Carlos ignoró el comentario de Leonardo y me entregó una pequeña caja de terciopelo.
"Un regalo de bienvenida".
La abrí. Dentro había una pulsera de esmeraldas. Eran pequeñas, de un verde pálido y opaco. Piedras de baja calidad.
Luego, se giró hacia Valentina y le entregó una caja idéntica. Ella la abrió con un chillido de alegría. Su pulsera brillaba con esmeraldas grandes, de un verde profundo y casi líquido. La diferencia era insultante.
Mi padre adoptivo me había enseñado bien. Sostuve la pulsera en mi mano.
"Gracias, padre", dije, mi voz sonando clara y firme en el silencio del vestíbulo. "Aunque estas esmeraldas son de calidad turística. Probablemente de la mina de Chivor, no de Muzo. Las de Valentina, en cambio, son espectaculares. Fuego verde, de la mejor veta".
El rostro de Carlos se contrajo. Sofía abrió los ojos, sorprendida. Valentina dejó de admirar su pulsera para mirarme con odio. Leonardo soltó una risa burlona.
"Vaya, la princesa del corrientazo ahora es experta en joyas", se mofó.
Carlos me fulminó con la mirada. El ambiente se volvió tenso. Para él, yo no era una hija recuperada, era una vergüenza que había que manejar.
"Suficiente", dijo Carlos entre dientes. Sacó su teléfono, tecleó algo rápidamente. Un segundo después, mi propio teléfono vibró.
Un mensaje de texto del banco. Una transferencia. Una suma de dinero con tantos ceros que me mareé.
"Para tus gastos", dijo Carlos, su voz era una orden. "Y para que aprendas a mantener la boca cerrada".
Entendí el mensaje. No era un padre, era un hombre de negocios comprando mi silencio.
Más tarde, en mi nueva y enorme habitación, instalé la cámara que me dio mi padre, escondiéndola en una estantería. Me sentía como una espía en territorio enemigo.
Unos días después, Sofía entró a mi cuarto, emocionada.
"¡Vamos a hacer una gran fiesta para presentarte a la sociedad! Y la combinaremos con la Quinceañera de Valentina, que tuvimos que posponer. ¡Será maravilloso!".
La idea me revolvió el estómago. Una fiesta. Un escenario. Y yo era la atracción principal.