/0/2895/coverbig.jpg?v=6f5fc10500d4432395a19fc0b1742bf9)
Me escondí en el techo hasta que la noche cayó. Una vez todo estuvo en silencio, empecé a buscar la manera de salir. Tenía muy claro que no me podía dejar atrapar o acabaría bajo tierra, incluso cosas peores.
No había sobrevivido a miles de cosas antes para terminar en manos de un demente como Ferrara.
Logré bajar del techo y en un gran golpe de suerte, llegué hasta el jardín lateral de la casa, aunque no tenía ni idea de donde estaba, había echado uno que otro vistazo desde el techo, para más o menos saber qué hacer y hacia donde correr.
Vi un par de guardias en la esquina, me arrastré hasta llegar a una pequeña cerca de setos, que había a unos dos metros. Esperé a que dieran otra ronda y poder calcular cuánto tiempo tendría para escapar.
Conté hasta novecientos, lo cual me da un margen de quince minutos para escapar. Esa parte está llena de vegetación, por lo que hace más fácil esconderme, además, la noche estaba más oscura que de costumbre y no había luna. Los dioses estaban de mi parte. Era bueno por un lado puesto que no me veían y malo porque yo tampoco veía nada, además no conocía el terreno, pero siempre he sobrevivido y esta no sería la excepción.
Caminé más o menos por unas tres horas por un bosque sin saber realmente donde estaba o hacia donde tenía que ir, solo sabía que tenía que alejarme lo que más pudiera de esa casa.
Cuando pensé en descansar, escuché voces y una de ellas la reconocí fácilmente, era Ken Ferrara, le estaba gritando a sus hombres.
-¡Son unos ineptos, incompetentes e idiotas! ¡¿Como es posible que una mina como ella se les escapara?! ¡Y no solo eso, sino que desapareciera sin dejar un puto rastro! ¡Mas les vale que la encuentren en las próximas horas!
Quedé petrificada mientras miraba a mi alrededor intentando encontrar donde meterme y al parecer de verdad, esa noche todos los dioses estaban a mi favor. Justamente, el árbol gigante que tenía enfrente, contaba con un pequeño hueco. Me metí en él, no pasó mucho tiempo antes de que Ferrara y sus hombres pasaran justo enfrente de mi escondite, hacia la dirección de la que venía.
Aguanté la respiración hasta que dejé de escucharlos.
Esperé hasta que el cielo empezó a aclarar para salir del agujero, cuando me estiré, me dolía todo, pero no había tiempo que perder.
Seguí caminando por el bosque, al menos unas dos horas. Mas tarde, por fin llegué a un camino pavimentado, sin embargo, continúe caminando por el bosque eso sí, siguiendo la carretera. Al menos hasta que vi un grupo de gente en una parada, era una familia, más exactamente, una señora mayor con tres niñas. Crucé y sonriendo, me acerqué a la señora, quién me miro e inmediatamente me preguntó que me había pasado; en un principio, no entendía por qué, hasta que miré mi ropa, estaba hecha un desastre, en ese momento, fue cuando le dije que necesitaba ayuda. La señora tomó a las niñas y me dijo que vivía cerca.
-Puedes asearte en mi casa, me cuentas lo ocurrido y veremos qué podemos hacer.
Yo, ingenuamente la seguí.
Caminamos por un sendero hasta una linda casa, entramos y las niñas me llevaron al baño. Al verme en el espejo, no daba crédito a lo que veía, se notaba que me había arrastrado por el bosque toda la noche.
Me entré a bañar, al rato, escuché que una de las niñas tocaba la puerta y me decía que en la entrada me dejaba ropa. Terminé de asearme lo más rápido que pude y me vestí con lo que me habían dejado. Tomé el dinero junto a los documentos que estaban entre el sobre y los envolví en la ropa sucia.
Cuando llegué a la cocina, las niñas estaban terminando de poner la mesa y me invitaron a comer con ellas.
Tenía mucha hambre. Me comí dos emparedados y la leche, lavé el plato y el vaso que había usado, mientras lo hacía pregunté a las niñas si tenían una bolsa para guardar mis cosas, una de ellas me señaló una pequeña habitación. Me dijo que agarrara una de allá, tomé mis cosas y entré por la bolsa.
Me quedé quieta y callada, cuando escuché a la señora que me había brindado su ayuda, hablar con alguien.
-La muchachita esa que están buscando, Marcela; la tengo aquí mismo, estoy segura que es la misma de la foto que me enviaron, yo me encargaré de entretenerla, no se olviden de mi recompensa.
Dioses, había caído en una trampa.
Sin tiempo que perder, tomé la bolsa de tela que vi, metí la ropa y fui hacía la cocina. La mujer seguía en la sala, yo salí rápidamente por la puerta trasera y empecé a correr como loca, de nuevo y sin mirar atrás.
A los lejos escuché a la vieja gritando y maldiciendo.
Corrí no sé por cuanto tiempo, pero era demasiado, mi cuerpo ya no daba para más. Mis pulmones ya no recibían aire, por lo que me vi obligada a detenerme. Desorientada, miré hacia todos lados y decidí seguir el sonido de un paso de agua, logré llegar a un rio pequeño pero cristalino, al parecer los dioses seguían favoreciéndome, estaba con mucha sed, necesitaba hidratarme con urgencia y el agua se veía clara y pura.
Tomé toda el agua que pude hasta que mi sed quedó saciada. Me quedé sentada junto a ese río, llegó la noche y me tuve que colocar la campera sucia que llevaba. La temperatura había bajado bastante y no había donde resguardarme. Me levanté y empecé a caminar buscando como llegar a alguna carretera, como aprendí alguna vez, si seguía el río me llevaría a algún poblado o a alguna quinta.