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Capítulo 5:
Skandar salió de la galería con el ceño fruncido, la frustración y la confusión aún palpables en su rostro. Subió a su camioneta, la puerta resonando con un golpe sordo que indicaba su mal humor. Peter, que ya se encontraba en el vehículo, notó la atmósfera tensa. Sin decir una palabra, optó por no indagar; la expresión de su jefe lo decía todo. En su lugar, le ordenó al chofer que condujera hacia la mansión de Skandar.
Al llegar a su mansión, Skandar salió del vehículo sin perder tiempo y se dirigió rápidamente a su oficina, con Peter justo detrás de él. La casa, con su estilo elegante y opulento, no le ofrecía consuelo en ese momento. Cada paso se sentía pesado, y al cruzar la puerta de su oficina, finalmente liberó la tensión que había acumulado.
Una vez adentro y con la puerta cerrada tras de ellos, Skandar se volvió hacia Peter. Su rostro, que en un momento había estado marcado por la sorpresa, ahora era pura determinación.
-Peter -dijo con voz grave- Quiero que asignes a Drake y Logan para que sigan a Jaiden. Necesito que la vigilen.
Peter lo observó, consciente de que, al dar esa orden, Skandar estaba cruzando una línea. Pero conocía bien a su jefe: cuando Skandar quería algo, no se detenía ante nada para conseguirlo.
-Sí, jefe -respondió Peter, aceptando su solicitud. Se apresuró a tomar nota en su tablet-. ¿Quieres que la sigan de cerca o que se mantengan a distancia?
-A distancia. No quiero que ella sepa que la están vigilando -respondió Skandar, pasando su mano por su rostro en un gesto de frustración-. Necesito entender qué hace, a dónde va.
-Entendido -asintió Peter, sabiendo que su jefe no se detendría hasta conseguir respuestas. La conexión entre Skandar y Jaiden era más compleja de lo que parecía, y era evidente que Skandar no iba a renunciar fácilmente a ella.
Mientras Peter hacía las gestiones necesarias para que Drake y Logan estuvieran al tanto de sus nuevas tareas, Skandar se acercó a la ventana. Afuera, el sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras, un contraste con la oscuridad que sentía en su interior. Había algo en Jaiden que lo atraía, algo que lo desarmaba y lo hacía sentir vivo. Su rechazo, aunque claro, solo añadía leña al fuego de su deseo.
-¿Hay algo más que deba hacer? -preguntó Peter, rompiendo el silencio que se había asentado en la habitación. -No... por ahora, eso es todo. Pero mantente alerta. Quiero saber cada movimiento que haga. Si hay algo que he aprendido es que nunca se sabe qué información puede ser valiosa -dijo Skandar, con determinación en sus ojos
Peter asintió y salió de la oficina para llevar a cabo las órdenes de su jefe. Skandar permaneció unos momentos más frente a la ventana, sintiendo la mezcla de frustración y deseo. No podía permitir que un simple rechazo lo detuviera. Con el corazón acelerado y la mente afilada, giró en dirección a su escritorio. Skandar sabía que, para alcanzar lo que quería, tenía que jugar sus cartas con cuidado.
Skandar pasó largas horas en su oficina, sumido en pensamientos y análisis sobre su situación con Jaiden. La frustración de no haber logrado acercarse más a ella lo había mantenido en un estado de inquietud, mientras revisaba documentos y realizaba llamadas que apenas absorbían su atención. Con cada minuto que pasaba, su mente regresaba a esa noche compartida y al desafío que significaba su rechazo. Agotado, decidió abandonar la penumbra de su oficina y bajar a la cocina, donde sabía que encontraría consuelo en el dulce de leche que Anna, su ama de llaves, solía preparar especialmente para él.
Al llegar a la cocina, encontró a Anna hablando animadamente con Peter, su asistente. Una joven de fascinantes ojos verdes estaba de pie junto a ellos, con una expresión algo tímida en su rostro. Anna, al notar que Skandar se acercaba, continuó hablando sin darse cuenta de su presencia.
-Peter, es muy importante que hable con el señor Skandar... -decía Anna con un tono preocupado.
-Anna, sinceramente, no creo que sea un buen momento. Mi jefe no está de humor y, mejor que evitemos molestarlo -respondió Peter, tratando de ser diplomático.
Skandar, sintiéndose un poco fuera de lugar pero al mismo tiempo curioso, interrumpió la conversación haciéndose notar.
-Disculpen, ¿de qué se trata todo esto? -preguntó, fijando su mirada en Anna y luego en la joven.
Anna se giró rápidamente, su rostro iluminándose con sorpresa y un toque de respeto al verlo.
-Señor Skandar, lamento si interrumpí tu descanso. Esta es Audrina, mi sobrina -dijo, señalando a la joven-. Ha pasado por un momento muy difícil; sus padres murieron en un accidente reciente, y ahora soy responsable de ella. Quisiera pedirte que la aceptes aquí como una empleada más.
Skandar observó a Audrina, quien mantenía la cabeza ligeramente baja, mostrando una mezcla de verguenza y añoranza. Sentía compasión por ella; perder a los padres a tan corta edad era un peso que nadie debería cargar.
-No te preocupes, Anna. No tengo problema en que Audrina se quede con nosotros -respondió Skandar, su voz calmada-. Pero no me gustaría aceptarla como empleada. Ella es aún muy joven y debe estudiar.
Skandar pensó un instante y luego se volvió hacia Peter, que se había mantenido al margen de la conversación, con la vista fija en la joven. Notando el interés de su guardaespaldas, decidió hacer algo más.
-Peter, tú te encargarás de ella. Quiero que le busques el mejor colegio en la ciudad para que pueda estudiar -le ordenó con una firmeza que no admitía objeciones-. Tú serás quien la lleve y la recoja cada día.
La sorpresa se reflejó en los ojos de Peter. Sin embargo, asintió rápidamente.
-Entendido, Skandar -respondió Peter, aunque su mente comenzaba a procesar las implicaciones de ser el encargado de cuidar a la sobrina de Anna.
-Además -continuó Skandar- Asegúrate de darle un tour por la mansión y asignarle una habitación cómoda. Quiero que se sienta bien aquí.
Audrina levantó la mirada, sorprendida por el tono amable y la disposición de Skandar. Anna sonrió, sintiendo un alivio palpable.
-Gracias, Skandar. Realmente significa mucho para nosotras -dijo Anna, la voz llena de gratitud.
-No hay de qué. Quiero asegurarme de que Audrina tenga un lugar seguro y digno donde vivir -respondió Skandar, sintiéndose bien con su decisión. Había algo reconfortante en ofrecerle a la joven la oportunidad de un nuevo comienzo, lejos del dolor que había sufrido.
Peter se acercó a Audrina, sonriendo con amabilidad.
-Vamos, te mostraré la mansión. Hay mucho que ver, y estoy seguro de que te encantará -dijo él, tratando de romper el hielo.
Mientras Peter guiaba a Audrina hacía el recorrido por la mansión, Skandar se quedó observándoles con una mezcla de satisfacción y preocupación. En medio de su tumultuosa vida personal, sabía que había tomado la decisión correcta al abrir su casa a Audrina, y esperó que, en parte, ese gesto también lo ayudará a distraerse de sus propios problemas, especialmente de su reciente encuentro con Jaiden.
Después de que Peter se llevó a Audrina para mostrarle la mansión, Skandar decidió que necesitaba un descanso. Le pidió a Anna que le sirviera un poco de su querido dulce de leche. Ella, cumpliendo con gusto, le preparó una generosa porción y se la entregó.
-Aquí tienes, Skandar. Espero que lo disfrutes -le dijo, con una sonrisa maternal antes de retirarse.
Skandar se sentó en el desayunador de la cocina, dejando que cada cucharada de dulce de leche lo transportara a un lugar más simple y familiar. Minutos después, Peter regresó a la cocina, cruzándose con la mirada de Skandar. Tomó asiento junto a él con un aire más relajado, aunque algo había cambiado en la atmósfera.
-Ya está -informó Peter-. Audrina se ha instalado en su habitación y parece que le gusta el lugar.
Dejando de lado las formalidades profesionales, Skandar sintió la necesidad de hablar de lo que realmente pensaba.
-Entonces, ¿qué te parece la muchacha? ¿Te gusta? -preguntó Skandar, sonriendo con picardía, sabiendo que su amigo mantendría una actitud cautelosa y Peter, un poco sonrojado, miró hacia un lado antes de responder.
-Es... es muy joven, Skandar. No creo que sea apropiado pensar en eso -contestó, tratando de darle un matiz serio a su respuesta, pero su rubor lo delataba. Skandar soltó una fuerte carcajada, disfrutando de la incomodidad de su amigo.
-Vamos, Peter, no puedes engañarme. Tu cara dice todo lo contrario -dijo Skandar, señalando la evidente sonrojada en las mejillas de Peter- ¡Parece que has visto un fantasma!
Peter, abochornado, cubrió su rostro con las manos, tratando de ocultar el sonrojo que había invadido su expresión.
-Skandar, ¡por favor! -exclamó Peter entre risas y vergüenza-. Es solo que... no me esperaba algo así. Yo solo estoy tratando de ayudar a Audrina, así que no me hagas el ridículo.
Skandar continuó riéndose mientras disfrutaba de la interpretación exagerada de su amigo.
-Está bien, está bien -dijo Skandar, levantando las manos en señal de rendición-. Solo no olvides que tienes que mantenerte profesional, ¿de acuerdo? Pero, seamos sinceros, no puedes negar que es encantadora.
-Lo sé -respondió Peter, intentando recuperar su compostura-. Pero realmente... Tiene diecisiete años. No sería correcto.
-Tienes razón. Pero no está de más admitir que también es agradable tener un poco de juventud en la casa. El ambiente necesita un aire fresco. Y además, lo más importante es que tiene a Anna cuidándola. Eso es lo que realmente importa ahora -dijo Skandar
Después de un par de momentos de silencio, ambos continuaron bromeando entre ellos sobre lo que significaría ser "el guardaespaldas de Audrina". Con cada risa, Skandar sentía que se aliviaba un poco la tensión que había estado acumulando, y le dio un descanso a su mente.
Sin embargo, a medida que la conversación avanzaba y el dulce de leche desaparecía, las preocupaciones sobre Jaiden seguían latentes en su interior. Pero al menos en ese momento, rodeado de la calidez de la cocina, un poco de alegría de tener a Audrina y con su amigo a su lado, eso fue suficiente para que la tormenta en su mente se apaciguara un poco.
Continuara...