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EL Retorno de la Heredera dorada
img img EL Retorno de la Heredera dorada img Capítulo 4 Gracias, hermanita, por cederme el título de Heredera Dorada.
4 Capítulo
Capítulo 6 Propuesta img
Capítulo 7 Tomar una Decisión img
Capítulo 8 Preparativos img
Capítulo 9 Huir img
Capítulo 10 Robo img
Capítulo 11 Despertando sola img
Capítulo 12 Una ayuda inesperada img
Capítulo 13 Nueva amiga img
Capítulo 14 De compras img
Capítulo 15 Estoy en la miseria img
Capítulo 16 Primer día de trabajo img
Capítulo 17 El cerrajero img
Capítulo 18 Menudo home run img
Capítulo 19 Respira Aurelia img
Capítulo 20 Primer día de trabajo, otra vez. img
Capítulo 21 Segunda prueba img
Capítulo 22 Primera clase img
Capítulo 23 Un almuerzo con hombres peligrosos img
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Capítulo 4 Gracias, hermanita, por cederme el título de Heredera Dorada.

El resto del día pasó como un borrón para Aurelia. Le costaba procesar todo lo ocurrido. No podía creer que sus propios padres la hubieran incriminado y luego amenazado para obligarla a guardar silencio y, peor aún, que pretendieran forzarla a casarse.

Aurelia nunca había tenido interés en las relaciones. Sabía que no se casaría por amor y siempre había sido consciente de que, tarde o temprano, sus padres encontrarían un esposo para ella, alguien influyente. Sin embargo, hasta ese momento había creído que tendría más libertad que su hermana, que podría al menos opinar o rechazar al candidato que eligieran para ella. Esa opción le había sido arrancada de las manos.

Había pensado que tendría algunos años antes de enfrentarse a la idea del matrimonio, pero al parecer solo le quedaban unas semanas. Aunque, pensándolo bien, Cassandra tenía apenas dieciséis años, por lo que tal vez estaba planeado un compromiso largo. Quizás no tendría que pensar en la boda de inmediato.

Aurelia no tenía claro qué hacer. Quería desenmascarar a sus padres y contar la verdad a los medios, pero temía que la inculparan y fuera ella la única que pagara por los errores de sus progenitores. Mientras intentaba desenredar la maraña de pensamientos, el nombre de su hermana pareció brillar con fuerza en su mente.

Cassandra sería ahora la heredera. Ella se haría cargo de la empresa y de todos los negocios turbios de sus padres.

Con esa idea en mente, Aurelia salió de su habitación y fue en busca de su hermana. Debía advertirla, protegerla, evitar que le ocurriera lo mismo. Sus padres también podían tenderle una trampa, obligarla a firmar contratos que terminaran incriminándola. Cassandra era joven e influenciable; tenía que llegar a ella antes que ellos.

Cuando se detuvo frente a la puerta de su hermana, respiró hondo para serenarse. No quería parecer alterada. Llamó suavemente y la voz dulce de Cassandra la invitó a pasar.

Al entrar, Aurelia se quedó impresionada por la cantidad de ropa esparcida por toda la habitación. Un desorden así era algo impensable en la villa, donde las empleadas mantenían todo impecable. Un segundo después apareció la responsable: Cassandra vestía un elegante conjunto de negocios color rosa, acompañado de pendientes de diamantes y una gargantilla a juego.

-Hola, Lia -saludó Cassandra, usando el apodo de la infancia que empleaba cuando no sabía pronunciar su nombre completo-. ¿Crees que así estoy bien o debería cambiarme?

Aurelia le sonrió con calma, ocultando el nerviosismo que la consumía.

-Te ves hermosa, pero me gustaría hablar contigo de algo importante.

-Sí, Lia, hablaremos de lo que quieras, pero después -respondió Cassandra-. Elegir mi atuendo es de vital importancia. Necesito verme profesional y madura.

Un terrible presentimiento se instaló en el pecho de Aurelia.

-¿Para qué necesitas ese atuendo, Cassi?

-¿No has escuchado la buena noticia? -dijo Cassandra, dándose un pequeño golpe en la frente-- Claro que sí, te concierne también a ti. Querida hermana, estás frente a la nueva heredera de Aurora Mineral. Mañana, en la reunión de accionistas, seré presentada oficialmente y comenzará mi preparación para ocupar tu lugar.

De pronto estaba ocurriendo un terremoto porque Aurelia sentía que todo le daba vueltas, la tierra se movía y ella era incapaz de mantenerse en pie, tuvo que sostenerse en el espaldar de una silla para mantener el equilibrio

-¿A que es increíble? -continuó Cassandra entusiasmada-. Por fin mis sueños se cumplen. Seré considerada algo más que un jarrón decorativo.

Seguía hablando, desbordante de felicidad, pero Aurelia apenas la escuchaba. El pitido en sus oídos era más fuerte que las palabras.

-No puedes hacerlo -gritó finalmente, perdiendo la compostura-. No puedes hacerte cargo de la empresa ni firmar nada de lo que te den nuestros padres.

La sonrisa de Cassandra desapareció. Una máscara de odio ocupó su lugar.

-¿No te parece cruel no alegrarte por los logros de tu hermana pequeña? -replicó con frialdad- Entiendo que sea incómodo, ya que mi ascenso significa tu caída en desgracia, pero aun así... ¿no puedes estar feliz por mí?

-Cassi, esto no tiene nada que ver contigo. Claro que me alegraría en otras circunstancias.

-Claro, en otras circunstancias -repitió Cassandra con ironía- En aquellas en las que no seas tú la moneda de cambio, la que queda reducida a ser poco más que un jarrón decorativo.

-No es eso -insistió Aurelia-. Nuestros padres nos mintieron. A mí ya lo hicieron y ahora lo harán contigo. Están metidos en cosas muy turbias y me amenazaron con inculparme si hablaba. Esto también te pasará a ti.

-Mentira -respondió Cassandra con firmeza.

Aurelia quiso continuar, pero su hermana la interrumpió:

-Es mentira que me pasará lo mismo que a ti, porque yo no tengo intención de abrir la boca. -Aurelia arrugo la frente temiendo haber escuchado bien o malinterpretar las palabras de su dulce hermana menor- Ellos ya hablaron conmigo y me contaron todo. Y yo no pienso traicionar a nuestros padres como tú.

Aurelia frunció el ceño, incrédula.

-Planeo ser tan filial que finalmente me lo dejarán todo: su amor, su atención... su dinero. Mientras tanto, tú serás vendida para que mi empresa prospere. Vivirás el destino miserable que me tocaba a mí y verás desde lejos cómo me quedo con todo lo que antes era tuyo. Gracias, hermanita, por cederme el título de Heredera Dorada.

Las semanas siguientes pasaron entre llanto y desesperación. Aurelia intentó salir de la villa al segundo día, solo para descubrir que sus padres la habían encerrado. Permanecería bajo custodia hasta que se celebrara el matrimonio. Sus esperanzas de un compromiso largo se desvanecieron. Sus padres no confiaban en ella y planeaban deshacerse de ella cuanto antes.

El día del compromiso llegó.

Profesionales llenaron su habitación para transformarla en la mejor versión posible de sí misma. Aurelia sabía que querían hacerla lucir hermosa para poder cobrar una porción mayor del pastel. Tras horas de acicalamiento, la puerta se abrió y su madre entró. La observó de arriba abajo y asintió satisfecha.

Aurelia sabía por qué. La habían obligado a usar una faja de cuerpo entero que apenas le permitía respirar y hacía casi imposible moverse con libertad.

Una limusina esperaba en la entrada de la villa. Su padre y su hermana ya estaban dentro; su madre subió después y Aurelia fue la última. El ambiente era insoportable. Llevaba semanas sin hablar con ninguno de ellos y evitaba mirarlos.

Magnus rompió el silencio.

-Sé que ahora nos guardas rencor, pero hacemos esto por el bien de la familia... y por el tuyo. Con los Armad llevarás una vida tranquila. Cedric, tu prometido, es solo tres años mayor que tú y, según los rumores, no está interesado en el negocio familiar. Tal vez incluso termines dirigiendo tú sus empresas.

-Por supuesto que no le interesa trabajar -intervino Cassandra con desdén- Sus únicos intereses son emborracharse, drogarse y andar de fiesta.

Ante la mirada fulminante de su padre, añadió con fingida inocencia:

-¿Qué? Estoy siendo sincera. Todos conocen su reputación de mujeriego. Es un clásico playboy.

-Al menos no tendrás que atenderlo en la cama más que para darle un heredero -añadió Isolde, como si la idea de un marido infiel le pusiese resultar satisfactoria en algún universo a Aurora-. Sus amantes lo mantendrán satisfecho.

Aurelia no respondió. Temía que, si abría la boca, rompería a llorar. Y ya estaba cansada de llorar. Llevaba semanas haciéndolo.

En silencio, se dirigió a su fiesta de compromiso para conocer a su prometido, sonreír y fingir que sus padres no la habían asesinado por dentro.

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