Capítulo 9 La libreta

Joaquín

11:30 am.

El equipo de ventas estaba reunido en una esquina de la oficina, hablando en susurros.

Eso, por supuesto, me puso en alerta inmediata. Me incliné sobre mi escritorio, apuntando mi oreja en su dirección, tratando de captar algo.

-...y entonces, le dije que no podía hacer eso, que el jefe lo notaría... -susurró uno de ellos.

¡El jefe lo notaría! Eso sonaba como algo sospechoso. Estaban ocultando algo, definitivamente.

Anoté en la libreta:

Equipo de ventas - conspiración. Hablan en códigos. Posible alianza para el sabotaje.

Mientras seguía escribiendo, Ramiro pasó por mi lado con su habitual arrogancia. Se inclinó hacia mí y susurró:

-Espero que estés tomando notas importantes, pasante.

Ramiro siempre tenía que dejar su comentario. Le devolví una sonrisa falsa, pero en mi mente lo anoté también.

Ramiro - potencial instigador. Cree que todo es una broma. El traidor actúa con despreocupación.

12:00 pm.

Se acercaba la hora del almuerzo. Observé cómo los empleados se levantaban de sus sillas y comenzaban a prepararse para salir a comer. Para entonces, ya había llenado varias páginas de la libreta con mis "observaciones".

La oficina empezó a vaciarse poco a poco, pero yo no me moví de mi puesto. Almorzar era para los desprevenidos. Yo tenía una misión.

Me di cuenta de que Camila aún no se había levantado. La vi escribir algo en su computadora, antes de cerrar la pantalla y ponerse de pie.

La seguí con la mirada mientras recogía sus cosas y se dirigía a la salida. Ya estaba a punto de anotar algo más sobre ella cuando se detuvo de repente y se dio la vuelta, caminando hacia mí.

-¿Qué haces, Joaquín? -me preguntó, su tono cargado de curiosidad, mientras me sorprendía observándola.

Cerré la libreta de golpe, otra vez.

-Nada. Solo... anotando algunas cosas para mi trabajo -respondí, intentando sonar casual.

Ella me miró de arriba a abajo, y luego sonrió, como si hubiera descubierto mi pequeña misión secreta.

-¿Estás espiando a todos? -preguntó, cruzándose de brazos, claramente divertida.

Me quedé quieto, evaluando mis opciones.

Podía negarlo todo y parecer un idiota, o podía decir la verdad... y parecer un idiota.

Opté por un poco de ambas.

-Solo observando comportamientos... -empecé, pero ella soltó una risa que me desconcertó.

Había algo en su risa que me hacía sentir menos tenso, aunque no quería admitirlo.

-¿Comportamientos? -repitió, todavía riendo. -¿Y qué has anotado sobre mí, pasante?

Me miró, alzando una ceja, sin creerse ni una palabra de lo que acababa de decir. Y antes de que pudiera reaccionar, hizo algo que no esperaba. Me hizo cosquillas.

Sí, cosquillas

-¿Qué haces? -exclamé, soltando una risa inesperada cuando sus dedos rozaron mi costado.

No recordaba la última vez que alguien me había hecho cosquillas. Me moví en la silla, intentando alejarme, pero era tarde.

Camila aprovechó el momento de distracción para estirar la mano y arrebatarme la libreta de las manos.

-¡No! -dije, intentando alcanzarla, pero ella ya se había apartado, dando un par de pasos hacia atrás mientras hojeaba la libreta con una expresión maliciosa.

-Veamos... -dijo, su voz cargada de diversión mientras pasaba rápidamente las páginas. Mis anotaciones secretas estaban a punto de ser reveladas.

Me levanté de la silla, pero no lo suficientemente rápido. Ella ya había encontrado lo que buscaba.

-"Camila - increíblemente tranquila después de llegar tarde. Posible agente doble" -leyó en voz alta, y luego estalló en carcajadas.

-Dame eso -dije, intentando mantener la compostura mientras extendía la mano para recuperar la libreta, pero ella dio un paso atrás, manteniéndola fuera de mi alcance.

-¿"Agente doble"? -se burló, mirando la libreta con una sonrisa amplia. -¿Así que eres un espía encubierto, Joaquín? ¿Para quién trabajas? ¿La CIA?

Intenté no reírme, pero era imposible. Camila era muy buena para tomarme el pelo, y lo peor es que lo hacía de una manera tan divertida que, aunque quería recuperar mi libreta y detener su pequeña burla, una parte de mí también disfrutaba el momento.

-No es lo que parece, es que Felipe... -dije, aunque estaba claro que era exactamente lo que parecía.

Ella siguió leyendo, pasando las páginas con rapidez, riendo cada vez más fuerte.

-"Laura - bebiendo café como si no hubiera dormido. Sospechoso." -Camila casi se doblaba de la risa mientras me lanzaba una mirada llena de burla. -¿Qué? ¿Ahora tomar café es una señal de traición?

Me acerqué a ella, pero ella me esquivó con agilidad, sosteniendo la libreta en alto.

-Venga, ya -dije, riendo a mi pesar, -dámela antes de que leas algo que te haga sospechosa de verdad.

Camila me miró con los ojos llenos de diversión, pero luego, en un gesto sorprendente, dejó caer la libreta suavemente en mis manos, aunque no sin antes leer una última anotación.

-"Ramiro - exceso de confianza. Posible traidor." -dijo con una risa final, lanzándome una mirada cómplice. -Eso, te lo puedo confirmar yo también.

Ambos soltamos una carcajada, y cuando al fin recuperé la libreta, me senté de nuevo en mi silla, todavía riéndome.

-Debo admitir que esto es lo más divertido que he hecho en la oficina en semanas -dijo, secándose una lágrima de la risa mientras se apoyaba en el borde de mi escritorio. -¿Quién iba a decir que el pasante tiene una vena de detective?

-Sabes, podría haber sido más discreto si no fueras tan buena para robar libretas -respondí, todavía con una sonrisa en los labios.

Camila me observó, su expresión pasando de divertida a algo más suave, casi curiosa. Se quedó en silencio por un segundo, como si estuviera por decir algo. Y entonces, de repente, dejó escapar un pequeño suspiro.

-Gracias por la risa, Joaquín. Me hacía falta algo así.

Me quedé mirándola por un momento, sorprendido por el cambio en su tono. La sonrisa seguía ahí, pero ahora era más tranquila, más real.

-De nada -respondí, sin saber muy bien qué más decir.

Ella se apartó de mi escritorio y me lanzó una última mirada antes de girarse para irse.

-Nos vemos después, espía -dijo, con una sonrisa que volvió a iluminarse en su rostro.

-Solo por curiosidad -dije, intentando mantenerla un poco más allí conmigo, -¿por qué llegas tarde todos los días?

Camila me miró por un segundo, como si estuviera pensando si debía contestar en serio o seguir con el juego. Luego sonrió, pero esta vez su sonrisa fue más suave.

-Tengo dos sobrinos a cargo. A veces las mañanas no salen como lo planeo, pero no te preocupes, siempre cumplo con mi trabajo -dijo, antes de mirarme directamente a los ojos. -Y siempre termino todo a tiempo.

Su respuesta me dejó sin palabras. No esperaba que fuera algo así. La había juzgado mal desde el principio. Cerré la libreta, esta vez para guardarla.

-Está bien -dije finalmente, asintiendo. -No voy a anotarlo entonces.

Me dio una última sonrisa antes de girarse y caminar hacia la salida. Me quedé mirándola mientras se iba, sabiendo que tal vez mi "operación encubierta" no era tan efectiva como había creído.

Me recliné en la silla, soltando un suspiro.

Felipe tenía razón, no todos los que llegaban tarde eran traidores. Pero eso no significaba que el traidor no estuviera allí... en algún lugar.

No solo estaba vigilando a los empleados. También los estaba conociendo, a ellos y a mí mismo, de una manera que no había esperado.

Y en cuanto a Camila... bueno, ella era un misterio mucho más interesante de lo que pudiera anotar.

Abrí la libreta una vez más y anoté:

Camila - Llega tarde, pero tiene buena excusa. Anulada como sospechosa.

            
            

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