trata de amor ¿o sí?
― ¡Lo detesto! ―Exclama ella teniendo una expresión de su rostro de enojo y fastidio. Respira hondo mientras cierra los ojos cambia su semblante, con éxito controlando sus emociones.
―Iré mejor caminar un rato esta tarde. ―Se dice a ella misma, como si estuviera hablando con alguien, toma su suéter, ya que hace mucho viento esa tarde, como si de tratará de los vientos de octubre, a pesar que se encuentren en marzo.
―¡Eish, este clima tan cambiante, todo gracias a las antiguas generaciones que actuaron unos malditos y egoístas humanos que no pensaron en las futuras generaciones, como la mía!―Dice ella maldiciendo en voz alta, mientras cierra la puerta de su apartamento unas señoras de mediana edad se le quedan viendo extrañadas al escucharla maldecir e insultar a la generación de ellas.
Samantha se percata y sonríe nerviosamente. Y acelera el paso para salir del edificio, porque no piensa retractarse de lo dicho y porque se siente además un poco avergonzada.
Ella al salir del edificio de apartamentos, suspira de alivio al evadir dar explicaciones a las dos ancianas, empieza a caminar directo al parque mientras observa los arboles balancearse por la brisa tan peculiar de estos días, el sol no está muy intenso según su sentido del tacto, lo siente cálido y agradable, ella sonríe ante la sensación por unos segundos, levantado su rostro recibiendo alegremente los rayos del sol, mientras sigue caminando dos cuadras más antes de llegar al parque de la zona norte de su ciudad, ella levanta su muñeca y observa su reloj que indica que ya que vienen siendo a las cuatro de la tarde en su región. Cuando finalmente entra al parque deja su bolso encima de una banca y observa que en la esquina contigua está abierto el puesto de helados de esa zona, lo cual es un tanto extraño por ser un domingo por la tarde dónde casi no hay movimiento comercial. Pero se encoge de hombros decidiendo dejar de pensar tanto en eso y sin más concluye ir a comprar un helado.
― ¿Me puede regalar un cono de helado? ―Dice Samantha a la señorita encargada del puesto de helados, esta le sonríe amablemente.
―Por supuesto. ¿De que sabor lo prefiere? ―Pregunta la vendedora de helados con una sonrisa en su rostro, Samantha se percata que es una joven de dieciocho años de edad según sus cálculos. Se sacude la cabeza antes que la chica se percate que la observa detenidamente, no quiere causar malos entendidos.
―Pues, me gustaría uno de café con chocolate. ―Dice Samantha luego de observar todo la repisa con los sabores a su disposición. La muchacha que lo atiende luego de preparárselo se lo entrega.
―Son $1.50 de dólar. ―Samantha asiente, le entrega el dinero del valor por el helado y se despide de la señorita. ―¡Muchas gracias!
―¡Gracias a usted, vuelva pronto! ―Le dice la empleada del local. Mientras Samantha sonríe y asiente, para así regresar al parque nuevamente.
Dentro del parque, Samantha pensaba sentarse en el lugar que había dejado su bolso antes de decidir ir por un helado a la esquina, pero al parecer está un chico con un traje negro formal, mientras ocupaba toda la banca con sus largos pies encima del asiento, mientras el leía un libro, tomando un sorbo de un café caliente.
Samantha frunce el ceño, se acerca decidida y le exclama:
¡Oye! ―Dice Samantha, apuntándole con la mano que ocupa su helado, mientras empieza a chorrear un poco en su muñeca.
El chico levanta por un momento la vista de su libro y voltea a todos los lados simulando que no es con él, regresando a su lectura y sonríe de lado luego de riéndose un poco de ella, señalándose a el mismo.
¡Sí, tú! ―Dice Samantha un poco alterada, pero se percata que su helado está empezando a derretirse en su mano y cambia de mano para señalarlo. ―¡Ese era mi asiento, aquí dejé mi bolso que estás ensuciando con tus sucias y horrendas botas! ―Exclama ella molesta―
¡Oh! ―Suelta el chico. Agarra el bolso y se lo extiende. ―¡Toma! ―Dice el sonriéndole engreídamente. ―No deberías dejar tus cosas tiradas por doquier. ―Le dice sin más, regresando nuevamente a su lectura, mientras Samantha con un rostro perplejo toma el bolso.
Samantha, sale de su trance y le grita, asustando el chico nuevamente, y haciendo que los niños que estaban jugando junto a sus madres se les quede observando conmocionados por el repentino grito enojado de la chica; por segunda vez, Samantha llama la atención de su alrededor sin querer nuevamente; al percatarse de eso, ella voltea en dirección de las madres y pide disculpas, y voltea con una mirada de enojo y poca paciencia con ese chico grosero.
―¿Te crees dueño del parque? ―Pregunta ella mientras limpia el polvo que las botas del chico habían dejado sobre su bolso cerca del rostro de él y del libro que estaba leyendo, haciendo que el chico la mire con cara de pocos amigos.
―¿Cómo te atreves a tratarme así? ―Dice Elyan ¿No te han dicho que eres una mujer muy grosera? ―Pregunta el ahora molesto con la mujer que está frente a el parada.
―¿Grosera? ¿Yo? ―Pregunta ofendida Samantha. ―Si, tu eres el que aplastó mi bolso con tus horrendas botas, estúpido engreído. ―Dice Samantha, ahora a la defensiva. ―¿Quién te da el derecho de maltratar las cosas ajenas de los demás?
―¡¿Quién me da el derecho, tú miserable humana?!-le dice molesto-¡Mi estirpe me da ese derecho!-Agrega con una sonrisa sarcástica-Soy un hombre de jerarquía, si yo digo que tú eres una ratera, ya eres una ratera; si yo digo que eres una persona horrible, ya eres una persona horrible; porque al final, ¿Quién eres tú para discutir, sucia humana?"
―¿Quién me da el derecho? ―Preguntas ella conmocionada. ―¡Pues la Constitución de este país! ―Grite llamando la atención de las personas que se encontraban en el parque. ―¿Acaso no te sabes la Constitución, tonto engreído? ―Pregunta Samantha porque no puede creer que un adulto como él no conozca las normas básicas de convivencia, los derechos y deberes de la Constitución de la República. ―Además... ¿Cómo me acabas de llamar, tonto arrogante? ―Pregunta ella retándole que se pare de su asiento. Ya que Samantha se dio cuenta que le dijo "Sucia Humana".
El joven estalla en risa, como quien dice que Samantha lo hace reír; el joven se levanta de su asiento, siendo más alto que ella, la mira a los ojos con un gesto de burlita y dice:
―¿Constitución? -Dice él burlándose del nombre de dicho documento y sin dar una explicación completa de sus derechos y deberes. ―¿La constitución de cuál país, sucia humana?
―¿Cómo dijiste que me dijiste? ―Ella dando un paso aproximándose a él. Las personas esparcidas por el parque miran desde sus puestos cómo están discutiendo la pareja de esos dos jóvenes adultos. Asumen cómo buen salvadoreños que esos dos, son alguna especie de pareja al principio, pero se percatan que no están discutiendo cosas de amor, sino de una riña sobre algo de quitar el asiento y ensuciar un bolso al principio, luego empezaron amedrentarse con insultos ella llamándolo tonto engreído, y el sucia humana. ―¿Acaso tu no eres un humano también? ―Pregunta ella sarcásticamente, al percatarse que el tiene apariencia humana tal como ella. ―¿Eso no te hace un sucio humano también? ―Pregunta levantando una ceja ante su perspicacia.
El joven mira a Samantha desde arriba con una mirada de superioridad y dice mientras se sujeta una parte del pecho, levantando un dedo de su mano
―¿Yo, un simple humano? -dice riéndose y sin dar el peso suficiente a la frase, como si las palabras en general no tuvieran importancia para él. ―¿Usted no sabe quién soy? -pregunta en un tono arrogante, engreído y coqueto, mirando a Samantha de manera penetrante, como si ella fuera inferior a él en todo sentido.
―¿Acaso debo saber quién eres? ―Pregunta Samantha adoptando una pose colocando una mano en su cintura y haciendo un ademán de "¿Acaso eso importa aquí?
Es un acto de coquetería tan bajo, tan humillante que Samantha no aguanta su indignación y le da una cachetada en su mejilla derecha, la cachetada no es fuerte, pero es suficiente para dar a entender que Samantha se sintió muy mal tratada por el joven engreído y arrogante.
El joven se lleva su mano a la mejilla por la bofetada, mira enojado a Samantha y dice:
―¡Silencio, tonto miserable! ―Exclama Samantha, viendo que aun el chico tiene su bolso en su mano.
―Ah, ¿sí? ―Pregunta el chico aun sobándose la abofeteada que le dio Samantha, mientras cierra el libro que estaba leyendo y tirando el vaso de papel al basurero. ―A ti, ¿Quién te da el derecho de golpearme, sucia humana? ―Pregunta furioso el joven que recuerda que es un caballero y criado con modales para devolverle el golpe a la chica loca con la cual está discutiendo.
Elyan lo mira mientras se limpia su mejilla con su manga y le dice:
―¡Aprende a respetar, maldita sucia humana! - Dice con una voz enojada, furiosa, en la cara de Samantha en un tono alto, es uno de los momentos más humillantes, porque no sólo fue su cachetada, sino que también la humillación pública por haberle tocado una mujer y el insulto de tonto miserable, el cual le dolió en su orgullo; el joven estalla en furia.
Samantha se percata que el chico es muy alto en comparación con ella, pues este chico, mide casi dos metros de estatura y esto le intimida un poco, ignorando por un momento que le dijo "Sucia humana", por tercera o cuarta vez, cuando las cosas estaban a punto de ponerse más tensas se acerca un misterioso señor al chico, que resulta siendo Frodo, el Gran Mago Druida que antes era el druida de su padre el Rey Darchris, pero desde que Elyan fue desterrado de la Ciudad Capital de Celeastein, Krystalia; le sirve ahora el, ya que el Gran Mago Druida no está de acuerdo con la nueva forma de gobernar de su antiguo amo y señor, a consecuencia de la manipulación de la Madrastra de Elyan y Alyssa Reinhart y madre del medio hermano de estos dos, Bastián Corven.
El señor de baja estatura, un poco más alto que Sam, pero no tan alto que Elyan trata de calmar al chico antes de que las cosas sean fatales.
― ¡Mi señor, cálmese! Recuerde que no debemos llamar la atención aquí. ―Dice el señor de mediana edad al joven. Este ultimo lo mira con enojo, haciendo que el anciano se calle por un momento. ― Pero, mi señor... no estamos aquí para buscar conflictos, debemos de buscar pistas sobre el paradero de su hermana, Alys... ―el misterioso chico inmediatamente tapa la boca del señor y voltea a la chica nerviosamente, ahora percatándose de cuanta razón tiene su sirviente. Odia admitirlo, pero tiene que ceder por esta vez.
El joven mira molesto a su sirviente, lo mira con ojos de enojo por no dejarlo seguir con la pelea, con el odio en su corazón mira fríamente a Samantha, por un momento tiene ganas de decirle una vez más "sucia humana"; sabe que si lo hace no sólo se avergonzará sino que también se humillará en público, así que, con mucho odio e impotencia, de la rabia la cual está lleno grita lo siguiente:
¡Suertudo! -Dice Samantha con una cara de iracunda y un gesto de rabia, mientras se encoge de hombros actuando en señal de victoria, y Elyan pone una postura como si de un niño caprichoso, se tratará.
Frodo, observa la aptitud e inmadurez visible de su rey, el Duque y príncipe Elyan.
―Mi señor, debe disculparse con la joven doncella, usted le ha amargado su tarde al hacer semejante escandalo en un lugar público como este. ―Dice el mago druida, mientras se acerca al oído de Elyan y susurra. ―"Recuerde que no estamos en nuestro mundo, si no en el de ella, somos forasteros aquí, agradezca que ella no llamó a esos caballeros que andan montados en esos monstruos de metal sin vida."
Elyan a regañadientes se traga su enojo y orgullo, suspira por breves momentos cambiando su semblante a uno aparentemente tranquilo y benevolente.
―Mis disculpas, señorita. Siento patear su bolso. Fue grosero de mi parte, permítame recompensarla. ―El misterio chico saca su billetera y le entrega unos monedas de oro de su mundo, en la mano de Samantha. ―Espero que esto sea suficiente. ―Dice mientras se sacude el polvo de su gabardina negra y del libro que estaba leyendo, y le sonríe falsamente a Sam, conteniéndose lo mejor que puede por tener su orgullo herido, se despide amargamente de Samantha y en silencio empieza a caminar, con el señor de mediana edad, alejándose ya de ella y dejando una confundida Samantha, con una expresión de cara de póker, con una mano sosteniendo su helado derritiéndose y en la otra sujetando la correa del bolso y apretando al mismo tiempo el dinero que le entregó.
Frotándose la mejilla derecha con la manga izquierda de su camisa, Elyan no puede evitar mirar a Samantha mientras camina, por un momento se sonroja; el joven por una parte está muy molesta por la pelea del momento por su orgullo y porque lo llamaron "suertudo" ya que le molesta que menosprecian su esfuerzo, pero en la parte interior está muy feliz de haber conocido a Samantha, tiene ganas de volver a ver más tarde; en su corazón el sentimiento de odio y envidia es una mezcla compleja de sus emociones.
―¿Qué fue todo eso? ―Alcanza decir Samantha luego de su enfrentamiento con ese raro chico por una banca, mira los monedas de oro, tiene un grabado que dice "Reino de Kycatrea", saca su celular inteligente ya que nunca ha conocido un país que se llame así en el mundo por lo que decide buscarlo en internet, se enfurece al percatarse que no es dinero de ningún país del planeta, levanta la vista buscando con la mirada a las dos personas extrañas, observando que van saliendo del parque. ―No importa voy a investigar con más detenimiento de que país es estas monedas de oro. ―De lo molesta que esta se sienta por un momento en la banca que originó la disputa y trata de comer su helado tanto como sea posible antes que se derrita completamente.
El misterio chico frunce el ceño de forma muy coqueto y arrogante pensando que Samantha lo ve, no sabe qué sentir. Siente mucha molestia, pero a la vez se le hace muy interesante y le agrada Samantha. Si su plan era dejar en la confusión a Samantha, lo consiguió de lleno, ya que no sabe ni en qué está pensando ahora mismo Samantha, así que solo se sonríe y se va, mientras dice "Suerte" en forma de burla a Samantha, volviendo a hacer la misma gestura del dedo, pero ahora más alejado de donde Samantha está.
Luego de un rato de que Samantha haya disfrutado de un momento de paz, luego que el tonto y engreído chico se fuera el parque, decide regresar a su apartamento para procesar todo lo que ocurrió en esa tarde, se sacude la cabeza, llegando finalmente su hogar ella sube por el ascensor hasta el sexto piso del mismo, saluda a unos cuantos vecinos que entran y salen de los apartamentos vecinos, abre su puerta con cautela ya que aprovechó su camínate para ir al supermercado por víveres, entra ella dejando las compras en la mesita del recibidor y se sienta cansada por todos los sucesos de esa tarde.
―¡Ese chico engreído, cuando lo vea le diré todo lo que me contuve de decirle por presencia de esos niños con sus madres! ―Dice ella mientras, se acomoda en el sofá de la sala, sin éxito por lo tensa que se encuentra por lo que decide que para aliviar sus ánimos lo ideal sería darse una ducha así que entra a la habitación de baño dispuesta hacerlo.
Mientras tanto... en otro lugar.
―Amo, debería de comportarse en este mundo. ¿Qué tal si descubren quienes somos realmente? ―Dice el señor de mediana edad preocupado por el enfrentamiento que tuvo con esa chica humana, que ahora camina junto al chico misterioso, dentro del bosque que se encuentra en las afueras de la pequeña ciudad, observando que el sol está empezando a ocultarse.
Elyan mira hacia el cielo y se le hace un nudo en la garganta de la impaciencia que tiene, se le escapa a la mejilla un pequeño grito de frustración, le sigue una risa coqueto, arrogante y sádica mientras se tapa la boca, ya que sabe que en cualquier momento se podría toparse con Samantha de nuevo, ya sea ahora o dentro de unos días si es que la busca, porque ya la tiene en el corazón, y sus pensamientos ya no pueden sacarla de la cabeza.
Ante esto, el druida se estremece por el grito que tiró al cielo su joven amo, mientras tiene una sonrisa desquiciada y sádica, y viendo que su señor ha ignorado por completo su pregunta, por lo que insiste en preguntar nuevamente.
―Amo, debería de comportarse en este mundo. Se que esa doncella del parque lo ha dejado cautivado... pero ¿Qué tal si descubren quienes somos realmente? Sí, se dan cuenta que somos de un mundo paralelo al este, nuestra misión de encontrar a su hermana, la princesa Alyssa se suspendería.―Expresa el mago druida, preocupado por el enfrentamiento que tuvo con esa chica humana haya puesto en riesgo la búsqueda de la hermana del príncipe y Duque Elyan.
―¡Por favor! ―Dice el chico, mientras lo mira. ―Cómo si pudieran entender de dónde venimos. A veces te preocupas demasiado, Frodo... ¿los años te han convertido en un viejo temeroso? ¿Dónde está ese intrépido guerrero mago que tanto alaba mi padre? ―Pregunta ahora el chico, mientras se asegura de pisar bien, y que nadie los observe.
Elyan mira con furia y enojo al druida, con una expresión de reprobación, lo mira como si fuera a pegarle o golpearlo, pero solo se acerca y le grita de la siguiente forma:
―¡Espero que estés muy orgulloso de ti mismo, has arruinado mi momento de decirle lo que siento a esa chica! ―Lo dice con una cara de enojo, furia y rabia por ser arruinado por su sirviente, así que se sienta y vuelve a ver hacia el cielo.
.A lo que el Gran Mago Druida le responde:
¿Y que es lo que siente por esa chica? ―Pregunta en curiosidad revisando el lugar, el druida tiene casi toda su vida conociendo al joven Elyan, desde que el Duque y su hermana, entraron a la Academia de Magia y Hechicería del Reino de Celeastein, pero al final de un año el joven Duque no demostró tener demasiado poder como su hermana mayor Alyssa.
¡No te atrevas a decir ni una sola palabra! -Dice entre la rabia y el miedo. -Si dices algo que no debes, vas a pagar caro. ¿¡Entendiste!? -Le ordena furioso, de forma autoritaria, mientras se para y se pone frente a Frodo, quien tiene una expresión de terror y miedo de lo que pueda hacer Elyan.
La cara de Elyan esta tan seria que por primera vez Frodo está seguro en ningún día de su vida, nunca lo había visto así. Frodo para tratar de cambiar el ambiente decide cambiar de tema de conversación.
He entendido. ―Comenta condescendientemente, manteniéndose en estado de conmoción ante el temperamento de Elyan. ―No entiendo porque la señorita Alyssa haya decidido huir de la capital de Celeastein, Krystalia a este mundo, donde los humanos de aquí no tienen la menor idea de la magia...―Pregunta inocentemente Frodo a su amo. A lo que Elyan, gira su rostro noventa grados y bajando su vista a su escolta, Frodo. Que ha dicho algo importante y que no se ha puesto preguntar Elyan sobre la decisión de Alyssa.
Unos cuantos segundos más de furia, mientras mira a Frodo, mientras se va calmando va bajando la voz de enojo. Lenta mente le responde:
¡¿Mi hermana Alyssa?! -pregunta, ahora con un tono de asombro, ya que está molesto, ya ni siquiera le molesta el druida ni nada por el estilo, su atención ya no está ahí, sino en el nuevo tema que se ha planteado, en ese nuevo rompecabezas, como la atención de un cazador.
Se queda pensando un poco en lo que ha dicho y está a punto de hablar nuevamente, cuando en ese momento un pájaro enorme como un cuervo que va volando a una velocidad increíble, golpea en la cabeza a Frodo, dejándole la cabeza sangrando ocasionándole una ligera y confusa conmoción del impacto que tuvo en la cabeza, por lo que Elyan no se pone triste, solo mira a Frodo y se ríe a carcajadas, mirando la situación del druida. Frodo ignora la reacción de su amo, a pesar de que el mago druida le tiene mucho aprecio ya que lo considera como el hijo que nunca tuvo.
Elyan termina de montar la carpa y se sienta dentro de la misma, para esperar a que Frodo, termine de hacer lo suyo, para poder seguir con lo que tiene que hacer luego; además de su carpa tiene varias cosas y accesorios, lo que lo hace muy peculiar; además tiene un pequeño y delgado cuaderno ya muy usado, al cual, en los momentos que está libre, usa para hacer diferentes dibujos y garabatos de los lugares en donde ha estado, además de tener dibujadas a algunas chicas de cada Reino.
Y no sería tampoco un impedimento que dibujara aquella chica con la que había tenido una discusión muy tensa, por lo que Elyan decidió garabatear el rostro de aquella chica con la cual había tenido ese intercambio fuerte de palabras, aun sí conocer el nombre de ella, a que se dedique, cuáles son sus gustos y disgustos.
Muestra de eso, se puede ver un dibujo semi-realista de Samantha, con una gran precisión y atención a los detalles, aunque no lo parece, ya que su dibujo se nota que le puso mucho énfasis en sus ojos, son tan hipnotizante que si uno las mira puede sentirse como si Samantha lo estuviera mirando a los ojos, se nota que Elyan le ha dibujado con las cejas levemente inclinadas hacia abajo haciendo parecer que está enojada, se toma su tiempo y hace un dibujo sumamente increíblemente hermoso, en donde no falta ni lo más mínimo, hasta el cabello, los ojos, la nariz, las orejas, etc. Todo con muchos detalles, lo cual ya casi está por terminarlo, solo le falta un toque final, pero primero tiene que hablar con esa chica y hacer que caiga rendida ante sus palabras y sus encantos, como las otras chicas que ha conocido a lo largo de su camino. Eso mismo sería también con esta chica, ya sea que lo quiera o no.
Elyan está tan embelesado con su dibujo que pareciera que estuviera admirando el rostro de carne y hueso de Samantha y sin querer, empieza a dibujarle unos pequeños corazoncitos alrededor, como sí el fuera un adolescente enamorado, al darse cuenta de esto, le empieza a dibujarle unos cuernos de demonio, al recordar de la humillación que le dio con sus insultos y abofeteada, pero no rompe la página ya que le ha costado trabajo dibujarla.
Pero luego por algún motivo y sin razón aparente, no puede pasar un solo segundo sin pensar en Samantha, es como si fuera un hechizo, que con solo mirar su dibujo puede sentir al 100% como es Samantha, hasta le gustó la idea de dejar los cuernos, ya que sería muy ingenioso, a la vez que sería algo que la misma Samantha haría si en su lugar lo fuese a dibujar. Por otra parte, está la palabra "Boba", que no es ningún tipo de hechizo ni nada; así lo tiene escrito en el cuaderno.
Luego de un largo rato, el mago druida viene los alimentos que consiguió en la ciudad que está cerca del bosque, fue a un restaurante de comida china ya que el olor de las especias y las cebollas y ajos le llamó la atención así que trajo una bandeja de arroz cantones mixto, wantanes, y pollo agridulce esperando que el Duque, pruebe y se deleite con la deliciosa comida que el trajo, además trajo unos refrescos contenidos en una latas de aluminio que dice Miranda, Tropical Uva y Coca Cola.
―¡He vuelto, señor! ―dice el mago druida con unas bolsas plásticas, en cada mano. ―Traje la comida.
¿Y la carne de dragón? -pregunta Elyan molesto.
¿En toda esta ciudad no hay un lugar donde vendan carne de dragón? -pregunta con un tono de enojo y molestia. -Además, yo quería que fuera una carne de dragón "Fresca" -dice, en donde deja entrever la molestia que está sintiendo por el hecho de que no haya carne de dragón, ¡y que ni la carne de un dragón fresco a la brasa no lo deje completamente satisfecho!
El druida casi se tropieza ante el comentario y por poco casi bota los platos y bandejas de comida.
Duque Elyan, recuerde que no estamos en nuestro mundo aquí no existen los dragones. ―Dice el druida. ―Pero... si no quiere lo que traje...
Elyan se para ante Frodo y se le queda viendo completamente serio, como queriendo decirle que no lo quiera tratar de tonto, o que no lo trate como como un niño pequeño que, para su manera de pensar, el comer lo que sea no le parece aceptable, ya que no es de su gusto, ni es de sus preferencias; entonces, si no sabe de dónde conseguir carnes de los dragones más frescos del mundo, ¿Qué es lo que puede hacer para satisfacer su hambre?
Elyan se mira pensativo, mientras los ojos le resplandecen de una poderosa y magnífica manera, después de un momento de silencio, toma la carne de dragón y la va comiendo, no le molesta, solo de vez en cuando se chupa los dedos, ya que no tiene un pañuelo a su lado, por eso le resulta más cómodo dejar que los jugos de la carne lo empapen por completo. Lo que sí, es que no está del todo contento, pero ya le queda algo más calmado y ya no está enojado.
―Me alegra que coma a gusto y con devoción la carne seca que le traje de nuestro mundo, Duque Elyan. ―Dice el mago druida, mientras empieza abrir el empaque de comida china y de repente un delicioso aroma invade toda la carpa en la que están cenando, el druida saca el tenedor plástico para empezar los sabrosos camarones, carne de pollo y carne de res que venían mezclado con el arroz cantones. ―mmm... esta comida es tan deliciosa que me podría comer el otro platillo que traje para usted Duque, ya que no quiere probar la comida de este mundo. ―Comenta el druida haciendo que el Duque huela el exquisito olor de la comida china, y por un momento se detenga de comer la carne seca de dragón.
Elyan al escuchar y oler los platillos chinos, hace un ruidillo de hambre, el cual es un poco ruidoso y muy imperativo, sin importarle la situación en la que se encuentre, decide tomar la otra comida que le había traído este druida, ya que le tenía mucha hambre y no se conformaba con la carne de dragón seca.
¡Me parece perfecto! ---exclama el Duque y empieza a comer los platillos chinos, como si fueran una deliciosa merienda a su gusto.
Observa que su jugada fue un éxito, a veces el joven Duque era muy influenciable, en el buen sentido de la palabra
― ¡Ah! ―dice el mago druida recordando algo. ―La chica con la que discutió, fue a comprar en el mismo puesto en el que compré, su majestad. ¡Incluso me recomendó esta platillo! Es una chica demasiado agradable, no entiendo porque usted empezó un enfrentamiento hostil con la joven.
―¿Chica bonita, agradable, amable y dulce, que hasta los druidas están perdidamente enamorados de ella? ―exclama furioso Elyan; parece, que el odio ya es lo único que lo motiva.
―¡Se parece exactamente a la persona que más odio en este mundo, a la persona que más me disgustando y la persona que más odio! ―exclama con una cara totalmente enojada, con los párpados de sus ojos apretados y casi con ganas de golpear algo.
―Pues para mí, pareciera todo lo contrario. ―Murmura para sí mismo el mago druida.
Elyan se queda pensando un momento y al parecer está meditando algo, ya sea una forma de cómo hacerle daño a Samantha o de que forma la puede hacer sufrir.
―¡Por favor! -exclama, con una sonrisa malévola y al parecer ya está pensando en algún plan de venganza que le quiere hacer pagar, pero que a la vez la tiene que hacer parecer como si fuera un accidente. ¡Tengo que hacerle pagar lo que me hizo, no puede ser que no se lo haga pagar! -dice furioso.
El mago druida sonríe ladinamente, porque con la siguiente pregunta hará que su Duque se ponga nervioso y acorralado
Entonces... ¿Por qué la dibujo en su libro? ¡¿Además de ponerle corazones alrededor de su dibujo?! ―pregunta el mago druida, ahora con un sonrisa de oreja a oreja. Elyan en un momento se queda completamente quieto, por las palabras dichas por Frodo, parece que le ha hecho enojarse aún más y su sonrisa lo delata totalmente al ver su dibujo y ver como en verdad se siente con esa chica ruidosa y escandalosa, lo que de verdad piensa de ella. Al mismo tiempo está algo nervioso ya, sin saber qué decir, porque la verdad es que realmente sí está completamente cautivado por la personalidad de Samantha, pero no lo puede negarse ni se atrevería a tener una relación o ligar con ella, ya que es demasiado vergonzoso.
Elyan se queda un rato sorprendido, observando el dibujo de la cara de Samantha, con corazones y cuernos de demonio; con la cara casi que enrojecida y con gran la vergüenza por lo que fue preguntado, pero no se iba a dejar que su druida lo dominara.
Eso fue... ― dice nervioso, sin encontrar palabras en esta ocasión.
Fue... ―repite, sin encontrar nada que decir. No tiene nada que decir, nada que justificar; porque sabe que el druida tiene razón.
El druida sonríe y decide no molestar más a su duque por ahora.
―Se está oscureciendo mí señor, lo mejor es descansar ahora, ya tenemos información suficiente sobre este lugar. Tarde o temprano, encontraremos a su hermana.
El duque por fin se relaja por la situación tensa en donde estaba, lo que hizo que lo tomara a mal, porque no es alguien muy tolerante. Se queda mirando la carpa, que a pesar de no ser una carpa lujosa, se nota que es bien diseñada. La ve con buenos ojos al igual que a su druida, ya que lo ayuda demasiado. Se queda pensando un poco en los planes que se traía sobre el cuaderno, pero decide no hablar en este momento, para no parecer débil, ante su druida.
Al final, se ve que lo mejor que puede hacer es descansar en este momento, que es la mejor opción que tiene ante sus ojos.
¡Tienes toda la razón! -exclama con cierto tono de enojó, pero con gran convicción ya que sabe que es la mejor opción que tiene en estos momentos.
En el apartamento de Samantha... muy lejos de dónde se encuentra Elyan y el Druida
Después de que Samantha hay regresado de las compras del súper, se preparaba para hacer la cena, cuando iba a cocinar el quemador de la cocina, se percata que ya no tiene gas y ya los establecimientos de venta de gas propano habían cerrado a las cuatro de la tarde, ella maldice un poco por lo bajo.
―Bueno... comida china, será. ―Dice ella mientras toma las llave y algo de dinero para ir a comprar la cena en uno de los puestos locales de la Ciudad.
Camina hasta uno de los puestos cercanos del parque y que no está tan lejos de su departamento. Pide una orden de arroz cantones mixto, paga la cantidad y se da cuenta que el viejo anciano que acompañaba al grosero e insolente chico estaba teniendo problemas con ordenar algo del menú, Samantha le saluda amablemente y ofrece su ayuda; el anciano estaba un poco renuente, pero Samantha fue muy amable con él, haciendo que el viejo de vestimentas extrañas aceptará su ayuda incluso aceptó su recomendación sobre que comprar, ella vio que el señor quería pagar con las extrañas monedas que el chico malcriado le dio en recompensación por haberle ensuciado el bolso, así que Samantha decide pagar la comida que el señor había solicitado, luego de un rato, llaman a Samantha uno de los despachadores indicando que su pedido estaba listo, así que Samantha se despide haciendo un saludo que solo se le ofrece a las personas mayores y regresa a su casa nuevamente.
Ya devuelta en su apartamento, ella se quita sus zapatos y coje unas sandalias para entrar al resto de la casa, ella pone su comida, en la mesa y se dispone comer, y las sobras las guarda en el frigorífico, luego de pasar una media ahora decide tomarse otra ducha ya que se siente un poco incomoda por el sudor por el corrido realizado de regreso a su casa y no quiere andar así toda pegajosa.
Luego de una tranquilizante y reparadora ducha, Samantha sale del cuarto de baño, secándose su cabello con una toalla de mano, ya vestida con una camiseta holgada gris y unos pantalones sueltos para dormir. Ella se sienta sobre su asiento frente a su escritorio colocando sus dedos sobre el teclado, mientras tiene su lengua a un lado de la comisura de sus labios, como pensando de que debe escribir su siguiente novela, luego de varios minutos, está apoya su cabeza sobre el teclado de su laptop en desesperación, viendo que aun tiene su bloqueo como escritora, suspira en derrota mientras se percata que hay una silueta ocultándose detrás de la cortina de la puerta corrediza de su balcón.
Samantha silenciosamente, levanta su cabeza de su laptop, cogiendo una maceta que tiene en su escritorio y se acerca sigilosamente dónde está la silueta extraña, acercándose se percata que es de una persona, mentalmente empieza contar, "uno", ―piensa dispuesta a golpear en la cabeza a esa misteriosa silueta con la maceta, "dos..."―Ella levanta sus brazos posicionándose, lista para utilizar toda su fuerza si es necesario y luego extiende un pie hacia la dirección contraria de la puerta corrediza para echarse a correr. "tre...s"―Cuando ella está apunto de estrellarle la maceta en la cabeza de la persona intrusa de su departamento, sale una chica, exclamando que se detenga.
―¡Alto, no me mates! ―Dice ella impidiendo con sus manos el golpe que le iba a dar Samantha con la maceta.
La chica tiene una expresión de terror en su rostro blanco y pálido, con unos mechones rebeldes y de color castaño sobre su rostro, sus ojos verde esmeraldas reflejan un poco de temor, y Samantha ahora grita de la impresión porque lo que menos esperaba era encontrar a una mujer en su apartamento, nuestra protagonista se agarra el pecho por el ataque de arritmia que se produjo por el sobresalto y está respirando inestablemente cayéndose de un sentón en el piso, Samantha trata de realizar las técnicas de respiración que le recomendó su psicólogo para los ataques de pánico y ansiedad, una vez que se levanta observa a la chica que aun está acorralada y se percata que lleva puesto su ropa. Samantha va directo a los armarios de la cocina y regresa con un cuchillo en la mano.
―¿Quién eres? ―Pregunta apuntándole nerviosamente a la joven.
Continuará...