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La Luz del Amor
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Capítulo 5 4

[Luz]

Debes acompañarme ahora a la oficina real. -el gentil guardia me guía despertando de la breve distracción en la que me encuentro, mientras admiro los delicados detalles de la parte del castillo en la que me encuentro deslumbrado.

La verdad es que me siento un poco confundido y extremadamente nervioso por estar en un lugar tan lujoso y alejado de mi realidad como este. Como nunca, en toda mi vida, he puesto un pie en el castillo, solo he admirado su hermosa y suntuosa fachada desde lejos a lo largo de los años, por lo que necesito distraer mi mente con cualquier banalidad, ya sea inútil o no, para poder calmar los latidos erráticos de mi corazón y no terminar desmayándome.

¿Qué estoy haciendo yo, una simple partera de la ciudad, aquí? ¿Qué podría querer alguien de la realeza conmigo? ¿La noticia del nacimiento del futuro heredero del Ducado de Barnes había llegado a oídos de los nobles, y por esta razón se les pedía que realizaran otro de mis servicios?

¿Señorita? -el guardia me llama desde el mundo de las divagaciones y me sonrojo avergonzado de haberlo dejado sin respuesta.

Oh, por supuesto, sí, señor. -Me siento de acuerdo siguiéndolo por el camino indicado, retorciendo la punta de los guantes en mis manos, asustado a cada paso que dan mis piernas temblorosas.

La familia real te está esperando, señorita Luz. -dice mientras nos detenemos frente a enormes puertas dobles que no tengo tiempo de reparar, debido a la conmoción que me trae la información que acabo de recibir.

¿Qué pasa? ¿Qué quieres decir, la familia real... ... desesperadamente indago a un pie de la sensación de desesperación.

Voy a anunciar su presencia a los soberanos. - interrumpe mi manifestación de pánico y llama a la puerta.

Casi doy un paso adelante y te ruego que no hagas eso, sin embargo, sostengo el impulso cuando de repente se abre la puerta del lugar y prácticamente me empujan como un mero espectador fuera de su propio cuerpo, en el ambiente totalmente surrealista e intimidante, por la mano del guardia que descansa sobre mi espalda, que pronto desaparece de la vista al cerrar las puertas nuevamente, precediéndome desde adentro.

¿Es ella? ¿Es esa la chica, Francesca? -Federico, el príncipe heredero, el primero en la línea de sucesión al trono, dirige la pregunta a la princesa Francesca, su hermana menor, que está sentada en un sofá a pocos metros de donde todavía estoy hechas las estatuas de mármol que adornan los jardines del castillo.

Entonces me doy cuenta tardíamente del error crucial que estoy cometiendo bajo la observación de los cuatro pares de ojos más poderosos del Reino, y la falta de modales y etiqueta que deben estar en este momento pensando que poseo, y en cómo debería carecer de una educación decente. Es por eso que me apresuro a corregir el error rápidamente, lo que me hace parecer más torpe de lo que me gustaría.

Su Majestad, Su Alteza. -Doblo mis rodillas en una rápida y eficiente reverencia en la dirección de cada uno de ellos según sus títulos.

Señorita, por favor siéntese. El tema que tenemos que tratar será algo complejo y extenso para que te mantengas en pie. -el rey, que está sentado detrás de una gran mesa de caoba, indica el sillón junto a su escritorio para que me siente y lo haga de inmediato.

¿Te gusta el té y las galletas, señorita Luz? -la propia princesa me sirve en bandeja de plata, pero me veo obligado a rechazar su generosa oferta.

Mi estómago no es tan fuerte en este momento para soportar recibir cualquier tipo de alimento en el estado mental en el que me encuentro. Puedo poner todo en la costosa alfombra en mis pies en cuestión de segundos. La mejor opción es no arriesgarse.

No, pero aprecio la amabilidad princesa. -Respondo con una punzada de miedo de que mi negativa pueda ofenderla, sin embargo, ella no se muestra sacudida.

¡Mira, ella habla! -El príncipe Federico comenta mientras se sienta tan silbado junto al hermano Felipe, y frunco el ceño sin entender su frase.

Lo siento, lo siento. - pigmeo nervioso cuando se le pregunta.

Ignóralo, señorita. - El príncipe Felipe interviene colocándose delante del mayor.

Vayamos al grano, señorita Luz.

El rey Fernando dice con el semblante serio y casi consigo contener la respiración por el tamaño de la tensión que cuelga en el aire.

-Todo lo que se trata y discute en este despacho es completamente confidencial y confidencial, no pudiendo salir del entorno de estas cuatro paredes bajo ningún concepto, ¿estoy siendo claro?

Totalmente, señor. -Reclamo sacudiendo mi cabeza positivamente hacia arriba y hacia abajo con mis ojos fijos en los tuyos.

Muy bien, te voy a sacar Así que ahora que tenemos un acuerdo, puedo proceder con la garantía de que ninguna información será transmitida o filtrada a nadie más que a los presentes aquí en este momento.

Totalmente de acuerdo, Su Majestad. - Lo digo con seguridad.

-Señorita Luz, lo que yo como su rey y soberano, como padre, y mis hijos como mi familia, tenemos que proponerle en este momento, sonará a sus oídos jóvenes e inexpertos como algo audaz, o incluso tal vez algo absurdo. Pero comprenda que se exploraron todas las alternativas posibles para la solución de este caso, sin embargo, ninguna fue lo suficientemente eficiente como para contener el daño. Esta fue la única salida razonable que pudimos encontrar para resolver el problema.

El rey Fernando dice con dificultad, cada palabra pensada y articulada cuidadosamente para no expresar cómo le afecta tal conflicto, que aún no conozco.

¿Qué gran desgracia es esta, mi rey? ¿Y en qué una persona de carácter sencillo como yo, puede servirle? - Pregunto preocupado por ayudarme en todo lo que pueda.

Si la familia real necesita mis servicios, entonces haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarla, porque pocas personas en nuestra tierra y en los alrededores tienen el orgullo y el despecho de afirmar cuán buenos y justos son sus gobernantes con sus súbditos como lo ha hecho nuestro pueblo.

¡Dígame, Su Majestad! Lo que puedo hacer y lo haré.

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