-Que lamentaba el "accidente" -hice comillas con los dedos-. Con voz de lástima falsa. Y Patricio dio un discurso sobre gente que "nace para el éxito" y otra que "lo arruina por falta de temple."
Mi madre se sentó lentamente. Sus manos temblaban.
-¿Preguntó por la empresa?
-No directamente. Pero mamá, ¿de qué conocen los Larraín a papá?
-No lo conocieron -respondió demasiado rápido-. Tu padre era empresario. Ellos son empresarios. Todos se conocen en esos círculos.
-Entonces por qué te pones así cada vez que lo menciono?
-No me pongo de ninguna manera.
-Me estás mintiendo.
Marcela caminó a la cocina. Empezó a hacer té. Su ritual de evasión.
-No tiene sentido remover el pasado. Tu padre murió hace más de quince años. La empresa quebró. Nosotras sobrevivimos. Eso es todo.
-¿Y por qué no uso su apellido?
Sus manos se detuvieron sobre la tetera.
-Ya hablamos de esto.
-No, nunca hablamos. Tú decidiste y yo obedecí. Tenía ocho años.
-Lo hice para protegerte.
-¿De qué? -la seguí-. ¿De qué me estabas protegiendo?
Marcela giró, y en sus ojos vi terror puro.
-De ellos. De gente como los Larraín. De ese mundo que todo lo tritura.
-Pero ahora estoy metida en ese mundo. Salgo con Diego. Trabajo en su empresa. ¿De qué sirvió esconder el apellido?
-Porque no eres Villalba -dijo con voz temblorosa-. Eres Rojas. Solo Rojas. Y mientras lo recuerdes, estás a salvo.
-¿A salvo de qué?
No respondió. El agua hirvió. Preparó dos tazas que ninguna tocaría.
Me senté en la mesa de la cocina.
-Cuéntame de papá. De verdad. No la versión del accidente. Cuéntame quién era.
Marcela tardó tanto que pensé que no respondería.
-Tu padre era ambicioso. Demasiado -dijo finalmente-. Empezó Villalba Construcciones desde cero. Crecieron rápido. Ganaron licitaciones grandes. Proyectos del gobierno.
Su voz se quebró.
-Pero ese mundo tiene reglas que él no entendió a tiempo.
-¿Qué reglas?
-Las reglas de quien realmente manda. De cómo se ganan esas licitaciones. De cuánto hay que pagar, a quién, y qué pasa cuando decides que ya no quieres jugar.
El aire se enfrió.
-Papá iba a denunciar algo -dije. No era pregunta.
Marcela me miró con ojos llenos de lágrimas.
-No sé qué. Nunca me dijo. Las últimas semanas antes del accidente estaba nervioso. Paranoico. Decía que había descubierto cosas. Que no podía seguir siendo cómplice. Que tenía que hacer lo correcto.
-¿Y lo hizo?
-No le dio tiempo. Murió antes.
Silencio pesado.
-¿Y tú crees que fue accidente?
Marcela no respondió. Su silencio fue respuesta suficiente.
-Espera -su voz me detuvo cuando iba a mi cuarto-. Hay algo más.
Regresé.
-Después del funeral, vinieron abogados, con trajes caros. Dijeron que representaban a "los socios" de tu padre. Me ofrecieron dinero. No mucho, pero alcanzaba para mudarnos, empezar de nuevo.
-¿Y?
-A cambio, tenía que firmar renunciando a reclamos sobre la empresa. Y tenía que cambiar tu apellido. Legalmente. Que ya no fueras Villalba.
El mundo se inclinó.
-¿Y lo hiciste?
-¡Tenías ocho años! ¡Acababa de perder a su padre! ¡No tenía trabajo, no tenía familia! ¡Y esos hombres dejaron claro que, si no firmaba, las cosas se pondrían difíciles!
-¿Me amenazaron?
-No directamente. Pero dijeron que sería una pena que algo le pasara a "la niña." Que el mundo era peligroso. Que los accidentes pasaban.
Las lágrimas corrían por sus mejillas.
-Firmé porque tenía miedo. Firmé porque pensé que, si borrábamos ese apellido, si desaparecíamos, estarías a salvo.
-¿Y nunca pensaste en decírmelo?
-¿Para qué? ¿Para que cargaras con esa verdad? Era mejor que lo olvidaras. Que crecieras segura. Invisible.
-Pero no estoy segura. Estoy metida con los Larraín. Y ellos saben algo.
-Por eso quiero que te alejes -me agarró las manos-. Por favor, Abril. Deja a Diego. Renuncia. Aléjate antes de que sea demasiado tarde.
-Ya es tarde. Trabajo ahí. Diego me consiguió el puesto. Si renuncio, ¿quién me contrata?
-Nos mudamos otra vez.
-¡Tengo veintiséis años! No voy a arrancar porque tengas miedo.
-¡Ese miedo nos mantuvo vivas!
-¿Vivas? -me levanté-. ¿Esto es estar viva? ¿Escondiéndome, haciéndome pequeña, dejando que otros se lleven el crédito? ¿Esto es vivir?
-Es sobrevivir. Y a veces, hija, sobrevivir es suficiente.
Me fui a mi cuarto. Cerré la puerta.
Me tiré en la cama.
Mi padre había estado metido en algo sucio. Intentó salirse. Y lo mataron.
O tal vez fue accidente. Tal vez mi madre estaba paranoica.
Pero algo me decía que no.
Agarré mi teléfono. Busqué: Villalba Construcciones Larraín.
Encontré algo nuevo. Un artículo viejo.
"Villalba Construcciones ganó licitación millonaria. Grupo Larraín, quien también competía, cuestionó la adjudicación."
Fecha: seis meses antes de la muerte de mi padre.
Screenshot. Guardado.
Seguí buscando. Más artículos. Una red de conexiones tomando forma.
Y entonces lo vi. Un PDF. Documento público de demanda.
"Grupo Larraín S.A. vs Villalba Construcciones SpA"
Lo abrí. Leí.
Eran las 3 AM cuando terminé.
Los Larraín habían demandado a mi padre. Lo acusaban de "prácticas anticompetitivas." La demanda cayó después de su muerte.
Conveniente. Demasiado conveniente.
Guardé todo. Screenshots, PDFs, links.
Mañana iría a esa reunión con Valverde. Presentaría mi análisis. Dejaría que Diego se llevara el crédito.
Pero solo porque necesitaba tiempo. Necesitaba entender qué tan profundo iba esto.
Porque si los Larraín habían tenido algo que ver con la muerte de mi padre...
Si habían amenazado a mi madre para borrar mi apellido...
Entonces mi decisión estaba tomada.
No iba a alejarme.
Iba a acercarme más.
Iba a sonreír, asentir, ser la novia perfecta.
Y mientras tanto, iba a cavar.
Hasta encontrar cada maldito secreto que estaban escondiendo.
Aunque me costara todo.