/0/16200/coverbig.jpg?v=79743f2dfafe61385546d7f955924e31)
2- Mírame.
Luego de una última mira a la imagen que me devolvía el espejo, le pregunte a Hera ¿lista? ella con la seguridad que la caracterizaba lanzo una carcajada y contesto – Nací lista.
Hera es completamente lo opuesto a lo que soy, en realidad le molesta mucho la forma en que la mantengo oculta, ella es orgullosa y cada vez que soy agraviada, su voz resuena en mi cabeza incitándome a dejarla tomar el control y dejar en claro a todo este grupo de pusilánimes, que al más pequeño incidente tiene que correr tras las faldas de su amado Alfa Alejandro, quien en realidad manda. Pero a pesar de ser una loba con aura dominante y de muy mal carácter, ella siempre respeta mi lugar y nunca toma el control por si misma.
Después de nuestra pequeña conversación con Hera, tomé una bocana de aire y me decidí a bajar las escaleras de mi hogar. Mientras lo hacía pensaba, cuáles serán las consecuencias de la decisión que terminaba de tomar.
Nunca creí ser muy importante o que mi presencia podría modificar la dinámica de la manada, pero mi corazón tenia miedo, esa noche definirá el resto de su vida. Y un golpe de realidad hizo que su estomago se estruje, que pasaría si ella al no tener lobo, deciden expulsarla de la manada, en el calor del momento entro en pánico, Luna no era alguien que se caracterizaba por planificar las cosas, algo que irritaba sumamente a Hera, pero que podía hacer nunca media las consecuencias y actúa sobre la marcha. Pero algo estaba claro, nadie podría saber de Hera, su intuición decía que era lo más seguro para ambas.
Al llegar al último escalón, una pequeña esperanza quiso asomar al ver a su padre al pie de la escalera; Luna de niña al no tener amigos y su familia no era alguien que le prestara atención paso toda su infancia leyendo historias de fantasía que la hacían desear que su padre algún día sienta el afecto y el respeto como el que tenia "Bella" y su padre, del cuento de la Bella y la Bestia.
Su padre es un hombre duro, nunca le dio una muestra de cariño, para el siempre fue "niña", aunque la palabra no le gustaba lo que a ella lo que más le dolía era la forma en que lo decía, no era de una forma dulce, era despectiva carente completamente de emoción.
Verlo parado fue increíble, por los 10 segundos que tardo en darse cuenta que no la estaba esperando, tristemente ni siquiera se había dado cuenta de su presencia.
Llamo su atención para ver su reacción, a diferencia que con su madre ella tenia una necesidad que la ahogaba de sentirse reconocida por ese hombre parado frente a ella, pero como durante los 18 años precedentes, el nunca la miro, pero como siempre él evito sus ojos. Esto la llevo a preguntarse cuál era la razón por la que este hombre no podía quererla, era ella tan despreciable que no podía verla una sola vez a los ojos.
- Papá ... ¿Te gusta cómo me veo?
Mi voz tembló, pero intenté sonreír.
- Sí. El vestido es bonito.
Su tono era mecánico. Su ojos no se fijaban en mí sino en un punto distante.
- Papá... solo mírame.
Un pausa, Su mandíbula se tensó.
-¡ Te estoy mirando, Luna! ¡Basta de tontearías! El vaso de wisky chocó contra la mesa, rompiéndose en mil pedazos.
El se marcho dejando sus sueños rotos como cuando la copa del más fino cristal golpea sobre el frío mármol.
Ese grito vacío, fue como una daga envenenada directo al corazón.
Al ver como el salía de la casa, mi corazón se endureció y una determinación que no había desarrollado afloro, contuve las lágrimas y escuché a Hera decir – mereces más querida-.