-Te lo estás imaginando.
-Sabes que no. Dime la verdad, ¿pasó algo bueno?
Recordé la mirada de Lucas, sus manos sobre mi piel, la forma en que me tocó.
-Tienes razón, algo cambió.
Clara abrió la boca, incrédula, los ojos tan abiertos como los de una niña frente a un dulce.
-¡Conociste a alguien! Cuéntame todo.
-No -respondí demasiado rápido-. Es decir... no.
Se echó a reír.
-No me convences.
Antes de poder responderle, un silencio repentino cayó sobre la oficina.
-Debe ser el nuevo ejecutivo -dijo Clara.
-Todos, por favor, muévanse a la sala de conferencias ahora -ordenó uno de los de Recursos Humanos.
-¿Por qué tengo la sensación de que van a despedir a alguien? -preguntó alguien detrás de mí.
-Tal vez porque eso es exactamente lo que va a pasar. Si lo conocieras, sabrías que tiene fama de ser despiadado.
Clara se inclinó hacia mi oído.
-Si es feo, entrego mi carta de renuncia.
Casi me reí. Solo Clara podía hacer bromas en los peores momentos.
La jefa de Recursos Humanos entró y cerró la puerta detrás de ella.
-Gracias por venir con tan poca antelación.
-Como si tuviéramos elección -murmuró Clara, rodando los ojos.
La puerta volvió a abrirse. No me di la vuelta, no sé por qué. La sala se quedó en completo silencio.
Y él entró... como si el lugar fuera suyo.
Mi pulso se aceleró.
Lucas Reed.
El hombre con el que había estado anoche... era mi nuevo jefe.
A eso de las 3:30 p.m., llegó una notificación por correo electrónico.
De: Lucas Reed
Asunto: Reunión de estrategia - 4:30 p.m.
Asistencia obligatoria
-¿Por qué te llaman a una reunión de estrategia? Eso es solo para los de alto nivel -dijo Clara.
-No lo sé.
-Claro que lo sabes -respondió con sospecha.
Lucas estaba al frente de la mesa en la sala de juntas. Había empleados de Finanzas, Marketing y Operaciones.
Y yo... de Relaciones con Clientes.
-¿Por qué está ella aquí? -susurró alguien.
-El director general la pidió específicamente -respondió otro.
-Empecemos la reunión -dijo él.
Cada departamento presentó su informe. Lucas prestó atención con una concentración implacable. Sus ojos parecían hielo.
El jefe de Finanzas comenzó su exposición, pero Lucas lo interrumpió a mitad.
-¿Eso es una razón o una excusa?
-¿Por qué estás echando la culpa al departamento de Operaciones?
El gerente ya estaba nervioso; sus manos temblaban mientras intentaba corregirse.
-Estamos con poco personal, señor.
-No, solo son incompetentes e ineficientes -replicó Lucas.
La tensión llenó la sala.
-Emily -me llamó.
-Señor Reed -respondí, sorprendida, pero recuperé la compostura.
-Tu departamento maneja la retención de clientes, ¿verdad?
-Sí, señor.
-¿Cuántas cuentas importantes perdimos?
-Tres, señor.
-¿Y por qué? -preguntó, con la mirada fija en mí.
-Hubo un fallo de comunicación por parte de la dirección y eso generó problemas.
-¿Estás diciendo que hubo fallas en el liderazgo?
-No -me apresuré a responder-. Fue una mala comunicación.
Sus ojos me desafiaron, y no retrocedí.
-¿Y cuál es la solución entonces?
-Compartir la autoridad de aprobación con niveles inferiores para agilizar las decisiones.
Se oyeron murmullos en la sala.
Él se recostó en su silla.
-Impleméntenlo -ordenó.
-Siguiente.
La reunión terminó y todos comenzaron a recoger sus cosas.
-Emily, quédate -dijo Lucas.
Noté las miradas curiosas de mis compañeros mientras salían.
Cuando el último cerró la puerta, el silencio se adueñó de la sala.
-Fuiste muy valiente -dijo.
-Solo respondí a su pregunta.
-Desafiaste a la dirección abiertamente.
-Usted me puso en ese aprieto.
Sonrió.
-Nada te asusta, ¿verdad?
-No.
-Esa confianza -dijo despacio- te protegerá... o pondrá un blanco en tu espalda.
-¿De quién?
Guardó silencio unos segundos.
-De mi hermano.
-¿Tienes un hermano?
-Sí -dijo-. Y puede que se una pronto a la empresa.
Su rostro se endureció al mencionarlo.
-¿Eso fue una amenaza? -pregunté.
-Solo una advertencia, Emily.
Crucé los brazos.
-¿Por qué estás aquí en realidad?
-Eso no te incumbe.
-Todo lo que concierne a esta sucursal me incumbe.
Se acercó, sin tocarme.
-¿De verdad crees que entiendes lo que pasa aquí?
-No.
-Bien, tú...
Un golpe en la puerta lo interrumpió. Era su asistente.
-La junta directiva está en la línea uno, señor.
La junta. Desde la sede central. Tal vez incluso con el fundador de la empresa.
-Lo atenderé -dijo Lucas. Su asistente salió.
Lucas exhaló lentamente.
-Debes irte -dijo.
No me moví.
-Emily.
-¿Qué?
-No quieres estar demasiado cerca de mí cuando las cosas se compliquen.
-¿Y se complicarán?
-Siempre lo hacen.
Me quedé callada, debatiéndome entre seguir actuando con orgullo o rendirme. Por un instante, no vi al CEO Lucas Reed, sino solo a Lucas... sin la máscara profesional. Parecía cargar un peso enorme.
-Vete -repitió.
Regresé a mi escritorio y el ambiente se sentía distinto. Clara corrió hacia mí en cuanto me vio sentarme.
-Cuéntame, ¿qué pasó?
-Tiene un hermano -le dije.
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Que hay muchas posibilidades de que venga.
-¿Y por qué suena como un problema?
No podía explicarle que era solo una corazonada. Vi cómo su expresión cambió antes, entre miedo y cansancio.
Faltaban pocos minutos para la hora de salida y yo ya soñaba con tirarme en la cama. El día había sido una montaña rusa.
Mi teléfono vibró sobre la mesa. Un mensaje de un número desconocido apareció en pantalla.
Desconocido:
Aléjate de él.
Instintivamente miré hacia su oficina. Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Otro mensaje llegó del mismo número:
No tienes idea de con quién te estás metiendo.
Escribí antes de pensarlo.
¿Quién eres?
La respuesta llegó casi al instante.
Pregúntale qué le pasó a su madre.
La sangre se me heló.
Ese detalle, tan simple, cambia todo el tono: el thriller emocional se transforma en un secreto familiar oscuro, premonitorio. ¿Qué clase de historia esconde Lucas Reed realmente?