El auto se detiene y a los pocos segundos se abre la puerta; dos tipos altos y musculosos salen de ella. Uno rubio y otro moreno. "Wow, llevan tatuajes fascinantes de animales". Uno de un águila y el otro de un lobo.
-Bájese, señorita, ya hemos llegado. -me dijo mi "amable" conductor, ese que me había servido de mucho durante el viaje, sobre todo por sus charlas informativas y muy positivas (nótese el sarcasmo de nuevo en mis palabras).
Bajo del auto, voy directa al maletero.
–No se preocupe que se lo llevo directamente a su dormitorio, usted debe acompañar a esos dos hombres –dice el chófer.
"Oh, Dios, ¿cómo se supone que sobreviva si cada vez que pienso que todo va bien ocurre algo?, y yo aquí, muy valiente y segura, si señor... me van a comer viva en este lugar".
Y así, con la convicción de los cobardes, esa que dice que de ellos no se ha escrito nada, camino hacia los guardias. Que me miran de abajo hacia arriba.
–Si quieren me miran de arriba abajo también, no vaya a ser que se les pierda un lugar –les digo y recibo otra mirada de los dos, para luego acabar mirándose entre ellos. Yo dejo de prestarles atención y me maldigo por mi enorme bocaza, pero ¿qué le vamos a hacer? no me gusta que me miren como si fuera comida.
–Pase, la están esperando –me dice una voz que provoca un escalofrío en mí. Y de momento aparece un tercer hombre detrás de la puerta. Es un señor mayor, pero se ve que está en muy buenas condiciones– Sígueme – diciendo esto echa a andar, conmigo siguiéndole el paso.
Y mientras segó al señor, aprovecho y voy estudiando mi entorno.
"¿De dónde carajo salió este lugar, parece que sus guardias salieron todos de una revista de Calvin Klein?"
Me llevan en un recorrido por las instalaciones, que para ser medianoche hay demasiada gente en el patio, ¿están seguros de que esto es una cárcel?
Hay muchas personas, la mayoría están heridas, incluso hay niños y mujeres, un sitio de lo más extraño.
Llegamos a una habitación que parecía una sala de juntas, el señor que me ha guiado hasta ahora me señala una mesa, donde me pide que tome asiento.
Unos minutos de espera después llega una mujer muy hermosa, esta se sienta a mi lado y me entrega un documento.
–Por favor lea –me dice con calma mientras se reclinaba cómodamente en su silla.
Al leer el documento, siento que algo no está bien.
–Creo haber leído mal, ¿verdad?, ¿esto es un acuerdo de confidencialidad? No entiendo para qué necesito eso cuando solo vine aquí a hacer de doctora. –Después de que hablo, los miro y no lucen para nada contentos.
–Sí, leíste bien, esto es para que no hables de lo que puedas ver u oír entre estas paredes. Si piensas trabajar aquí, deberás firmar –me dice fríamente.
"¡Dios sabrá lo que tendrán aquí para que necesite un contrato de estos!"
Algo definitivamente está mal en este lugar.
–¿Qué es lo que quieren proteger para hacerme firmar esto?
–Solo firme y le digo que el precio es alto, si algún día dice algo.
–Entonces... ¿me está amenazando cuando aún no he visto nada? -la miro mientras entrecierro los ojos–. ¿Con qué pagaría si lo llego a incumplir?, aunque no creo que lo haga -"Aquí no es que haya nada tan especial, solo unos cuantos guardias tios buenos y ya"
–Su vida, y no es una amenaza, sino una promesa. Por otro lado si no firma, la mataremos igual, ya sabe bastante de este lugar y eso tampoco es una amenaza.
–En realidad no me está dando a escoger. ¿Qué pasa si firmo y me voy?
–Escúcheme bien, deje las preguntas estúpidas ya, la cosa es así; si firma se queda y si mantiene un buen comportamiento, se puede ir, ahora si decide no firmar.... bueno, solo tiene que saber que ya estamos cavando su tumba.
Después de haberme mantenido lo más serena posible y haber tratado de negociar mi libertad y fallado, firmo sin necesidad de escuchar más nada. Mi vida está en riesgo, y seguro que no voy a seguir arriesgándola.
Ahora sí que mataría al hijo de puta de mi profesor, gracias a él, me había metido en una buena. El sí que no sabe de qué estaba hablando, ¿que este era el mejor lugar?, ja.... Mejor lugar, mi culo.
–Bueno, ahora que ya nos entendemos y ha firmado, le explicaré debidamente en qué está metida, después de todo va a estar un buen tiempo aquí.
La mujer cambia su manera de tratarme, de peligrosa y amenazante a amable y cortés, y me hace seguirla.
Salimos directo al patio, con cada paso que doy me paree ser observada por todos. Las personas que se concentran en el lugar son muchas, pero ninguna parece presidiario.
–Señorita Celin...
–Dígame solo Celin, por favor -logro decir en medio de toda la confusión y el miedo que persiste todavía en mi cabeza.
–Bueno, Celin – dice, y empieza a contarme el objetivo del local– Como puedes ver, esto no es en realidad una cárcel, este lugar es una de las pocas instituciones secretas de la Sociedad de Cambiantes que quedan en el mundo. –Sin darme tiempo a digerir la bomba que acababa de soltar continúa explicando– Esta en especial es un centro médico, aquí se curan las heridas y se le da asilo a cualquier cambiante necesitado. Para poder escondernos del mundo la llamamos Cárcel los Arcángeles y para el mundo exterior funciona como una. Es parte de la razón también por la que debemos establecer un acuerdo de confidencialidad con cualquier ser humano que cruce nuestras puertas.
"Atónita" es definitivamente la mejor palabra que me describe en estos instantes.
–Obviando el resto, porque realmente no lo logro procesarlo, ¿usted acaba de decir Cambiantes?... usted está bromeando, ¿no? Es que eso no puede existir, estamos en el mundo real y aquí eso no existe... ah, ¡ya sé!, ¿esto es una cámara oculta?, jajá.... Muy gracioso –digo mientras lucho por poner en orden mi confundida mente.
–Jajajajaj jajajaj. –Después de una gran carcajada que duró más de treinta segundos, y a pesar de mi mirada desconcertada, continúa un poco falta de aire y en medio de ocasionales risas–Hace tiempo que no me reía así, con eso de que no existimos, ¿eh?... qué chiste tan bueno, y tu cara, ¡Dios!... No, no es una broma. Sí existimos, lo que pasa es que para nuestra propia protección lo convertimos en una leyenda. Vaya, puedo ver que todavía no me crees, así que te lo enseñaré, mira hacia allá.
Le hace una seña a un muchacho que lleva un inmenso tatuaje de un águila.
El chico no parece muy viejo, más bien ronda los veinte y pico largos, casi treinta. Me fijo en que tiene una pequeña herida en el tobillo, que a pesar de ser superficial sangra bastante.
Tengo ganas de ir a revisarlo y ponerle un vendaje, pero me quedo quieta donde estoy en lugar de ir y hacer lo que mi instinto me pide.
Voy a esperar, tengo curiosidad por ver lo que me quieren mostrar.
Todavía no estoy segura de que esto no sea una broma pesada, pero les voy a dar la oportunidad de demostrarme lo contrario, aunque en verdad no me creo nada de esto.