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Divorciada de un paralítico
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Capítulo 4 4

Al día siguiente, ya se encontraba de pie frente a su jefe. El mismo, como siempre ni siquiera la miró al rostro, simplemente le ordenó que hacer.

-Buen día Señor -dijo ella.

-Buen día, aquí tienes estas planillas, quiero que las llenes, y me digas cómo están los números de la empresa.

-Claro señor. Pero yo soy simplemente una secretaria.

-Eres un administradora de empresas, me sorprende que estés... olvídalo.

-Enseguida señor.

Dio la vuelta y comenzó a caminar.

-Espera... -dijo de repente la voz gruesa de su marido.

Al girarse lo contempló con curiosidad.

-¿Qué ocurre?

-¿Cómo has estado? -preguntó de repente, y el corazón de Briana dio un salto.

"¿Estará preocupado por mí? -pensó -¡Eso jamás!".

-Muy bien ¿y usted?

-Maravilloso.

Ambos se quedaron observando. Briana tenía el cuerpo de costado, sintiendo que su corazón se saldría de su pecho. Mientras que él, simplemente estaba inexpresivo, con las dos manos apoyadas en el escritorio.

-Eres muy lenta ¡Ve a trabajar! -la regañó.

-Enseguida señor -dijo cabizbaja y salió por la puerta.

En cuanto estuvo en el pasillo, dejó caer su espalda en contra de la madera fría.

Poco a poco se deslizó hasta llegar al suelo.

Sus manos se apoyaron en su pecho, y sonrió. Su corazón latía con prisa, como si fuera el primer día.

¿Acaso aún lo amaba? y al parecer así era. Movió su cabeza de un lado al otro.

Su cuerpo cayó hacia atrás.

-¡Auch!

-Aún sigues aquí -murmuró una voz, y ella no pudo ver.

-L-lo lamento -comentó y salió corriendo hacia su cubículo.

Aún no estaba terminada el área donde ella comenzaría a trabajar. Lo único bueno, era que le aumentarían el sueldo. Y le parecía bastante extraño, que él la hubiera contratado sabiendo que era la ex mujer.

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>

De igual forma, solamente quería aprovechar cada centavo extra que pudiera ganar.

En cuanto llegó, Melissa la tomó de la mano y juntas fueron a la cafetería.

Eran amigas desde que iban al jardín, esa costumbre no se había borrado en ningún momento.

Melisa, ayudó a Briana a poder ingresar en esa empresa. Siempre estaba ocupada de vacantes hasta que uno libre apareció. Lo malo, era que ese vacante solamente era por licencia de maternidad.

Briana, no sabía que tan incierto era su futuro.

-Estás sonrojada, dime ¿qué te ha pasado? -preguntó Melisa, mientras las dos bebían una taza de café.

-No lo sé, fue un poco extraño. Me preguntó, cómo había estado.

-Yo creo que a él le interesa, solamente se hace el duro.

-No, ¡Ay no le intereso! Además, me dejó abandonada y sola con una bebé.

-Una bebé que él no sabía. Y si le decías, tal vez... estaba pasando por un mal momento o algo y...

-No creo que haya una excusa para dejarme. Siempre lo amé; siempre le cuidé y fui fiel. No entiendo su comportamiento.

-No importa, ahora tal vez sea una oportunidad para averiguar qué le pasó ¿no te parece?

-No lo sé.

Volvieron a trabajar, y la cabeza de Briana, solo daba vueltas. En ese día, a diferencia del anterior, tenía mucho trabajo.

Tuvo que descargar e imprimir durante horas, archivos de la empresa. Compararlos con los nuevos, y anotarle cada una de las cifras, registradas por la empresa.

Cuando quiso ver el reloj ya eran las 8 de la noche. Melisa ya había ido a su casa y quedaban pocos empleados. Al terminar, tomó las carpetas y dió un leve golpeteo frente a la oficina de su jefe.

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