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La Traición de Mis amados
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Capítulo 1

Hoy era el día de mi boda, el día que se suponía que sería el más feliz de mi vida, pero se convirtió en el comienzo de mi infierno. El vestido blanco, ese con el que soñé desde niña, se sentía pesado sobre mis hombros, como una armadura inútil. El velo cubría mi rostro, pero no podía ocultar la ansiedad que crecía en mi pecho con cada minuto que pasaba. Ricardo no llegaba.

Los invitados murmuraban, sus voces eran un zumbido bajo y molesto. Miré mi teléfono una y otra vez, la pantalla estaba en blanco, sin llamadas, sin mensajes. Mi corazón latía con una fuerza dolorosa. Finalmente, no pude más y marqué su número, necesitaba una explicación, una excusa, cualquier cosa.

La llamada entró.

-¿Sofía?

La voz de Ricardo sonaba distante y fría, sin rastro del hombre que me había pedido matrimonio.

-Ricardo, ¿dónde estás? Todos te están esperando. La ceremonia va a empezar.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, un silencio que me heló la sangre.

-No voy a ir, Sofía.

Sus palabras fueron como un golpe directo en el estómago, me quitaron el aire. No podía ser verdad.

-¿Qué? ¿De qué hablas? Es una broma, ¿verdad? No es graciosa.

-No es una broma. Se acabó.

-¿Se acabó? ¿De qué hablas, Ricardo? ¡Es nuestra boda!

Escuché una risa del otro lado, una risa cruel y burlona.

-¿Nuestra boda? No seas ingenua. Nunca iba a haber una boda contigo.

Sentí que el mundo se derrumbaba a mis pies. Me apoyé en la pared para no caer.

-No... no te entiendo. ¿Por qué?

-Porque estoy con alguien a quien realmente amo. Alguien que no es una diseñadora fracasada como tú.

Y entonces, escuché otra voz, una voz femenina que conocía demasiado bien, una voz que me atravesó el alma.

-Ricardo, mi amor, ¿quién es? Cuelga ya, tenemos cosas más importantes que hacer.

Era Valeria. Mi hermana.

El teléfono se me resbaló de las manos y cayó al suelo con un ruido sordo. Mi cabeza empezó a dar vueltas, todo se volvió borroso y oscuro. Lo último que sentí fue un dolor agudo en la nuca al chocar contra el suelo de mármol. El mundo se apagó.

Cuando desperté, el dolor en mi cabeza era insoportable. Una de mis damas de honor, Laura, estaba a mi lado, con los ojos llenos de lágrimas y preocupación.

-Sofía, por fin despiertas. Me tenías muy asustada. Llamé a una ambulancia.

-No... no, estoy bien -mentí, tratando de incorporarme. El dolor me hizo gemir-. ¿Qué pasó con... Ricardo?

Laura desvió la mirada, visiblemente incómoda. Me pasó su teléfono.

-Creo que necesitas ver esto.

En la pantalla, había una publicación de Ricardo en Instagram. Una foto de él y Valeria, besándose apasionadamente. Estaban en un aeropuerto, con maletas a su lado. El pie de foto era una puñalada directa a mi corazón: "Empezando la verdadera aventura con el amor de mi vida, mi Valeria. Primera parada: París. Te compré el taller de tus sueños, mi reina".

Debajo, una foto de un local comercial en la zona más exclusiva de la ciudad, con un letrero que decía "Vendido". Era el local que yo había estado mirando durante meses, el lugar donde soñaba abrir mi propio taller, un sueño que le había contado a Ricardo mil veces.

Sentí una oleada de náuseas. El dolor, la traición, la humillación... era demasiado. Corrí al baño y vomité hasta que no me quedaron fuerzas. Me miré en el espejo, el maquillaje corrido, el vestido blanco manchado, una herida sangrando en mi nuca. La mujer que me devolvía la mirada era una extraña, una tonta destrozada.

Una verdad amarga y fría se instaló en mi pecho. Ricardo nunca me amó. Fui solo un escalón, un medio para un fin. Y mi propia hermana, mi sangre, había sido su cómplice.

Con las manos temblando, recogí mi teléfono del suelo y volví a marcar su número. Quería escucharlo de su boca, necesitaba que me lo dijera a la cara, aunque fuera por teléfono.

Contestó al instante, como si estuviera esperando mi llamada.

-¿Todavía no te ha quedado claro?

-Quiero el divorcio -dije, aunque nunca nos casamos. Era lo único que se me ocurrió, una forma de decir que todo había terminado.

Ricardo soltó una carcajada.

-¿Divorcio? ¿De qué? Nunca fuimos nada, Sofía. Solo fuiste útil por un tiempo. Pero ya no te necesito. Valeria es mucho más... emocionante. Y talentosa.

-Eres un monstruo.

-Y tú eres una ilusa. Deberías agradecerme, te libré de una vida aburrida. Ahora, si me disculpas, mi prometida y yo tenemos un vuelo que tomar. No nos molestes más.

Colgó. Me quedé allí, de pie, en medio del caos de lo que debería haber sido mi boda, sintiendo un vacío tan profundo que amenazaba con consumirme por completo.

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