El corazón de Miley latió con fuerza cuando la figura de Benjamín se introdujo en su habitación. Retuvo el aire cuando acaparó una gran cantidad de aroma que Benjamín dejó al pasar.
Dejando salir el aire cerró la puerta y se giró en dirección a su esposo quien contenía una carpeta en mano, con los documentos que Miley no quería ver en su vida.
-Fírmalos ahora. Acabemos con este absurdo matrimonio.
-El abuelo...
-Mi abuelo ya está muerto. No hay nadie más que nos obligue a seguir casados.
-Aun no se lee el testamento...
-No te preocupes por dinero, que no te faltará nada. Te daré lo que te corresponde. Pero no voy a seguir ningún día más casado contigo -dijo, tajantemente.
El corazón de Miley se apretó, y se apretó porque no quería divorciarse. Amaba a Benjamín desde hace mucho tiempo, pero él no la amaba, él la había olvidado. Olvidó que lo salvó aquella noche, cuando lo llevó a su casa y le pidió encarecidamente que se entregara a él cuando estaba agonizando por una droga que le habían dado. Ella le entregó su pureza, pero él solo le respondió con desprecio.
Miley observó los papeles del divorcio, sus ojos se llenaron de lágrimas, quería llorar, llorar porque él la estaba abandonando apenas su abuelo había sido enterrado. Pero no lloró, reprimió las lágrimas y dio a rodar su plan. Esperaba que luego de esto, que luego de estar de nuevo en sus brazos, él la recordara.
-Está bien, firmaré los papeles del divorcio, pero antes, quisiera que me permitieras hacer un brindis.
-¿Un brindis? -Inquirió Benjamín sorprendido, pues no esperaba que ella quisiera realizar un brindis después de que le pidiera el divorcio.
-Nunca te he pedido nada, Benjamín. Desde que nos casamos, jamás has brindado conmigo, ni en la boda, ni en nuestros aniversarios -dijo con un nudo en la garganta, recordando los desplante que le hizo en cada aniversario y fecha importante-. Brinda conmigo, por estos tres años -le acercó la copa, la cual Benjamín miró con duda, pues desde aquella noche que lo drogaron, no había vuelto a beber una copa ya servida.
-¿Qué quieres celebrar? En estos tres años no hemos sido más que dos personas unidas por un papel, y eso porque mi abuelo me obligó a contraer matrimonio.
-Pues quiero brindar por eso -le extendió más la copa, porque Benjamín aún no la agarraba.
Este frunció el ceño por lo que Miley estaba diciendo, que quería brindar por esa boda forzada que tuvieron-. Quizás para ti fue un sacrificio, Pero para mí, fue lo mejor que me pasó. Ser la esposa de un Rodríguez, me sacó de la pobreza y me cambió la vida.
Ahora ya le encontraba sentido, por ello agarró la copa. La miró, seguido la batió y levantó la mirada cuando Miley dijo.
-Salud por mis tres años como la señora Rodríguez -sonrió forzadamente.
Benjamín bebió de la copa, pues si eso significaba liberarse de esa mujer, pues lo haría.
-Ahora, firma los papeles -dijo al dejar la copa en su lugar.
-¿No quieres otra copa? -inquirió Miley llevando la botella.
-¡No! -refutó fríamente- lo único que quiero es que... firmes los papeles -comenzó a sentir calor.
-Está bien, ¿tienes un bolígrafo?
Se acercó y le habló de muy cerca, lo que produjo tensión en Benjamín.
-Claro.
Buscó dentro del bolsillo de su traje y sacó un bolígrafo para seguido dárselo.
Los dedos de Benjamín rosaron con los de Miley, y eso aumentó la tensión.
Miley se inclinó para firmar, de pronto se detuvo y lo miró.
-¿En serio no me recuerdas Benjamín?
Este miró a su alrededor, todo le dio vuelta, empezó a sentirse asfixiado, caluroso, deseoso de la mujer a su lado.
Benjamín retrocedió, se dejó caer en la cama, cubrió su cabeza con ambas manos.
-¿Qué diablos tenía esa copa?
Miley no respondió, fue al baño, se dio una rápida ducha y al salir, encontró a Benjamín tirado en la cama.
***
Al día siguiente, Miley despierta y se encuentra durmiendo sobre el pecho de Benjamín, quien duerme profundamente como si la droga aún pesara sobre sus ojos.
Miley no se siente mal por lo que ha hecho, no se arrepiente de nada, pues Benjamín no es su hermano de sangre, solo su medio hermano por el apellido.
Miley se levanta sintiendo su cuerpo adolorido.
Benjamín la había hecho suya, la había devorado en la cama hasta saciarse de ella. Estuvo fenomenal, haciéndole el amor en cada momento, cogiéndola como un salvaje, destrozándola con cada embestida.
Cuando Miley se mira en el espejo encuentra su cuello y pecho llenos de moretones, los cuales cubre con maquillaje luego de un baño. Al salir, Benjamín sigue dormido. El sol aún no sale y ella ya está lista para marcharse.
Miley se acerca al velador, agarra el bolígrafo y firma los papeles del divorcio. Es lo que Benjamín le había pedido, que le diera el divorcio, ya que ella no era la mujer que amaba y nunca la iba a amar. Solo se había casado con ella porque su abuelo se lo había pedido, pero ahora que su abuelo ha muerto, no quiere seguir casado con ella.
-Benjamín, espero un día puedas recordarme, por consiguiente, perdonarme -musitó antes de salir.
Benjamín abre los ojos cuando los rayos del sol pegan en sus ojos. Presiona estos porque siente un profundo dolor de cabeza, es como si la noche anterior hubiera bebido demasiado.
Su cabeza aun aturdida trae los recuerdos de lo que pasó en la noche. Al recordar a esa mujer la ira lo invade. Salta de la cama y va al baño creyendo que la encontrará ahí, no obstante, la mujer no está. Ninguna de sus cosas está en la habitación.
Benjamín se acerca al velador, donde se encuentra el papel del divorcio. Al agarrar este, nota que el papel ya está firmado.
¡Abusa de mí y se divorcia!
Ruge presionando el papel. Seguido llama a su guardaespaldas. Ante el grito este y los demás guardaespaldas corren a la habitación donde se encuentra Benjamín. Al entrar, se dan la vuelta porque Benja, aún está desnudo, y lo que menos quieren es ver a un hombre desnudo.
-Esa mujer ¿a qué hora se marchó?
-¿De quién nos habla señor?
Benjamín fulmina con la mirada al guardaespaldas que habló. Este puede sentir su espalda quemando.
-Si se refiere a su esposa, no ha salido, señor.
-¡¿No ha salido!? ¿¡En serio crees que no ha salido!? -escupe con irá.
-No... no pasó por delante de nosotros.
-¿¡Y por eso crees que no ha salido!? Entonces, explícame ¿dónde está?, porque aquí dentro no está -ruge furioso. El guardaespaldas no sabe que decir- ¡Búscala!, ¡encuéntrala y tráela a mí!