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La sangre es difícil de limpiar por lo que no importa cuánto restriegues, siempre queda algo de ella, de su esencia ya sea en las grietas de la piel, bajo las uñas o en el batir mismo del viento, siempre allí esta presente.
A veces creo que me he deshecho de ella, que he borrado cada rastro suyo, pero al ducharme y cerrar los ojos la siento otra vez allí, caliente, espesa, pegajosa y con aquel aroma tan metálico y familiar.
Yo siempre eh sido un espectro en la sombra, una figura sin pasado y con un futuro incierto, desde que tenía memoria mi vida había sido una rutina meticulosamente calculada de entrenamientos, misiones y supervivencia y por ende caos y destrucción.
Hola, me presentó, me llaman Umbra y tengo veinticinco años, la verdad no sé ahora mismo qué tanto de mí es real y qué tanto es lo que me hicieron ser, pero aquí estoy luchando por vivir.
Recuerdos no tengo ni siquiera de mi propia infancia solo entre mis pensamientos pululan fragmentos dispersos de algo que parecería no ser del todo mío como un espejo roto cuyos pedazos nunca terminan de encajar.
Mi primer recuerdo claro es de cuando tenía ocho años, estaba sola y escondida entre las ruinas de un edificio en llamas con la garganta seca y las manos temblorosas sumida en pánico y luego él apareció, su alias es Cuervo así le llaman, pero yo, yo lo llamo por su nombre en lo secreto, Randall Krein.
Randall tiene un aspecto imponente y robusto, pero con una elegancia que, aunque discreta denota su experiencia y poder.
En sus plenos cuarenta su físico refleja a toda potencia los años de entrenamiento físico y combate que ha llevado a cabo con músculos definidos que no son excesivos sino más bien funcionales.
Tiene una estatura media cerca de un metro con ochenta y cinco, lo que le permite proyectar una presencia firme sin resultar demasiado intimidante, aunque lo es bastante.
Su cabello oscuro con algunas canas en las sienes, que le dan un aire maduro y sabio está siempre bien peinado.
Su mirada fría es uno de sus rasgos más distintivos suyos y tiene unos ojos grises bastante penetrantes, tanto, como si pudieran ver a través de las almas de las personas, siempre evaluando y calculando cada acción.
Su rostro está marcado por cicatrices leves, vestigios de su vida pasada, como si cada línea o marca hubiera sido una lección que aprendió a lo largo de los años.
Su barba está ligeramente crecida, no es una barba completa sino más bien un vello facial bien cuidado que resalta la dureza de su rostro, tiene una mandíbula cuadrada y definida lo que hace que su expresión se vea naturalmente severa.
En cuanto a su vestimenta, Randall prefiere ropa de colores oscuros, generalmente de cuero o tejidos pesados que le permitan moverse con agilidad si es necesario.
Su estilo es práctico, pero con un toque de distinción, tal vez una chaqueta de cuero que parece más propia de un líder experimentado que de un soldado común.
A menudo se le ve con un cinturón de armas discretamente visible, con una daga que siempre lleva consigo, así como una pequeña bolsa con pociones curativas o venenos, herramientas que le han servido en sus misiones secretas.
Aunque su figura es dura y no suele mostrar emociones Randall es un hombre calculador y profundamente leal, algo que solo algunos como yo han llegado a comprender a alguna vez.
La verdad ni siquiera sé cómo llamarlo si mentor, salvador o verdugo, aunque perfectamente encaja en las tres características al mismo tiempo.
Él, me crio como a un soldado, me enseñó a matar antes de que aprendiera a escribir bien siquiera mi propio nombre, no me hizo preguntas sobre mi pasado ni de lo que había ocurrido en aquellas ruinas y yo tampoco me atreví a comentarlo y solo me dijo que sobrevivir era lo único que me debía de importar que si quería hacerlo debía convertirme en una sombra, invisible y letal que debía de convertirme en Umbra en lo que ahora soy por lo que ahora no confió en nadie más que en él y en mi propio instinto.
A veces ante la vida tengo destellos de algo más, no puedo llamarlos recuerdos porque son demasiado fugaces y demasiado confusas para mi sino más bien puedo llamarlas sensaciones.
Mi piel las reconoce como el roce de una mano cálida en mi mejilla, el sonido de una risa infantil o unos ojos dorados brillando en la penumbra, pero cada vez que intento aferrarme a esas imágenes se desvanecen como humo.
Randall dice que no importa, que el pasado solo pesa si le dejas hacerlo y si tiene significado de por medio, pero él, él no entiende lo que se siente tener un abismo donde debería haber una historia.
Mi vida es un ciclo interminable de misiones, espiar, infiltrarme y asesinar y así ha sido desde entonces.
La organización que me acogió llamada Sombra Roja cree que le pertenezco, pero la verdad es que trabajo por mi cuenta.
Me llaman Umbra desde que aparecí porque me muevo entre las sombras, porque aparezco y desaparezco sin dejar rastro.
Mi reputación es suficiente para que los más valientes duden antes de desafiarme y aun así, hay quienes lo intentan.
Los humanos comunes ignoran la verdad de este mundo, creen en el orden, en la ley, en la paz frágil que los rodea, pero no saben acerca de las criaturas que acechan en la oscuridad, de los clanes que gobiernan desde las sombras, pero yo sí lo sé.
Randall me lo mostró todo, me enseñó a distinguirlos, a evitar que me cazaran porque aunque ellos se creen los depredadores a veces el verdadero peligro no está en el tamaño de los colmillos sino en la precisión de una hoja bien afilada.
A los hombres lobos les gusta pensar que son invencibles, pero, yo eh demostrado en más de una ocasión que no lo son que son débiles y que al igual que todos pueden morir.
Todo estaba perfecto en mi mundo hasta que antes de que siquiera pudiera llegar a completar la misión a la que iba el aviso de una nueva llego trayendo consigo algo de tensión marcando un punto clave eh incierto.
Un nombre que se repite entre susurros es el siguiente, un objetivo que parece más una trampa que un encargo, no me gusta cuando las cosas son demasiado fáciles y mucho menos cuando algo en mi interior me grita que corra en la dirección opuesta, pero yo, yo no corro, no hasta saber la verdad.
Yo no sabía que aquel encuentro casual era el inicio de un destino ya trazado del cual no tenía control y que el hombre al que acababa de ver no era tan solo un desconocido, sino la pieza clave de toda esta historia, mi historia la cual pondrá todo mi mundo patas arriba.