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Capituló 2
El inicio del infierno
Natalia 2035:
El olor era óxido, eso fue lo primero que persivi, óxido y suciedad, no como alcantarilla pero si olía a demasiada humedad, me sentía mareada, lo último que recuerdo es el beso de Víctor. Después, la oscuridad y ahora siento como mi cuerpo cobra vida, como está conectado a algo. El pitido me lo dice, lo siento en el brazo, confundida intento abrír los ojos pero no puedo, esas pesadez me lo impide, alguien sisea cuando gimo.
Esta vez cuando por fin puedo abrir los ojos, el cansancio se ha ido, los dolores de cabeza también, no estoy atada, me siento rivitalizada, inspeccionó mi entorno y veo que estoy en una selda, rodeada de cuatro rejas, cuando miró a mi alrededor no me sorprende ver otros prisioneros con overoles oscuros, tenis oscuros y la cara demacrada del cansancio, mujeres, adolescentes, señoras o señores no mayores de cuarenta, en la habitación solo hay una litera, estoy en la parte de abajo, una mano femenina cuelga en un costado. Me siento e inspeccionó mi entorno, hay varios guardias en las puertas de entrada y salida de cada extremo del pasillo, todas las celdas iguales, con un baño que no deja tener privacidad. Tomó respiraciones profundas, controlando mi ira, estos hijos de la gran puta, me sacaron del ataúd y me trajeron aquí y por juzgar como me siento, curaron mi cuerpo para prepararse para lo que viene a continuación. Nadie viene por mí ese día o noche, no sé la verdad. Pero se que me está observando, veo la cámara en la esquina de la celda que da un panorama de todo el cuadro, lo se por el ángulo de la posición. Están siguiendo cada uno de mis movimientos, esperando que explote, grité y pida ayuda o alguna cosa dramática así, como si fuera un ser inocente y vulnerable. Pues eso jamás pasará. Me quedo sentada inmóvil. Sin mirar a nadie. Solo escucho. Solo siento. Y empiezo a recordar cómo provoqué a la bestia sin saber que el mismo Lucifer vendría por mi.
Itzi
Año 2001
Es de noche, el área está rodeada de patrullas y ambulancias, hay agentes en todos lados... soy de ayuda humanitaria, voluntaria en este tipo de casos, estamos en los muelles de basura chatarra, rodeados de porquería, veo a Amy salir entre los agentes escoltan a 11 niños, entre ellos niños y niñas, envueltos en colchas térmicas, sucios, llenos de lodo, se me parte el alma al ver su deplorable estado. Caminan con la mirada perdida y desorientados, Amy se acerca.
– Estaban en un sótano abandonado, alimentándose de ratas.
Tomó aire profundamente, me duelen estos casos, porque son seres inocentes, que no merecen tanta crueldad, como psicóloga infantil soy encargada de muchos refugiados, orfanatos y albergues.
Mi esposo es un importante petrolero e ingeniero, él aprecia que use su dinero para buenas causas. Miro a los niños a mi alrededor, como son atendidos por los paramédicos, una niña de 7 años llama mi atención, a pesar de la mugre en la cara tiene los ojos grises casi plateados, el cabello enredado le cae por los hombros desnudos, su mirada es intensa, casi sin expresión y vacía de emociones, a diferencia de los otros niños que parecen recelosos y en shock, ella observa todo a su alrededor, con una calma que me preocupa, el paramédico le hace preguntas, solo asiente y niega, pero no habla. Me acerco.
– ¿Está todo bien?
– Está un poco desnutrida, en el hospital se le harán más estudios, comer ratas puede acarrear muchas enfermedades – dice tomándole la presión.
– Hola. ¿Cómo te llamas? – quizá no entienda o no me responda, efectivamente no contesta, alarga la mano y toca la seda de mi blusa, como si quisiera sentir su textura, me aparto cuando aleja su mano.
En el hospital, las tres niñas y ocho niños, de entre 7 y 13 años son atendidos por médicos, pediatras, toxicológicos y más. Algunos siguen aturdidos y se niegan hablar, otros como la niña de ojos grises, observa todo con desconfianza, Daniel de 10 años y Xiomara de 9 cuentan como fueron raptados, pero no recuerdan cuánto tiempo llevan encerrados y por las condiciones en que los encontramos cálculo unas tres o cinco semanas. Todos ellos serán trasladados al orfanato cercas de mi casa, "El lost" les brindará el apoyo necesario, me encargaré de eso personalmente.
Llegó a casa agotada, con el alma en el pozo, mi hijo de 7 años, juega ajedrez con su padre. Gabriel alza la vista cuando me ve y se levanta al ver mi expresión, me aferro a sus brazos y lloró todo lo que contuve, el se deja caer conmigo en sus brazos, él sabe que pese a la situación hay casos que logran quebrarme, y hoy es un día de esos, mi hijo me acaricia la cabeza en silencio, dándome su consuelo, cuando por fin me calmó, mi esposo me aparta y limpia mis lágrimas.
– ¿Que fue esta vez? – pregunta con amabilidad.
– ¡Oh amor!, Fue horrible, el grupo especial recibió una alerta amarilla (pedófilia) y nos llevó aún deshuesadero, donde habían olvidado a 11 niños, desnudos, que se alimentaban con ratas, estaban desnutridos hasta los huesos, sucios, no puedes imaginar cómo los tenían, fue horrible, no puedo sacarme lo de la cabeza, algunos lloraron cuando intentaron bañarlos.
– Pero están a salvo, gracias a tu amiga Amy y su grupo especial, "El lost" lo recibirá con gusto – me reconforta besando mi frente.
Nos pusimos de pie y sin soltarme me escoltó a la sala donde cada uno se sentó a mi lado tomando mis manos.
Nickelay 2002
Festejar mi cumpleaños es algo que amo hacer con los niños del orfanato, ya que no tengo hermanos, me gusta creer que todos lo son, son 33 en total, 15 niñas y 18 niños en total. Desde la pubertad hasta la adolescencia, corren de aquí para allá, algunos saltan en el trampolín, los más grandes cuidan de los pequeños, somos una familia y todos cuidamos de todos.
Solo una persona se mantiene al margen, sentada en la jardinera observando, está quieta, con las manos entrelazadas en su regazo, no juega, no habla con nadie, salvo mi mamá y algunas maestras, mi madre dice que es inteligente, que tiene memoria fotográfica como yo, pero siempre está alejada de todos. Su comportamiento no es normal, es bonita, tiene el cabello negro azabache, es alta para su edad, pero su seriedad y falta de expresión asusta a los niños y nadie se atreve acercarsele.
La veo levantarse y caminar por los jardines sin mirar a nadie, salvo que sus dedos acarician las flores, desaparece por el cuarto de lavado, se que va a buscar la muy pilla. Pasan 20 minutos y no regresa, mamá me manda a buscar la piñata que escondió justo en la lavandería y me río, seguro ella ya la saqueó. Se supone que los niños más hiperactivos la destruirían si la mirasen, así que voy y de paso veo que hace ella.
Cuando entro, todo es blanco, el piso, las paredes, hasta las lavamaticas, la piñata está sobre la mesa entre las sábanas, me acerco a tomarla, pero el ruido de alguien masticando me hace detenerme, sigo el ruido, atrás de las lavamaticas están las planchas de vapor.
Así que rodeo los enormes monstruos y encuentro a Natalia, la niña que todos evaden hincada masticando algo, me acerco con cautela para no asustarla, y carraspeo haciéndome notar.
– Hola, ¿Qué haces aquí sola? – Si agarro dulces de la piñata nadie la va a regañar – Si querías dulces, no hay necesidad de que te escondas... Nadie va a decir....
Corto las palabras cuando se da la vuelta y me encara, tiene la boca manchada de sangre, el vestido, las manos y en el piso está "Mazón" el gato muerto sin cabeza.