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El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos
img img El infierno en sus ojos, el cielo en sus besos img Capítulo 4 El traslado de Brenden
4 Capítulo
Capítulo 5 A Wesley le gustaban los halagos img
Capítulo 6 Dustin es solo una porquería img
Capítulo 7 Una cita a ciegas img
Capítulo 8 Horas extras img
Capítulo 9 Pedirle que finja ser su novio img
Capítulo 10 Un vestido img
Capítulo 11 Le gusta consentirme img
Capítulo 12 Exnovio img
Capítulo 13 Treinta novias img
Capítulo 14 No deberías rebajarte tanto img
Capítulo 15 Acompañando a Wesley a la fiesta img
Capítulo 16 ¿Tienes un gatito en tu casa img
Capítulo 17 El hombre más guapo del planeta img
Capítulo 18 Celos img
Capítulo 19 Su defecto img
Capítulo 20 Un desayuno para Wesley img
Capítulo 21 Eres un idiota img
Capítulo 22 Su cumpleaños img
Capítulo 23 ¿Tienes idea de qué día es hoy img
Capítulo 24 ¿De verdad le gusta que lo insulten img
Capítulo 25 En realidad, me gusta alguien img
Capítulo 26 ¿Es Wesley un masoquista img
Capítulo 27 Recibiendo una paliza img
Capítulo 28 Un ascenso img
Capítulo 29 Confrontación img
Capítulo 30 Un salario generoso img
Capítulo 31 Detalles sobre Wesley img
Capítulo 32 El heredero de la familia Moss img
Capítulo 33 Hipocresía img
Capítulo 34 Lidiando con Fiona img
Capítulo 35 Pacificando a Loretta img
Capítulo 36 Su castigo por desafiar a Wesley img
Capítulo 37 Su chef personal img
Capítulo 38 Mi gente img
Capítulo 39 Discusión img
Capítulo 40 La culpa de Josué img
Capítulo 41 Preparándole el desayuno img
Capítulo 42 Rhys fue arrestado img
Capítulo 43 Esto fue absolutamente obra suya img
Capítulo 44 Su brillo de confianza img
Capítulo 45 Acusada de robo img
Capítulo 46 Un pilar en quien apoyarse img
Capítulo 47 Borracha img
Capítulo 48 ¿Volverás a beber tanto img
Capítulo 49 Regalo especial img
Capítulo 50 Decepción img
Capítulo 51 ¿Estaba tan interesada en él img
Capítulo 52 Escogiéndole un traje img
Capítulo 53 Tráeme un millón img
Capítulo 54 Wesley estaba de viaje de negocios img
Capítulo 55 No te atrevas a molestarme de nuevo img
Capítulo 56 Robar el protagonismo img
Capítulo 57 El novio de Gabriela es un mujeriego img
Capítulo 58 Lo siento, llego tarde img
Capítulo 59 Demasiado prendada de él img
Capítulo 60 Rechazarlo img
Capítulo 61 Los fuegos artificiales y las rosas son un completo cliché img
Capítulo 62 Llevándola a casa img
Capítulo 63 ¿Te importaría explicarme por qué estás en mi habitación img
Capítulo 64 Idiota img
Capítulo 65 La visita de Loretta img
Capítulo 66 ¿Sientes algo por ella img
Capítulo 67 Cambiando de opinión sobre Gabriela img
Capítulo 68 ¿Por qué no la compartes con él img
Capítulo 69 Él la cuidó img
Capítulo 70 No debería ser el único incómodo img
Capítulo 71 Quedarse a cocinar para Wesley img
Capítulo 72 Su gusto por los hombres era terrible img
Capítulo 73 No le des una idea equivocada img
Capítulo 74 Orquestemos algo espectacular img
Capítulo 75 Una campaña de desprestigio img
Capítulo 76 Tomando medidas img
Capítulo 77 Anhelando su cocina img
Capítulo 78 Gabriela fue marcada como basura img
Capítulo 79 Darle la vuelta a la tortilla img
Capítulo 80 Los internautas arremeten contra Phyllis img
Capítulo 81 Un adelanto de diez años de salario img
Capítulo 82 Duda img
Capítulo 83 ¿Podrías cantarme algo img
Capítulo 84 Nadie debería esperar una noche fácil img
Capítulo 85 Su indiscutible encanto img
Capítulo 86 Te ves tan gracioso img
Capítulo 87 Él era el indicado img
Capítulo 88 Tal vez realmente se había enamorado de él img
Capítulo 89 ¿Podría Brenden tener doble personalidad img
Capítulo 90 Su primer encuentro con Gabriela img
Capítulo 91 Encerrados en la misma habitación img
Capítulo 92 Gabriela, ¿te gusto img
Capítulo 93 Se negó a darle un regalo img
Capítulo 94 Sus deseos para él img
Capítulo 95 Wesley le debe la vida al hermano de Mía img
Capítulo 96 Leyéndole a Wesley img
Capítulo 97 Intento de asesinato img
Capítulo 98 Brenden no es un extraño img
Capítulo 99 Ha ganado unos kilos de más img
Capítulo 100 Tu resistencia es absolutamente patética img
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Capítulo 4 El traslado de Brenden

Gabriela y Dustin fueron inseparables durante toda la universidad, soñando con casarse en cuanto obtuvieran sus diplomas.

Pero en cuanto Gabriela se sumergió en su primer trabajo de verdad, Dustin la apuñaló por la espalda, engañándola con su prima, Phyllis.

Ni siquiera se molestó en disculparse. En lugar de eso, la miró a los ojos y tuvo la audacia de justificarlo todo. "Gabriela, me importas, pero, ¿sabes qué? Me importa más tener dinero. Ya somos adultos, no podemos vivir solo de sentimientos. No nos engañemos, además de ser guapísima, ¿qué más puedes ofrecer? Llevamos años saliendo y ni siquiera has dejado que te toque. Tus padres ya no están y no tienes nada a tu nombre. Si nos casamos, si alguna vez compramos una casa o un carro, todo saldrá de mi familia. Ya no es solo responsabilidad del hombre; las mujeres también tienen que contribuir. ¿Qué puedes ofrecer? Ni siquiera puedes aportar un solo centavo. Mi madre tiene razón: no eres más que una carga. Ya no quiero seguir con esto. Terminemos de una vez".

Al principio, Gabriela se sintió devastada, convencida de que tal vez no era suficiente.

Pero ahora que por fin veía a Dustin tal como era, todo cobró sentido. La causa de la ruptura nunca fue ella, sino él.

Quería aprovecharse de su futura esposa para tener una vida fácil, mientras la hacía sentir como una carga.

Y si no fuera por esa ruptura, no habría ahogado sus penas en vino, lo que la condujo a una aventura de una noche con Brenden.

En retrospectiva, le daban ganas de gritarle a la Gabriela de antes por haber sido tan ciega. ¿Cómo se dejó llevar por alguien como Dustin?

Ahora que se había abierto paso en la vida de Phyllis, Dustin se pavoneaba con trajes a medida y una artificial sofisticación. Su antiguo encanto descarado había sido reemplazado por una máscara de refinamiento impostado.

La interceptó en la puerta, bloqueándole el paso. "¿Por qué llegas tan tarde a casa? Phyllis no ha dormido nada esperándote, ¿sabías? Eres una invitada, estás en casa ajena. No les des a tus anfitriones motivos para preocuparse".

Gabriela casi soltó una carcajada ante lo ridículo de sus palabras.

¡Esa era su propia casa!

En su lecho de muerte, la madre de Gabriela le confió todo, a su hija de ocho años, la casa y el negocio, a su hermano, Josué Haynes, pidiéndole que cuidara de la niña. Así fue como la familia de Phyllis acabó mudándose a la casa que su madre le había dejado, todo con la pretensión de cuidar de ella.

Ahora, de alguna manera, se había convertido en una extraña en su propia casa.

Discutir le parecía inútil, así que ignoró a Dustin. Cuando dio un paso adelante para marcharse, él le agarró el brazo.

"¿Cómo puedes ser tan fría cuando Phyllis está preocupada por ti?", la regañó él, con los ojos duros y llenos de reproche.

Gabriela ni siquiera se molestó en fingir una sonrisa. "Mi teléfono ha estado encendido todo el tiempo".

La excusa de Phyllis era bastante débil. ¿Quién esperaba a alguien sin llamarlo o mandarle un mensaje en estos tiempos? Todo era una actuación y, de alguna manera, Dustin se lo había creído.

Realmente era un caso perdido.

El ceño de Dustin se frunció aún más y la impaciencia se notó en su voz. "Phyllis no pudo dormir por tu culpa, ¿y aun así te niegas a reconocer su amabilidad? ¿Es tan difícil mostrar un poco de cariño a tu propia familia? Después de todo lo que la familia de tu tío ha hecho por ti, ¿así es como actúas?".

Echó los hombros hacia atrás, con aire de superioridad. "Ve a disculparte con Phyllis. Y a partir de ahora, avísale si vas a llegar tarde".

Gabriela se soltó de su agarre y entró a la casa, cansada de seguir con esa farsa.

Phyllis estaba recostada en el sofá, con un brazo sobre la frente como si estuviera a punto de desmayarse en cualquier momento.

Al ver a su prima, se incorporó y dijo con voz temblorosa y fingida preocupación: "¡Gabriela, por fin volviste! Estaba muy preocupada".

La aludida apenas la miró, con una expresión de agotamiento, y pasó de largo, decidida a llegar a su habitación.

Pero su exnovio la agarró por la muñeca. "¿En serio? ¿Por qué esa actitud tan fría? Phyllis no pudo dormir por tu culpa, ¿y simplemente te vas?".

Phyllis se apresuró a hacer el papel de pacificadora, con un tono suave y de disculpa. "No culpes a Gabriela, Dustin. Tiene derecho a estar molesta conmigo porque la lastimé".

El hombre rodeó a Phyllis con los brazos, fulminando a Gabriela con la mirada. "Phyllis no tiene la culpa", dijo en voz baja y a la defensiva. "Si estás molesta, desquítate conmigo. Te lo dije, mis sentimientos simplemente cambiaron, eso es todo. No la culpes a ella".

La joven no pudo seguir fingiendo. Sus labios se curvaron en una sonrisa fría y deslumbrante. "Oh, ¿no pudiste dormir? Suena grave. Quizá deberías ir a que te lo revisen, el insomnio no es ninguna broma. Odiaría que te murieras por perder unas horas de sueño".

Sus palabras rasgaron el aire en la habitación y el rostro de Phyllis perdió todo su color. Las lágrimas brotaron en sus ojos, brillando al borde de sus párpados.

"¿Cómo puedes decir algo así, Gabriela?", preguntó Phyllis, con la voz temblorosa por la fingida herida. "Amabas a mi novio desde hacía mucho tiempo, entiendo lo mucho que debe dolerte. Pero no puedes culparme de todo. Dustin y yo nos amamos de verdad".

La expresión de Dustin se contrajo, apretando la mandíbula con irritación. "Gabriela, nunca imaginé que pudieras ser tan amargada y rencorosa. Sinceramente, estoy decepcionado".

Phyllis intervino de inmediato, colocando una mano suave sobre los labios de Dustin y mirando a la otra con una expresión de falsa simpatía. "No seamos tan duros, Dustin. La pobrecita quizá nunca encuentre otro hombre tan extraordinario como tú. Tendrá que conformarse con un hombre muy inferior a ti. Solo puedo imaginar lo mucho que está sufriendo. Me da lástima por ella".

La aludida soltó una carcajada fría y despectiva. Por favor, acababa de pasar la noche con alguien como Brenden. No le gustaba ese hombre, pero al lado de su ex era prácticamente un príncipe.

La joven se negó a rebajarse al nivel de su prima, no tenía energía para discusiones tan inútiles.

Sin decir palabra, se retiró a su habitación y cerró la puerta tras de sí, aislándose del ruido del pasillo.

Una ducha caliente le ayudó a liberar parte de la tensión. Poco después, se recostó en la cama, mirando al techo mientras el torbellino de los últimos días se repetía en su mente, ridículo, casi absurdo.

Se preparó para una noche de insomnio, segura de que sus preocupaciones la mantendrían despierta. Sin embargo, el cansancio la venció y se quedó dormida casi al instante.

Cuando llegó la mañana, Gabriela se sacudió la tristeza como si fuera una chaqueta vieja, decidida a recuperar su habitual despreocupación.

En la oficina, apenas tuvo tiempo de dejar su bolso antes de que Aubrey apareciera a su lado, con los ojos brillantes de travesura. "¿Te enteraste de la noticia? El señor Saunders será trasladado a una de las sucursales".

El ánimo de Gabriela se disparó. "Espera, ¿qué pasó?".

Por una vez, la fortuna parecía sonreírle. Las cosas estaban saliendo a su favor.

Aubrey se inclinó para susurrarle: "Todo el mundo sabe que tiene conexiones con el señor Moss. Naturalmente, solo él pudo haber arreglado su traslado". Y añadió, apenas conteniendo una sonrisa: "Debe haberse pasado de la raya con él".

Se lo tenía merecido por enfrentarse a Wesley.

Pero la felicidad de Gabriela se desvaneció tan rápido como había llegado. Recordó de repente que había dejado algunas cosas en la oficina de Brenden y una nueva oleada de ansiedad la invadió.

Se giró hacia Aubrey y preguntó con voz tensa: "¿Sabes cuándo se va el señor Saunders?".

Su pulso se aceleró: tenía que recuperar sus cosas antes de que Brenden desapareciera de la sede central para siempre.

"Escuché que ya está vaciando su oficina. Se irá en cualquier momento", murmuró ella, mirando a su alrededor con cautela.

Sin perder un segundo más, Gabriela soltó una excusa rápida, pasó de largo junto a su amiga y se alejó a toda prisa. Sacó su teléfono para enviarle un mensaje a Brenden.

"Estás muy interesada en él, ¿verdad?".

El repentino y gélido comentario rasgó el silencio a sus espaldas. A Gabriela le tembló el pulso y su teléfono casi se le resbaló de las manos.

Se dio la vuelta, con el corazón latiéndole con fuerza, y vio a Wesley de pie justo en la entrada. ¿Qué demonios hacía en el Departamento de Ventas?

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