Capítulo 5 ¿Cuál es el plan ahora

Al día siguiente, Lya se despertó con una sensación de vergüenza quemándole el pecho. El recuerdo del beso a Tristán la golpeó de inmediato, y se cubrió el rostro con las manos, sintiéndose estúpida. ¿En qué había estado pensando?

Después de unos minutos, decidió salir de la habitación y, guiada por el sonido tenue de papeles y el tecleo de un ordenador, llegó hasta el estudio. Tristán ya estaba trabajando, inclinado sobre su escritorio con la mirada fija en unos documentos.

Lya se quedó en el umbral por un momento, tomando aire antes de alzar la mano y dar unos suaves golpes en la puerta.

-Tristán...

Él levantó la vista con expresión impasible, aunque la tensión en sus hombros delataba su incomodidad.

-Solo quería decirte que lamento lo que pasó anoche -murmuró ella, sintiendo un nudo en la garganta - se que te tome por completo desprevenido y no era mi intención.

Él desvió la mirada, pasándose una mano por el cabello con un suspiro pesado.

-Lya, yo no te traje aquí por eso.

El silencio entre ambos se volvió denso. Lya bajó la cabeza, sintiéndose aún más tonta. Pero había algo que seguía sin comprender.

-Yo solo no termino de entender porque- señalo ella.

El suspiro cansado.

-Ya te lo dije, no es sexo, puedo tener eso con cualquiera, además estas embarazada, dame algo de crédito por eso.

-Entonces... ¿por qué me estás ayudando? -preguntó en voz baja, buscando sus ojos.

Tristán se quedó callado. Su mandíbula se tensó y, por un instante, pareció debatirse internamente. Finalmente, con un tono derrotado, respondió:

-Porque lo he experimentado.

Lya frunció el ceño, sin entender.

-Tuve una hermana menor, era dulce e ingenua-continuó él, su voz volviéndose áspera-. Se involucró con Alexander. Fue un secreto... nadie supo de su relación hasta que quedó embarazada, para entonces ya era demasiado tarde, ella estaba nublada por estar con un hombre así. Pero él... la orilló a abortar.

Lya sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

-Eso la destruyó, no podía soportar lo que había hecho, ella ansiaba ser mama y tener una familia tradicional, realmente estaba enamorada de él, creía en sus promesas de abandonar a su esposa -susurró Tristán, con la mirada perdida en un punto lejano-. Por más que intenté ayudarla, no pude salvarla. Decidió acabar con su vida.

Lya se cubrió la boca con la mano, sintiendo el peso de sus palabras.

-Cuando ocurrió... quise ir contra Alexander -continuó con amargura-. Y entonces descubrí que no era la primera vez que lo hacía.

Se inclinó sobre el escritorio y tomó un marco de fotos, dándoselo a Lya. Ella lo tomó con manos temblorosas y observó la imagen.

En la fotografía, Tristán sonreía junto a una joven hermosa de cabellos oscuros y ojos radiantes.

-Ella era mi hermana -susurró.

Lya sintió un nudo en el pecho. De repente, todo encajaba. Todo el rencor, la frialdad y la determinación de Tristán tenían un motivo. Alexander no solo le había arrebatado a alguien que amaba... lo había condenado a cargar con esa pérdida para siempre.

Tristán sostuvo la mirada de Lya con intensidad, como si estuviera a punto de revelarle la clave de todo.

-Tú eres la esperanza, Lya -dijo con voz grave.

Ella parpadeó, confundida.

-¿Qué quieres decir?

Tristán tomó aire profundamente antes de continuar.

-Tu bebé... -hizo una pausa, asegurándose de que ella lo estuviera escuchando-. Tiene la sangre de Alexander. Y eso lo cambia todo.

Lya sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

-¿Cómo... cómo es que eso importa?

Tristán entrecerró los ojos.

-Porque durante años se ha rumoreado en los pasillos de la alta sociedad que Alexander es incapaz de tener hijos -su voz se volvió más fría-. Pero aquí estás tú, embarazada. Eres la prueba de que todas esas especulaciones son ciertas y, lo que es peor para él, de que ha estado con otras mujeres fuera del matrimonio.

Lya sintió que el aire le faltaba.

-No... No entiendo...

-La familia de Katherine no va a soportarlo -sentenció Tristán, cruzándose de brazos-. Han protegido la imagen de su hija a toda costa, y han mantenido su matrimonio con Alexander como un símbolo de poder. Pero si se confirma que él no solo la ha engañado, sino que puede tener hijos y nunca le dio uno a ella... tratarán de destruirlo.

Lya sintió que sus piernas temblaban.

-¿Estás diciendo que... mi bebé podría ser la ruina de Alexander?

Tristán asintió con lentitud.

-Exactamente. Por eso es que no podemos permitir que te encuentre, Lya. No solo por tu seguridad, sino porque esta es la única oportunidad de hacerle pagar por todo lo que ha hecho.

Lya se llevó una mano al vientre, sintiendo el peso de una verdad que nunca había considerado. Hasta ese momento, su único miedo había sido escapar de Alexander... pero ahora comprendía que su hijo era mucho más que un motivo de persecución.

Era la clave para destruirlo.

Lya tragó en seco y, todavía procesando la magnitud de lo que Tristán acababa de decirle, murmuró:

-¿Cuál es el plan entonces? ¿Qué haremos ahora?

Tristán la observó por un momento antes de ponerse de pie. Se acercó a ella y apoyó ambas manos con firmeza sobre sus hombros.

-Primero, debes descansar -dijo con voz calmada pero autoritaria-. Tu embarazo es de alto riesgo, y si algo te pasa, todo esto no habrá servido de nada.

Lya quiso protestar, pero él se adelantó.

-¿Ya comiste?

Ella apartó la mirada, sin responder.

Tristán frunció el ceño, pero antes de decir algo más, su celular vibró en su bolsillo. Lo sacó sin pensarlo, pero su expresión se endureció en cuanto vio el nombre que aparecía en la pantalla.

Katherine.

El aire en la habitación pareció volverse más denso. Lya también lo vio, y un escalofrío le recorrió la espalda.

Tristán suspiró, pasó una mano por su rostro y luego miró a Lya.

-Tengo que contestar esto -dijo en un tono que no admitía discusión.

Lya asintió con nerviosismo, mientras él se alejaba un par de pasos y deslizaba el dedo sobre la pantalla para aceptar la llamada.

                         

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