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El Despertar del Magnate Ciego
img img El Despertar del Magnate Ciego img Capítulo 4 La Identidad de la Enfermera
4 Capítulo
Capítulo 6 La Humillación Pública img
Capítulo 7 El Regreso de Vanesa img
Capítulo 8 El Contrato Cruel img
Capítulo 9 La Noche de Oscuridad img
Capítulo 10 La Culpa de Adrián img
Capítulo 11 El Accidente en la Cocina img
Capítulo 12 El Consuelo Secreto img
Capítulo 13 La Trampa de Vanesa img
Capítulo 14 La Defensa Inesperada img
Capítulo 15 La Noche de Pasión img
Capítulo 16 El Descubrimiento img
Capítulo 17 El Síntoma img
Capítulo 18 La Noticia de la Cirugía img
Capítulo 19 La Traición Final img
Capítulo 20 El Gran Final del Arco img
Capítulo 21 El Salto del Tiempo (5 años después) img
Capítulo 22 Sola en el Extranjero img
Capítulo 23 El Nacimiento img
Capítulo 24 El Renacimiento de Lena Moore img
Capítulo 25 Los Pequeños Genios img
Capítulo 26 El Vacío de Adrián img
Capítulo 27 La Ruptura img
Capítulo 28 El Contrato del Siglo img
Capítulo 29 El Regreso a Casa img
Capítulo 30 Casi Descubierta img
Capítulo 31 La Primera Reunión img
Capítulo 32 Frialdad de Hielo img
Capítulo 33 La Obsesión de Adrián img
Capítulo 34 El Rival img
Capítulo 35 La Cena de Negocios img
Capítulo 36 El Recuerdo del Tacto img
Capítulo 37 El Malentendido del Padre img
Capítulo 38 La Venganza de Vanesa img
Capítulo 39 Los Niños se Escapan img
Capítulo 40 El Encuentro Fatal img
Capítulo 41 El Rescate de Elena img
Capítulo 42 La Duda Sembrada img
Capítulo 43 La Gala de la Obsesión img
Capítulo 44 El Baile de la Tensión img
Capítulo 45 La Trampa del ADN img
Capítulo 46 El Sabotaje de Vanesa img
Capítulo 47 El Corazón Roto img
Capítulo 48 Encuentro en la Lluvia img
Capítulo 49 El Pequeño Hacker img
Capítulo 50 El Accidente de Mia img
Capítulo 51 Confrontación de Madres img
Capítulo 52 La Memoria del Tacto img
Capítulo 53 La caída de la Gran Mentira img
Capítulo 54 El Regalo de Leo img
Capítulo 55 El Segundo Test en Secreto img
Capítulo 56 El Muro de Elena img
Capítulo 57 La Trampa de la Ley img
Capítulo 58 El Secreto del Divorcio img
Capítulo 59 El Clímax del Secreto img
Capítulo 60 El Clímax del Secreto img
Capítulo 61 La Batalla de Voluntades img
Capítulo 62 Papá en Prácticas img
Capítulo 63 El Regreso de la Matriarca img
Capítulo 64 Viviendo Bajo el Mismo Techo img
Capítulo 65 Pesadillas en la Oscuridad img
Capítulo 66 El Primer Papá img
Capítulo 67 La Desesperación de Vanesa img
Capítulo 68 El Desfile del Éxito img
Capítulo 69 El Rescate img
Capítulo 70 Sacrificio de Sangre img
Capítulo 71 El Hospital img
Capítulo 72 La Promesa de Leo img
Capítulo 73 La Recuperación (El Despertar de la Devoción) img
Capítulo 74 Justicia Final img
Capítulo 75 El Documento de la Esperanza img
Capítulo 76 El Renacimiento del Jazmín img
Capítulo 77 La Boda del Siglo (Luz sobre el Mar) img
Capítulo 78 El Epílogo - Luces en la Oscuridad (La Luna de Miel) img
Capítulo 79 El Ritmo de la Luz (Seis Meses Después) img
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Capítulo 4 La Identidad de la Enfermera

La noche cayó sobre la mansión con un peso sofocante. Elena se había refugiado en una pequeña habitación de servicio en la planta baja, negándose a volver al sofá del salón. El eco de los insultos de la mañana seguía vibrando en sus oídos, pero el cansancio físico y emocional finalmente la venció... hasta que un sonido desgarrador la despertó de golpe.

Era un grito ahogado, seguido del estrépito de algo rompiéndose en la planta superior.

Elena se incorporó, con el corazón martilleando contra sus costillas. Sin pensarlo dos veces, corrió escaleras arriba. El sonido provenía de la habitación de Adrián. Al llegar a la puerta, que esta vez no estaba cerrada con llave, escuchó jadeos erráticos y el golpe seco de un puño contra la madera.

-¡Maldita sea! ¡Basta! -la voz de Adrián estaba cargada de una agonía que Elena no había escuchado antes.

Entró con cautela. La habitación estaba sumergida en una oscuridad total, pero el resplandor de la luna que se filtraba por las cortinas entreabiertas le permitió ver la escena: Adrián estaba en el suelo, retorciéndose, con las manos presionando sus sienes con tal fuerza que sus nudillos estaban blancos. El dolor parecía emanar de las cicatrices invisibles de su accidente.

Elena dio un paso adelante, pero se detuvo en seco. Si hablaba, él la reconocería. Si sabía que era ella, la echaría incluso en ese estado de vulnerabilidad. Recordó lo que el asistente de Adrián mencionó de pasada: esperaban a una enfermera especialista en terapia neurológica que llegaría en unos días.

Él no sabe que ella aún no ha llegado, pensó Elena.

Se quitó los zapatos para no hacer ruido y buscó en el mueble del baño los aceites esenciales y las compresas frías que había visto durante su breve estancia. Con el corazón en la garganta, se acercó a él.

-¿Quién está ahí? -preguntó Adrián con voz ronca, tratando de ponerse en guardia a pesar del dolor que lo cegaba-. ¿Es la enfermera? ¿La enviaron antes?

Elena no respondió. Se arrodilló a su lado. Adrián lanzó un manotazo al aire, tratando de encontrar a la intrusa, pero ella le tomó la mano con suavidad. Sus dedos estaban fríos, pero su tacto era firme y calmante.

Él se tensó, listo para rugir, pero Elena no retrocedió. Con una mano, guió la de Adrián lejos de su sien y, con la otra, colocó una compresa fría sobre sus ojos cerrados. El alivio fue instantáneo, provocando que él soltara un gemido largo y bajo.

-Si eres ella... no hables -masculló él, rindiéndose ante el contacto-. Solo... haz que pare. Siento que mi cabeza va a estallar.

Elena mantuvo un silencio sepulcral. Comenzó a masajear suavemente sus sienes con movimientos circulares, usando un aceite de lavanda y menta que ayudaba a desinflamar. Sus manos, las mismas que habían preparado el desayuno que él tiró al suelo horas antes, ahora se movían con una devoción casi sagrada.

Poco a poco, la respiración de Adrián comenzó a estabilizarse. El hombre de piedra se estaba derritiendo bajo el cuidado de la mujer que despreciaba. Sin la máscara de arrogancia, Adrián parecía un niño perdido en medio de un mar de sombras.

Elena sintió una punzada de compasión. A pesar de su crueldad, él estaba sufriendo una tortura que ella apenas podía imaginar. Se atrevió a apoyar la cabeza de Adrián sobre su regazo para masajear la base de su cráneo. Él no protestó; al contrario, buscó instintivamente el calor de su cuerpo.

-Tienes las manos... tan suaves -susurró Adrián, con la voz apenas audible-. No hueles a veneno. Hueles a jazmín... y a paz.

Elena sintió que las lágrimas picaban en sus ojos. Quería decirle quién era, quería decirle que ella no era su enemiga. Pero sabía que, si rompía el hechizo del silencio, el monstruo regresaría.

Pasaron las horas en esa penumbra compartida. El dolor de Adrián remitió, dejando paso a un agotamiento profundo. Se quedó dormido allí mismo, con la cabeza apoyada en las piernas de su esposa, convencido de que una extraña pagada por su familia era la única razón por la que el mundo había dejado de dolerle.

Cuando Elena se aseguró de que él dormía profundamente, lo acomodó con cuidado sobre una manta en el suelo (no se atrevía a subirlo a la cama sola) y se retiró de la habitación antes de que el sol pudiera revelar su identidad.

Al salir, se apoyó contra la pared del pasillo, temblando. Había descubierto dos cosas esa noche: que bajo el caparazón de Adrián había un hombre quebrado, y que ella, para sobrevivir, tendría que convertirse en dos mujeres diferentes. Una esposa a la que él odiaba en la luz, y una enfermera a la que él necesitaba en la oscuridad.

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