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Venganza De La Hacker
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Capítulo 2

El eco de la fiesta se había desvanecido, pero la humillación permanecía, pegada a mi piel como un sudor frío.

Salí del salón, cada paso se sentía pesado. Nadie me miraba a los ojos. Desviaban la mirada, fingiendo conversaciones urgentes en sus celulares.

Yo era un fantasma en mi propia fiesta de compromiso.

En el lobby, mi familia me rodeó. No para consolarme, sino para contenerme.

"Sofía, tienes que entender", dijo mi madre, su voz tensa. "Marco es... Marco. Siempre ha sido impulsivo. Pero es el heredero de Soltec".

Mi hermano mayor, Ricardo, que trabajaba en una subsidiaria de Soltec gracias a mi conexión con Marco, añadió: "No puedes enemistarte con él, Sofi. Piensa en las consecuencias. Piensa en la familia".

"¿Pensar en la familia?", mi voz tembló de ira. "¿Alguno de ustedes pensó en mí ahí dentro?".

"Lo que Marco hizo estuvo mal, por supuesto", concedió mi padre, "pero la vida sigue. Valeria es... insignificante. Él se aburrirá de ella. Tienes que ser la adulta aquí, Sofía. Acepta la situación con gracia".

Gracia. Querían que me tragara el veneno con una sonrisa.

Me senté en una de las bancas de mármol del lobby, la frialdad de la piedra subiendo por mi cuerpo.

Mi mente voló hacia atrás, a un año antes.

Recordé a Valeria llegando a mi oficina. Era delgada, asustada, con un español entrecortado y un título universitario de un país centroamericano que nadie en México reconocía.

Huía de la violencia, me dijo. Solo quería una oportunidad.

Le di más que eso.

La contraté como mi asistente personal. Le pagué un curso intensivo de español de negocios. Le encontré un departamento cerca de mi casa para que no tuviera que cruzar la ciudad. Le presenté a mis amigos, la invité a las cenas familiares.

"Eres mi ángel guardián, Sofía", me dijo una vez, con lágrimas en los ojos. "Nunca podré pagarte todo lo que has hecho por mí".

Yo le respondí que no tenía que pagarme nada, solo tenía que aprovechar la oportunidad y construir una buena vida para ella.

Qué ingenua fui.

Cada lección que le di, cada contacto que le presenté, cada puerta que le abrí... ella lo usó como un escalón para llegar a Marco, para apuñalarme por la espalda.

Miré a mi familia. Sus rostros ansiosos no eran por mi dolor, sino por el miedo a perder su estatus, su conexión con el poder de Soltec.

"No voy a aceptar nada", dije, mi voz ahora firme, helada. "Y les advierto a todos ustedes. Aléjense de Marco y de ella. Él ha declarado la guerra, no solo a mí".

"No seas dramática, Sofía", espetó mi madre.

Pero yo ya no los escuchaba.

Vi a mi padre sacar su teléfono y caminar unos pasos. Lo vi hacer una llamada.

"Marco, soy yo, Alberto", dijo en voz baja, pero el lobby vacío transportaba el sonido. "Sí, ella está aquí. No te preocupes, la controlaremos. Entendemos la situación. Felicidades, por cierto. La chica... Valeria... parece muy dulce".

El teléfono de mi madre sonó. Luego el de mi hermano.

Uno por uno, mis familiares se apartaron para atender las llamadas, sus voces susurrantes eran como el siseo de las serpientes. Eran Marco y sus aliados, asegurándose de que mi propia familia me presionara, me aislara.

Cuando terminaron sus llamadas, ya no me miraban con lástima. Me miraban con frialdad, como si yo fuera el problema.

Mi padre se acercó y simbólicamente se quitó un pin de la solapa, uno que representaba una colaboración entre mi startup y Soltec. Lo dejó sobre la banca a mi lado. Un gesto silencioso y brutal.

Me habían elegido a mí como el sacrificio para mantener la paz con Marco.

En ese momento, la puerta principal del hotel se abrió.

Marco y Valeria salían, riendo, rodeados de un séquito de aduladores.

Valeria me vio. Su sonrisa se amplió.

Se acercó a mí, su vestido de diseñador (uno que yo le había ayudado a elegir para "causar una buena impresión en eventos de la industria") ondeando a su alrededor.

"Sofía", dijo, su voz goteando una falsa dulzura. "¿Estás bien? Me preocupas tanto".

Se inclinó, como para darme un abrazo.

Pero en lugar de eso, susurró en mi oído, su aliento caliente y venenoso.

"Gracias por todo, jefa. Especialmente por enseñarme que en este mundo, no se trata de ser la más inteligente, sino la que está dispuesta a hacer lo que sea necesario. Y por cierto, sé todo sobre el lanzamiento de tu aplicación. Marco y yo tenemos una pequeña sorpresa preparada para ti. Consideralo un regalo de bodas".

Se enderezó, su cara de nuevo una máscara de inocencia. "Espero que encuentres la felicidad algún día".

Se dio la vuelta y se tomó del brazo de Marco.

Él me lanzó una última mirada de desprecio antes de salir a la noche, hacia su nueva vida construida sobre las ruinas de la mía.

Me quedé helada.

La sorpresa.

El lanzamiento.

Me levanté de un salto y corrí hacia la salida, no para enfrentarlos, sino por un pánico repentino.

Me escondí detrás de una columna justo cuando Marco hablaba con su jefe de seguridad.

"Asegúrate de que el ataque DDoS comience exactamente a las 9 a.m. del viernes", escuché decir a Marco. "Quiero que los servidores de 'Comunidad Conectada' se quemen. Que no quede ni un byte de su trabajo. Y filtra a la prensa que su seguridad era una basura, que expuso los datos de sus primeros usuarios. Quiero que Sofía Rivas quede como una fraude incompetente. Que nadie vuelva a confiar en ella jamás".

El mundo se detuvo.

No solo me habían traicionado personalmente.

Iban a destruir mi trabajo, mi reputación, mi futuro.

Iban a matarme profesionalmente.

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