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CEO INTENSO
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Capítulo 5 gran problema

camarero, tomo un sorbo de agua y me enfrento a mi amigo. - Entiendo que la gente piense algo así de mí, pero ¿tú, Ângelo? ¿De verdad crees que me acostaría con un chico porque mi jefe de mierda me lo dijo? - Perdon. Nunca debí haber considerado algo así. - Levanta el vaso de cerveza y pruébala con la cabeza gacha. Al menos tiene la decencia de parecer avergonzado. - Después de que nos separamos para encontrar al chico - decido explicarle por partes, porque me gusta mucho Ângelo y no quiero que se preocupe - el chico estaba en un gran problema. Necesitaba ayuda y todavía la necesito.

Fue sólo eso. Nunca me involucraría con él y creo que él tiene la misma opinión de mí. - Dejé escapar un fuerte bufido. - No te das cuenta de lo hermosa que eres, ¿verdad Julia? - Desliza su mano para alcanzar la mía, pero esta vez la retiro rápidamente. La primera vez sentí que era un apoyo entre amigos. Ahora tus ojos me dicen algo más. Algo que no me gustaría ver. - Ângelo... - Ese idiota de Pedro no merece que le detengan la vida por su culpa. - Nunca haria eso. - Mis ojos se entrecerran mientras lo miro. - Tú, más que nadie, sabes que la ruptura me hizo más bien que mal. No pretendo tener una relación con nadie ahora, mi prioridad es mi estudio. - ¿Dejarte por una mujer más linda no afectó tu autoestima? - Abro mucho los ojos y se da cuenta de la mierda que dijo. -No lo creo, Ju. Al contrario, no te cambiaría como lo hizo él. Sólo repetí lo que dijo. - ¿Sabías que sólo te hablé de esta conversación? - Me muerdo la comisura de la boca para evitar que la emoción se apodere de ella. No por el idiota de Pedro, sino por recibir una paliza así de parte de la persona que amo como a un hermano. - No creo que sea feo. Al contrario, creo que soy tan hermosa que no es justo perder el tiempo con chicos que no son maduros. Soy joven, tengo toda la vida por delante. No quiero atarme a nadie y no estoy necesitado hasta el punto de estar con alguien sólo porque necesito escuchar elogios. - Eso no es lo que quise decir. - Voy a dormir. Mañana hablamos. - Julia... - Hasta mañana, Ângelo. - Termino la conversación de espaldas y me dirijo al ascensor. Que se jodan Pedro, Ângelo y sobre todo el desafortunado Clóvis que dejó que toda esta mierda se extendiera. Dos años, Julia. Sólo dos años y estarás libre de servicios de mierda como este. - ¿Eres Julia? - Aparto mis ojos de la pantalla del portátil y parpadeo un par de veces para centrarme en la mujer frente a mí. No debería necesitar una respuesta ya que antes de que hable, algo se sienta en la silla al otro lado de la mesa. - Soy Úrsula, manager de la banda Gigantes da Alvorada. - Se quien eres. Mucho gusto. - Quiero mirar a mi alrededor y ver si nos están observando, pero la mirada de la mujer se clava en la mía y siento que me están poniendo a prueba, así que no aparto la mirada. - Escuché que ayer te encargaste del asunto de Yago. - No puedo contenerlo, resoplo y su ceño se arruga. - Perdón por ser grosero, pero por la forma en que lo dijiste, parece que el chisme que está pasando es cierto. - Actualízame, por favor. - Cruza las manos sobre la mesa y se inclina ligeramente hacia adelante. - No creo que necesite conocer los chismes detrás de escena. - Me gusta saber absolutamente todo, esta es la razón principal por la que anoche me molestó tanto la noticia de Yago. Vamos, quiero saber qué está pasando. - No tiene nada que ver con... - Miro a mi alrededor y bajo el tono. - Bebé. - ¿Entonces nadie lo sabe? - Hasta donde yo sé, solo dos guardias de seguridad y tú. - Me encojo de hombros. - ¿Y? - Mi jefe dijo que yo me ocupaba de los negocios del baterista y el rumor es que ahora soy su perra. Perdon. -Me tapé la boca con la mano. No puedo creer que le haya dicho esas palabras a una mujer que ni siquiera conozco bien. La razón de esto es la falta de sueño. Patricia se burló de mí toda la noche. Cuando finalmente durmió, yo era la que estaba sin dormir. - Eso es bueno. - ¿Bien? - Abro mucho los ojos. - No es bueno en ese sentido. Pero me alivia que nadie sepa sobre el bebé. Después de las últimas travesuras de Mel, la prensa se nos echa encima como buitres. Irían de fiesta con un heredero del conquistador de la banda. Mi migraña comienza con sólo pensar en ello. - Frótate la frente con los pulgares. Muerdo la cutícula de mi pulgar esperando que continúe. Juro que entiendo que el bebé es una bomba para la prensa, pero no podré seguir trabajando aquí si murmuran sobre mí a cada minuto. Soy callada, reservada, pero no tengo sangre de cucaracha. Pero no puedo darme el lujo de tirar el dinero. Lo necesito. Lo cual apesta. - ¿Ha pensado en una solución para Murilo? - Intento cambiar el foco de mis pensamientos. - Pensé que estabas más preocupado por tu reputación. - Levanta su impecable ceja. La mujer debe tener unos cuarenta años, pero es una mujer grande. Mucho más bonita y ordenada que muchas mujeres jóvenes. Eso me incluye a mí. - No es mi reputación lo que me preocupa. Sin embargo, lo que todavía queda en un segundo plano es el hecho de que no puede soportar las provocaciones en silencio y pierde su trabajo. Murilo es lindo. - Abro una sonrisa involuntaria. - Estoy aquí para hablar contigo sobre un acuerdo. - Estoy escuchando. - Eso ya me lo imaginaba después de la oferta impulsiva de Yago ayer. Debe haber plantado la semilla para su manager. - Primero, quiero informarle que ayer se transfirió dinero a su cuenta como bonificación. - No era necesario. Cuidé a Murilo durante mi jornada laboral. - Confieso que, al principio, lo pensé para comprar tu silencio, pero Yago fue categórico al decir que no se lo dirías a nadie. - ¿El dice? - Mis cejas se profundizan. El chico ni siquiera me conoce. No hay manera de saber si soy un oportunista. - En cinco minutos frente a él logré saber por qué estaba tan seguro. - ¿Como? - Extiendo mis manos sobre la mesa y me proyecto hacia él, curiosa por la respuesta. - Se me da muy bien leer a la gente, Júlia, pero tú eres muy transparente. Esto me lleva al siguiente tema. ¿Aceptarías cuidar a este niño durante la gira, hasta la próxima semana? - ¿Hasta el descanso? - Eso. - Nunca en mi vida he cuidado a un niño. Que esto quede muy claro. - Yago elogió tus habilidades. Me sorprende que no haya al menos un hermano menor en tu currículum. - Mi corazón se hunde ante la mención, y ella se da cuenta. - Perdon. Que era una broma. - Esta todo bien. - Le doy una sonrisa falsa. - ¿Cuáles serían mis actividades? ¿Tendré que trabajar veinticuatro horas? - De ninguna manera. Le dio sarna para rascarse, debe aprender a tratarla con su hijo. - Contengo la risa. Se asustará cuando se entere de esto. - Sólo quiero pagarte por los momentos que Yago esté en el escenario. Independientemente de si el espectáculo es de madrugada o de día. - ¿Qué pasa con mi trabajo? -Le diré a Clóvis y a todos los demás -subraya- que será, a partir de ahora, mi asistente personal. Por lo tanto, tendrás que quedarte en el hotel organizando las cosas. - Entonces, ¿por ahora el bebé seguirá siendo un secreto? - Es lo más seguro hasta que encuentre a la madre del niño y resuelva todo este lío. - Asiento en señal de acuerdo. - Aquí está la cantidad que recibirás durante la

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