Género Ranking
Instalar APP HOT
Pecadora
img img Pecadora img Capítulo 5 Perdóname padre
5 Capítulo
Capítulo 6 Un rotundo...si. img
Capítulo 7 No te conozco img
Capítulo 8 Una buena chica img
Capítulo 9 Lo que ella hace img
Capítulo 10 Perdida img
Capítulo 11 Un propósito img
Capítulo 12 Miedos y fascinación. img
Capítulo 13 El mismi espacio img
Capítulo 14 Un recuerdito img
Capítulo 15 Una difícil decisión img
Capítulo 16 Llena de mí img
Capítulo 17 Toda para mí. img
Capítulo 18 El principio de un por siempre. img
Capítulo 19 Te amo a ti. img
Capítulo 20 Planes img
Capítulo 21 Shock img
Capítulo 22 Esto no puede seguir img
Capítulo 23 Miles de despedidad img
Capítulo 24 Mi secreto img
Capítulo 25 Una búsqueda img
Capítulo 26 Una tarde los dos img
Capítulo 27 No soy yo, es mi corazón. img
Capítulo 28 Una pijamada img
Capítulo 29 Olvidar los errores img
img
  /  1
img

Capítulo 5 Perdóname padre

Pov: Adrian Cortes

Cubro mi rostro metido dentro del confesionario. Lo lamento, no sé qué estaba pensando, yo solo quería olvidar un poco de dolor.

Perdón, amor, perdóname. Soy un mal hombre, no sé qué sucedió.

Me dejé llevar por lo que sentía, pensé... pensé que estaba alucinando y eras tú, lo juro, yo...

Soy un pecador, no merezco perdón, no cuando no dejo de pensar en todo lo que sucedió y mi mente, aunque le exijo se arrepienta, no sucede. Lo adjudico al hecho de que, era igual, se sintió igual y... no es una justificación.

Rompí mi palabra, prometí castidad, juré que no sería hombre de ninguna mujer, nunca más, esto es el error más grande que he cometido y me siento mal.

Mal de haber disfrutado, de cerrar mis ojos y no poder olvidar nada de lo que pasó.

¿Qué me pasa?

No debí beber tanto, no debí dejar que se acercara, esa energía provenía directo del infierno tentándome y caí. Es que sus ojos, su sonrisa, me hicieron viajar en el tiempo y... fue mágico, como si volviera a tenerla conmigo. ¿Cómo negarme a algo así? Siento que la he lastimado, que he roto todo lo que soy, que haber sentido lo mismo...

«O más»

Eso es horrible, no tengo perdón y, aun así, estoy aquí esperando para implorar el perdón de Dios al menos, porque sé que ella no me perdonaría, nunca.

El sonido de los pasos me alertan y salgo del confesionario viendo al padre Benicio.

- Adrián, hijo, qué sorpresa verte tan temprano -no sé cómo mirarlo ¿Cómo le digo que he roto mis votos?

Sé que solo soy un laico consagrado, aun así, hice votos que debía cumplir, todo se fue al diablo en una noche.

Una noche que espero luego de confesarme desaparezca de mi memoria.

- Padre, estoy preocupado y desearía confesarme, he cometido una falta muy grande y solo quiero pedir perdón -nota mi angustia y se acerca apoyando su mano en mi hombro.

- Ven, hijo mío, hablemos de lo que te tiene tan angustiado -entro al confesionario y entra él a su lado-. Te escucho, Adrián -suspiro y miro mis manos.

- Perdóname, padre, porque he pecado.

- Dime: ¿Qué pecado es tan grande que no puede ser perdonado por Dios? -miro al frente.

- He roto mis votos de castidad, yo no fui capaz de detenerme, estoy mal, soy un mal hombre, hice una promesa y la he roto por el simple acto de lujuria. Estoy arrepentido, no estaba en mis cinco sentidos, mis pecados me consumen y solo deseo perdón -confieso en un intento de limpiar mi perturbada mente.

Como si solo con decir esto pudiera borrar todo lo que he hecho, como me he comportado, ese no era yo, no al menos el hombre que deseo ser, esa fue una versión pasada de mí, no sé cómo es que despertó esa parte en mí.

«Sí lo sé»

Su rostro, las similitudes, me hicieron confundir la realidad con una fantasía ilógica en mi mente.

Una fantasía que me hizo sentir vivo, después de mucho tiempo y es lo que me carcome, lo que me hace sentir culpa, el disfrute en mis actos, el placer que he experimentado.

Me hace castigarme, el hecho de que no deseo olvidar y que realmente quería quedarme ahí, solo perderme en ese momento por siempre, olvidando todo lo demás.

Soy de lo peor, qué maldito acto egoísta y banal he cometido. Un maldito acto que se sintió como estar en el cielo; aunque ahora esté en el infierno.

- Hijo, Dios es piadoso, siempre y cuando, estés realmente arrepentido de tus actos. ¿Estás arrepentido, hijo mío? -una parte de mí lo está y otra no, porque asegura que estar con esa chica fue igual que estar con mi otra mitad.

Es mentira, aunque se haya sentido igual, no es real, no lo es.

- Sí, lo estoy, estoy arrepentido de todos mis pecados, deseo seguir siendo un fiel sirviente de Dios, como lo he prometido -no dejaré que mi camino se desvíe.

Se lo prometí a ella y juré servir a Dios para presentar nuestro amor. Fue un juramento y no... ¡No! No quiero romperlo, no importa lo atravesado que esté mi cuerpo en estos momentos intentando tomar el control de esto.

- Dios todo lo ve y todo lo perdona, es piadoso y benevolente, por eso estás perdonado. Un error en tanto tiempo no es motivo para dejar de confiar en tu palabra, has consagrado tu vida a Dios y confiamos en que tu camino no se ha desviado, que solo sea un traspié que te hará más fuerte a la tentación en el futuro -eso espero, es lo que deseo.

Sé que es lo que sucederá, porqué a esa joven chica que lleva el nombre de donde está el mismísimo vaticano, no volveré a verla, nunca más. Qué mejor que evitar la tentación, no volviendo a verla.

Ella es peligrosa, tiene el rostro de un ángel, uno que yo extraño y anhelo tener de nuevo. El sueño y la pesadilla.

- Así será, padre, trabajaré en mi fe, en mi obediencia y mi castidad, lo prometo. Mi trabajo está aquí y mi fidelidad igual, la tentación no volverá a hacerme caer.

- Dios te libra de tus pecados, hijo -me persigno.

- Amén.

- Ve con Dios, hijo mío -suspiro y salgo del confesionario.

Sé cuál es mi camino, yo lo sé.

Salgo de la capilla, debo ir a casa, darme un baño, seguir olvidando, pasar de página.

- Señor Cortés -sonrío al encontrarme con Felix, un joven muchacho que ha empezado el seminario hace seis meses.

Apenas tiene 18 años, él está conmigo todo el tiempo ya que se desea aprender de mí, de mis muchos años sirviendo a Dios.

Lo siento, muchacho, no podrás aprender nada.

Es extraño, habiendo tantos sacerdotes, él está conmigo, siendo un simple laico. Una vez me dijo que siente debe estar a mi lado, así que me ayuda en todo cuando tiene tiempo libre.

Es un muchacho bueno, con una gran fe a lo que Dios le depare, en estos momento siento que estando a su lado lo contaminaré.

- Felix, ¿qué tal estás? Voy de salida -me escanea.

- ¿Se encuentra bien? -sonrío como puedo.

- Sí, estoy... con algunos asuntos personales, nada de preocuparse, nos veremos pronto.

- Será el retiro de los jóvenes, la madre superiora está hablando con la hermanas, vendrán ex alumnos a ayudar, quieren que todo saldrá bien, tú eres quien guía el grupo, me dará gusto acompañarte, Adrián -estaré bien, cuando eso suceda sé que toda esta perturbación no me estará invadiendo.

- También me dará gusto estar contigo, Felix, debo irme, que estés bien, muchacho -sonríe con amabilidad.

Esto solo me recuerda lo joven que era esa chica, Roma, ella... tendría la edad que tienen los jóvenes del grupo que se supone guio.

Debo dejar de pensar, todo se vuelve peor más lo pienso.

Dios me perdona, debo perdonarme yo, ella y olvidar, todo absolutamente todo.

Cada mínimo detalle debe desaparecer de mi memoria, cada caricia, cada acto, cada toque, cada incorrecto y pecaminoso gemido que parecen haber penetrado mi corteza cerebral e instalado en mi memoria a largo plazo.

«Basta, no, lo olvidaré y estaré bien»

Anterior
                         
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022