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La llamada terminó al instante así que apretando mi mandíbula me enfoque, tenía solo una oportunidad y no la iba a desperdiciar, guardando el teléfono levante mi vista hacía el frente desde donde podía contemplar cómo la tan soleada tarde se extendía por la imagen innegable de la ciudad a lo lejos.
No paso mucho tiempo cuando el transporte proporcionado por la organización apareció frente a mí junto con mi informante por lo que rápidamente se concretó todo junto con la sentencia inminente de muerte en contra de Viktor Arseny.
Arseny es un ex militar, un traficante de información que había estado vendiendo secretos sobre organizaciones clandestinas incluyendo sobre la Sombra Roja, la organización para la que trabajo.
Se decía que tenía contactos con varias mafias y que su red de espías podía poner en peligro a clientes y asesinos por igual. La orden era clara: eliminarlo antes de que pudiera hacer público cualquier dato comprometedor.
Ya para cuando la noche calló yo me encontraba plácidamente caminando por las calles empedradas de Budapest con una calma inquietante.
A lo lejos, la silueta de la antigua fortaleza de Buda recortaba el horizonte, era un contraste surrealista entre la majestuosidad de la ciudad y la frialdad de la misión que se me había encomendado.
Al llegar a la dirección que me habían proporcionado termine deteniéndome frente a un edificio antiguo lejos de miradas indiscretas, uno de esos edificios que parecían vacíos a simple vista pero que ocultaban secretos tras cada puerta.
La última vez que había tenido que ir tras un objetivo de este tipo había sido bastante complicado, pero esta vez era diferente y quizás por no decir más peor.
Viktor Arseny era solo una pieza en un tablero mucho mayor así que ahora mismo no podía permitirme que nada nublara ni mi visión ni mucho menos mi juicio.
Ocultándome tras un callejón oscuro donde nadie era capaz de verme cambié mi ropa y cubrí mi rostro con aquella máscara negra que siempre solía llevar para cubrir mi identidad por completo, con pasos firmes entre al edificio ignorando las cámaras de seguridad desactivándolas con destreza mientras mis ojos se ajustaban a la penumbra.
Había sido entrenada para esto, para moverme en la oscuridad, para borrar cualquier rastro de mi presencia donde quiera, como sea y como diera lugar.
Cuando llegue al piso de Viktor, la puerta estaba entreabierta como si me estuviera esperando con antelación pero algo en el aire me hizo detener, una sensación incómoda como si todo el lugar estuviera armado con más de lo que yo habría anticipado a alguna vez se percibía.
- Bienvenida, Umbra - una voz grave y confiada resonó detrás de mí una vez ingrese a la oficina valiéndose de la tenue oscuridad.
Con rapidez me giré colocando mi cuerpo en posición defensiva y con rapidez agarre de la empuñadura la daga que mantenía oculta con el cinto de seguridad atada a mi muslo.
Allí desde detrás apareció Viktor vestido con un traje negro elegante, su rostro estaba cubierto por un atisbo de verdad que no entendía disfraza de veneno en las palabras que proseguían, pero la arrogancia en su postura era palpable.
En sus manos, un teléfono móvil, como si estuviera esperando precisamente a alguien se encontraba.
- No pensé que llegarías tan pronto - dijo sonriendo como si nada en el mundo fuera capaz de sorprenderle.
De nuevo fruncí el ceño, pero no baje la guardia, esto sin dudas era extraño este tipo sabía que estaba en peligro pero parecía tener algo más bajo la manga.
La duda surgió, pero no era tiempo de cuestionar nada.
- He venido por tu cabeza - respondí con frialdad declarando mi cometido.
Viktor soltó una pequeña carcajada, casi burlona sabía bien que hacía allí - lo sé, Umbra, se lo suficiente sobre tu pasado, tu presente y lo que haces hoy aquí - en su rostro apareció una sonrisa retorcida mientras daba un paso ingresando esta vez él a la oficina - ¿Crees que esto es solo una misión para ti? - río con satisfacción - eres mucho más importante de lo que te han hecho creer.
Apretar los dientes fue inevitable odiaba con creces que jugaran con mi mente y hasta Randall a quien medianamente se lo permitía término pagando caro por ello a algunas cuantas veces por lo que a sabiendas de que mi entrenamiento me había enseñado a no ceder ante provocaciones, mantuve la calma con filo de acero.
- No es hora de hablar - dije avanzando inminentemente apuntando la daga hacía él con una presión mortal
Antes de que pudiera acercarme más Viktor levantó la mano como si esperara a que me detuviera.
- Es una lástima - dijo mientras su tono cambiaba volviéndose más serio -la verdad es que el hombre que te envió no te ha contado toda la historia, pero no importa, estás demasiado cerca de la verdad Umbra, demasiado cerca de lo que no puedes entender aún.
No podía arriesgarme no quería escucharlo más y en un movimiento rápido y letal deslicé mi daga hacia él, Viktor intentó esquivarla, pero yo fui más rápida, la hoja cortó la tela de su camisa y rozó su piel al instante.
La sangre comenzó a brotar, pero la herida no fue fatal, Viktor sin embargo, no dejó de sonreír.
- ¿Sabías que esto no tiene sentido, Umbra? - dijo tocándose el pecho justo en donde la herida comenzaba a ensuciar la blanca camisa que adornaba por debajo su traje - él ya sabe de ti, él ya te está buscando y lo que es peor, sabe lo que eres, una asesina.
Esas palabras lograron detenerme un momento pues me hicieron dudar, aunque nunca perdí el norte en cuanto a lo que debía de realizar.
Antes de que pudiera procesarlo, Viktor lanzó una carcajada final y giró, intentando escapar por a aquel pasillo, pero dejarlo escapar no era una opción.
Con pose animal me agache atrapando rápidamente su tobillo en el aire haciéndolo caer fuertemente contra él suelo.
Con agilidad me posicione sobre él tras darle la vuelta, mirando fijamente a sus ojos mientras le clavaba la daga directamente en el corazón.
El aire ahora se volvió espeso y la única sensación que ahora podía sentir era la presión creciente de la misión que había cumplido.
La venganza había sido ejecutada, pero la revelación de las palabras de Viktor ahora habían despertado en mí una espinita que contenía dudas en su interior.
La sangre de Viktor Arseny se derramó sobre el suelo mientras sus ojos perdían el brillo de la vida, a medida que se desvanecía yo lo observaba con cautela y luego aparte la daga no sin antes sentir un escalofrío recorrer mi espina dorsal.
- No ha terminado - musite para mí misma antes de darle un último vistazo a aquel cadáver de Viktor quién había fallecido al instante y ahora con la misión cumplida tras prender fuego al edificio antes de marcharme desaparecí en aquel lugar todas las huellas que conducían a aquel hombre.