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La niñera del CEO.
img img La niñera del CEO. img Capítulo 5 Un Consuelo Inesperado
5 Capítulo
Capítulo 6 Miurel explora la mansión img
Capítulo 7 Una Cena Tensa img
Capítulo 8 Puentes Invisibles img
Capítulo 9 Palabras No Ditas img
Capítulo 10 Un Padre Desconocido img
Capítulo 11 El Peso del Éxito img
Capítulo 12 Secretos familiares. img
Capítulo 13 Ángel evita hablar de su esposa fallecida. img
Capítulo 14 Miurel se enfrenta a la presión de su trabajo. img
Capítulo 15 Encontrando Luz en la Rutina img
Capítulo 16 La Sombra de la Ternura img
Capítulo 17 Los Miedos de un Padre img
Capítulo 18 Un Respiro de Reflexión img
Capítulo 19 Un Paso Hacia la Integración img
Capítulo 20 La Chispa del Deseo img
Capítulo 21 Confesiones y Dudas img
Capítulo 22 Recuerdos de su esposa. img
Capítulo 23 Más Allá del Rol img
Capítulo 24 Las Primeras Palabras de Alex img
Capítulo 25 La Vulnerabilidad de Ángel img
Capítulo 26 La Herida del Pasado img
Capítulo 27 El Dilema de Miurel img
Capítulo 28 La Muralla Vuelta a Levantarse img
Capítulo 29 La Protección que Viene del Dolor img
Capítulo 30 La Confesión que Nadie Esperaba img
Capítulo 31 La Distancia Después de la Confesión img
Capítulo 32 La Tensión Silenciosa img
Capítulo 33 La Prueba Silenciosa img
Capítulo 34 Un Instinto Protector img
Capítulo 35 La Pérdida que No Se Olvida img
Capítulo 36 La Frontera entre lo Personal y lo Profesional img
Capítulo 37 Decisiones y Consecuencias img
Capítulo 38 Un Día de Descanso en Familia img
Capítulo 39 Miurel ve en Ángel un hombre roto img
Capítulo 40 La atracción es mutua. img
Capítulo 41 Ángel teme abrirse. img
Capítulo 42 El primer beso. Tensión y emoción se desbordan. img
Capítulo 43 Miurel se enfrenta a la inseguridad img
Capítulo 44 Ángel lucha con su propio miedo a la felicidad img
Capítulo 45 Miurel empieza a enamorarse img
Capítulo 46 Un viaje inesperado de negocios img
Capítulo 47 Ángel regresa con una sorpresa para Alex img
Capítulo 48 Conflictos de poder img
Capítulo 49 Miurel se convierte en una figura materna para Alex img
Capítulo 50 La conexión entre Miurel y Ángel crece más img
Capítulo 51 Ángel revela que no cree en el amor tras la muerte de su esposa img
Capítulo 52 Miurel sufre por una decisión profesional. img
Capítulo 53 Ángel y Miurel enfrentan la presión de la sociedad. img
Capítulo 54 Miurel pone distancia emocional. img
Capítulo 55 Un momento de vulnerabilidad compartido. img
Capítulo 56 Miurel se siente atrapada entre el amor y el deber. img
Capítulo 57 Un recuerdo del pasado de Ángel resurge. img
Capítulo 58 Miurel decide tomar una decisión sobre su futuro. img
Capítulo 59 Ángel se enfrenta a su soledad. img
Capítulo 60 Un giro inesperado. img
Capítulo 61 Ángel reflexiona sobre su relación con Miurel. img
Capítulo 62 Miurel enfrenta su propio miedo al abandono img
Capítulo 63 La llamada de un viejo amor img
Capítulo 64 Ángel tiene que elegir entre su trabajo y su familia img
Capítulo 65 Miurel decide enfrentar sus emociones img
Capítulo 66 La verdad detrás de la muerte de la esposa de Ángel img
Capítulo 67 Miurel sufre por la distancia emocional de Ángel img
Capítulo 68 Un cambio en la vida de Miurel img
Capítulo 69 Ángel comienza a darse cuenta de lo que ha perdido img
Capítulo 70 Miurel toma la decisión de dejar la mansión img
Capítulo 71 El primer conflicto real img
Capítulo 72 La salud de Alex se ve comprometida img
Capítulo 73 Ángel enfrenta la culpa img
Capítulo 74 Miurel regresa a la mansión img
Capítulo 75 Miurel y Ángel comparten una noche de sinceridad img
Capítulo 76 Miurel comienza a sanar las heridas de Ángel img
Capítulo 77 Ángel se da cuenta de lo que realmente necesita img
Capítulo 78 La primera gran crisis emocional img
Capítulo 79 Miurel y Ángel se reconcilian img
Capítulo 80 Ángel empieza a mostrarse más abierto con Miurel img
Capítulo 81 Miurel descubre que está embarazada img
Capítulo 82 Ángel se enfrenta a la idea de ser padre nuevamente img
Capítulo 83 Miurel revela su embarazo a Ángel img
Capítulo 84 Miurel y Ángel tienen una conversación sincera img
Capítulo 85 Ángel lucha contra su miedo a perder a Miurel y a su hijo img
Capítulo 86 Miurel intenta aclarar sus sentimientos img
Capítulo 87 Miurel visita a una amiga para pedir consejo img
Capítulo 88 Ángel organiza una noche especial para Miurel img
Capítulo 89 Miurel se da cuenta de lo mucho que ha cambiado img
Capítulo 90 Miurel y Ángel tienen una discusión sobre el futuro. img
Capítulo 91 Ángel enfrenta la traición de un socio cercano img
Capítulo 92 Miurel decide quedarse a vivir con Ángel img
Capítulo 93 La Revelación del Corazón img
Capítulo 94 El Peso de la Incertidumbre img
Capítulo 95 Ángel empieza a planear un futuro con Miurel y el bebé img
Capítulo 96 Miurel tiene una conversación profunda con su madre img
Capítulo 97 El Silencio Entre Ellos img
Capítulo 98 El Colapso img
Capítulo 99 El Refugio del Alma img
Capítulo 100 Ángel empieza a abrirse un poco más img
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Capítulo 5 Un Consuelo Inesperado

Habían pasado ya varias semanas desde que Miurel comenzó a cuidar a Alex, y a pesar de la rutina diaria, algo en su corazón había comenzado a cambiar. El niño, con solo seis meses de vida, había logrado penetrar en su alma de una manera que ni ella misma comprendía completamente. La conexión que se había formado entre ellos, aunque aún discreta, se volvía más evidente con cada día que pasaba.

Alex era un niño tranquilo, pero con una mirada inquisitiva y curiosa que parecía captar todo a su alrededor. Aunque aún no podía hablar, sus ojos, grandes y brillantes, eran un reflejo puro de sus emociones. Sus risas, aunque simples, lograban llenar la mansión de una alegría palpable. Y en esos momentos, Miurel se daba cuenta de algo que no había anticipado: cuánto necesitaba esa sonrisa, esa risa genuina, que a menudo lograba arrancarle incluso en sus días más difíciles.

Una tarde, mientras estaba en el salón organizando algunos juguetes que Alex había dejado esparcidos por el suelo, él comenzó a balbucear, y Miurel se agachó a su lado. El niño estaba tumbado sobre su pancita, mirando las figuras de peluche que ella había colocado cuidadosamente a su alrededor. Cuando ella se acercó, Alex la miró con una gran sonrisa, estirando sus manitas hacia ella. Miurel, sin poder evitarlo, sonrió de vuelta, una sonrisa que era más que una respuesta, era una necesidad, algo que su corazón había comenzado a ansiar sin darse cuenta.

-¿Qué pasa, pequeño? -preguntó Miurel con suavidad, mientras le acariciaba la cabeza. Alex comenzó a reír, una risa ligera y contagiosa, como si el solo hecho de que ella estuviera cerca fuera suficiente para hacerlo feliz.

Miurel no pudo evitar sentir una oleada de ternura invadirla. Había algo en esa risa, algo tan puro y sincero, que la hacía sentir como si el peso de sus propios pensamientos y preocupaciones se desvaneciera por un momento. Alex, con su inocencia, le ofrecía un consuelo sin querer, un consuelo que ella no había buscado, pero que, sin embargo, encontraba en él.

En ese instante, Miurel se dio cuenta de lo mucho que el niño había comenzado a significar para ella. Su presencia, tan pequeña y vulnerable, le ofrecía una sensación de paz que nada más en la mansión podía proporcionarle. No importaba lo distante que fuera Ángel, ni la frialdad que él transmitiera. Cuando estaba con Alex, Miurel sentía que el mundo se volvía un lugar más cálido, menos sombrío.

Pero también era cierto que Alex era más que un simple bebé al que cuidar. Él era el hijo de Ángel, el hombre que Miurel aún trataba de comprender, el hombre que, a pesar de su aparente indiferencia, había dejado entrever algo más profundo. Algo que, Miurel sabía, necesitaba ser descubierto, pero no con prisas, sino con paciencia.

Una tarde, después de que Alex tomara su siesta habitual, Miurel decidió llevarlo al jardín. Había una pequeña zona de césped, rodeada de árboles y flores, donde el sol se filtraba a través de las hojas creando un ambiente tranquilo y sereno. Era el lugar perfecto para que el niño respirara aire fresco y disfrutara de la naturaleza mientras Miurel aprovechaba para despejar su mente. Aunque su trabajo consistía en cuidar a Alex, había algo liberador en esos momentos en los que podía simplemente disfrutar de su compañía, sin la presión de las tareas o de los pensamientos sobre Ángel.

Miurel colocó una manta sobre el césped, y Alex, feliz de estar al aire libre, comenzó a arrastrarse hacia un juguete que había dejado cerca. Se reía y agitaba las manos, completamente ajeno a la realidad que lo rodeaba, sumido en su propio mundo de risas y descubrimientos. Miurel lo observaba con una mezcla de amor y asombro, viendo cómo su pequeña figura se movía con tanta confianza, como si todo lo que necesitara fuera su propia presencia para sentirse seguro.

El sol caía lentamente, y el ambiente comenzaba a enfriarse un poco. Miurel se acercó a Alex y lo levantó en sus brazos, abrazándolo contra su pecho mientras él reía, disfrutando del contacto. Su pequeño cuerpo, tan ligero y cálido, encajaba perfectamente en los brazos de Miurel. No era solo un trabajo para ella cuidar de él. Era algo mucho más profundo. Era un vínculo que, aunque aún naciente, se sentía inmenso.

-¿Sabes qué, Alex? -susurró Miurel, como si hablara con un viejo amigo-. A veces, cuando te miro, todo lo demás desaparece. Como si estuvieras iluminando mi mundo.

Alex giró su cabeza hacia ella, como si entendiera cada palabra, y soltó una risa alegre, estirando sus manitas hacia el aire. Miurel, por un segundo, cerró los ojos y permitió que su corazón latiera a su ritmo. Era como si el tiempo se hubiera detenido en ese pequeño instante, y todo lo que importaba fuera ese abrazo, esa conexión sencilla pero tan profunda.

A medida que los días pasaban, Miurel se fue dando cuenta de lo importante que se había vuelto Alex para ella. Ya no era solo el niño al que debía cuidar, sino que se había convertido en una parte de su vida, en una especie de refugio emocional que le ofrecía consuelo sin pedir nada a cambio. Cuando se sentía cansada, cuando la melancolía de la mansión la envolvía, era el sonido de la risa de Alex lo que la mantenía en pie, lo que la hacía seguir adelante.

Sin embargo, había algo que Miurel no podía ignorar. A pesar de todo el cariño que sentía por Alex, el hecho de que él fuera el hijo de Ángel la mantenía en constante reflexión. Ella no podía negar que, a pesar de su frialdad, había algo en Ángel que también la atraía. Había algo en su tristeza no expresada, en sus gestos casi imperceptibles de vulnerabilidad, que despertaba en ella una curiosidad y, tal vez, una comprensión más profunda.

Pero ahora, mientras abrazaba a Alex y sentía su pequeño cuerpo cálido en sus brazos, Miurel decidió que no debía pensar demasiado en esas cuestiones. El niño, con su inocencia, le ofrecía un tipo de consuelo que ni ella misma podía describir. No importaba si Ángel era distante o cerraba su corazón a los demás. En este momento, con Alex en sus brazos, Miurel se sentía completa, como si todo lo que necesitaba estuviera justo frente a ella.

Fue entonces cuando algo dentro de Miurel cambió. El niño, que una vez fue simplemente su responsabilidad, ahora se había convertido en una fuente de fortaleza para ella. Él, sin querer, la había ayudado a sanar de las cicatrices invisibles que llevaba consigo, a olvidar, aunque fuera por unos momentos, los vacíos que sentía en su propio corazón.

Alex, con su simple presencia, se había convertido en su sol en los días nublados, en el consuelo que nunca había buscado, pero que ahora no podía imaginar vivir sin él.

Cuando Miurel regresó al interior de la mansión esa tarde, con Alex dormido en sus brazos, sintió una extraña paz. Sabía que la vida en la mansión, con todo su silencio y sus sombras, seguiría su curso, pero ahora algo había cambiado dentro de ella. Ya no estaba sola en este espacio frío. Ya no estaba sola en su propio mundo. Había encontrado un refugio en el pequeño bebé que, sin saberlo, le ofrecía lo que Ángel nunca le había dado: la calidez del amor incondicional. Y aunque sabía que su relación con Ángel aún estaba lejos de ser clara, ese consuelo, esa pequeña chispa de conexión con Alex, era lo único que necesitaba para sentirse, finalmente, en paz.

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