-Yo no hice nada malo, ni tú tampoco -replicó. - Volvamos a la fiesta y acompañaré al desvergonzado a la administración del hotel. Presentarás cargos contra él por acoso... -No llegó tan lejos como para agarrarme -lo interrumpí nerviosamente. - ¡De lo contrario, yo mismo le habría dado un rodillazo en los huevos! Estábamos en el lobby del hotel y no quería llamar la atención, pero cualquiera que nos viera pensaría que éramos una pareja discutiendo su relación. Incluso nuestra ropa hacía juego. El estampado de mi falda era el mismo que el de su camisa. De hecho, a pesar de ser todo lo contrario al look que le vi en otras épocas, seguía siendo muy atractivo. Quizás por la postura pulida y elegante. El caso es que no podía dejar de prestarle atención, lo que resultaba bastante contradictorio con mi comportamiento durante el almuerzo en el restaurante del hotel. -El acoso no se limita al contacto físico, Val.-Se postró frente a mí, con las manos en las caderas y la postura altiva. -¿No fuiste tú mismo quien empezó a sospechar de mí porque me acerqué a ti antes? Y en ningún momento coqueteé contigo ni te hice insinuaciones... - ¡Vale, vale! - Me cubrí la cara con las manos, de repente avergonzada. - Sé que fui un idiota contigo, ¿vale? Dejé escapar un largo suspiro y luego sentí sus manos envolviendo suavemente mis muñecas. - Te estabas protegiendo y no tiene nada de malo. - Me indujo a bajar las manos y mirarlo de nuevo. - Mi ego resultó herido en el proceso, pero eso es algo con lo que tengo que lidiar. No se disculpe. - Es la primera vez en mi vida que hago un viaje fuera de mi ciudad natal y estoy solo - me encontré confesando. - Quería tener buenos recuerdos de estos días, y no privarme de disfrutar la fiesta sólo por no tener compañía. Dominic puso los ojos en blanco. - Espero que no hayas andado revelando a nadie que estás solo. - No eres cualquiera. - Me encogí de hombros, dándome cuenta inmediatamente de lo ridícula que era esa afirmación. - Sigo siendo un extraño - Se rió, sacudiendo la cabeza. - Pero me salvaste la vida, dije que te debía una. - ¿Esto significa que estamos a mano ahora? - Levanté una ceja, todavía avergonzada por lo que dije antes. - Todavia no. - Entrecerró los ojos, aún manteniendo cautivas mis muñecas. - ¡Me robaste un beso, así sin más! Tragué fuerte y sentí que mi cara se calentaba. Dios, ¿por qué tuvo que tirarme eso en cara? - Fue un acto de desesperación y... - Puedes ahorrarme tus justificaciones. - Me soltó y luego cruzó los brazos contra su pecho. - Podría considerarlo acoso, ¿sabes? - ¿Qué? - Mi boca se abrió en una "O" y luego él se echó a reír. - No lo hice... - Me besaste sin mi consentimiento, Val, cuando lo único que necesitabas era pedirme ayuda para deshacerte del pervertido que te coqueteaba. -Pero yo...- Parpadeé, cruzándome también de brazos, incapaz de formar una frase adecuada en mi defensa. - Relájate, niña. - Me guiñó un ojo encantadoramente mientras me sonreía de esa forma hipnótica. - Estoy bromeando. Considérelo una pequeña venganza por lo de hoy. - ¡Qué maduro de tu parte! - Me encogí de hombros. - Ahora en serio. Me comunicaré con el hotel sobre lo que pasó en la fiesta y tú me indicarás quién es el tipo. Sí vas a poner denuncia, porque un hombre así no se detiene a la primera negativa, y si no lo hace contigo, lo hará con otra mujer. ¿Entiendes la importancia de denunciarlo? Asentí inmediatamente, sabiendo que sería negligente de mi parte actuar como si nada hubiera pasado. Tuve suerte de salirme con la mía, pero tal vez otra mujer no. No pagaré por verlo. - Todo bien. Vamos allá. - Listo, entregado sano y salvo - Dominic rompió el silencio apenas llegamos frente a la habitación donde me hospedaba. Me acompañó durante todo el momento en que denuncié el acoso del otro huésped y en el camino a la comisaría donde tuve que declarar contra el tipo asqueroso que ya estaba acosando a otra mujer cuando fue abordado por el gerente del hotel en la fiesta. Nunca me imaginé viviendo una experiencia tan desagradable, pero sabía que tenía suerte de que no fuera algo peor. No quiero pensar más en eso. ¡Fue una liberación! - Terminé arruinando tu noche, ¿no? - Saqué la tarjeta de acceso de mi bolso. - Tu amigo debe estar buscándote. - Erik debe estar muy ocupado con alguna mujer y ni siquiera me extrañó durante esas horas. - Se apoyó contra la pared frente a la puerta de mi dormitorio. - ¿Y frustré tu intento de encontrar a alguien con quien pasar la noche? - Me tapé la boca con una mano en cuanto me di cuenta de lo invasivo que era. - ¿Por qué cree eso? - Mantuvo los brazos cruzados y una postura relajada. - Para empezar ni siquiera quería estar en esa fiesta. Además, es mi segundo día de vacaciones y aunque no tenía intención de romance, conocí a una linda sirena y hasta me besaron. - ¡Maldito hombre! No me dejarás olvidar esto, ¿verdad? - ¿Por qué debería hacerlo, si no me olvido de mí mismo? Es tan reciente. ¿Qué quiere que diga? - No hace falta que digas nada, Val. - ¡Otra vez leyendo mis pensamientos! - Me gusta burlarme de ti. Ya dije que tu expresión facial es muy transparente. Hora de irse. Buenas noches. Dominic se alejó de la pared y dio unos pasos lentos hacia el ascensor. ¿Por qué me incomoda el hecho de que se vaya? - ¿Por qué no me devolviste el beso? -¡Cállate, Valentina! Se detuvo, pero no se volvió hacia mí. Mantuvo las manos en los bolsillos de los pantalones cortos, pero noté que su pie derecho colgaba de forma inquietante. - Porque sabía que algo andaba mal y, por muy sexy que seas, no me aprovecharía de la situación. Para besar a una mujer, necesito saber que ella lo desea tanto como yo. ¡Él piensa que soy sexy! - ¿Y si te dijera que quiero esto tanto como tú? CAPÍTULO SEIS - Te sientes frágil por todo lo que pasó hoy - Me justifiqué más ante mí mismo que ante ella, cuando finalmente me volví hacia ella. Val, cuyo nombre descubrí era Valentina Soares, tenía apenas veinte años. Quince menos que yo. Puede que fuera hermosa, tuviera un gran sentido del humor y una personalidad fuerte, pero era demasiado joven, lo que indicaba una inexperiencia incómoda. La quería. Muy. Antes de darme cuenta de nuestra diferencia de edad, y por muy tentador que fuera, no me parecía correcto ceder ante una mujer mucho más joven. - Soy un adulto y sé lo que quiero. - Me miró con una intensidad que me golpeó fuerte. - No soy frágil, simplemente me atraes locamente y esta es la primera vez en mi vida que tomo la iniciativa con un hombre. Probablemente también será el último, ya que me rechazan. Había algo en ese par de increíbles ojos azules que interpreté como un desenfreno contenido. Valentina bien podría ser una tigresa disfrazada de gatita. O un gatito que se convertiría en tigresa. - Supongo que esto es un adiós, así que... - murmuró avergonzada y, mirando hacia otro lado, comenzó a quitarse la camiseta que le había prestado para poder entrar a la comisaría. Convenientemente llevaba una camiseta blanca debajo, ya que tenía la intención de deshacerme de la prenda que Erik insistía en que usara en algún momento de esa noche. Al final, sirvió para un buen propósito. - Finalmente estamos empatados. - En unos pocos pasos llegó hasta mí y extendió la camiseta