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Minte, la amante del inframundo
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Capítulo 3 III

Trago saliva con dificultad mientras regreso a mi lugar, resoplo con fuerza enojada por la actitud de este tipo.

-Mira, yo no sé si no tienes nada que hacer, pero si no hago mis rondas... mi padre me va a regañar y seguramente me va a castigar...-

-Yo hablaré con él, tranquila-

Miles de voces resuenan por la entrada del inframundo, un ligero suspiro se me escapa y miro al frente, topándome con una enorme cola de almas, un ligero gemido de sorpresa se me escapa al ver tal cantidad de personas, muy raras veces pasa algo como esto.

- ¿Qué ha pasado ahí arriba? -

-Ares- Contesta con indiferencia sin quitar la vista de enfrente.

Al oír su nombre, no puedo evitar sonreír, él viene muy de vez en cuando a coquetear con mis hermanas, mi padre al enterarse de eso decidió mantenerme en la zona principal ya que el viejo Caronte no permite que se acerque a mí.

- ¿Lo conoces? -

-Lo he visto algunas veces, cuando hemos hablado me ha querido llevar como a muchas de mis hermanas, pero Caronte no se lo permite y termina ahuyentándolo, tampoco es que tenga la intención de estar con él- Suelto una fuerte carcajada. -Además, su temperamento es bastante explosivo y no creo poder aguantar a alguien así-

El hombre me mira con curiosidad, como si fuera una criatura extraña... eso... me pone un poco inquieta, teniendo en cuenta que no soy algo extraño, pone una de sus manos sobre su barbilla y se queda pensando por bastante tiempo. Yo me limito a verlo, esperando a que me diga algo, pero simplemente me observa con detenimiento, es un hombre bastante extraño.

Escucho a mis espaldas el barco de Caronte, me doy media vuelta y veo al viejo remando, cuando atranca su barca, se baja y camina hacia mi lado, al percatarse de aquel hombre puedo ver como su rostro queda más blanco de lo que ya es.

- ¿Sucede algo viejo? -

Ladeo la cabeza mirando al barquero algo asustada, es la primera vez que lo veo sorprendido y sobre todo, aterrado, pongo una de mis manos sobre su hombro, primero lo aprieto con algo de fuerza, pero al no obtener respuesta decido sacudirlo un poco. Parpadea varias veces y niega repetidas veces con la cabeza, dedicándome una sonrisa nerviosa. Algo no va bien.

Todavía sigue negando con la cabeza, pero noto que no me lo dedica a mí, parece que más bien lo hace para sacarse algo de la mente. Regresa la vista al frente soltando un largo y pesado suspiro al igual que yo, pero en mi caso, yo sigo observando al viejo Caronte.

-Bueno, tengo mucho que hacer- Le indica a los de la fila que empiecen a avanzar. -Minte, por favor... no hagas ninguna tontería-

Una estruendosa y divertida sonrisa se me escapa, poso mi mirada sobre la larga fila de almas y un pequeño suspiro se me escapa; viendo a tantas almas, sé que tengo mucho trabajo por hacer y no me refiero a vigilar el río de mi padre, sino más bien, a ayudar a las pobres almas que no tengan el pago del barquero.

-Por favor viejo, nunca he hecho una tontería... creo que lo más raro que he hecho es recorrer el río de esquina a esquina-

-Lo digo enserio jovencita... quédate ahí parada y no hagas ninguna tontería- Me reprocha con suavidad mientras sube al barco.

Resoplo con fuerza y refunfuño molesta por las palabras del viejo, quiero defenderme de su acusación, pero se ha ido demasiado rápido que no me ha dejado decirle ni una sola palabra. Observo como el barquero se aleja hasta perderse en la penumbra, dejo caer los hombros y regreso la vista al frente.

- ¿Piensas quedarte aquí todo el día? -

Por los rabillos de mis ojos observo al hombre, esperando a que se vaya a otra parte y me deje tranquila, pero por la postura que tiene, parece que su intención es quedarse ahí parado como si fuera una estatua. Que molesto es este hombre.

-Posiblemente- Habla con calma y serenidad, como si nada le preocupara.

-Bueno... yo de verdad me tengo que ir...-

Me rasco la nuca de forma incómoda, pero el hombre me pide que me quede un rato más. Por alguna extraña razón no puedo negarme a su petición y decido quedarme ahí parada a su lado. Mi vista recorre a las almas y veo que varios de ellos no tienen monedas, miro hacia atrás y veo que Caronte todavía no ha regresado, de mi túnica saco unas moneas, me acerco a las almas y se las entrego.

Una vez que he terminado de repartir los pagos de las almas más cercanas a subir al barco, siento un enorme alivio. Ayudar a los mortales es una labor bastante satisfactoria que no cambiaría por nada en el mundo y me siento bien haciéndolo. Una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios.

- ¿Les das para pagar su peaje? -

-Si... es que muchas veces las familias no tienen para darles el pago a sus fallecidos y me da pena tener que verlos vagando por las orillas del río, es por eso que me meto en las profundidades para poder sacar monedas y dárselas... el viejo dice que Hades vendrá un día de estos y me va a reprender... pero la verdad es que llevo siglos haciéndolo-

Enseguida me tapo la boca al darme cuenta de lo que he dicho; se supone que esto era un secreto entre el viejo y yo, pero ahora... este hombre sabe algo muy importante, espero no me delate con el dios Hades. Una risa nerviosa se me escapa y me giro hacia él, asustada de que vaya con el chisme.

- ¿De verdad? Me impresiona que no tengas miedo de recibir una reprimenda por tus acciones o que te castiguen de forma severa ya que estas rompiendo el equilibrio-

- ¿Qué equilibrio? - Volteo a verlo con el ceño fruncido. -Cuando tuve conciencia y me aventuré lejos de la cueva donde vivo, vi demasiadas almas vagando por el río mendigando piedad, desafortunadamente esas almas ya no podían pasar el río Cocito ya que su tiempo había acabado... al final se terminaron uniendo al río desapareciendo para siempre- Inflo los cachetes enojada y me cruzo de brazos. - ¡Si eso te parece un equilibrio, déjame decirte que estas loco! -

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