El tratamiento me tenía completamente agotada. Mi cuerpo dolía de una manera que jamás había experimentado antes. Me sentía débil, mareada, con náuseas constantes y un cansancio que parecía no desaparecer nunca. Lo peor de todo era que Matt no sabía absolutamente nada. Estaba tan ocupado con el trabajo y con Anais que encontrar un momento en el que no estuviera "indispuesto" era casi un milagro.
Otra cosa que Matt desconocía -y que cambiaría su mundo por completo si llegaba a enterarse- era que yo era la verdadera dueña de la empresa de su difunto padre. K.O Company no estaba en sus manos, aunque él creyera lo contrario. Técnicamente, trabajaba para mí sin siquiera saberlo. Y eso estaba bien... por ahora. Ya llegaría el momento adecuado para hablar de ello.
En cuanto a Leandro, había cumplido su palabra. Me dejó tranquila. Solo nos saludábamos de manera formal en el hospital, como simples colegas. Él sabía que yo estaba preparando la última pieza de mi rompecabezas, y no se entrometía. Eso, de alguna forma, me daba seguridad.
Me puse de pie y miré la hora. Faltaban solo dos horas para entrar al trabajo, así que supuse que era mejor ir adelantando. Sin embargo, un dolor fuerte y punzante se alojó de pronto en mi vientre. Me doblé ligeramente, llevando una mano al abdomen. Algo no estaba bien, lo supe de inmediato.
Llamé rápidamente a Kevin para que me llevara al hospital. En el camino, le escribí al doctor Edward explicándole la situación. Él respondió casi de inmediato y me dijo que ya estaba preparando todo para mi llegada. Claramente, todo debía hacerse en absoluto secreto. Lo único que rogaba era que nadie se enterara.
Al llegar al hospital, me llevaron directo a una camilla. El doctor Edward comenzó a atenderme sin perder tiempo. Me realizaron un ultrasonido.
La habitación quedó en completo silencio. La pantalla estaba orientada hacia Edward, por lo que no podía ver absolutamente nada. Mis nervios estaban al límite. Tal vez mi cuerpo había rechazado el tratamiento. Tal vez todo había sido en vano.
-Sé que no es apendicitis... no me duele esa zona -dije, intentando aligerar el ambiente.
Edward se giró lentamente y me miró con seriedad.
-Sofía, ambas sabemos que nunca fue el apéndice.
Se puso de pie, se quitó los guantes y luego giró la pantalla hacia mí.
Mis ojos se abrieron de par en par.
Ahí estaba.
Un pequeño latido. Un punto diminuto, pero inconfundible.
-Estás embarazada -dijo con calma-. El tratamiento funcionó.
Sentí que el mundo se detenía. No podía creer lo que estaba viendo. En mi vientre había un bebé creciendo. Finalmente lo había logrado.
-Debes dejar de tomar esas pastillas de inmediato o podría haber riesgo de aborto -continuó-. Lo demás ya lo sabes. Eres doctora, no necesito explicarte nada. Pero cuida mucho a ese pequeño... es un milagro.
Mis ojos se llenaron de lágrimas. En ese momento, era la persona más feliz del mundo. Nadie podía quitarme eso... o al menos eso creí.
Me vestí rápidamente y recogí mis cosas. Tenía que decirle a Matt. Tomé mi teléfono mientras abría la puerta y comencé a correr por el pasillo, pero un golpe fuerte me hizo caer al suelo.
Al levantar la vista, mi felicidad se rompió en mil pedazos.
Matt estaba frente a mí.
Junto a Anais.
Ella sostenía con ambas manos su vientre, apoyándose en él. Estaban en la zona de maternidad del hospital. No hacía falta preguntar qué hacían allí.
-¿Sofía? ¿Qué haces aquí? Se supone que deberías estar trabajando -dijo Matt, alejándose un poco de Anais para acercarse a mí.
-Trabajo aquí -susurré, apartándome de él.
-A Anais le dolía mucho el estómago, por eso la traje -explicó rápidamente-. No pienses nada malo, por favor.
-¿Le dolía el estómago... y la trajiste a maternidad? -pregunté con incredulidad.
Era el colmo.
Pero lo bueno de todo ese dolor era que mi decisión estaba más clara que nunca.
-Matt... me duele mucho -se quejó Anais, buscando llamar su atención.
-Hablamos en casa, Sofía -dijo él sin mirarme.
Tomó la mano de Anais y se marcharon por el pasillo.
Mi mente daba vueltas sin parar. Las náuseas regresaron con fuerza. Ya no sabía si era por el embarazo o por la escena que acababa de presenciar. Mi propio esposo entrando a maternidad con su exnovia... cuando ni siquiera había estado pendiente de mí.
Ahora que por fin llevaba en mi vientre al heredero que él tanto deseaba, me ignoraba como si no existiera.
Tomé mi teléfono y realicé varias llamadas. Si Matt era el padre del hijo de Anais, me encargaría personalmente de arruinarle la vida.
Los recuerdos comenzaron a golpearme uno tras otro. Recordé cuando rechacé un máster en medicina en el extranjero solo porque Matt no quería estar lejos de mí tanto tiempo. Había postergado mi vida por él... mientras él jamás lo hizo por mí.
Caminé hacia la estación de enfermeras y pedí los documentos médicos de Anais. Me encargué personalmente de ser su doctora. Algo no cuadraba, y no pensaba quedarme de brazos cruzados.
De pronto, la imagen de Leandro apareció en mi mente. Recordé su propuesta en la gala. Una sonrisa lenta se dibujó en mis labios.
Era momento de comenzar a jugar.
Pero antes, lo más importante: nadie debía enterarse de que estaba embarazada.
-Leandro -dije al teléfono-, necesitamos reunirnos lo antes posible. Estoy lista para comenzar.
Estaba planeando todo en mi mente, el juego acababa de comenzar y seria de los mas satsfactorio, destruiria a Matt hasta lo mas profundo de su ser. Primero debia de hacer que firmara el contrato de divorcio, pero si se lo mencionaba asi como asi estaba segura que se negaria. Ademas de que el contrato que firme para casarme con el solo se podia anular si Matt ponia su frima en el. Seguramente tenia todo planeado cuando su padre se fuera.
Ya no pensaría en Matt como mi esposo. Pensaría en él como el hombre al que debía destruir.
El juego acababa de empezar.