-Digamos que soy alguien muy especial. Pero no tan especial como tú. Te esperé durante mucho tiempo... dime algo ¿por qué tardaste tanto?
-No tengo idea quién es usted y le exijo que suelte a mi abuela, porque de lo contrario llamaré a la policía. -Él rió y negó con su cabeza mientras hacía uno que otro sonido con su lengua-. No estoy bromeando, llamaré a la policía y gritaré muy fuerte.
-¿Crees que vas a lograr algo llamando a la policía? No puedo creer que aparte de ser sumamente hermosa, seas tan ingenua. Aurora no te equivoques, por más que lo llames no vas a poder hacer nada. Estoy aquí porque vine por la que me pertenece.
-Si lo que quiere es dinero le puedo asegurar que no tengo nada. Igual puede llevarse los pocos electrodomésticos que hay en la casa.
-No es dinero... eres tú. -Aurora frunció su seño-. Tus papás te vendieron antes de morir, te vendieron a mi. Pagué que por ti y es momento de reclamarte como mía.
Aurora abrazó con más fuerza a su hermana cuando ella comenzó a llorar de miedo. Miró a su abuela intentando encontrar respuestas a tantas preguntas que tenía en ese momento.
Toda ella estaba en shock, no solo lo que había pasado con Luciano sino también con él, con ese hombre que ahora la reclamaba como suya.
-Eso no... eso no es verdad. Yo no pienso ir con usted a ningún lado, le exijo que se vaya de aquí y que no vuelva a aparecer en su camino, porque le irá muy mal.
-No invertí tanto dinero en ti para que ahora salgas con este tipo de cosas. Cuando los malditos de tus padres estaban vivos pagué mucho dinero y me aseguraron que serías mía, solo mía. Ahora si no quieres puedo hacer que quieras.
Él comenzó a deslizar el arma por el rostro de la anciana, mientras veía el rostro de Aurora cargado de terror.
-¿De verdad quieres que juguemos, de verdad quieres que te enseñe que a mí me debes decir que no?
-No me asusta -espetó ella mostrando la valentía que quizá le había faltado anteriormente-. Le exijo que se vaya. No va a lograr nada con sus palabras sin fundamento, con sus amenazas.
El hombre sonrió y disparó al aire, las tres mujeres gritaron, aunque como siempre Aurora intentó manejar la situación, intentó tener el control. Dándole ese apoyo a su hermana y su abuela.
-¿Sigues dudando de que puedo hacerte venir conmigo a las buenas o a las malas? no tienes idea todo lo que quiero hacer contigo para recuperar el tiempo perdido. O vienes conmigo en este instante o no respondo.
Aurora guardó silencio, por más que quisiera mostrar que no tuviera miedo le era imposible.
Aquel hombre completamente asqueado de la situación sin pensar mucho disparó.
Le disparó a aquella mujer que tenía retenida. Aurora abrió sus ojos cuando su abuela cayó al suelo herida.
Un grito desgarrador salió de su boca, al mismo tiempo que el llanto incontrolable de su hermana.
El hombre sonrió, no había nada mejor que tener atemorizada a las personas.
-Viste que no miento, ahora levántate de ahí si no quieres que a tu hermana le pase lo mismo -él dijo en tono amenazante.
A pesar de que Aurora no sabía qué responder. Miró a su abuela quien estaba en el suelo, posiblemente aún viva con sus ojos entreabiertos, con su ropa llena de sangre y con sus manos unidas por implorar compasión.
No podía perderla, debía salvarla, no podía perder a su hermana, tampoco.
¿Este era su destino, había nacido para eso? No dejaba de preguntarse ella.
Toda su vida había sufrido carencias, y al parecer nada cambiaría.
-Está bien -musitó Aurora.
-Ella no irá contigo a ningún lado -Luciano abrió la puerta de la casa de Aurora de un solo empujón.
Aurora reconoció su voz, el hombre que le había prometido llevarla hasta el infierno junto con él.
-Ella no irá contigo y más te vale que te largues de aquí -advirtió Luciano.
-Este no es tu territorio. Y ella es mía, pagué por ella.
-Te equivocas, Aurora no irá contigo a ningún lado, porque ella es mi esposa.