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Gabriela
Buen punto. Volví a ponerme roja, y no sabía qué responderle... Piensa rápido, Gabriela.
-Alexey, Egan y Emmanuel son los enamorados de mis amigas, no digas nada, por favor. Pero si les pido a ellos el favor y por alguna razón la vida los empareja a Mapa, Euma o Rubí con ellos, no podría de la vergüenza. Ellos quedan descartados. A Ernesto... él es un amor conmigo, nos tratamos como hermanos, lo veo de esa manera. Por eso solo quedas tú.
-¿No me ves como tu hermanito?
-Fuiste una caspa en nuestra infancia, jodías tanto la vida, hasta los trece te veía como una patada en el culo. -Su carcajada fue hermosa.
-¿Y después?
-¡Ya lo sabes!, te agarraste a golpe con todos los que me hacían acoso por la gordura, eso cambió mi perspectiva hacia ti, además ninguna de mis amigas es tu enamorada. Por eso puedo pedirte el favor. ¿Lo harás, sí o no?
Bendita sonrisa preciosa, acunó mi rostro, presionó mis mejillas. He bajado de peso, pero mis cachetes seguían amortiguados. No lo vi venir hasta que sentí su boca sobre la mía. Su lengua se abrió paso, deslizándose por mis labios, luego recorrió mis dientes para iniciar un sensual juego con la lengua.
Su mano se introdujo en el cabello, realizando una especie de masaje; ese gesto erizó por completo la piel. Si esto era solo un beso, no imagino lo otro. De manera lenta, sus grandes manos bajaron por el cuello y continuaron hasta rozar mis senos. Llegó hasta la cintura, para aferrarla. Me encontraba cuál mantequilla derretida.
Samuel estaba matándome de deseo, tenía mi entrepierna húmeda, solo era un beso. Con la fuerza que tiene, tomó mis muslos, me cargó para ponerme sobre él. Nuestros labios dejaron de besarse; los tenía rojos e hinchados, las respiraciones subían y bajaban, sus ojos brillaban de una manera distinta.
-¿No sabes nada?
-Si las películas de porno son educativas, entonces sí sé. -Verlo reír de esa manera estrujaba mis entrañas-. Sí, he besado, -eso era cierto-, pero nada más.
Sus manos se deslizaron por mis nalgas, cada uno tenía jean puesto, pero al presionarlas para pegarme más a él, sentí su erección.
-Hay química suficiente para tener un buen sexo. Pero quiero que estés completamente segura, Cachetona. No quiero que después de intimar salgas con querer tener una relación. Nada de eso.
-Ya te lo dije, solo enséñame. Quiero perder la pena, sentirme segura de mi cuerpo. Si logro levantar tu miembro y apenas veas mi desnudez, me daré por bien servida. -acunó mi rostro. Sus penetrantes ojos cafés me analizaban.
-No quiero herirte, no esperes nada más que solo práctica.
-Lo tengo claro.
No tenía nada por que reprocharle. Sí, fue altanero en la fiesta, pero no dijo nada que no hubiera advertido de buena manera. Debía ser objetiva, debía aceptar la realidad, nuestra cercanía solo fue sexo. La única experiencia hasta ahora, pero no podía desmeritar lo delicioso que fue estar en sus brazos, sin olvidar esa capacidad mágica para lograr que mi cuerpo vibrara.
......***......
Samuel
Su boca deslizándose por mi miembro; esa inocencia, al mismo tiempo esa decisión, le insistí no hacerlo, pero Gaby se plantó con el querer aprender. Y ¿quién era yo para negarme? Solo por el simple morbo de ser el primero en meter el pene en su boca, podrán pasar muchos hombres en su vida hasta que llegue el hombre de su vida para convertirla en su esposa.
Sin embargo, siempre donde me vea en su memoria quedaré como el primer hombre, ese quien le enseñó a ser mujer, y yo le indiqué cómo complacer a un hombre. Su lengua se pasó por el glande, hizo un círculo con ella para luego bajar...
-¡Samuel! -¿Estaban llamándome?
-¡Sam! -Esa era mamá.
Los golpes en la puerta me sacaron del erótico sueño. ¡Mierda! ¿Otra vez? Debo coger con otra mujer lo más pronto posible o voy a obsesionarme con Gabriela, eso no puede pasar, menos después del trato déspota de mi parte para con ella. Pero debía hacerla entender.
-¡Samuel! -¿Ahora, papá?
-¡Ya desperté!
El viejo César asomó su cabeza por la puerta con Althaia en brazos; mis bellos sobrinos se quedarán quince días con nosotros porque Julián y Adara se fueron de luna de miel, lo mismo hizo la pulga con su marido, Eros con la prima y Guillermo con Naty. Se rotará el cuidado de los nietos entre los abuelos. Luego los cuidarán Blanca y David.
Menos mal estaba con la sobrecama cubriendo mi cuerpo, porque la erección era tremenda. Debo parar de tener estos sueños, pero a mí no me podía mentir. Desde nuestro inicio de alumna y profesor solo deseaba el día de la visita conyugal para tener sexo con Gabriela. Solo sexo y era solo por ese momento.
-Hijo, necesitamos un favor urgente. A tu madrina se le olvidó la memoria donde tiene el trabajo de las remodelaciones que hacía en el hotel de Panamá, ya están en el aeropuerto. Eulises y Argemiro están en el club, por eso no alcanzan a llevárselo. Gabriela espera una visita. Raquel, desde el accidente, no se atreve a conducir. Además, la moto es más rápida. Échale una mano.
-Nada más con decirme, hijo, tu madrina necesita un favor, era suficiente. -¿Qué visita espera, Gabriela? -Me baño y voy a buscar lo que la madrina necesita.
-Gracias, hijo. Debes correr, el aeropuerto no está cerca.
-Sí, señor.
Una vez solo, salí de la cama. Eran las diez de la mañana. Mi erección matutina estaba al tope, debía coger lo más pronto posible. Ingresé a la ducha, sin duda debo bañarme con agua fría. ¿Quién será el visitante de Gabriela?
......***......
Ernesto
Me levanté, al mirar la hora eran las diez de la mañana. Fui al baño para descargar la vejiga, lavé mis manos, la cara y los dientes, así le daba tiempo a que bajara la erección matutina. Al estar bien. Arreglé la cama.
Llegué a la cocina, me sorprendió no ver a mis padres por ningún lado. Solo vi a mi Ángel en una descarada bata corta donde muy claramente se veía sin brasier y una pequeña braguita. Cerré mis ojos, controlé la erección.
-¿Dónde están nuestros padres?
Lo mejor para poder mantener la palabra de no caer ante su evidente seducción era irme de la casa. Hace un par de años compré un apartamento en el mismo edificio donde vive Alexey y Emmanuel, con las ganancias de nuestras apuestas. El resto continuábamos en la casa de nuestros padres, aunque Samuel tenía uno en Bucaramanga, donde solía trabajar antes de ir preso.
-Fueron por las niñas; Oriana e Ivette se quedarán dos semanas con nosotros, luego los Kozlov se las llevarán por otras dos semanas. Es por la luna de miel atrasada. ¿Quieres desayunar? Es domingo. Como sabrás, las empleadas tienen el día libre.
Entonces nos quedamos dos solos. Ernesto, no pienses en eso. Pero las largas, bellas y tonificadas piernas de mi tentación andante se veían apetecibles, su cabellera lisa rubia le caía hasta el inicio de su culo...
-¿No podías hacer el desayuno vestida de otra manera?
-No, estoy en mi casa en compañía de mi hermano. -Puso el plato con la tortilla de tocino y el pan tostado en la isla de la cocina-. No debe incomodarte.
Se giró, al inclinarse, para alcanzar el cereal; ese era su desayuno predilecto; se inclinó para mostrarme su trasero. Menos mal estoy sentado donde la isla cubría la parte baja del cuerpo, de lo contrario fuera muy evidente la erección que este demonio acababa de propinarme.
-Angélica...
La muy descarada me ignoró. Se sirvió el cereal, la leche, para salir contoneando ese hermoso trasero, el cual acaba de mostrarme como si nada. Esta niña iba a matarme.