Unas enormes manos me rodean, observo el reloj y nuestro turno terminará en 1 hora, podría despertarlo y tener algo rápido antes de que me dé su número para volver a verlo, yo necesito volver a verlo.
La mejor noche de mi corta vida, la forma que me tocó, que me tuvo gimiendo por él. Adoro llevar el control de todo, ser quien se folla a los hombres, eso pensé que pasaría, no, él llevó el control y me tuvo bajo sus reglas varias veces.
Fue increíble, parecía conocer mi cuerpo de memoria, no dejaba de decirme lo mucho que le gusto, lo hermosa que soy y lo bien que se sentía conmigo. Estaba ebria, aun así, no imaginé lo increíble que fue.
Siento mi coño sensible, es que no quería soltarme, tampoco deseaba que lo hiciera.
Me aparto logrando que suelte mi cuerpo y me recuesto de costado a contemplarlo durmiendo.
Es apuesto, aunque sí parece mayor que yo, no es como que eso me importe demasiado. Es sexy, tiene una boca linda, su barba le da un toque muy varonil. Sonrío mordiendo mi labio inferior, yo a este hombre no voy a dejarlo ir, me encanta, es como encontrar la pieza que encaja perfectamente conmigo, tímido y dulce, combinado con un salvaje y ardiente amante.
Acaricio sus cejas con las yemas de mis dedos, el arco de su nariz, con mi pulgar sus labios y dejo que su barba haga picar mis dedos. Bajo por su cuello detallando sus pectorales y el sexy vello corporal que tiene cerca de ellos.
Me gusta como le queda el vello en el pecho, es más atractivo que cualquier otro que haya visto.
Me acerco a su cuello y lo beso con suavidad buscando que despierte, nuestro turno terminará.
- Cariño, despierta -susurro suavemente.
Gimotea negándose a despertar.
- Nuestro turno acabará y quiero un poco más de ti -deslizo mi mano por su abdomen bajando a su erección-. ¿Tengo que chupártela para que despiertes? -la aprieto y está dura.
Qué bendición son las erecciones matutinas de los hombres. Un regalo de la vida.
- Vale... tengo sueño -si o no, me dice vale y luego que tiene sueño.
Me carcajeo.
- Despierta, dormilón -aprieto su erección-. Adrián, despierta, cariño -abre sus ojos lentamente y me acerco a su rostro para que me vea-. El turno termina y debemos dejar la habitación -cuando abre los ojos frunce el ceño y jadeo.
- ¡No! -se aparta de mí con tal susto que se cae de la cama por arrastrarse hasta el borde.
- No tienes que espantarte, quedan como 40 minutos, podemos hacer muchas cosas en ese tiempo -niega y busca cubrirse con las sábanas.
- ¡No es posible, soy un maldito! ¿Qué he hecho? -me asusta su reacción.
- Estás asustándome, estabas ebrio, aunque sí parecías muy cuerdo, también estaba ebria, así que no puedo decir demasiado -niega y se frota el rostro.
- ¡idiota, idiota! Yo no quería hacer nada, yo... -se ve realmente mal, afectado.
- ¿Es tarde? No sé qué decir, me siento un poco ofendida, despiertas y te horrorizas como si hubieras pasado la peor noche de tu vida -con su vista busca su ropa y la toma para vestirse apresurado.
- Lo lamento... -piensa mientras me mira con su mirada triste-. Roma... soy un maldito, tú no tienes la culpa. ¡Dios! ¿Qué he hecho? Soy un infiel, traidor, doy asco, esto no debió pasar nunca -anarco una ceja.
- ¿Eres casado? ¿Por eso todo esto? Quiero entender por qué un hombre adulto se lamenta tanto por una noche de sexo con una chica, no parecías lamentarlo ayer, cuenta los condones en el cesto a ver si tan mal la has pasado que ahora actúas así -se cubre el rostro y niega.
- No quiero saberlo, no quiero saberlo. ¡Maldito bastardo! Lo siento -mira al techo-. Estoy seguro de que eres una chica muy linda y... todo fue un error, yo acabo de traicionar a quien le rindo fidelidad -se ve realmente angustiado y yo estoy completamente desconcertada.
- ¿Y te arrepientes? -me cuesta creer que toda esta conexión fue producto de una infidelidad.
- Mucho. Lo siento, olvida que esto pasó, no creo que volvamos a vernos -termina de vestirse y camina a la salida-, emm... dinero, debo dejar dinero, porque... esto...
- Olvídalo, yo te invité, Adrián -me observa y niega lamentoso.
- Lo lamento -se marcha dejándome sin comprender nada, desnuda, sentada en una cama.
No es que no me hayan dejado así mil veces, es lo que busco, una buena noche y ya.
Sin embargo, él... es como si mi cerebro obviara la parte que dice traicionó a alguien, no dejo de pensar que es una pena que no me haya dejado su número. Estoy loca.
Qué mala suerte, justo que encuentro a alguien que me gusta mucho, pasa esto. Es una maldición, eso me pasa por pecadora.
Debí suponer que algo tan bueno ocultaba algo.
¡Mierda!
Él me gustó, ¿y ahora? ¿Cómo se supone que borre todo lo que pasó? No puedo.
Maldito traidor encantador. Adrián... ese nombre estoy segura que no lo olvidaré.
Ni eso, ni sus manos, ni la forma que me tomó como su maldita posesión.
Froto mi rostro.
Me levanto de la cama y hasta al caminar lo voy a recordar. Busco mi ropa para irme.
Qué mala suerte, espero que algún día nos volvamos a encontrar, porque apenas se ha marchado y ya me lamento al pensar que esto que sucedió no volverá a pasar.
Condenada a miles de idiotas que solo me follan y ya. Lo que él me hizo se sintió como mucho más que solo un poco de sexo.
¡Dios mío! Es que... esto era lo que estaba buscando.
.......
El taxi me deja en la casa de Clarisa, es muy temprano para llegar a casa, golpeo la puerta esperando que mi amiga me atienda.
- ¿Quién?
- Soy yo, Clari, Roma -abre la puerta y se la ve mal-. Amiga, ¿qué sucede? -me acerco y la abrazo.
- Al fin apareces, tu papá llamó en la noche, le dije estabas en el baño, a ver si una sola vez de verdad vienes a hacer pijamada, también necesito a mi amiga a veces -soy pésima amiga.
- Lo siento, no sabía que estabas triste. Clari, ¿qué ha pasado? -cierra la puerta y camino con ella al living donde hay muchas cajas, como si se hubiera mudado-. ¿Te mudas? -niega sentándose en el sillón.
- Son cosas de papá, nada del otro mundo, fue a ver a Gabi, yo qué sé, no me importa, en estos días es difícil convivir con él -eso suena complicado.
- ¿Algo malo pasó? Estoy perdida -suspira y se apoya en mi hombro.
- El año pasado no te lo dije, nos conocíamos hace poco, así que solo falté a la universidad por unos días, esta época del año es triste para mí, amiga, es el aniversario de la muerte de mamá -jadeo.
¡Mierda, soy una muy mala amiga!
- Oh, Clari, lo lamento mucho, no tenía idea, soy una mala amiga -niega.
- No lo sabías, por eso te digo que me debes una pijamada real, no me molesta cubrirte, solo que quiero una pijamada real, por favor -asiento.
- Prometo que sí, también quiero una pijamada de amigas. Lamento esto, Clari, seguro debe ser triste esta época del año para ti -asiente dando un suspiro.
- No es fácil, a veces pienso que he olvidado cómo se veía. Duele, solo que cada año un poquito menos -la abrazo.
- Desayunemos juntas antes de que vaya a casa -asiente.
- ¿Cómo te fue en el club? -quisiera contarle todo, no viene al caso, ella está triste y digamos que yo también un poco.
No volveré a ver a mi tierno y ardiente hombre misterioso.
- Como siempre, nada nuevo -nada que no pueda olvidar en unos días.
____________
Y la burbuja ardiente exploto, nuestro pecador se ha condenado al infierno y nuestra pecadora a la soledad de extrañar a su misterioso y perfecto amante, el cual siente fue más que solo sexo.
¿Y eso? ¿El destino? ¿Dos corazones unido o qué?
Mucho alcohol, Romita, ¿o existe una explicación?