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La niñera del CEO.
img img La niñera del CEO. img Capítulo 3 El Frío Silencio de Ángel
3 Capítulo
Capítulo 6 Miurel explora la mansión img
Capítulo 7 Una Cena Tensa img
Capítulo 8 Puentes Invisibles img
Capítulo 9 Palabras No Ditas img
Capítulo 10 Un Padre Desconocido img
Capítulo 11 El Peso del Éxito img
Capítulo 12 Secretos familiares. img
Capítulo 13 Ángel evita hablar de su esposa fallecida. img
Capítulo 14 Miurel se enfrenta a la presión de su trabajo. img
Capítulo 15 Encontrando Luz en la Rutina img
Capítulo 16 La Sombra de la Ternura img
Capítulo 17 Los Miedos de un Padre img
Capítulo 18 Un Respiro de Reflexión img
Capítulo 19 Un Paso Hacia la Integración img
Capítulo 20 La Chispa del Deseo img
Capítulo 21 Confesiones y Dudas img
Capítulo 22 Recuerdos de su esposa. img
Capítulo 23 Más Allá del Rol img
Capítulo 24 Las Primeras Palabras de Alex img
Capítulo 25 La Vulnerabilidad de Ángel img
Capítulo 26 La Herida del Pasado img
Capítulo 27 El Dilema de Miurel img
Capítulo 28 La Muralla Vuelta a Levantarse img
Capítulo 29 La Protección que Viene del Dolor img
Capítulo 30 La Confesión que Nadie Esperaba img
Capítulo 31 La Distancia Después de la Confesión img
Capítulo 32 La Tensión Silenciosa img
Capítulo 33 La Prueba Silenciosa img
Capítulo 34 Un Instinto Protector img
Capítulo 35 La Pérdida que No Se Olvida img
Capítulo 36 La Frontera entre lo Personal y lo Profesional img
Capítulo 37 Decisiones y Consecuencias img
Capítulo 38 Un Día de Descanso en Familia img
Capítulo 39 Miurel ve en Ángel un hombre roto img
Capítulo 40 La atracción es mutua. img
Capítulo 41 Ángel teme abrirse. img
Capítulo 42 El primer beso. Tensión y emoción se desbordan. img
Capítulo 43 Miurel se enfrenta a la inseguridad img
Capítulo 44 Ángel lucha con su propio miedo a la felicidad img
Capítulo 45 Miurel empieza a enamorarse img
Capítulo 46 Un viaje inesperado de negocios img
Capítulo 47 Ángel regresa con una sorpresa para Alex img
Capítulo 48 Conflictos de poder img
Capítulo 49 Miurel se convierte en una figura materna para Alex img
Capítulo 50 La conexión entre Miurel y Ángel crece más img
Capítulo 51 Ángel revela que no cree en el amor tras la muerte de su esposa img
Capítulo 52 Miurel sufre por una decisión profesional. img
Capítulo 53 Ángel y Miurel enfrentan la presión de la sociedad. img
Capítulo 54 Miurel pone distancia emocional. img
Capítulo 55 Un momento de vulnerabilidad compartido. img
Capítulo 56 Miurel se siente atrapada entre el amor y el deber. img
Capítulo 57 Un recuerdo del pasado de Ángel resurge. img
Capítulo 58 Miurel decide tomar una decisión sobre su futuro. img
Capítulo 59 Ángel se enfrenta a su soledad. img
Capítulo 60 Un giro inesperado. img
Capítulo 61 Ángel reflexiona sobre su relación con Miurel. img
Capítulo 62 Miurel enfrenta su propio miedo al abandono img
Capítulo 63 La llamada de un viejo amor img
Capítulo 64 Ángel tiene que elegir entre su trabajo y su familia img
Capítulo 65 Miurel decide enfrentar sus emociones img
Capítulo 66 La verdad detrás de la muerte de la esposa de Ángel img
Capítulo 67 Miurel sufre por la distancia emocional de Ángel img
Capítulo 68 Un cambio en la vida de Miurel img
Capítulo 69 Ángel comienza a darse cuenta de lo que ha perdido img
Capítulo 70 Miurel toma la decisión de dejar la mansión img
Capítulo 71 El primer conflicto real img
Capítulo 72 La salud de Alex se ve comprometida img
Capítulo 73 Ángel enfrenta la culpa img
Capítulo 74 Miurel regresa a la mansión img
Capítulo 75 Miurel y Ángel comparten una noche de sinceridad img
Capítulo 76 Miurel comienza a sanar las heridas de Ángel img
Capítulo 77 Ángel se da cuenta de lo que realmente necesita img
Capítulo 78 La primera gran crisis emocional img
Capítulo 79 Miurel y Ángel se reconcilian img
Capítulo 80 Ángel empieza a mostrarse más abierto con Miurel img
Capítulo 81 Miurel descubre que está embarazada img
Capítulo 82 Ángel se enfrenta a la idea de ser padre nuevamente img
Capítulo 83 Miurel revela su embarazo a Ángel img
Capítulo 84 Miurel y Ángel tienen una conversación sincera img
Capítulo 85 Ángel lucha contra su miedo a perder a Miurel y a su hijo img
Capítulo 86 Miurel intenta aclarar sus sentimientos img
Capítulo 87 Miurel visita a una amiga para pedir consejo img
Capítulo 88 Ángel organiza una noche especial para Miurel img
Capítulo 89 Miurel se da cuenta de lo mucho que ha cambiado img
Capítulo 90 Miurel y Ángel tienen una discusión sobre el futuro. img
Capítulo 91 Ángel enfrenta la traición de un socio cercano img
Capítulo 92 Miurel decide quedarse a vivir con Ángel img
Capítulo 93 La Revelación del Corazón img
Capítulo 94 El Peso de la Incertidumbre img
Capítulo 95 Ángel empieza a planear un futuro con Miurel y el bebé img
Capítulo 96 Miurel tiene una conversación profunda con su madre img
Capítulo 97 El Silencio Entre Ellos img
Capítulo 98 El Colapso img
Capítulo 99 El Refugio del Alma img
Capítulo 100 Ángel empieza a abrirse un poco más img
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Capítulo 3 El Frío Silencio de Ángel

Miurel ya había comenzado a acostumbrarse a la rutina diaria en la mansión, pero algo seguía en el aire, algo intangible, que la mantenía alerta. La frialdad de la casa, la precisión de cada movimiento, el silencio que impregnaba cada rincón, eran detalles que ya no la sorprendían. Sin embargo, había una presencia que aún no lograba descifrar: la de Ángel Davis, el padre de Alex.

Ángel era un enigma. Miurel había oído hablar de él antes de aceptar el trabajo, y aunque las historias coincidían en un punto -su éxito, su viudez y su incapacidad para dejarse conocer-, nada la había preparado para el hombre que se presentaba ante ella cada vez que sus caminos se cruzaban.

Lo primero que notó fue la distancia con la que él se movía en su propia casa. Era como si estuviera siempre rodeado de un espacio invisible, como si cada gesto, cada palabra, estuviera cuidadosamente controlado. Nunca parecía estar completamente presente, como si su mente estuviera en otro lugar, siempre más allá de los límites de la mansión. Solo sus ojos, de un marrón oscuro e intenso, dejaban entrever algo más profundo, algo que Miurel comenzaba a sospechar: el dolor.

Las primeras interacciones fueron breves. Ángel llegaba a la mansión tarde, casi siempre después de que Miurel había dado a Alex su cena y lo había acostado. La única vez que coincidieron durante el día fue cuando Miurel, al terminar sus tareas, lo veía cruzar el salón, con pasos firmes y rápidos, siempre con la mirada fija en algún punto lejano, como si su mente estuviera atrapada en algo que solo él entendía.

-¿Cómo está Alex? -le preguntó un día, al encontrarla ordenando el salón después del almuerzo.

Miurel se giró hacia él, sorprendida por la simple pregunta. Ángel no solía dirigirle la palabra sin una razón clara, y mucho menos sin que fuera estrictamente necesario. Estaba acostumbrada a sus breves interacciones, pero esta vez parecía diferente. Sus ojos, normalmente tan fríos, parecían buscar algo en ella, como si hubiera una frágil conexión entre ellos, aunque la distancia entre ambos continuaba siendo abrumadora.

-Bien, señor Davis. Está tomando su siesta ahora -respondió Miurel, sin saber si debía ser más formal o si podía ser más cercana. En los días anteriores había aprendido que él no apreciaba la familiaridad.

Ángel asintió sin decir nada más, y al momento siguiente, se desvió por el pasillo, tomando su teléfono móvil de la mesa de la entrada. Miurel observó cómo se alejaba, su figura alta y recta, como siempre, envuelta en una nube de indiferencia. No había sido una conversación significativa, y Miurel se dio cuenta de que era una de las características de Ángel: su incapacidad para estar presente de verdad.

Las semanas pasaron y las interacciones seguían siendo mínimas. Ángel llegaba tarde y se iba temprano, a menudo no dejando espacio para más que un intercambio breve sobre Alex o sobre las rutinas que ella debía seguir. Sin embargo, Miurel comenzó a notar algo en su comportamiento. Aunque él se mantenía distante, había momentos, fugaces, en los que su mirada se posaba sobre ella por más tiempo del que sería apropiado. Y aunque él nunca lo reconoció, Miurel podía sentir que algo en él se movía cada vez que miraba a su hijo. Algo que no podía dejar de tocarle el corazón.

Una tarde, cuando Miurel terminó de bañar a Alex y lo acomodó en su cuna, decidió que era el momento de hablar con Ángel sobre un par de detalles que aún no había aclarado. Necesitaba saber más sobre las preferencias de Alex, sobre sus horarios, y aunque había aprendido a manejarlos en los días anteriores, pensó que era el momento adecuado para acercarse a él, al menos por cortesía.

Esa tarde, Ángel estaba en su oficina, como siempre. Miurel había pasado por su escritorio antes de ir a acostar a Alex, pero la puerta estaba cerrada. Se dijo a sí misma que tal vez mañana sería el día en que finalmente hablarían más.

Sin embargo, cuando pasó cerca de la oficina de Ángel al final de la tarde, vio que la puerta estaba entreabierta. Decidió aprovechar el momento, tocó suavemente y, al no recibir respuesta, empujó la puerta con precaución.

Ángel estaba sentado en su escritorio, rodeado de papeles y pantallas de ordenador, la luz tenue de la lámpara iluminando su rostro serio. Estaba concentrado, como siempre, y no pareció notar la presencia de Miurel hasta que ella habló.

-Perdón, señor Davis. Solo quería preguntarle... -comenzó, dudando, mientras avanzaba hacia él-. Algunas cosas sobre Alex. Sus horarios... y algunas preferencias.

Ángel levantó la vista de su trabajo, y Miurel sintió un pequeño estremecimiento al encontrarse con sus ojos. Algo en su mirada parecía estar evaluándola, como si analizara cada palabra que saliera de su boca.

-¿Prefieres que lo haga a esta hora? -continuó Miurel, sin saber si debía ser tan directa o si su pregunta sonaba demasiado trivial. Sin embargo, no pudo evitar sentir que, de alguna manera, era más que una simple consulta. Era su intento de acercarse, de crear algún tipo de vínculo, aunque él no lo mostrara.

Ángel suspiró levemente, como si el simple hecho de hablar con ella le costara más esfuerzo del que estaba dispuesto a dar. Se recostó en su silla, cruzando los brazos sobre su pecho, como si se protegiera de algo.

-No te preocupes por los horarios, Miurel -dijo en un tono que, aunque firme, no estaba exento de cierta suavidad-. Haz lo que creas mejor para él. Yo confío en tu criterio.

Miurel se quedó parada allí, sorprendida por la respuesta. Ángel no era de dar elogios fácilmente, y esa pequeña muestra de confianza la hizo sentir algo que no había anticipado: un leve destello de esperanza. Si bien sus palabras eran secas y su tono distante, había algo en su postura que indicaba que no todo estaba perdido, que quizás él, a su manera, comenzaba a confiar en ella.

-Gracias -respondió ella, finalmente recuperando su compostura. -Solo quería asegurarme de que todo estuviera bien.

Ángel asintió sin decir nada más, su atención ya volviendo a los papeles en su escritorio. Miurel se sintió vacía por un momento. Era como si el encuentro hubiera sido tan breve, tan carente de significado para él, que no había logrado el objetivo de acercarse. Pero al menos, por unos segundos, había tenido la oportunidad de mirar de cerca a Ángel Davis, de percibir algo más allá de su fría fachada.

Cuando se dio la vuelta para salir, Ángel la detuvo con una sola palabra:

-Miurel.

Ella se giró rápidamente, sin esperar que él la llamara.

-¿Sí?

Ángel levantó la mirada, esta vez más fija en ella, pero sin la intensidad de antes. Era como si algo de él estuviera siendo revelado, aunque solo fuera una pequeña fisura en su imperturbable exterior.

-Hazlo a tu manera. Alex está en buenas manos.

Miurel sintió una mezcla de alivio y desconcierto. Las palabras eran sencillas, pero el peso que tenían era considerable. Sin embargo, antes de que pudiera responder, Ángel ya había vuelto a sumergirse en su trabajo, lo que significaba que la conversación había terminado.

Miurel salió de la oficina en silencio, con la mente llena de preguntas. Cada interacción con Ángel era un rompecabezas que, a pesar de su aparente indiferencia, parecía estar dejando pistas. Pistas que ella aún no lograba descifrar, pero que sin duda seguiría buscando.

El hombre que tenía enfrente era como un océano profundo y turbulento: distante, insondable, y, sin embargo, con una complejidad que solo los valientes se atreverían a explorar. Pero Miurel sabía que algo estaba cambiando, aunque no pudiera decir con certeza qué. Algo se movía bajo la superficie, y ella, por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesta a descubrirlo.

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