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La Traición de Mis amados
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Capítulo 2

Ricardo me había dicho una vez, en una noche estrellada mientras planeábamos nuestro futuro, que mis diseños cambiarían el mundo de la moda y que él estaría a mi lado para verlo.

-Tu talento es único, Sofía. Juntos, construiremos un imperio.

Ahora, sus palabras resonaban en mi cabeza con una ironía cruel.

-¿Talento? Tu talento no paga las cuentas, Sofía. El mundo no funciona con sueños, funciona con dinero y poder. Algo que Valeria sí entiende.

Esa fue su respuesta cuando, semanas antes de la boda, le pregunté por qué de repente se interesaba tanto en los "negocios" de Valeria, una chica que nunca había mostrado el más mínimo interés por la moda.

La herida en mi cabeza me llevó al hospital. Mientras esperaba, sola en un pasillo frío e impersonal, el médico me dio otra noticia que terminó de romperme. El estrés, la caída... había perdido al bebé. Un bebé del que ni siquiera sabía, un pequeño secreto de dos meses que mi cuerpo guardaba.

La noticia no me provocó lágrimas, solo un entumecimiento profundo, una desconexión total. Era como si mi capacidad de sentir se hubiera agotado. Otra pérdida, otra pieza de mi vida arrancada por la traición de Ricardo y Valeria.

Mientras estaba sentada allí, escuché a dos enfermeras cuchichear cerca.

-¿Viste la nueva pareja de moda? El empresario Ricardo Montalvo y la diseñadora Valeria Ríos. Se ven tan enamorados en las fotos. ¡Dicen que él le regaló un taller carísimo en Polanco!

-Ay, sí, qué romántico. Un amor de cuento de hadas.

Sentí una punzada de amarga ironía. Mi tragedia personal era su chisme romántico. El mundo seguía girando, indiferente a mi dolor, celebrando la felicidad que se había construido sobre mis ruinas.

Los recuerdos me asaltaron. Recordé cómo era Ricardo antes de que Valeria volviera de estudiar en el extranjero. Era atento, cariñoso. Celebraba cada uno de mis bocetos, me animaba a presentar mis diseños a concursos, me escuchaba durante horas hablar de telas y patrones.

Pero todo cambió cuando Valeria regresó. Al principio, fue sutil. Ella siempre estaba allí, "casualmente". Aparecía en nuestras citas, se quedaba a dormir en nuestro departamento con cualquier excusa, siempre con una sonrisa inocente y una actitud de hermana pequeña desvalida.

-Ay, Sofi, es que me da miedo estar sola en mi depa. ¿No les molesta que me quede, verdad?

Comenzó a sabotearme de formas casi imperceptibles. Un vestido importante para una presentación apareció "misteriosamente" manchado de vino. Bocetos cruciales para un concurso desaparecieron de mi carpeta justo antes de la fecha límite. Mi máquina de coser se descompuso "por accidente" un día antes de una entrega.

Cada vez, Valeria ponía su cara de ángel.

-¡Ay, hermana, qué torpe soy! No sé cómo pasó. Perdóname, por favor.

Y Ricardo siempre la defendía.

-Sofía, no seas tan dura con ella. Solo es un poco despistada. Es tu hermana, por Dios.

Cuando intenté hablar con él, decirle que sentía que Valeria lo hacía a propósito, que su presencia me incomodaba, él se enfureció.

-¿Estás celosa de tu propia hermana? ¿Qué clase de persona eres? Valeria te adora, solo busca tu apoyo. Tienes una mente muy sucia, Sofía. Deberías sentirte avergonzada.

Me hizo sentir como la mala, la paranoica, la hermana envidiosa. Me manipuló para que dudara de mi propio juicio, para que aceptara la presencia constante y tóxica de Valeria en nuestras vidas. Me aisló, poco a poco, hasta que mi única realidad era la que él y ella habían construido para mí.

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