Género Ranking
Instalar APP HOT
Yo prefiero brillar solo
img img Yo prefiero brillar solo img Capítulo 3
4 Capítulo
Capítulo 5 img
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
img
  /  1
img

Capítulo 3

Escuché los pasos de Sofía acercándose al baño, su voz, desprovista de cualquier preocupación, cortó el aire.

"¿Qué te pasa ahora? ¿Estás embarazado o qué? Eres tan dramático, Ricardo."

Se apoyó en el marco de la puerta, mirándome con una mezcla de irritación y desdén.

"Siempre haces lo mismo, buscas cualquier excusa para llamar la atención, eres patético."

Sus palabras eran como sal en una herida abierta, me levanté, limpiándome la boca con el dorso de la mano, y la enfrenté.

"Patético es engañar a tu esposo y luego venir a casa a exigirle la cena," repliqué, mi voz ronca por el esfuerzo.

La cara de Sofía se contrajo de ira, la breve suavidad que había mostrado antes se desvaneció por completo.

"¡No te atrevas a hablarme en ese tono! ¿Quién te crees que eres? No eres más que un mantenido, un bueno para nada, si no fuera por mí, estarías en la calle."

Y entonces, desató el arma más cruel de su arsenal, la que siempre usaba para destruirme por completo.

"Por eso nuestro hijo murió," siseó, sus ojos brillando con malicia, "porque eres un inútil, no pudiste cuidarlo, no pudiste protegerlo, ¡todo es tu culpa!"

El mundo a mi alrededor se detuvo, el recuerdo me golpeó con la fuerza de un tren.

Nuestro pequeño Santiago, nuestro milagro, había muerto hacía tres años por una enfermedad repentina, yo había dejado mi prometedora carrera como chef para convertirme en amo de casa y cuidarlo a tiempo completo, mientras Sofía se enfocaba en su empresa.

Lo di todo por él, por ella, por nuestra familia, y cuando él se fue, una parte de mí murió con él.

Sofía nunca me lo perdonó, usó mi dolor como un arma, culpándome de una tragedia que nos había destrozado a ambos, era su forma de controlar la narrativa, de hacerme sentir pequeño, indigno, para poder justificar sus propias faltas.

"Tú lo descuidaste," continuó, su voz subiendo de volumen, "¡estabas demasiado ocupado sintiendo lástima de ti mismo por dejar tu 'gran carrera' de cocinero! ¡Si hubieras estado más atento, mi hijo todavía estaría vivo!"

Durante años, había aceptado esa culpa, había dejado que me consumiera porque la amaba, porque creía que su dolor era tan grande que necesitaba a alguien a quien culpar, había aguantado sus insultos, su desprecio, su infidelidad, pensando que era mi penitencia.

Pero ya no.

La claridad que sentí en ese momento fue aterradora y liberadora, todo el amor, toda la lealtad, se habían evaporado, reemplazados por un frío y duro resentimiento.

La dejé gritando en el pasillo y caminé de regreso a la sala, abrí el armario del pasillo y saqué una maleta vacía, comencé a caminar hacia nuestra habitación, con la intención de empacar mis cosas.

Sofía me siguió, su tono cambió de repente al ver la maleta.

"¿Qué estás haciendo? ¿Vas a lavar la ropa?" preguntó, confundida, como si la idea de que yo la dejara fuera completamente inconcebible.

No le respondí, entré en la habitación y empecé a sacar mi ropa del armario, doblándola metódicamente y metiéndola en la maleta.

Su teléfono sonó, era Mateo, por supuesto, ella contestó, su voz volviéndose melosa y dulce.

"Hola, mi niño... Sí, ya estoy en casa... No, no te preocupes, Ricardo es un tonto, no entiende nada... Claro que te extraño..."

Se sentó en la cama, de espaldas a mí, completamente absorta en su conversación, riendo y coqueteando mientras yo borraba sistemáticamente mi existencia de la casa que una vez llamamos nuestro hogar.

La ironía era sofocante.

Finalmente, colgó y se giró hacia mí, todavía con una sonrisa en el rostro.

"Mira, Ricardo, ya hablé con Mateo, se siente muy mal por lo que pasó, de verdad, ¿por qué no vas mañana a la oficina y te disculpas con él? Así podemos dejar todo esto atrás y volver a la normalidad, te prometo que después de esto, seremos la pareja feliz de antes, volveremos a estar bien."

La miré, con la maleta medio llena a mis pies.

"No," dije con calma.

Su sonrisa vaciló.

"¿Qué?"

"No voy a disculparme," repetí, "y no vamos a volver a estar bien, se acabó, Sofía."

Ella parpadeó, procesando mis palabras lentamente.

"¿Todavía sigues con eso del divorcio? Es una estupidez, Ricardo, sabes que no sobrevivirías sin mí."

No dije nada, solo cerré la cremallera de la maleta, el sonido resonó en la habitación tensa.

"Mi abogado te contactará en los próximos días," dije, caminando hacia la puerta.

"Quédate con la casa por ahora, no quiero pelear por eso."

Me detuve en la puerta y la miré por última vez.

"Tienes diez días para responder a la demanda de divorcio, si no lo haces, el proceso seguirá su curso," le informé, mi voz carente de toda emoción.

Luego, me giré y me fui, dejando atrás a una mujer estupefacta y a diez años de mi vida convertidos en cenizas.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022