/0/16267/coverbig.jpg?v=37e52e4c7c6dbec431aa9c4eae46a382)
Angélica
El anzuelo estaba lanzado. Vamos a ver cuánto aguanta en su decisión de no ser nada. Por mi parte no voy a descansar hasta lograr tener nuestra relación, quiero alejarle el miedo y que pueda gritar a los cuatro vientos su sentimiento. Porque sé que Ernesto me amaba. En la noche, cuando nos aparezcamos en esa pelea clandestina, debo mantenerme firme. Muy seguro que él se encuentre en compañía de otra, juro que, si hace eso, lo haré picadillo.
Terminé de comer el cereal, saqué la ropa, porque en la tarde quedamos en reunirnos con mis amigas para saber cuál escusa les damos a nuestros padres, debíamos de llegar a la pelea clandestina. Sea lo que sea, voy de zapatos bajitos. No sea y ocurra como en las películas, seríamos tan de malas si la policía llegara y nos toque salir corriendo. Me quité la bata, quedé en panti cuando la puerta se abrió...
-Ernesto...
-Angélica...
Estaba casi como Dios me mandó a este mundo, su mirada recorrió mi cuerpo por completo y, aunque había deseado desnudarme ante él, no era así como quería que sucedieran las cosas. Él sin camisa, solo con su pantalón de pijama, mostrando lo muy bien marcado que tenía sus abdominales.
Y yo con mis senos al aire libre y un diminuto interior. Menos mal me encontraba depilada. «¿Es lo único en lo que pienso?» No tenía idea del tiempo transcurrido, solo nos mirábamos, esos ojos verdes contra mi azul Mediterráneo. Nadie se movió. Pasado unos minutos hablé.
-Iba a bañarme.
-Hablamos después.
Y salió como el alma que llevaba el diablo en su espalda. Creo que su entrepierna estaba más levantada de lo normal. Me cubrí el rostro con las manos, para luego echarme a reír. ¿Quién dijo miedo? Esto no fue planeado, así que el universo conspiró para desearnos aún más. -ingresé al baño saltando de la emoción.
......***......
Alexey
Había pasado una hora en entrenamiento. Emmanuel hace unos minutos se retiró; tenía turno en la clínica. Los dos vivimos en el mismo edificio, cada uno en su apartamento; desde muy joven he sido muy independiente. Mis padres eran increíbles, pero yo era el extraño de la familia Kozlov Benedetti.
Este apartamento lo compramos entre los cinco con las suculentas ganancias de las apuestas por las carreras o mis peleas. Aquí solo teníamos el gimnasio y las oficinas de nuestro negocio ilícito. Nos gustaba mucho entrenar para mantenernos en forma. Yo podía ser el boxeador, pero todos ellos también sabían pelear muy bien y sabíamos de combate.
En mi caso práctico, el boxeo, también entrenábamos diferentes técnicas de defensa personal; en fin, el lugar era nuestro espacio personal. Ya tenía la dirección para enviársela a Mapa, pero las palabras de su hermano aún retumban en mi cabeza.
«Alexey, ese mundo es adictivo, ella desconoce ese tipo de adrenalina y María Paula ama las situaciones extremas. Una vez la lleves, mi hermana buscará el modo de seguir asistiendo. Ten presente eso, tú sabes cómo se ponen algunas situaciones, ¿quieres eso para ella?, yo te pasaré una, pero no dos».
No lo iba a negar, el nerd tenía razón, el problema era mi palabra en juego, ya le había dicho que la llevaría. Podría ser una escoria para algunas mujeres. Peor mi palabra era mi ley. -Fui en busca de una botella con agua, la saqué de la nevera-. Suspiré. Tomé el celular para escribirle en el chat.
«Hola, Mapa. Buenos días».
«Buenos días, campeón» -sonreí como un tonto.
«Te mandaré la dirección, pero con una condición».
«¿Cuál?»
«Primera y última».
«Solo quiero verte ganar».
«Debes estar a las once de la noche. Sé puntual».
«Ahí estaré».
Espero no arrepentirme. Volví al ring para continuar entrenando, en ese momento llegó Ernesto. Sin decir nada, fue por sus guantes y ropa de entrenamiento. Pocos minutos después estaba ante una de las bolsas de boxeo, dándole como si fuera su peor enemigo. No comenté una sola palabra, él estaba extraño desde hace tiempo.
Hemos especulado al respecto sobre un amorío, nos extraña porque nunca nos la ha presentado, por eso creemos que le gustan los hombres. Esa era la única explicación viable, él temía salir del closet ante nosotros por miedo a ser juzgado. Nada de eso va a pasar. Desde hace más de un año, Samuel nos dijo: si ese era el gusto de nuestro hermano, lo respetaríamos.
Su inclinación no era razón para alejarlo, por eso le hemos dado el tiempo a que tome la decisión de decirnos. Ernesto Orjuela Andrade era nuestro amigo y lo respetaremos. Y lo apoyaríamos ante las reacciones de la familia que eran muy conservadoras y hemos sido criados bajo la estructura de normas tradicionales. Las cuales a mí me gustan, pero eso debe de estarle preocupando.
-¿Está todo bien?
-Sí, no te preocupes. Esto se me pasará con el tiempo, y obligándome a no darle rienda al sentimiento.
¡Mierda! Mi amigo estaba enamorado. Tendré que hablar con Samuel, él parece no decir nada, y no queremos que viva lo que desee.
......***......
María Paula
Mientras terminaba de vestirme para acudir a la casa de Gabriela, como lo acordamos. Una vez Alexey envió la dirección en el chat. Se las pasé a mis amigas; al grupo de solteras, porque Maco estaba en el otro de primas. Ahora no queríamos inmiscuirla en nuestros asuntos.
Me hacía una cola de caballo cuando Euma ingresó sonriente con su preciosa cabellera rizada, tenía un vestido de los que le gustaba usar. Hizo señas con un toque en su mochila donde llevaba su ropa. No podíamos despertar sospechas. Desde nuestra conversación por el chat con Gabriela, ella nos dijo que estaría sola en su casa.
Por eso íbamos a aprovechar una realidad para inventarnos una pijamada, la situación perfecta para decirles a nuestros papás sin levantar sospechas. Y al saber que estábamos en una de las casas de la familia que desde hace mucho tenían seguridad, quedaban tranquilos nuestros papitos.
-Yo también tengo la ropa lista.
-Por poco, papá, no nos da permiso.
-Sabes cómo es, nos sigue viendo como a unas bebés. Y te apuesto: nos llamará al fijo de la casa para constatar si nos encontramos en la casa de los Maldonado. -Euma abrió los ojos.
-Buen punto, debemos decirle eso a Gaby para convencer a Eulises de redireccionar las llamadas.
-Ya quedé lista. -dije, metiendo mi perfume de vainilla en la mochila.
Bajamos al primer piso, mamá estaba en el jardín, mientras papá la miraba embelesado desde la mesa donde tomaba una merienda. Quiero a alguien así para mi vida, habían pasado más de veinticinco años y él la seguía mirando como si fuera su todo. Podían hablar sobre los escasos que estaban los hombres fieles, pero puedo jurar que papá, si lo era, meto las manos al fuego al respecto.
-¡Ya nos vamos!
Dije. Euma se refugió en los brazos de papá, yo esperé a mamá hasta que se quitaran los guantes de jardinería.
-José Eduardo las va a llevar. Con juicio, sabemos que son mayores de edad. Pero sean precavidas.
-Vamos a ver películas, a comer mucho helado. Hace mucho no hacíamos una pijamada y como Gaby se quedará sola con sus hermanos.
-Sí. Fernanda y Carlos salieron de viaje por unos días. Dios me las bendiga.
Como era su costumbre; una bendición y luego el beso en la frente. Sin duda el de arriba nos amaba mucho, porque llegamos a una familia increíble. Mis padres jamás han hecho una diferencia entre nosotros. Éramos sus hijas, mi hermana de un lado y yo del otro abrazamos a papá.
Él, con una sonrisa, nos dirigía al garaje. Subí en el puesto de copiloto, Euma con los maletines se sentó atrás. La casa de Gaby no quedaba muy lejos de la nuestra a unos quince minutos. Algunas de nuestras compañeras, ya sea de colegio o de universidad, solían decir que eran unos sobre protectores.
Sin embargo, para hijos adoptados, que ya tenemos un rechazo inicial, este tipo de demostraciones nos sanaban y fortalecían el amor propio y la autoestima nos la dejaban en niveles altos.
-Hijas. En un mes es el cumpleaños de su madre, nos iremos de viaje, por un par de semanas. No me dañen la sorpresa, ella no lo sabe. Además, Maju le está organizando una fiesta en Melgar en la finca de los padres de César. Ya saben, don Amín se encuentra bastante delicado de salud.
-Sí, papá.
-Estarán ese tiempo bajo la supervisión de Emmanuel, él se instalará en la casa de nuevo hasta nuestro regreso.
-¿De amarguín?
Nos reímos del comentario de Euma. Nuestro hermano mayor era un enigma. Lo único cierto en todo su mundo era ese amor que nos profesaba y lo mucho que nos cuidaba. Todo por esa maldita víbora.
-Ya hablé con él. No estará en discusión, él sigue mis parámetros de vigilancia con ustedes, no quiero gorreros a su lado. -Nos echamos a reír los tres-. ¿Les queda claro? Nada de traer hombres a la casa. Porque puedo ver las cámaras y me regreso para golpear a esas roba hijas. -¿Quién no ama a un padre así?