Capítulo 10 El gerente besador

Joaquín

Había pasado semanas siguiendo a mis empleados hasta que puse el ojo en Laura.

Al principio, parecía la candidata perfecta para mi "investigación".

Siempre distraída, con la cabeza en otro mundo. No importaba si estábamos en plena reunión o si había algo importante que hacer,

Ella siempre parecía más interesada en su teléfono que en cualquier otra cosa. Así que la había puesto en la lista de sospechosos casi sin pensarlo.

Hoy la observaba desde mi escritorio, los ojos atentos a cada uno de sus movimientos, aunque, francamente, no hacía nada que pareciera remotamente interesante.

Estaba en su escritorio, con los ojos fijos en el móvil como siempre. Cada tanto, soltaba una risita baja, y su dedo índice se deslizaba por la pantalla de arriba a abajo. Redes sociales, probablemente.

Abrí la libreta en mi regazo, tratando de no ser obvio mientras anotaba.

Laura: distraída. Risas sospechosas. Puede estar pasando información... o viendo memes.

Me recosté en mi silla, sin saber si reírme o frustrarme.

A este paso, la libreta se estaba llenando de notas sin sentido sobre personas que, la mayor parte del tiempo, no hacían nada.

Y Laura parecía estar más conectada a su vida virtual que a lo que sucedía en la oficina.

Pero algo en su actitud relajada me molestaba, como si su despreocupación fuera parte de una fachada.

Entonces, se levantó, todavía con el teléfono en la mano.

"Ahí vamos." Decidí que la seguiría con discreción, aunque eso implicara dejar mi café a medio tomar.

Me incorporé, agarrando mi libreta y la chaqueta, y la vi dirigirse hacia el comedor.

Camila pasó cerca de ella, cargando una pila de documentos, su cabello suelto moviéndose con el aire acondicionado. Mis ojos se desviaron automáticamente hacia ella, como si mi cerebro ya estuviera programado para seguir sus movimientos, no los de Laura.

-Buen día, Camila -dijo Laura, sin siquiera mirarla, completamente absorbida por su teléfono.

-Buen día -respondió ella, sonriendo y cruzando la oficina con pasos rápidos.

Volví a concentrarme. Laura ya estaba entrando al comedor y la seguí, manteniendo una distancia segura, para no parecer sospechoso.

Mis sospechas sobre Laura se habían vuelto casi una obsesión tonta, pero, de alguna manera, todavía estaba convencido de que había algo en ella que no cuadraba.

Se sentó en una mesa en la esquina, sola, su teléfono todavía en la mano, los pulgares volando sobre la pantalla. Tomé asiento un par de mesas más allá, lo suficientemente cerca como para vigilarla, pero lejos para no ser visto como un acosador.

Fingí estar interesado en los mensajes de mi móvil, pero cada tanto levantaba la vista hacia ella.

"Laura: demasiado concentrada en el teléfono. Puede estar enviando información clasificada o... viendo videos de gatos."

Escribí eso último con una sonrisa irónica. Empezaba a preguntarme si realmente estaba obteniendo algo útil de todo esto.

Justo cuando pensé que su comportamiento era más inofensivo que otra cosa, Laura soltó una risita más fuerte, una de esas que no puedes contener aunque estés en público. Se cubrió la boca con la mano y siguió mirando su pantalla. Mis sospechas aumentaron.

¿De qué se estaba riendo? ¿Un mensaje importante o algo más tonto?

Sentí la urgencia de acercarme más, pero me quedé quieto. No podía arriesgarme a que me viera. Decidí que la mejor estrategia sería esperar, verla interactuar con otros o quizás notar algún cambio en su comportamiento.

Pero justo cuando estaba por agregar una nota a la libreta, algo desvió mi atención.

Camila había entrado al comedor, hablando con una compañera de trabajo, sosteniendo una taza de café en una mano y sonriendo. Me quedé mirándola, casi sin darme cuenta.

Había algo en su manera de moverse, tan natural, tan despreocupada a pesar de que siempre estaba cargando más responsabilidades de las que le correspondían. Siempre tan eficiente, tan cálida con todos.

Camila: parece estar bien con todos. Sonríe mucho.

Escribí la nota casi sin pensarlo, mi bolígrafo se movía como si no pudiera evitar registrar cada uno de sus gestos.

No era la primera vez que lo hacía.

De hecho, su nombre aparecía más y más en mis notas, y la razón por la que estaba escribiéndola tanto me estaba empezando a incomodar.

Intenté volver mi atención a Laura, pero Camila capturaba toda mi concentración sin esfuerzo.

Laura dejó de ser importante. Mis ojos ya no la seguían. Estaban fijos en cómo Camila reía suavemente, tomando su café, conversando con la otra compañera. Ese pequeño gesto, tan simple como beber una taza de café, me tenía más interesado que cualquier cosa que Laura pudiera hacer con su teléfono.

Camila: su risa... es contagiosa. Otra distracción.

Solté un suspiro y cerré la libreta, apoyando mi cabeza contra el respaldo de la silla. Había perdido completamente la noción de por qué estaba en el comedor en primer lugar.

Laura podría estar hablando con un espía ruso y ni siquiera me importaría, porque en ese momento, lo único en lo que podía pensar era en cómo Camila llenaba de vida cada lugar al que iba.

Me quedé un par de minutos más, mirando cómo terminaba su conversación y se dirigía hacia la puerta con esa misma energía tranquila y segura.

-Céntrate, Joaquín -me dije a mí mismo en un murmullo. -Se supone que estás investigando, no observando... eso.

Me puse de pie, dispuesto a seguir a Laura, pero en el fondo sabía que ya no había vuelta atrás.

La vi salir al pasillo sin despedirse de nadie, el teléfono pegado a su mano. La seguí con calma, manteniendo una distancia segura, no quería que notara que la estaba vigilando.

Laura salió del edificio y caminó hacia un callejón lateral, justo al lado de la oficina.

Demasiado discreta. Demasiado fuera de lugar.

Aceleré un poco el paso, sin hacer ruido, acercándome con cuidado. Desde donde estaba, podía ver su silueta, pero no alcanzaba a ver lo que estaba haciendo. Me acerqué un poco más, hasta que los vi.

Mi respiración se detuvo un segundo.

Estaba allí, con su chaqueta desabrochada, los brazos alrededor de Laura. Los vi besarse. Fue un beso rápido, no de esos apasionados que ves en las películas, pero lo suficientemente íntimo como para dejar claro que había algo entre ellos.

Se separaron y Laura sonrió, esa sonrisa que siempre mostraba cuando miraba su móvil, como si estuviera viendo algo que la hacía muy feliz.

-¿Felipe? -murmuré para mí mismo, aturdido.

El hombre que se pasaba el día bromeando, el jefe relajado que parecía más un amigo que un superior, estaba... besando a Laura. ¿Qué significaba eso? ¿Estaba involucrado en algo más grande, o simplemente era una relación oculta en la oficina?

Todo mi sistema de sospechas comenzó a tambalearse. Felipe era quien me había alentado en este "juego", el único que sabía que estaba en modo espía... y ahora, ahí estaba, besando a una de las personas en las que más me había fijado.

Sentí un nudo en el estómago.

Él siempre me había parecido demasiado relajado, como si nada lo afectara. ¿Y si esa fachada era solo una máscara? ¿Y si él sabía más de lo que dejaba ver? ¿Y si había estado jugando conmigo desde el principio?

Intenté enfocarme en lo que estaba viendo.

Laura le dijo algo en voz baja, no pude escuchar lo que era, pero su risa fue lo suficientemente clara como para saber que lo estaban disfrutando.

Felipe le acarició el brazo antes de separarse, dándole una última sonrisa antes de volver a la oficina, probablemente para recoger sus cosas como si nada hubiera pasado.

Laura se quedó ahí unos segundos más, mirando el teléfono de nuevo, probablemente revisando algún mensaje. Luego de unos minutos se fue.

Me quedé allí, inmóvil, tratando de procesar lo que acababa de ver.

Felipe y Laura.

Eso cambiaba las reglas del juego. Sabía que algo estaba pasando, pero no esperaba que fuera esto.

Apreté la libreta en mis manos, y mientras salía del callejón sin ser visto, ya tenía el plan claro en mi cabeza.

Felipe sería mi próximo objetivo.

            
            

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