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Matrimonio por venganza
img img Matrimonio por venganza img Capítulo 5 Episodio 5: Sergio
5 Capítulo
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Capítulo 5 Episodio 5: Sergio

La mujer termina de darme el masaje y sé que no quiero levantarme, me espera una dura batalla contra la ambiciosa de Lucrecia, sonrío con los ojos cerrados complacido de saber que tenía la razón, esa caza fortunas está desesperada por ayuda.

-¿De qué te ríes? -pregunta Aurelio.

-Me llamó, me llamó y me pidió que habláramos, no sé qué le dijiste, pero funcionó.

Chasquea la lengua y suspira con pesadez.

-No debí, me siento un asqueroso por hacerlo, pero tienes razón, si no me mantengo a tu lado, igual lo harás y será peor, esa chica, te lo digo, no tuvo nada que ver con lo que le pasó a tu hermano, ella ha sido víctima de la situación.

-Claro, sí. Cualquier chica, despreciaría una fortuna de setenta millones de dólares, solo porque es muy humilde.

Me levanto por fin y me coloco una toalla alrededor de la cintura y me sirvo un whiskey, lo saboreo pensando que será más fácil de lo que pensé, podré con ella, podré con Lucrecia.

-Ella no sabe de números, no sabe que es esa cantidad, no quiere nada...

-Le has creído tú, como le creyó mi hermano.

-¡Que Dios me perdone por lo que voy a decir! -exclama y se hace la señal de la cruz -¿No has pensado que fue Lucrecia más bien? Sí es que alguien intervino, yo creo que fue un desafortunado accidente y ya.

-Lucrecia no deja nada al descuido y al azar, de haber sido ella, se habría asegurado de que Mauricio firmara ciertos papeles, lo hubiese hecho firmar un acuerdo post nupcias. Qué sé yo. No se habría metido en este paquete.

-¿Amelia sí?

Me encojo de hombros.

-Pues sí, además, sé que Lucrecia es difícil, pero no es una asesina, no me mataría a mi por dinero, no lo habría hecho con Mauricio, es una rata traidora, sí, aprovechada y maldita, pero no es una asesina.

-¿Amelia sí?

-Pues sí, es más probable, y como te dije, no pasa nada si no es ella, no sufrirá consecuencias, pero sabes que necesito seguir el dinero para descubrir la verdad, y sin ella no hay dinero.

-¿Seguro de que no le harás daño?

-Ya te dije, lo que peor que le puede pasar y peor, bueno, entre comillas, es que se quede cogida y ya. Porque me la voy a coger.

Niega y resopla.

-¡Qué horror! Le he dicho que puede confiar en ti.

-¿Pero es que la voy a forzar? Para nada, va a caer sola. Lo va a disfrutar. -Río.

-No hay necesidad, ¿la vas a ilusionar? Es una madre soltera, una pobre muchacha de pueblo.

-¡Basta! -espeto.

Se queda mirándome con recelo.

-No quiero oírte más defendiéndola, la evidencia la exculpará si no es culpable, si es tan santa como dices, no accederá a mis tácticas de seducción, que consisten en que solo respire -digo y me carcajeo para relajar el ambiente.

Niega y se levanta ofuscado.

-No te conozco. No sé qué buscas, claro que me quedaré a tu lado, velaré porque no le hagas daño a esa muchacha.

Camina a pasos rápidos y sale de la habitación azotando la puerta.

No me importa que se ponga moralista y fastidioso, le voy a demostrar que ella irá detrás de mí como hizo con Mauricio e intentará quedarse con todo. Aurelio no sabe, y no le diré que, Mauricio firmó muchos papeles dejándola a ella y a su hijo como herederos, algunos papeles se notariaron, otros se extraviaron, y ella firmó, ella sabía lo que hacía, no es una santa paloma como se quiere hacer pasar.

Me doy una ducha y mientras lo hago, voy pensando en cómo hacer para seducirla, sé que ella caerá fácil ante mí, pero debo ser cuidadoso, sutil. Debo interpretar un papel para ella, delante de su hijo, a quien de verdad no quiero perjudicar, solo quiero vengar la muerte de Mauricio.

Tendré que ser considerado, escucharla, acompañarla, ser protector, cuidar de ella y de su pequeño, ofrecerle un ambiente seguro y tranquilo, estable, hacerla reír, atenderla. Chasqueo la lengua al darme cuenta de que con ella quizás no me convenga usar mis tácticas de siempre, sería tan fácil seducirla y llevarla a la cama.

¿Por qué no? Pienso que podría hacerlo, en lugar de hacerme el juan bueno, ser yo, un seductor implacable, hacer que sus bragas se queden húmedas al verme, suspiro y niego, no, no puedo porque necesito que crea que puede joderme, como a Mauricio, si me presento como hábil seductor, no le abriré a la puerta a lo que quiero: descubrirla.

Llevarla a la cama es un bono, sé que a ella no le disgustará, y es un sacrificio que hay que hacer para darle realismo a la actuación, sería raro que mostrara interés en ella y no quisiera llegar más lejos. Además, quiero, no es fea, esa boca carnosa la imagino haciéndome cochinadas, pude darme cuenta de que su cuerpo es seductor, curvilíneo, ardiente, puedo darme gusto mientras ejecuto mi venganza. Es más, será parte de mi venganza.

Se abre la puerta del baño, giro la cabeza, de pie junto a la puerta está Lucrecia en un vestido azul marino de mangas largas, el pelo recogido y expresión adusta.

-¿Qué diablos te pasa, Lucrecia?

-¿Cómo es que regresas a Venezuela y no me dices, no me avisas, qué planeas?

-¿Es que no te han cogido bien, amargada?

-Bestia, ¿crees que una mujer solo sirve para eso? Cerebro de maní, por eso yo dirijo el imperio de nuestra familia y no tú. Sal, necesitamos hablar.

Sale y bate la puerta.

Maldita bruja, lo dirige porque se lo robó, porque hizo trampas, porque avasalló a todo el mundo, porque no tiene corazón ni escrúpulos. Recuerdo el día que despidió a los empleados de más confianza de mi padre, los que tenían años junto a él, Aurelio incluido, yo moría de vergüenza, ella sonreía sin disimulo, los sacó porque no la querían, no decían amen a todo lo que hacía.

Me pongo ropa deportiva y sacudo mi cabello aún húmedo, salgo a la sala donde la veo beber de mi whiskey.

-Puedes servirte, hermana.

-¿Me trajiste algo de Alemania? -inquiere con burla.

-Lubricantes de una sex shop...

-Ves, que cavernícola eres, por eso no te has casado, solo follarás eternamente con descerebradas como tú.

-¿De qué querías hablarme?

-¿Ya no temes que te secuestren? -pregunta con burla haciendo pucheros.

-Desgraciada -me quejo, me tenso, alzo mi mano izquierda y la pongo frente a ella -. Siempre dijiste que yo me auto secuestré, por dinero, atención, fuiste capaz de decir que yo mismo me corté estos dos dedos para fingir.

Aparta la cara y se ríe con sorna.

-Conservaste los dedos y te los pusieron de nuevo, como si nada, apenas una cicatriz, dramático.

-Pude morir y a ti no te iba a importar.

-Recuerdo que eso de los dedos lo hiciste para sacar la mano de la esposa, porque quien sabe dónde dejaste la llave, pero quisiste hacernos creer que convenientemente los secuestradores te dejaron conservar los dedos, ay ya, y no es de eso que quiero que hablemos, cálmate.

-¿De qué entonces?, bruja.

-La perra oportunista que se casó con Mauricio meses antes de que muriera. La odio, la necesito fuera del camino, es accionista en nuestros negocios, qué asco tener que depender de esa mujer para tomar una decisión, creo que ni sabe leer, tener que entenderme con ella es horrible, no. Qué horror.

-Lo sé, ¿qué quieres que haga? ¿Qué viaje al pasado e impida que se case? Está hecho, es su viuda.

Ladea la cabeza. Resopla y hace un gesto amargo.

-Sácamela del medio. Sé que tu firma es poderosa, Mauricio solo confiaba en ti, sácala del medio...

Alzo la mano frente a ella para que se detenga.

-Sí, me imagino que quieres que la deje en la calle, sola, le quite todo y eso y que de además, te lo de a ti.

-Convéncela para que te firme esos papeles, sé que puedes convencerla, una sopladita en la oreja y se te abre de piernas. Él inútil de mi marido ni eso pudo hacer bien.

-¿Cómo?

-La estúpida gritó que él que la quería violar, él se asustó, dije seducirla y no sé qué intentó hacer el bruto ese, tuve que intervenir y ella no volvió a confiar en él. Es un inútil.

«Puedo matar dos pájaros de un solo tiro».

-Está bien, Lucrecia, lo haré, pero deberás dejar que la lleve a cenas familiares, que le haga creer que la he puesto a salvo.

Me mira con extrañeza, ladea la cabeza.

-¿A qué viniste? Hablas como si ya lo habías pensado.

-La vi en fotos -miento-, si me provoca darme un gustico vulgar.

Arruga el gesto.

-Cerdo, es una sin clase. Allá tú, pero sí. Cuenta con eso.

«Bingo».

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