-Me retiraré, gracias por su información -asiente y sin más da media vuelta.
Noooo... Una parte de mí me dice que no lo deje ir, que tiene curiosidad de saber más de él.
¡Me gana la curiosidad!
Veo la pantalla de mi ordenador y los quince minutos que me quedaban se han acabado. Como una loca me apresuro, apago mi ordenador, medio acomodo los documentos y guardo bajo llaves algunas cosas en la gaveta de mi escritorio, agarro mi bolso y como un perro en celos voy detrás de ese hombre.
Dios, parece que lo de ayer no fue suficiente.
Casi llegando al ascensor veo que él entra, ¡está escapando! Por instinto doy un pequeño grito, rogando esperar.
Él me logra escuchar y doy gracias por eso.
Me apresuro y teniendo presente que dejo a mi amiga una vez más. ¡Hombres!
-Muchas gracias -digo entre jadeos-, se me había olvidado que era mi salida.
-¿Dos de la tarde?
-Sí, resulta que mi jefe me ha dado la tarde libre, ya que mañana tengo que presentarme a primera hora porque alguien más se encargará de la dirección de la empresa -bufo.
-¿Eso es malo? -pregunta llena de curiosidad.
-Sí, se dice que es un egocéntrico de lo peor, energúmeno y un niño de papi, nadie lo quiere en esta empresa.
Me desahogo frente al desconocido, sin darme cuenta de que puedo cometer un error, ya que él no puede ser la persona indicada.
-¿Por qué lo odian tanto? ¿Tú lo odias?
-Muchísimo, y me voy preparando para mi despido, ¿sabes lo que detesta? -pregunto esperando su respuesta y reacción-, detesta a los mediocres, y no es que me considere uno, pero solo de pensar eso crees que ese hombre se merezca nuestro respeto.
-¿Por qué te dejas guiar por lo que dicen?
-¿Por qué lo defiendes? Oh, no me digas que lo conoces.
Si es así, debería morirme porque. Na-ah, él jamás sería mi jefe, es que tiene más aspecto de vendedor, que de dueño. No es niño de papi, no, ya que no me ha demostrado lo contrario.
Es un hombre sexi, atractivo y sensual, tiene lo suyo.
-Para nada, solo que pensé que las personas exageran y para no discutir Anne, quería preguntarte si tienes tiempo para...
-Un trago -le quito la palabra de la boca o digo lo que deseo.
Maldita sea, ahora estoy siendo la mujer desesperada.
Dios, cómo decirle a mi cuerpo que no puedo sentir esto, no cuando ayer tuve un hermoso e inolvidable sexo.
-¿Tienes mucha sed? -pregunta, al mismo tiempo se le dibuja una sonrisa maliciosa. Esperando que las puertas se cerrara, él se acerca a mí-, ¿anoche no te pudiste saciar?, ¿necesitas más?-su pregunta me descoloca, y cercanía más.
Su cercanía me pone cachonda y mi corazón reacciona.
Me excitaron sus palabras y su voz ronca de deseo, todo mi cuerpo se tensó y absorbió ese placer acentuado mil veces tras los latigazos.
-Ni siquiera sé tu nombre, -jadeó.
Él mostró una sonrisa mágica.
-Tienes razón, pero aunque no me creas, nosotros nos conocemos y muy bien -me contempló con esos calientes ojos esmeralda, su cara tan cerca que hasta podía contar sus pestañas.
-¿Qué has dicho?
-Oh, ya veo, eres el mensajero, ¿el mensajero? -mis ojos se abren de golpe, trago grueso al comprender todo-. Ahora comprendo, tienes los mismos... No, espera, por favor, confírmame de una vez si eres el mensajero, ¿trabajas aquí?
Las preguntas me invaden en la cabeza, y la vergüenza más.
Mi amiga me había advertido lo que sucedería si seguía jugando con juego. ¡Se supone que solo era sexo de una vez! No puede ser, el maldito karma está detrás de mí.
-¿Importa?
-Eh, no... Claro que no importa porque se supone que fue solo una vez, dejarse llevar por el momento, no creas que soy...
-No creo nada -me quita la palabra de la boca-, no te preocupes, que no soy un hombre loco y celoso, ¿crees que te estoy acosando?
Sí, lo he pensado, sin embargo, no estoy loca para contárselo.
-¿Por quién me tomas? -y me hago la indignada, eso es lo menos que debería hacer, ya que mi rostro impresionado me dice otra cosa.
-Uf, que alivio -sonrió-, aunque es difícil de comprender todo esto es una coincidencia.
Miro hacia arriba, tragando saliva, y cuando mis ojos se cruzan con sus penetrantes ojos, mi mente se nubla por completo.
El fuego esmeralda se arremolina en esos ojos, quemándome, cautivándome y atrayéndome como un torbellino. Su mandíbula está apretada con fuerza, y, sin embargo, hay un pequeño indicio de sonrisa en las esquinas de sus labios perfectos. Se pasa la lengua por los dientes debajo de los labios, la piel de su mandíbula se ondula junto con la tinta de sus brazos mientras levanta una mano para acariciar su barbilla.
-No dudo de lo que dices, pero las coincidencias no son lo mío.
-Ven, no me tengas miedo, ¿no quieres repetirlo? -tiemblo mientras trago saliva, sintiendo que mi pulso se acelera un poco más rápido.
Me estremezco, asentí en voz baja y sentí el calor ardiendo en mi rostro mientras daba un paso hacia delante.
-Estoy segura de que me arrepentiré de esto.
-¿Arrepentirte? -gruñe, apretando la mandíbula-, no, eso lo dudo.
El movimiento es a la vez rápido como el rayo, en un abrir y cerrar de ojos y la eternidad. Sus labios suaves y perfectos están junto a los míos. Gimo mientras él me quita el aliento, besándome hambriento, feroz y exigente. Es un beso duro, aplastante y contundente, y todo mi mundo gira a mi alrededor mientras me pierdo por completo en él.
Gimo, cayendo sobre él, mi cuerpo arqueándose contra él como si hubiera estado ansiosa por la conexión. Gruñe profundamente, oscuramente, su mano ahueca mi rostro posesivamente mientras la otra mano se desliza hacia la parte baja de mi espalda, acercándome a él. Su lengua se burla de mis labios, y cuando giro la cabeza un poco y abro la boca para él, de repente, me está besando aún más ferozmente. Su lengua gira con la mía, sus labios chamuscados con los míos, y sus manos sosteniéndome como si nunca me dejara ir. Esto está mal. Esto está muy, muy, muy jodido y mal.
Él gime en mi boca, empujándome hacia atrás hasta que mi trasero golpe la parte del espejo que está dentro del ascensor. Pero él no se detiene, y cuando sus dos manos caen para ahuecar mi trasero con firmeza, chillo en su boca mientras él me levanta y me deja en el borde de su escritorio. Se mueve hacia mí, besándome ferozmente mientras sus manos agarran mi cintura con fuerza. Su boca cae hacia mi mandíbula, mordiendo, mordisqueando y chupando su camino mientras grito, arañándolo. Mi cabeza da vueltas mientras se mueve hacia mi cuello, sus labios se burlan de la piel tierna y sus besos se vuelven duros y castigadores.
Se aleja de mí bruscamente justo cuando escuchamos que las puertas del ascensor se abren de par en par. Sus ojos salvajes y ardientes de calor mientras respira pesadamente por la nariz.
-Me tengo que ir, creo que no podemos hacer nada y tú debes tener mucho trabajo, por cierto, ¿dónde me dijiste que trabajabas? ¿En qué área?
-No te lo dije -esbozó una sonrisa hermosa, mostrando sus dientes perfectos-. Hasta pronto Anne-esas fueron sus últimas palabras.
Tristemente, lo veo alejarse de mí; dejándome sin aliento, caliente y en shock.
¿Qué fue eso?