Aurora puso la mano en su pecho sentía que su corazón se iba a salir de su cuerpo.
-No me importa si no te sientes preparada, debes salir quieras o no... y si no lo haces, te aseguro que no durarás mucho tiempo viva.
Aurora sintió como su vida estaba pendiendo de un hilo.
Ella escuchó como anunciaban a la nueva bailarina. Reaccionó en ese momento, necesitaba pagar la deuda que tenía con Luciano y todo volvería a ser como antes... todo sería como antes.
Se armó de valor y salió a la pista, no sabía qué hacer, era torpe para bailar, y estar al frente a muchas personas le generaba ansiedad.
Por unos cuantos segundos que parecieron eternos evaluó el lugar, y al fondo, en una silla que parecía un trono estaba él. Luciano sentado como si fuera el rey de todo el lugar, con un puro en una de sus manos y una copa en la otra.
Luciano tenía su mirada fijamente en ella, una mirada que la penetraba por completo. La observada de arriba a abajo, con algo más que deseo en su mirada.
Aurora no pudo evitar sentirse intimidada ante ese par de ojos oscuros que la atravesaban con una intensidad indescifrable.
Todo su cuerpo tembló, cuando las luces se tornaron tenues, sin embargo, una gran luz se posó sobre ella que prácticamente la dejó enceguecida.
Ella cerró los ojos y comenzó a moverse por inercia, por simple supervivencia sin saber que era lo que estaba haciendo, si lo estaba haciendo bien o toda ella era un caos.
De pronto, todo se tornó borroso, se escucharon algunos gritos y muchas personas armadas ingresaron al lugar. Todo se llenó de caos, pero en Aurora lo único que apareció fue su valentía.
Había llegado el momento de escapar, sin importar nada se iría de ahí buscaría a su abuela y a su hermana y escaparía muy lejos de las garras de Luciano, tan lejos que él no volvería a dar con ellas.
En el lugar, todos se apuntaron, unos contra otros. El hombre que lo estaba vigilando rápidamente se fue a proteger a Luciano. Mientras que él mantenía una tranquilidad impenetrable, mirando a cada uno de ellos directo a los ojos.
Las mujeres y clientes allí, taparon su cabeza o se escondieron. Era claro que estaban ahí dispuestos a atacar a Luciano.
Aurora se agachó y comenzó a correr directo a la salida. No le importaba nada, solo quería salir con vida y escapar de Luciano.
Antes de pasar la puerta, giró su cabeza hacia el lugar en donde estaba Luciano. Él tenía un arma apuntando a los hombres que ingresaron, sin embargo, su mirada no estaba con ellos en ese momento, su mirada estaba fija en Aurora.
Sus miradas se cruzaron, él con una clara advertencia y ella con una promesa de no volver.
Aurora se atravesó en la mitad de la carretera, las miradas lujuriosas por parte de los hombres que pasaban por allí le provocaba náuseas, al ver que ningún carro le paró, ella comenzó a correr. Corrió lo más rápido que sus pies le permitían.
Su cuerpo omitió el cansancio que sentía, solo quería evitar pisar ese lugar de nuevo en su vida.
A pesar de que la suerte no estaba del todo de su lado, una mujer en un carro paró y al verla, decidió ayudarla. Eso fue un alivio inmediato para ella, miró hacia atrás observando si alguien la estaba siguiendo, respiró por fin con tranquilidad al ver que afortunadamente nadie la siguió.
Aurora cubrió su cuerpo con algo de ropa que la mujer le prestó mientras se dirigía hasta la casa de su abuela.
Ella no dudó en agradecer, no solo a la mujer sino también a la vida por haber terminado con una parte de su pesadilla.
Al bajar del carro corrió y tocó la puerta con insistencia, tenía un mal sentimiento en su pecho irrevocable, sentía incertidumbre, no obstante, todo eso se alivió al momento en el que la puerta se abrió.
Su pequeña hermana abrió y al verla se lanzó sobre ella para abrazarla mientras que sus mejillas se mojaban con sus lágrimas.
-¿Estás bien hermana? -preguntó Aurora mirándola de arriba a abajo-. Dime por favor que estás bien.
-Sí, sí estoy bien y tú... ¿te hicieron algo? -Aurora movió su cabeza negando.
-Ahora que estás frente a mí te aseguro que estoy muy mucho mejor. Escúchame algo, nos iremos de aquí lejos, las tres empezaremos una nueva vida y viviremos bien. Te juro que no volverás a pasar por nada así -habló Aurora mientras se le formaba un nudo en su garganta.
-Pero hay algo que quiero decirte.
-Sé que estás asustada. Te juro que te protegeré con mi vida si es necesario, iremos por la abuela para irnos lejos de aquí. No te preocupes por nada -musitó y juntó su frente con su hermana en símbolo de promesa.
Ella miró a Aurora completamente asustada, creyendo que eso era suficiente como para alertarla por lo que estaba pasando adentro de esa humilde casa.
Cuando Aurora entró quedó paralizada al ver a su abuela completamente sometida ante un hombre que le apuntaba con un arma.